La Rioja
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Fecha: septiembre, 2017
La peor fotografía
Teri Sáenz 18-09-2017 | 12:27 | 0

felez

La imagen está tomado casi a ras de suelo. Parece que la fotógrafa ha optado por arrodillarse en el asfalto antes de disparar la cámara para capturar mejor todos los elementos que conforman la estampa. En el punto de fuga declina el sol y sobre la carretera reposan multitud de restos pulverizados de uno o quizás más vehículos. La raya blanca que marca la mitad de vía aparece resquebrajada y en uno los lados pululan lo que parecen bomberos y sanitarios enfundados en chalecos fluorescentes. El cuadro se completa con las dotaciones de los distintos servicios de urgencias aparcadas en el arcén mientras sus ocupantes trabajan en la zona. Sólo muy al fondo se atisba un camión cisterna cruzado y una furgoneta con las puertas desvencijadas, seguramente como consecuencia del impacto con el remolque. Ni una gota de sangre. Hay algo familiar en la aridez de los montículos que enmarcan el paisaje, la torre de electricidad al fondo que la luz de última hora de la tarde casi difumina. Cuando el lector baja la vista al pie de foto, lo confirma: La Rioja Baja, colisión, un muerto más. La fotografía es demoledora en su sencillez, aunque ninguno de los que protestaron agriamente porque a su juicio el periódico pecó de sensacionalismo en las imágenes que ilustraron los atentados de Cataluña han aplaudido la exquisitez de la que recoge el enésimo accidente en la N-232. Sin embargo, la voz que realmente se echa en falta es la de los responsables políticos que siguen demorándose para que nunca más deba repertirse una portada igual.

Fotografía: María Félez

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Dos en uno
Teri Sáenz 12-09-2017 | 12:21 | 0

arrimadas

Rosa María llegó a su casa y encendió la tele. Seguramente se puso cómoda, abrió una cervecita y empezó a practicar ese deporte tan ibérico consistente en despotricar en la intimidad del salón contra los comentaristas de algún debate cuando lo que dicen no coinciden con nuestra postura. A Rosa María no le bastó desfogarse contra una pantalla de plasma. Las palabras que en ese momento pronunciaba Inés Arrimadas en un plató le molestaron tanto que necesitó contarlo al mundo entero. Cambió el mando de la tele por el móvil y deseó a través de Facebook que violaran en grupo a la dirigente de Ciudadanos al salir del programa. “No merece otra cosa semejante perra asquerosa“, dejó escrito. El comentario de la hasta entonces anónima telespectadora empezó a correr por Internet como la pólvora hasta que, cuatro horas más tarde, Arrimadas anunciaba lo que cualquiera en una situación similar: iba a presentar una denuncia contra Rosa María. Lo llamativo es que el foco de la polémica no se ha ceñido al calibre de la barbaridad que eructó para luego arrepentirse, sino en el hecho de que la empresa en la que había encontrado trabajo de teleoperadora a través de una ETT la ha despedido ante el grosor de los insultos y la magnitud del guirigay, aduciendo que una opinión a título personal (sic) no puede interferir en el ámbito laboral público. ¿Confiaría usted en alguien capaz de vomitar una brutalidad así? El caso demuestra que la dualidad entre el yo personal y el social no es una opción ni las redes una barra libre de chupitos de impunidad.

 

Fotografía: Efe

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