La Rioja
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Autor: teri
Agonía en pelotas
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Teri Sáenz | 16-08-2016 | 10:57| 0

aventura en pelotas

‘Aventura en Pelotas’ hace como aquellas películas en VHS, que mutaban su título original para tratar de excitar los bajos instintos del cliente y las eligiesen de entre todas las del anaquel de saldos en el videoclub. ‘Naked and Afraid’ no fomenta la libido para espectadores despistados como quizá insinúa su traducción –en otras emisiones de Discovery se etiqueta más atinadamente como ‘Supervivencia al desnudo’– pero tampoco el programa va de eso. La idea es tan simple como juntar a una pareja de extraños en un lugar no se sabe si más remoto que hostil, despojarles de todas sus ropas e invitarles a que vuelvan intactos a la civilización 21 días después. Si pueden. Los píxeles amputan cualquier rastro de morbo. Aunque tampoco es necesario, porque al minuto uno se provoca en el espectador un agobio compadecido con los protagonistas que van perdiendo kilos y energía como una cerilla se va consumiendo entre los dedos. Cosas tan prosaicas como beber, comer y dormir tienen también su propia traducción en ‘Aventura en pelotas’: hidratarse, buscar proteínas, yacer en paz sin una legión de mosquitos haciendo supurar la piel. La propuesta de supervivencia alcanza cotas bizarras, haciendo que rebañar un puñado de insectos incrustados entre la corteza, (si los hay) lamer agua estancada (si ha llovido) o triscar un pez vivo (si se deja atrapar) sean actos heroicos. Y no porque los protagonistas no se atrevan a explotar su lado más primitivo que se da por hecho, sino porque las condiciones son en la mayoría de los casos extremas. Hambre, cólicos, urticaria, eczemas, mucho frío. Más impensables aún cuando al final de la aventura, si llegan a completarla, a los participantes no les espera nada. Ni un maletín rebosante de billetes, ni quiera el premio de la vanidad televisiva. Sólo la satisfacción personal de quien acuda buscando sus propios límites y certificar hasta qué punto se eleva ese termómetro de resistencia con que se les mide antes y después de completar el programa. Cada vez que me cruzo con un capítulo de ‘Aventura en pelotas’ en la pantalla se me quitan las ganas de viajar a ningún paraíso, picoteo algo del frigo sin tener hambre y me echo otra manta. Aunque sea agosto.

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Saber aburrirse
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Teri Sáenz | 12-08-2016 | 11:15| 0

vagancia

Cuando se avecinaba el verano no había nada que pensar. Nadie se devanaba la cabeza buscando la mejor oferta para alquilar un apartamento en la playa porque no había playa a la que acudir. Ni valle. Ni bosques. A los ‘sinpueblo’ tampoco nos quedaba intercambiar por unas semanas el paisaje urbano por otro rural, de modo que las vacaciones consistían esencialmente en no hacer nada. Sólo dejar discurrir el tiempo. Verlo pasar por delante con un plus de abulia. Una gimnasia de la inacción envuelta en vaharadas de calor tórrido y el zumbido de las moscas a través de las persianas echadas. Porque las calles eran un páramo irrespirable y la piscina, una boca de metro en hora punta con el agua a 30 grados. Sin afanes ni obligaciones, el sopor se colaba en la habitación como un ladrón discreto. Y tú, concentrado en permanecer quieto y aspirar el aire justo para activar los pulmones, te dejabas robar las horas mirando el giro imperfecto de un ventilador. El sudor se pegaba a la almohada y las arrugas de las sábanas cincelaban cicatrices en la piel desnuda. La pasividad adquiría tal grado de perfección que nadie se atrevía a profanarla. Y de pronto, en el duermevela de esa desgana infinitiva abrías el ojo y las vacaciones habían terminado. Por delante, el trámite de consumir los meses hasta el siguiente verano, sin ser consciente todavía de que haciendo nada hacíamos algo vital: aprender a manejar todo aquel aburrimiento que muchos años después aún añoro.

