La Rioja

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Categoría: La Rioja
Manos arriba

Gamarra

Es probable que Cuca Gamarra sea la mejor opción del PP para optar a la Alcaldía de Logroño. A su alrededor no se vislumbra una figura con más relevancia en el ámbito municipal y los cuatro años dirigiendo la capital riojana tras un meritoriaje como jefa de la oposición le confieren un bagaje del que carecen sus competidores. En ese cuadro enmarcado con los sondeos que maneja el partido y el peso específico del propio Pedro Sanz en la designación de cada candidatura (incluida la de sí mismo), la asamblea de afiliados convocada esta semana para ratificar que su nombre encabece la papeleta en los comicios locales del 24M se antoja no sólo innecesaria sino impostada. La imagen de decenas de manos arriba para decir que ella es la idónea quizás tenga un mensaje interno como termómetro público de lealtades, pero hacia afuera proyecta una estampa extemporánea que tampoco mejora la fórmula elegida por Sanz de que sean los suyos quienes hagan lo propio para auparle por sexta vez a través de una urna y de forma secreta apelando a la sinceridad (sic). El PP, que nunca había hecho ostentación de democracia para definir a sus aspirantes y ganar elecciones, ha caído en la tentación tan extendida ahora de un sucedáneo de primarias frente al cabreo ciudadano. Un simulacro como esos que organizan de vez en cuando en el que se despliegan muchos efectivos, se encienden las alarmas y señalan las puertas de emergencia pero todos saben que no habrá fuego.

Fotografía: Juan Marín

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El primo Iñaki

ignacio gonzalez

Las grabaciones destapadas ahora sobre la reunión secreta entre el presidente de la Comunidad de Madrid y dos comisarios en noviembre del 2011 a los que Ignacio González sugiere que acallen los datos de que disponen respecto a la más que turbia adquisición de su ático en Marbella tienen la virtud de que no sólo se escuchan, sino que también huelen. La charla desprende hedor a estiércol. Es el tufo del agua estancada en la acequia, el cieno pegado en la suela del zapato, la carne caducada entre cuya viscosidad asoman ya bichos negros. El tono chabacano que emplean los contertulios apesta. Si usted pega la nariz a la charla, puede hasta oler el sudor a sobaco de la clientela de esa cafetería en el centro de Madrid donde se citaron. La cáscara de cacahuetes mezcladas con serrín en el suelo, la fritura de calamares agrios, el coñac barato en cada carajillo. Porque como queda demostrado en esas voces entrecortadas y rasposas, los asuntos viscosos se ventilan en lugares públicos a la luz del día y se airean a las puertas de unas elecciones para derribar a unos y encumbrar a otros. Dejando, eso sí, la duda de cuántas grabaciones idénticas con personajes de similar catadura se guardan en cajones ocultos a la espera de enmierdar el aire y salpicar de asco a la audiencia. Como contrapartida, la lección de que los números de teléfono se anotan en servilletas de papel para que nadie los intercepte y que si llaman, usted debe decir que no es usted, sino el primo Iñaki. El perfume de las cloacas.

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Candidato de verdad

papeleta

Estimado candidato:
Te escribo estas humildes líneas para solidarizarme contigo y hacerte saber que te compadezco en la travesía que surcas de aquí a las elecciones. No me importan tus siglas. Ni si tu rostro será el que finalmente sonría en los cartelones a un cargo local, autonómico o mediopensionista. Me apiado de ti en cualquier caso. Tanto si eres de los que has sido elegido por esa cosa tan democrática llamada primarias que ahora todos se han lanzado a desempolvar no sin antes ajustar las costuras para que encaje a medida como si has sido señalado por algún dedo omnímodo. Siempre recaerá sobre ti la sombra del aparato, cuando no el sarcasmo de para qué este paripé si todo estaba ya escrito. En el mejor de los casos, tu partido se ahorrará unas perras y le bastará con retocar un pelín las mismas fotografías que sigue usando cada cuatro años. Mis condolencias, candidato. También si te encuentras en alguno de los limbos posibles. El de los elegidos que huyen o el de los obligados a huir después de ser elegidos. El de los que se sienten candidatos sin que otros lo quieran y el de los que se arrogan la voz de esa calle sin dirección en la que todos dicen habitar. Confío, querido candidato, en que la intimidad de tu hogar, lejos de la pirotecnia demoscópica, te preguntes qué eres de verdad. Si frente al espejo ves en realidad al más válido para gestionar la vida de miles o sólo el nombre escrito en la cabecera de una papeleta.

Atentamente, el yayo votante Tasio.

