La Rioja
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Autor: teri
Marcas caras
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Teri Sáenz | 10-02-2015 | 1:53| 0

candidato

El manual de uso de las campañas electorales incluye (o al menos incluía) la forja de un rostro solvente y reconocible como vehículo para intentar atrapar la mayor cuota de votos. Especialmente en el ámbito doméstico, donde la cercanía de una cara es (o venía siendo) uno de esos valores intangibles para el vecino de provincias por el cual las virtudes y/o defectos de un cabeza de cartel se suponen una prolongación de los de la organización que representa haciendo bueno el recurrente ‘aquí nos conocemos todos’. Hasta ahora. Mientras el PSOE se afana por inyectar a marchas forzadas visibilidad mediática a Concha Andreu o el PP vuelve a jugar a demorar que Pedro Sanz volverá a autoimponerse como apuesta por revalidar el Gobierno de La Rioja, partidos que hace dos días eran un embrión como Ciudadanos o Podemos –con todas las infinitas diferencias ideológicas que les separan– siguen todavía inmersos en el proceso de elección de sus candidatos a pesar de que el 24M está a la vuelta de la esquina. Y aún así, las encuestas les otorgan a priori una representatividad que otras formaciones con un recorrido mucho mayor y una estructura más consolidada observan con incredulidad. Se confirma así no sólo la influencia replicante de un liderazgo nacional como el de Iglesias o Rivera, sino el poder de la marca. Su peso específico entre los ingredientes de esa mezcla de sentimientos, a veces insondables, que se remueven en la voluntad a la hora de depositar una papeleta.

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Ser y no ser
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Teri Sáenz | 05-02-2015 | 11:58| 0

grecia

El yayo Tasio me pregunta entre solemne y contrariado qué somos realmente. Su soprendente duda existencial, lanzada a quemarropa, me inquieta. Temo que se le haya ido la cabeza. Que de sopetón haya dejado ser un abuelo cascarrabias y entrañable para convertirse en un viejo enajenado y dependiente. Tasio se explica, me sosiega. Al minuto uno de que Syriza ganara las elecciones, no sabe por qué extraña razón todos los partidos nacionales han coincidido en declarar que Grecia no es España, que ellos no son aquí igual que los que han ganado o perdido allí. Unos para alejar la sombra de la radicalidad, otros para limpiar de su ropa la mancha de la derrota ajena. Al yayo le espina la obviedad. Le escama la negación como mecanismo de autoafirmación. Como si para certificar que él es de Montalvo tuviera que aclarar que no ha nacido en Luezas ni San Román. Igual que si debiera especificar que detesta la mentira y la corrupción para evidenciar que es un hombre de pueblo sin dobleces. Los líderes políticos, no. Ahora se distancian de sus homólogos helenos con la misma rapidez que durante la precampaña se fotografían a su lado y ejercer una política por ósmosis. Aunque bien pensado y conociendo el paño, Tasio concluye que todo es un gran eufemismo. Una vía de escape para asumir con miedo lo contrario de lo que niegan. Que los españoles somos griegos, con la misma libertad ante las urnas para elegir y errar (o acertar) por nosotros mismos.

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Un riojano del Sur
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Teri Sáenz | 02-02-2015 | 7:39| 0

alberto garzón

El 20 de octubre de 1996 fue un domingo aciago para el CD Logroñés. El equipo que dirigía entonces Lotina visitaba el Camp Nou con la esperanza de hacer un papel digno y se volvió trasquilado. Sendos dobletes de Stoichkov, Ronaldo y Giovanni, un remate de Pizzi y el tanto en propia puerta de David Clotet rubricaron una de las derrotas más demoledoras en la historia rojiblanca y llenó de pesadumbre a la hinchada riojana. A toda, no. Muy lejos de Logroño y Barcelona, en el colegio Manuel Laza Palacio de Rincón de la Victoria, un chavalín apareció al día siguiente en el patio con la camiseta del Logroñés desafiando la euforia de su mayoría de compañeros culés, reivindicando una pasión exótica a tantos kilómetros de distancia y anunciando, sin ser aún consciente de ello, su querencia por las causas más difíciles. Aquel mocete era Alberto Garzón.
O como le llamaban de bebé en Cenicero para distinguirle de su progenitor, Albertillo. Alberto Garzón padre había recalado desde el Sur hasta el pueblo de su mujer, Isabel, después de haberse conocido, deslumbrado, enamorado y casado casi de un tirón en Málaga, donde ella pasaba los veranos con su familia andaluza. Profesor de Geografía e Historia recién titulado, las interinidades en los institutos de Nájera, Lodosa y Santo Domingo invitaron a convertir el piso en la calle La Borda, al lado de Bodegas Riojanas y las vías del tren, en el puerto franco de la pareja para iniciar su vida y traer al mundo el 9 de octubre de 1985 en el Hospital San Millán al otro Alberto Garzón. “Un niño muy calladito, tremendamente sensato, siempre a vueltas con las tres cosas que más le gustaban: los libros, la informática y el Logroñés”. Así recuerda su tío Ignacio Espinosa al ya candidato de IU para la Presidencia del Gobierno, el niño al que los Reyes Magos, sin saber que la carta les llegaba firmada por un republicano en ciernes, nunca se equivocaban cuando le traían una bufanda, un chándal o una camiseta siempre que tuviera los colores rojo y blanco.
Allí pasó los primeros cuatro años, hasta que su padre obtuvo plaza primero en Marchena y luego en Rincón de la Victoria. Y allí empezó a fraguar su carácter como parte de una piña de quince primos con los que sigue manteniendo una estrechísima relación, incluso tras la dolorosa muerte de su madre “Sabela” el año pasado. Con ellos queda a tomar el primer cacharro en el “Sombras” cada vez que regresa (al menos una vez al año, a veces con amigos de Madrid o Málaga) poner un bote y dejarse caer luego por Laurel o la calle San Juan, donde es más de cortos de cerveza que de vino. Una estancia ritual que concluye llenando siempre la mochila con ristras de chorizo y abundante picadillo.

