La Rioja
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Categoría: La Rioja
El pueblo unido

teruel

Hace ahora una semana a 40.000 personas les dio igual que saliera un domingo soleado después de un invierno eterno. En vez de aprovechar el buen tiempo para tirarse a la bartola en algún pueblo, salieron de sus respectivos pueblos para citarse en una ciudad alejada en demanda de inversiones, mejores infraestructuras, comunicaciones propias del siglo XXI y oportunidades reales de empleo. Los manifestantes, llegados desde decenas de pequeñas localidades amenazadas por el fantasma del olvido pero que juntos suman más habitantes que alguna capital de provincia, unieron sus voces para reclamar algo tan elemental como poder seguir viviendo donde lo hacen con unos servicios dignos y derechos idénticos a los de entornos con censos más densos. Como puede observar, el catálogo de peticiones es prácticamente calcado al que de un tiempo a esta parte ha ganado enteros en la agenda política de La Rioja, tanto del Gobierno como de la oposición. Ya sabe: España vacía, demotanasia, la agenda de la población, el reto demográfico y tal. La principal diferencia es que la imponente marcha celebrada hace ahora siete días no estaba integrada por riojanos, sino por turolenses. Y no tuvo lugar en Logroño, sino que discurrió por el centro de Zaragoza. Está por ver que los aragoneses logren su propósito. Lo que ya han conseguido es demostrar su fuerza, acuñar un lema, abanderar una demanda que es la de buena parte del país. Puede que su grito acabe en saco en roto. O también que cuando se repartan fondos y oportunidades de futuro se priorice a quien con más energía lo reclama y obvie a quien mastica el silencio. El que no llora no mama. Y el que no sale a gritar por lo suyo, tampoco.

Fotografía: Periódico de Aragón

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Relatos y preguntas

terrorismo

Para que un relato enraíce en la memoria más allá de los hechos son necesarias dos partes para abonarlo: quien lo pronuncia y el que lo escucha. La fijación por imponer el de las víctimas frente al de ETA requiere que ambos ingredientes se complementen adecuadamente. Aquellos que fueron cómplices por obra, aplauso u omisión de los años en que los atentados eran constantes jamás compartirán las palabras de los asesinados y sus familias. Donde hay que ahondar es en los oídos incontaminados que carecen de cualquier referencia. Es lo que pretende el proyecto impulsado por el Ministerio del Interior en colaboración con las asociaciones de víctimas en la cual quienes sufrieron la lacra del terrorismo se limitan a eso: contar con la mayor asepsia que permite el dolor qué les ocurrió a unos adolescentes ajenos por edad y contexto a aquellos días, a aquella sociedad en que las miradas y la presión social en sus variantes más crueles eran parte de la munición. La charla que inauguró en el IES Batalla de Clavijo la iniciativa en La Rioja fue sintomática de cómo recibe un relato contado ya decenas veces quien jamás lo ha escuchado en primera persona. La audiencia fue más allá de la descripción por parte de Marisol Chavarri del asesinato de su padre en 1979 en Beasain y las preguntas al final de la charla denotaron el poder que el recuerdo de un suceso tan trágico puede insuflar para evitar que se repita. ¿Todos los vascos eran los ETA (sic)? ¿Por qué no se investigaron muchos asesinatos? ¿Quién seguía a las víctimas para preparar el atentado? Y el interrogante que adolescentes con la mirada aún inmaculada comparten con quienes vieron directamente esas muertes: ¿cómo pudo llegar a ocurrir algo así?

Fotografía: Sonia Tercero

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La brecha religiosa

islam

Como era de prever, la implementación de la asignatura de religión islámica en La Rioja el próximo curso no ha contentado a nadie. La comunidad musulmana sigue juzgando insuficiente el criterio de progresividad en la implantación y la elección de sólo cinco centros para impartirla, además de insistir en la necesidad de contemplar en la preinscripción la religión elegida. La Consejería alude sin excesiva convicción a la obligatoriedad de cumplir con la legislación vigente –pese a que durante años se ha resistido a ello hasta el pronunciamiento firme de los tribunales– y las familias de los niños que acuden a los colegios e institutos señalados se dividen entre el aplauso, la resignación y el silencio a hacer público el malestar que rozaría lo políticamente incorrecto. El hecho es que, al menos en Logroño, las aulas elegidas, ninguna de ellas concertada, se encuentran en un radio de unos pocos cientos de metros. Si la distribución social de la ciudad ya venía conformando una clara asimetría respecto al nivel de inmigración que acogen determinados clases respecto a otras, es más que presumible la inclusión de la asignatura de islam ahondará en esa brecha. Quienes vacilaban si matricular ahí a sus hijos a consecuencia de ese desequilibrio no es muy probable que así despejen sus dudas. Los que han perseguido durante años que la asignatura de islam tenga la misma consideración académica que la católica es probable que se decanten por llevar en bloque a sus hijos a estos colegios. Una palada más para apuntalar esa palabra en la que todos piensan pero pocos verbalizan: gueto. Una realidad que carga de razones a los que vienen reclamando sacar de las aulas la religión. Todas las religiones.

