La Rioja
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Autor: teri
Campamento de verano
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Teri Sáenz | 13-08-2018 | 6:16| 0

tienda-de-campana

La España Vacía trae como efecto colateral la desaparición de pueblos y con ello, la materia prima básica para que un niño pueda cursar asignaturas troncales en su formación emocional. Sin ese entorno rural aún sin desbastar cada vez se hace más complejo experimentar sensaciones como buscar la sombra debajo de una higuera salvaje, pincharse con las ortigas del camino, engullir a deshoras comida que en la propia casa jamás cataría o localizar una poza donde adentrarse con los pies descalzos sintiendo las punzadas de las piedras del fondo y viendo a los alevines huir cada vez que el chaval está a punto de resbalarse. El sustitutivo para quien aún cree que perder el tiempo aporta más nutrientes que aprovechar los meses de verano aprendiendo idiomas en el extranjero o exprimiendo otras capacidades intelectuales es el campamento. La oferta es infinita. Campamentos de aventura y temáticos. En la otra punta del mundo o a escasos kilómetros del propio hogar. Campamentos en tiendas azulonas a la intemperie y letrinas de cal o con literas en un albergue higienizado. A todos, sin embargo, les falta verdad. Como esos sucedáneos en los que el consumidor cree comer naturaleza en vez de plástico procesado, el campamento trata de suplir las proteínas rurales con un envoltorio de celofán. Los padres reciben puntualmente fotos del mocete regando un huerto, mirando ovejas a través de la valla, bebiendo a morro de la fuente. Y cuando vuelven a casa estreñidos con las rodillas marcadas de postillas y la pulsera de hilo que han tejido para regalar a sus papás, aún no saben que aquello no convalida pasar el verano en uno de esos pueblos cada vez más escasos donde la autenticidad no se compra por quince días.

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Manual de uso
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Teri Sáenz | 09-08-2018 | 10:40| 0

libros

Hágase con uno. O hasta con varios. No es ni siquiera obligatorio que lo compre. Puede tomarlo prestado temporalmente de una biblioteca pública y, en caso de que tenga un sentido extremo de la propiedad y opte por adquirirlo, dispone de una amplísima de gama de precios, tamaños y niveles de desgaste. El contenido desaeado también está en su mano. Las opciones respecto a la historia que esté escrita en sus páginas son inabarcables. Sólo depende de sus gustos, aunque si me permite una sugerencia, le aconsejo un punto de infidelidad y decantarse por criterios subjetivos. Déjese embaucar por el diseño de la portada, el olor que desprende la tinta o el comentario estimulante de algún conocido que ya lo haya leído. Si usted se fía de alguien, su criterio literario no puede ser malo y podrá así tejer una red invisible de referencias mutuas muy útiles cuando ya no queda nada que decir. Incluso si al llegar al punto final no experimenta esa satisfacción plena que le habían pronosticado, también eso le avalará para poder discutir sin ningún afán más allá que la porfía inútil. Déjese llevar. Picotee entre títulos improbables, autores ignotos, obras denostadas por la crítica, géneros en los que nunca haya militado. El volumen que se caiga de la estantería cuando esté rebuscando entre los anaqueles también es un buen candidato. Puede atreverse con los clásicos sin renunciar a explorar nuevos territorios. Y viceversa. La oferta es casi infinita y el tiempo, aunque limitado, se estira misteriosamente cuando la lectura se convierte en vicio. No se preocupe si el papel se arruga, si le caen unas gotas de aguas o alguien ha subrayado antes una frase certera. Ese libro es ahora un libro único.

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Tiempo al tiempo
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Teri Sáenz | 09-07-2018 | 12:59| 0

baston

Iba con prisa. Muchísima. Tanta que ni recuerdo a dónde tenía que llegar indefectiblemente a una hora fijada. Aceleré a fondo, los neumáticos chirriaron y negocié las dos primeras rotondas apurando la frenada. En una de las rectas de mi camino se interpuso un paso de cebra. A un lado, un abuelo a punto de atravesarlo. Al otro, su destino. En un instante calculé mentalmente las probabilidades de pisar a fondo para esquivar el obstáculo sin que me convertiera en noticia del periódico al día siguiente. El cerebro, sin embargo, me dijo frena. Y frené. El anciano no se dio cuenta ni de mis urgencias ni de que su integridad física había estado en riesgo durante una fracción de segundo. Se limitó a posar su cachava sobre el asfalto para iniciar el tránsito. Lento. Muy lento. Tan lentamente que de pronto el tiempo se congeló. Las golondrinas que volaban por encima de nosotros quedaron suspendidas en el aire. Dos ciclistas que volvían de su ruta mañanera mutaron en estatuas sobre los pedales. El aire dejó de correr. Mientras tanto, el abuelo prosiguió su maratón de apenas dos metros ajeno al mundo. Justo frente a mí, tuve que afilar la mirada a través de la luna delantera para certificar que aquel señor estiraba una pierna. Fijaba el pie y luego ordenaba desplazarse al otro antes de volver a posar el bastón para no caer. Era el secundario de una de esas películas iraníes donde los actores se mueven como perezosos en un plano fijo donde no ocurre nada. No sé cuantos minutos (¿o fueron horas?) transcurrieron hasta que hizo cumbre al otro lado del paso de cebra. Sólo recuerdo que fue el tiempo suficiente para que mis prisas se esfumaran. El anciano me contagió toda su calma y yo, por supuesto, llegué a tiempo.