alberto garzón
De entre la legión de familiares riojanos, Carmelo es quien más de cerca le conoce. Además de primos y amigos, ambos fueron compañeros de piso en los años de universidad junto al hermano menor de Alberto, Eduardo, en el piso de la abuela María del Carmen cerca de la catedral de Málaga. “Parece muy reservado en el tele, pero es un chaval divertidísimo y, sobre todo, súper preparado que sacaba tiempo igual para jugar una pachanga de futbito que devorar libros e informes”, le describe. “Se enfrascaba tanto en el estudio que le tomaba el pelo preguntando si ligaba con las chicas hablándoles de la macroeconomía en Perú“, bromea mientras rememora las épocas de examen donde la dieta un día sí y otro también se limitaba a macarrones con tomate y una banda sonora donde igual sonaban Reincidentes que Marea, Calle 13 o los cantautores que tanto gustan a su padre, melómano consumado y carpintero de sus propias guitarras.
María del Carmen da fe de la constancia de “Albertillo”. “Pero come chiquillo, que vas a volverte loco”, dice que le decía mientras estudiaba “siempre con el ordenador delante y decenas de trabajos en marcha a la vez”. Su tío Román comparte esa imagen del aspirante de “serio pero alegre, volcado en el trabajo sin descuidar nunca a su gente”. “Muy normal”, resume su prima Leyre. Y como añade la coordinadora regional del partido, Henar Moreno, con La Rioja siempre en mente al punto de que al incorporarse al Congreso en el 2011 como el diputado más joven pidió ocuparse de la comunidad que en principio correspondía a Caridad García. Un modo de reforzar el lazo de sus raíces y, de paso, saber qué ha hecho cada jornada el Logroñés para alentar a su equipo del alma. Aunque pierda 8 a 0.

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Aprender inglés
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Teri Sáenz | 26-01-2015 | 7:23| 0

inglés

La próxima instalación de un colegio privado bilingüe al sur de Logroño ha generado una expectación mayúscula en la calle que, en realidad, discurre en parte paralela a la proliferación de guarderías que ofertan clases de inglés entre pañales, la frenética apuesta de la Consejería por incorporar un doble idioma en las aulas y, en definitiva, la obsesión de los padres de hoy por que sus hijos viajen por el mundo mañana sin miedo a comunicarse como en muchos casos ellos no pudieron (o no les enseñaron) hacer. Todas esas recetas tratan indismuladamente de atajar complejos y carencias generacionales, aunque debería prescribirse en las dosis adecuadas para que el fulgor no ciegue las buenas intenciones. Ni la presencia de un nativo garantiza por sí misma una mejor enseñanza ni que un bebé repita mecánimamente green cuando le muestran una cartulina verde prometen mayor fluidez. El bilingüismo no son unas horas aisladas de clase a la semana ni notas encabezadas con un ‘good job’. Se trata de un concepto más ambicioso y arranca con la aplicación de un método riguroso y adecuado a cada edad sin abrir más brechas de las que ya genera el ritmo del aprendizaje general, sigue con equipos de profesionales formados sin fisuras y se prolonga con una lluvia fina de contacto constante con el idioma para hacerlo propio como sucede en el norte de Europa. Todo lo demás sonará ‘great’. Quizá incluso satisfaga algunas conciencias paternas. Está por conocer si surte un efecto real.

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Pequeñas mentiras
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Teri Sáenz | 20-01-2015 | 1:13| 0

impostor

Hoy me atrevo a recomendarle un libro. Se titula ‘El impostor’, lo firma Javier Cercas y aborda en ese sugestivo híbrido que combina hiperrealismo ajeno y personal la figura de Enric Marco. Si el nombre no les suena, su historia lo hará. Él es aquel mentiroso compulsivo –mediopatía, le diagnostica Cercas– que sin haber estado nunca preso en ningún campo de concentración llegó a presidir la asociación Amical de Mauthausen que agrupa a los españoles encarcelados allí por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Y no sólo eso. Su arrolladora personalidad, el ansia de protagonismo, la hipertrofiada capacidad de invención (incluso de su propia vida familiar) y una dialéctica efervescente que seducía a periodistas y políticos en pleno auge de la Memoria Histórica le erigieron en un icono que sólo la audacia del historiador Benito Bermejo logró desenmascarar. Como las buenas lecturas, ‘El impostor’ contiene múltiples lecturas. Una de las más jugosas reflexiona sobre el proceso de construcción de las mentiras. Cercas concluye que los grandes embustes se fabrican con pequeñas verdades, que sólo un poso de realidad puede hacer verosímil un fraude. Al pasar las páginas, el lector sufre un escalofrío al aplicar esa máxima a su vida cotidiana. Cuántas medias certezas hay en lo que oye, en lo que se da por seguro. Qué número de minúsculos Marcos habitan ocultos entre nosotros. Y sobre todo, quién se atreverá algún día a destaparlos.

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