La Rioja
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Fecha: abril, 2018
La brecha religiosa
Teri Sáenz 30-04-2018 | 10:07 | 0

islam

Como era de prever, la implementación de la asignatura de religión islámica en La Rioja el próximo curso no ha contentado a nadie. La comunidad musulmana sigue juzgando insuficiente el criterio de progresividad en la implantación y la elección de sólo cinco centros para impartirla, además de insistir en la necesidad de contemplar en la preinscripción la religión elegida. La Consejería alude sin excesiva convicción a la obligatoriedad de cumplir con la legislación vigente –pese a que durante años se ha resistido a ello hasta el pronunciamiento firme de los tribunales– y las familias de los niños que acuden a los colegios e institutos señalados se dividen entre el aplauso, la resignación y el silencio a hacer público el malestar que rozaría lo políticamente incorrecto. El hecho es que, al menos en Logroño, las aulas elegidas, ninguna de ellas concertada, se encuentran en un radio de unos pocos cientos de metros. Si la distribución social de la ciudad ya venía conformando una clara asimetría respecto al nivel de inmigración que acogen determinados clases respecto a otras, es más que presumible la inclusión de la asignatura de islam ahondará en esa brecha. Quienes vacilaban si matricular ahí a sus hijos a consecuencia de ese desequilibrio no es muy probable que así despejen sus dudas. Los que han perseguido durante años que la asignatura de islam tenga la misma consideración académica que la católica es probable que se decanten por llevar en bloque a sus hijos a estos colegios. Una palada más para apuntalar esa palabra en la que todos piensan pero pocos verbalizan: gueto. Una realidad que carga de razones a los que vienen reclamando sacar de las aulas la religión. Todas las religiones.

 

Fotografía: Justo Rodríguez

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La hoguera de las ambigüedades
Teri Sáenz 23-04-2018 | 10:06 | 0

master

Es de suponer que los asesores de Cristina Cifuentes, que habrán pasado semanas en vela y taquicardias brutales hasta concretar una salida al escándalo del máster que no cursó, ya habían anticipado el choteo que suscitaría su respuesta al entuerto. Renunciar a algo que nunca se ha tenido es un sofisma tan burdo que provoca la risa floja si no fuera por la gravedad de la situación que salpica a una universidad pública (¿cuál hubiera sido el calibre de la crítica de ser un centro privado?) y, en general, al nivel ético de más un responsable político. La todavía presidenta de la Comunidad de Madrid cuenta con una legión de asistentes de la que no disponen todos los dirigentes sobre cuyo currículo se ha puesto estos días la lupa a rebufo del ‘caso Cifuentes’. Una somera recapitulación de la formación y títulos que reconocen oficialmente los más cercanos arroja varias conclusiones. Desde la urgencia de algunos por matizar/eliminar la información aportada en su momento, hasta el interés ahora de la gente de a pie por comprobar de un solo golpe de vista la preparación académica y/o profesional de quienes tienen en sus manos algo tan vital como la gestión pública o su control. En paralelo se descubre la laxitud que cunde en todas las instituciones no sólo por recabar este tipo de datos ahora que se llenan las bocas con la palabra transparencia, sino por contrastar mínimamente los CV aportados. Y mientras unos modulan sus máster al amparo de una ambigüedad esta vez semántica, otros se abalanzan sin pedirlo a mostrar sus certificados sin entender aún que lo que la ciudadanía está reclamando no es una pila cuanto más grande mejor de legajos con sello oficial, sino que digan la verdad. Simplemente.

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Sospechosos inhabituales
Teri Sáenz 09-04-2018 | 12:06 | 0

libro

Al yayo Tasio le resultó sospechoso en cuanto lo vio de lejos. A otros paseantes con prisa quizás le hubiera pasado desapercibido, para el abuelo lo caló al instante. Estaba repantingado en un banco del parque, haciendo nada más que mirar al cielo con los ojos cerrados dejándose rociar del tímido sol de una falsa primavera. El resto de los viandantes pasaba a su lado como si fuera una jardinera más, una estatua de sal. Pantalones vaqueros de Zara, cazadora gris abotonada hasta el cuello, zapatillas con restos de barro. Alguien (sólo en apariencia) anodino. El radar de Tasio, sin embargo, lo detectó de inmediato. Se colocó lo bastante cerca como para confirmar sus recelos y lo suficientemente alejado para no ser visto y salir huyendo en caso de ser descubierto. Apenas tuvo que aguardar disimulando unos minutos. El chaval se incorporó. Primero asomó una mano. Después, la otra. Pero no estaba vacía. Del bolsillo derecho extrajo algo que desde la distancia le pareció al yayo un viejo teléfono móvil de esos gruesos y teclas rudas. Pero no. Lo vio perfectamente. Era un libro. Un pequeño ejemplar de esos con tapas flexibles y solapas desgastadas. Lo abrió por donde tenía una esquinita doblada y… se puso a leer el papel. Podría haberse conectado a Internet, compartir chistes bizarros en el grupo de WhatsApp de sus colegas, malgastar el tiempo libre y sin embargo, ahí estaba:pasando con delectación una página tras otras, en su propia soledad rodeada de gente que iba y venía alrededor, sin dejarse perturbar por el pitido de los coches ni el runrún de las palomas. Tasio no pudo contenerse y salió de su trinchera. Henchido de valentía, le interpeló: ¿autor, título y editorial, por favor?

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Un lugar, dos miradas
Teri Sáenz 01-04-2018 | 6:52 | 0

SAN MILLAN DE LA COGOLLA. Turistas en el Monasterio de Yuso en Semana Santa. 29.03.2018 Justo Rodriguez

El paisaje que está observando en este instante es doble. Uno es ese que usted mira cada día ;el otro, que en realidad es el mismo, el que contemplan por primera vez los ojos de un turista. Probablemente a usted no le provoque ningún entusiasmo y hasta le suscite cierto desdén. Todo lo contrario de quien acaba de conocerlo, que es capaz de encontrar un encanto inusitado y perderse en detalles en los que nunca repararía quien lo tiene delante cada día. Las razones de esa esquizofrenia visual no están en el objeto. Ni siquiera en el observador. El filtro lo impone la actitud. Esa que impide apreciar lo más próximo y difrutar lo lejano con el efecto rebote (sólo a veces) de denostar lo propio, como un disco duro de capacidad limitada que obligara a desechar una parte para ensalzar más otra. En La Rioja conviven estos días ambas miradas. Los miles de turistas que copan cada pueblo están saboreando ahora de lo que muchos ignoramos. Las mismas chuletillas que a usted ya le provocan ardor son el manjar para quien nunca antes se ha manchando los dedos con su grasilla. Las iglesias que nunca pisa donde vive se parecen mucho a las que no deja de conocer cuando sale fuera. Los recorridos que siempre hace en coche por aburrimiento son la ruta predilecta de los caminantes que atraviesan extasiados las calles. El Jueves Santo, en San Millán de la Cogolla, una de esas viajeras llegada de Madrid mostraba a sus hijos los mismos monasterios que ella ya ha disfrutado boquiabierta cien veces. Si por ella fuera, cada aeropuerto de España debería tener una indicación señalando a Suso y Yuso. Hasta que llegue ese el día, aún queda hacer el ejercicio de mirar nuestro propio entorno con ojos de turista.

Fotografía: Justo Rodríguez

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