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Un solo dedo
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Teri Sáenz | 03-07-2018 | 9:07| 0

dedo

El yayo Tasio añora el dedazo. Recuerda con melancolía cuando al líder le salían canas en el bigote o simplemente una mañanba decidía que ya estaba harto no se sabe si de los suyos o de los otros y decretaba un sucesor. El anuncio inyectaba una dosis de orfandad entre las bases tanto como excitaba a su círculo más próximo. Los afiliados se ponían en manos de esa decisión unipersonal que se dilataba en el tiempo para concederle mayor solemnidad, mientras los virtuales candidatos a heredar el trono afilaban palabras de humildad, abnegación y compromiso poniéndose a disposición de lo que decidiera dios (digo el partido) aunque en su interior les ardieran las ansias de poder. Para qué dar la palabra a esa militancia ignorate, desprovista de la sabiduría que sólo se adquiere al albergar en despachos con moquetas mullidas y sillones de cuero noble. El líder demoraba el fallo dejándose halagar por sus delfines, con el pecho henchido al escuchar cómo los afines le rogaban que se pronunciara para no perder la fe. El día menos pensado pontificaba la buena nueva con la seguridad de que había acertado. Porque si el sucesor lo hacía bien sería porque había aprendido de su maestro. Y si la pifiaba y el legado empezaba a resquebrajarse, sacaría lustre al propio orgullo desde su retiro dorado convencido de que sólo él había sido capaz (y podría volver a serlo si le invocasen) de llevar las riendas con firmeza. Ni primarias ni hostias, que las carga la desmemoria. Que luego los que regalaban reverencias mutan díscolos y hasta quienes nunca hablaron osan ahora alardear de lo que se dejó de hacer en vez de lo que se hizo bien. Si hasta alguno ya no reconoce al líder que fue ni aquel refulgente dedo que una vez soñó en la intimidad que le señalara a él.

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El nombre es el mensaje
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Teri Sáenz | 10-06-2018 | 12:45| 0

ministros

El nuevo Gobierno socialista aún no ha dado un paso ni movido casi un papel y ya ha concitado un consenso mayoritario sobre la calidad y entidad de sus integrantes. Y no sólo en los militantes acérrimos que hubieran aplaudido cualquier cartel por desalojar al PP, sino entre simpatizantes de otras siglas y, sobre todo, los flancos del propio PSOE que nunca han confiado en un Pedro Sánchez que hace bien poco habían enterrado los suyos y ahora emerge con el fulgor que sólo el poder es capaz de imprimir. A veces un gesto vale más que mil acciones. Y Sánchez lo ha aplicado con nota. Igual que cuando asomó a la primera línea pública andaba ansioso por epatar y explotar su figura de galán de la neopolítica lo mismo entrando en directo en un plató de telebasura que batiendo el récord mundial de selfies de la plaza más recóndita, ahora que se enfrenta a la debilidad de los escaños en el Congreso se ha hecho fuerte en el mensaje que traslada la elección de su gabinete. Una selección que puede resultar más compleja que cosechar votos en las urnas porque ha de guardar equilibrios de todo tipo (de corrientes internas, de género, de colectivos influyentes, territoriales, mediáticos, electorales…) para atender todos los frentes sin perder de vista lo básico: formar un equipo capacitado para una gestión de la máxima responsabilidad que por definición jamás contentará a todos. Un repaso a gobiernos precedentes confirma esa dificultad, con ministros impostados que casi nadie recuerda o son recordados por sus errores. Señalar a un experto en cada área con una reputación consolidada antes de ocupar el cargo parece tan elemental que se hace raro no haberlo practicado con más frecuencia. Un nombre, una expectativa.

Fotografía: Javier Lizón / EFE

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