 

Fotografía: Justo Rodríguez

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Sospechosos inhabituales

libro

Al yayo Tasio le resultó sospechoso en cuanto lo vio de lejos. A otros paseantes con prisa quizás le hubiera pasado desapercibido, para el abuelo lo caló al instante. Estaba repantingado en un banco del parque, haciendo nada más que mirar al cielo con los ojos cerrados dejándose rociar del tímido sol de una falsa primavera. El resto de los viandantes pasaba a su lado como si fuera una jardinera más, una estatua de sal. Pantalones vaqueros de Zara, cazadora gris abotonada hasta el cuello, zapatillas con restos de barro. Alguien (sólo en apariencia) anodino. El radar de Tasio, sin embargo, lo detectó de inmediato. Se colocó lo bastante cerca como para confirmar sus recelos y lo suficientemente alejado para no ser visto y salir huyendo en caso de ser descubierto. Apenas tuvo que aguardar disimulando unos minutos. El chaval se incorporó. Primero asomó una mano. Después, la otra. Pero no estaba vacía. Del bolsillo derecho extrajo algo que desde la distancia le pareció al yayo un viejo teléfono móvil de esos gruesos y teclas rudas. Pero no. Lo vio perfectamente. Era un libro. Un pequeño ejemplar de esos con tapas flexibles y solapas desgastadas. Lo abrió por donde tenía una esquinita doblada y… se puso a leer el papel. Podría haberse conectado a Internet, compartir chistes bizarros en el grupo de WhatsApp de sus colegas, malgastar el tiempo libre y sin embargo, ahí estaba:pasando con delectación una página tras otras, en su propia soledad rodeada de gente que iba y venía alrededor, sin dejarse perturbar por el pitido de los coches ni el runrún de las palomas. Tasio no pudo contenerse y salió de su trinchera. Henchido de valentía, le interpeló: ¿autor, título y editorial, por favor?

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Un lugar, dos miradas

SAN MILLAN DE LA COGOLLA. Turistas en el Monasterio de Yuso en Semana Santa. 29.03.2018 Justo Rodriguez

El paisaje que está observando en este instante es doble. Uno es ese que usted mira cada día ;el otro, que en realidad es el mismo, el que contemplan por primera vez los ojos de un turista. Probablemente a usted no le provoque ningún entusiasmo y hasta le suscite cierto desdén. Todo lo contrario de quien acaba de conocerlo, que es capaz de encontrar un encanto inusitado y perderse en detalles en los que nunca repararía quien lo tiene delante cada día. Las razones de esa esquizofrenia visual no están en el objeto. Ni siquiera en el observador. El filtro lo impone la actitud. Esa que impide apreciar lo más próximo y difrutar lo lejano con el efecto rebote (sólo a veces) de denostar lo propio, como un disco duro de capacidad limitada que obligara a desechar una parte para ensalzar más otra. En La Rioja conviven estos días ambas miradas. Los miles de turistas que copan cada pueblo están saboreando ahora de lo que muchos ignoramos. Las mismas chuletillas que a usted ya le provocan ardor son el manjar para quien nunca antes se ha manchando los dedos con su grasilla. Las iglesias que nunca pisa donde vive se parecen mucho a las que no deja de conocer cuando sale fuera. Los recorridos que siempre hace en coche por aburrimiento son la ruta predilecta de los caminantes que atraviesan extasiados las calles. El Jueves Santo, en San Millán de la Cogolla, una de esas viajeras llegada de Madrid mostraba a sus hijos los mismos monasterios que ella ya ha disfrutado boquiabierta cien veces. Si por ella fuera, cada aeropuerto de España debería tener una indicación señalando a Suso y Yuso. Hasta que llegue ese el día, aún queda hacer el ejercicio de mirar nuestro propio entorno con ojos de turista.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Abriendo puertas

LOGRONO. Tres jovenes síndrome de down comparten un piso tutelado. 19.03.2018 Justo Rodriguez

Usted no valora (casi ninguno lo hacemos) la sensación de plenitud que produce rebuscar en el bolsillo y notar el tacto de las llaves de casa. Volver del trabajo o de cualquier otra actividad con que rellena su jornada y sacar ese manojo de anodinas piecitas metálicas para escoger una de ellas e introducirla en la cerradura. Franquear la puerta del lugar donde reside y plantarse en un territorio privado, un hábitat propio. En su mano está hacer a partir de ahí lo que le plazca. Tirarse en el sofá y demorar sus obligaciones domésticas. O ponerse a hacer la comida y esperar a que el resto de su familia o sus compañeros de piso en caso de que no viva solo vuelvan para compartir la cena comentado los avatares del día. María, Andrés y Álvaro tienen desde hace pocos meses las llaves de su propia casa por primera vez. Un piso estándar en alquiler en una calle cualquiera donde experimentan diariamente el placer de entrar en él después de sacar el llavero que llevan consigo. Y no sólo eso. Dentro disponen de una habitación para ellos solos. Unos modestos metros cuadrados que cada uno ha decorado a su gusto, sin que nadie les sugiera qué cuadros colgar en la pared ni le obligue a hacer la cama cada mañana antes de marchar a sus labores. El fortín de sus respectivas independencias. Eso que para cualquier joven constituye un pequeño triunfo en su proyecto vital, para María, Andrés y Álvaro es la victoria más absoluta. Porque ellos tienen síndrome de Down y vivir por su cuenta era una quimera que unas veces por razones económicas y otras por las dudas (propias o de los suyos) nunca llegaba. Con el gesto de abrir solos cada día la puerta de su casa lo están logrando. Ojalá que nunca se cierre.

Fotografía: Justo Rodríguez

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