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Debate en juego

candy crush

El Debate sobre el estado de la Nación podría eliminarse del calendario político y el mundo seguiría girando a igual velocidad. La expectación que genera en la previa a la subida de sus señorías al atril del Congreso y después de que hayan concluido sus respectivas intervenciones resulta inversamente proporcional al contenido de sus palabras porque, entre otras cosas, sus discursos ya han sido pronunciados antes hasta el infinito. Sabiendo de antemano que las realidades que van a describirse desde la tribuna serán antagónicas porque cada cual pisa calles distintas o simplemente por cálculo electoral, el único aliciente mediático reside –como bien se encargan de explotar sus protagonistas y los contertulios afines– en ese titular redondo, aquel gesto estudiado, un tic de victoria, algún renuncio. Tan fútil es el resultado de sesiones maratonianas leyendo rígidos legajos que todo parece deber resumirse en quién ha ganado el debate. Como si la dialéctica fuera un ring donde en vez de contabilizarse los uppercuts del contrincante todo se midiese a golpe de los tuits generados desde las propias filas para ser replicados hasta superar los retuiteos del rival. Todo es tan anodino, las palabras tan huecas y los exégetas que interpretan el sentido último de sus líderes tan sobreactuados que a mí lo único que me interesa es la única verdad del debate. La épica, el arrebato, la improvisación. Saber si Celia Villalobos logró pasar de nivel en la partida de Candy Crush que jugó en el hemiciclo.

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La grey

50 sombras de grey

Viernes por la noche. 22 horas. Un cine en el extrarradio de la ciudad. Me premio yendo a ver una película estándar después de siglos sin acomodarme en una butaca a disfrutar de algo más que dibujos animados, superhéroes torpes y ardillas parlantes. No sé por qué, anticipo que será una experiencia solitaria. El 21% de IVA cultural. La crisis del celuloide. Estrenos en streaming desde el salón de casa. Un frío glacial. Error. La escena inicial describe un travelling por el vestíbulo abarrotado de público. La cámara recorre el pasillo y capta un grupo de mujeres. Y otro. Y otro. Y otro más. Trato de recordar cuándo he visto tanta gente ansiosa de sentarse frente a una pantalla más grande que la del televisor de su casa. La memoria se estira tanto hacia atrás que casi quiebra. Se detiene en 1977. La Guerra de las Galaxias. Un fila infinita recorría el centro de la ciudad y hasta colapsaba el tráfico frente a las salas. Esto se parece bastante. Entonces había niños, adolescentes, padres con niños y adolescentes. Aquí entreveo a las niñas y las adolescentes de entonces. Quizá también alguna de las madres que les acompañaron hace tres décadas. Me contorsiono y suplico paso para llegar a la taquilla. El que reparte las entradas me informa de que ya no hay sitio para la película antes de decirle cuál quiero ver. Le sorprende que me interese por otra. Un torrente femenino entra en una sala. Yo me acomodo a mis anchas en la contigua. Al otro de la pared se escuchan jadeos y silencio.

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Súper Felipe

rey

Tasio compadece al Rey. La inclinación innata del yayo a sufrir con los que sufren por padecer la guillotina de los recortes le ha hecho derramar una lagrimita por Felipe VI. También él se ha visto obligado a ajustarse el cinturón. Un reducción de sueldo del 20%. Sólo 234.000 euros. 58.000 migajas menos de las que recibía su padre. El abuelo se pone en su piel. Le imagina también a él haciendo cabriolas para llegar a fin de mes, garabateando cuando todos se han ido a dormir un folio donde irá tachando conceptos en la columna de gastos. Cómo negará los domingos con una sonrisa de dolor a sus hijas el capricho que otras amiguitas disfrutan –no puede ser, princesa mía–, de qué manera convencerá a su mujer para quedarse en casa viendo una película alquilada en vez de volver a ese restaurante con cubertería de plata y mantel de lino que tan buenos recuerdos trae a ambos. Se acabaron las vacaciones de invierno en la estación de esquí de Suiza. Adiós a las regatas en el Mediterráneo. Habrá que despedir al jardinero, aunque las orquídeas del palacio se amustien. Tasio fabula con el día que coincida con ellos en el súper cotejando precios, aprovechando los descuentos de cada estantería, cambiando la merluza por panga. El yayo confía en que entonces, cuando compartan la larga fila para pagar en caja sus carritos trufados de marcas blancas y paquetes 3×1, el Rey demuestre su jerarquía y le ceda el paso a un viejo al que se hinchan los tobillos si pasa demasiado rato de pie.

 

Fotografía: Agencia Efe

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