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Películas de críos
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Teri Sáenz | 09-08-2016 | 11:50| 0

La primera vez me dio entre miedo y vergüenza. Yo tan pequeño y ese lugar tan imponente y secreto. Tanto era el respeto, que antes de entrar pasé varios días por delante de la entrada haciéndome el encontradizo para hacerme una idea de como sería el interior. Sobre todo por la noche, cuando más clientela había. Desaceleraba el paso y echaba un ojo a lo que se movía dentro. Por la rendija de la puerta rezumaba el placer. Acción, violencia, seres extraños, todas las fantasías imaginables. La oferta era abrumadora. Las ganas de experimentarlo todo, incontenibles. Tanteado el terreno y reunidos el dinero y la valentía suficientes, llamé a un amigo para que me acompañara en aquel bautizo de fuego. Accedimos adentro erguidos para intentar disimular nuestra indisimulada cara de críos. La mujer que ejercía de guardiana de aquella cueva de lo desconocido ni nos miró. Siguió fumando un ducados y permitió que nos adentráramos hasta el fondo del local. Mi camarada y yo sufrimos algo parecido al colapso. Frente a nosotros quedaba al alcance de la mano todo lo que quisiéramos gozar y no sabíamos qué elegir. Las tocábamos, las escrutábamos, cogíamos una y la volvíamos a dejar. Media hora después, henchidos ya de confianza, nos acercamos a pedir consejo a la dueña. «¿Ha recibido ya la última de Bruce Lee?». La mujer se levantó perezosamente, se dirigió a la sección de películas de acción y agarró dos estuches para preguntarnos: «¿La queréis en Beta o en VHS?».

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Ciudadano Sanz
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Teri Sáenz | 11-07-2016 | 11:13| 0

sanz

Ciudadanos ha perdido la confianza en Pedro Sanz. Aunque aritméticamente nunca la tuvo al 100%. Cuando tras firmar el pacto de investidura en favor de José Ignacio Ceniceros llegó el turno de designar al senador autonómico, el PP propuso a Sanz. Y el partido naranja, que seguía arrogándose haber echado al presidente de La Rioja durante 20 años mientras el aludido les desmentía, lo apoyó a medias. Fue una estrategia de equidistancia que con el paso de los meses se mostró habitual en la posición de C’s: sí, pero no. U otras veces, no pero sí. Dos de sus diputados se abstuvieron en la votación y los otros dos le respaldaron para forjar con los escaños del PP una mayoría mínima pero suficiente para que el de Igea llegara a la Cámara Alta. Un año y dos elecciones generales después, el crédito que C’s había depositado en Sanz se ha agotado, aunque el interesado reeditará igualmente su escaño con la maleta, eso sí, cargada de un enfado mayúsculo con la actitud del partido que sustenta al Gobierno que ya no preside. ¿Son suficientes las justificaciones de Ciudadanos para generar una crisis de consecuencias inciertas? En la gatera se antojan otras razones que el tiempo revelará. Quizás, el afán de hurgar en las diferencias que laten dentro del PP. Tal vez un gesto para focalizar por fin la atención lejos de sus propias polémicas. O simplemente, hacer ruido para forjar una identidad propia y espantar el peor mal que puede amenazar a un partido: la intrascendencia.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Ultra fútbol
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Teri Sáenz | 21-06-2016 | 10:57| 0

ultras

A veces el yayo Tasio sueña con que asiste a un partido de fútbol. Pero no a uno de esos entre clubes aficionados en un campo de tierra donde menudea patadones al área. El espectáculo con el que fantasea el abuelo es de relumbrón. Sobre el césped están anunciados dos de los mejores equipos de Europa y Tasio, alérgico a otro deporte que no sea pasear por veredas solitarias, acude a la cita con la excitación de vivir en directo un espectáculo de dimensiones épicas. De camino al estadio, en su imaginación se topa entre la marabunta de público con un puñado de ultras empapados en alcohol. El grito ronco, los bíceps tatuados, toneladas de rabia en la mirada. La multitud se hace a ambos lados como un río que se bifurca ante un dique y el yayo queda sin saber cómo frente a ese escuadrón etílico. Sin mediar palabra ni argumentos, el cabecilla del grupo le pega una hostia en su cara de viejo. No es, como el partido de fútbol que soñaba con estar a punto de ver, un puñetazo cualquiera. La agresión tiene el sello de una brutalidad profesional. Un golpe de yunque excede el daño físico para ingresar en lo inhumano. Un manotazo al que sucede otro. Y otro. Y más. Los agresores descargan en el cuerpo de Tasio un remolque de patadas, vasos rotos, sillas astilladas. Violencia en tantas formas como puede contener el catálogo del odio. Y de pronto, todo termina. Tasio se arrastra por el suelo dolorido hasta el alma. Coge el mando y apaga la televisión donde está viendo la Eurocopa de Francia.

 

Fotografía: AFP

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