La Rioja
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Categoría: opinion, la rioja, actualidad, periodismo
El sueño de Sanz

El sueño más recurrente de Pedro Sanz consiste en que un día se levanta y el PR ha dejado de existir. El cartelito verde que cuelga en la sede de la calle Portales ha desaparecido, nadie se dice regionalista y los dos escaños que vienen ocupando en el Parlamento regional han sido conquistados por diputados del PP.

En su afán por asfixiar al partido presidido por Miguel González hay quizás algo de memoria histórica de los tiempos de Joaquín Espert, pero sobre todo un mucho de cálculo electoral. Sabedor del suelo de votantes que sostiene el PSOE, sólo aliado con  una tercera fuerza sería factible desalojar algún día a los populares del Palecete de Vara de Rey. Y esa bisagra es, claro está, el PR. Con fin de evitar ese escenario, el PP ha seguido una doble estrategia: obturar las vías de financiación de los regionalistas que llevó en su momento a reconvertirse en Grupo Mixto en la Cámara y atacar ferozmente su discurso y sus denuncias. Poco han importado las sucesivas tomas de postura de Legarra en cada debate de investidura. Si era crítica, Sanz censuraba su oposición. Si tendía la mano, Sanz la mordía de forma inmisericorde.

 

En estas, la debacle de los regionalistas en Logroño en las últimas elecciones municipales ha sido lo más cercano a la materialización del sueño del líder popular. Sin representación en el principal Consistorio de La Rioja y con los ingresos mermados, Sanz sabe que la línea de flotación de su rival está tocada. El PR también ha hecho una lectura propia de esta situación, y el resultado de ese análisis es que debe sumar fuerzas. ¿Con quién? Ciudadanos de Logroño se ofrece como principal candidato después del frustrado acercamiento en las semanas previas al 22-M. Juntos habrían obtenido el 7,5% de lo votos (por separado ninguno obtuvo concejal) pero es que, además, la figura de Julio Revuelta incluye un plus de desafío a Pedro Sanz después de que el exalcalde logroñés y figura destacada del PP durante décadas de militancia rompiera amarras con su expartido y pusiera en riesgo la reconquista del Ayuntamiento por parte, curiosamente, de una Concepción Gamarra que trabajó durante años codo con codo con Revuelta.

Ambos se necesitan. Los unos para (intentar) recuperar el espacio perdido y el otro para ganar una cuota de mercado electoral que la aventura en solitario le impide por falta de estructura. A ello se suma la sintonía personal que comparten Legarra y Revuelta, pero tras esa coincidencia en el fondo se esconde una dificultad en las formas. ¿Renunciaría el PR a sus siglas en favor de una nueva marca? ¿Aceptarán los militantes regionalistas de toda la vida en los órganos de dirección a un Revuelta recién llegado que no hace mucho compartía el afán de Sanz por destrozarlos? ¿Qué ideario pueden llegar a consensuar los que un día fueron enemigos políticos? Las respuestas a todas esas preguntas deben ser contundentes y concluir en su ‘sí quiero’, porque un nuevo intento nulo de alianza serían tan difícil de entender ante la oponión pública como contraproducente para los intereses de ambos.

 

Fotografía: Alfredo Iglesias

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Conrado, otra vez

El comité electoral del PP, que según César Luena integra “Pedro Sanz junto a Pedro Sanz y, en el mejor de los casos un espejo en el que se mira Pedro Sanz” y que el aludido ensalza “porque nunca se equivoca” en vista de las mayorías que aquilatan los populares, ha nombrado a Conrado Escobar cabeza de lista al Congreso. La decisión no deja de sorprender. Aunque, conociendo el proceder de Sanz, la continuidad de Juan Antonio Gómez Trinidad o un nombre irrelevante hubiera sido la auténtica noticia.

La designación de Escobar invita a múltiples interpretaciones. Estaba cantado que después de su salida como consejero, la cúpula del partido le guardaba un puesto acorde a su peso específico. El reciente nombramiento como senador autonómico parecía cumplir ese fin, pero ha quedado visto que los integrantes del Comité Electoral reservaban una coda al que parecía el último capítulo que de la historia.

Su marcha al Congreso bien podría suponer que el PP apuesta por una figura de tirón para el objetivo de alcanzar el tercer diputado. La teoría quedará confirmada en cuanto se revele el resto de la lista porque, en la estrategia de administrar la información (hacia fuera, pero también hacia dentro del partido) Sanz se reserva para las próximas semanas la resolución de la incógnita en una ecuación donde bien podría encajar Aranzazu Vallejo como número 1 al Senado. El ejemplo de Conrado, y sobre todo la marcha atrás del PR en su denuncia contra la exvicepresidenta abonan esta posibilidad, haciendo que el presidente cumpla su prontuario de no abandonar nunca a ninguno de sus afines (y Vallejo ha sido la mano derecha de Sanz desde sus inicios político) y darle ahora un puesto de relevancia tras desalojar el número dos de la lista en las últimas elecciones autonómicas.

Pero el viaje de Escobar a Madrid suscita otras lecturas en clave local. Y es que, el cargo de diputado nacional le obliga a dejar el acta diputado en La Rioja (correrá la lista para dar paso a Valentín Jiménez) y nombrar un nuevo senador autonómico por parte de la Cámara. Pero, sobre todo, la nueva coyuntura le saca del hemiciclo, el lugar donde debe estar el futuro sucesor de Pedro Sanz en caso de que éste acceda al Gobierno central tras un presumible triunfo electoral de Rajoy. Que el nuevo nombramiento de Escobar sea un ascenso o una retirada forzada de la carrera sucesoria es algo que, como siempre, queda en las manos y la cabeza de Pedro Sanz. Perdón, el Comité Electoral Regional del PP.

 

Fotografía: Conrado Escobar, en la reciente votación del Parlamento para la elección de senador autonómico (Justo Rodríguez).

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Una mala película

Esta película ya la he visto antes. El protagonista es una multinacional con aires de galán que aterriza en La Rioja exhibiendo músculo y ofreciendo un porrón de empleos. Las autoridades, extasiadas, caen fulminadas ante sus encantos. Le conceden ayudas, se hacen fotos ante a la nueva planta, aprenden a hablar inglés para entenderse con los nuevos directivos, se colocan medallas en la pechera de los méritos. En la primera parte del metraje, todo es felicidad. La planta chuta como cohete, cientos de parados encuentran trabajo y se repiten las promesas de mantenimiento de la actividad porque se han firmado más contratos.

El punto de inflexión llega con alguna crisis real o forzada. Entonces aparecen la presión de los mercados asiáticos y los costes insoportables. El balance que al principio del film era vigoroso de pronto se queda mustio, y llegan crípticos mensajes de la cúpula desde lugares ignotos –unas veces Michigan, otras Estocolmo…– anunciando el cierre irremediable. Hay una trama paralela en la que los sindicatos braman y se reúnen con el Ministerio de Industria, que indefectiblemente garantiza que no permitirá la fuga. Incluso caben audaces giros de guión con la virtual llegada de nuevas compañías de la mano de secundarios como Henry Forero o el Señor Jason. Sin embargo, el final es invariable. Más de 500 trabajadores a la calle en el caso de Electrolux o 300 en LEAR. Todos acaban en casa viendo una y otra vez ‘Los lunes al sol’.

 

 

Fotografía: Enrique del Río

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MISIÓN CUMPLIDA

Usted y yo tenemos algo en común con George Bush: el presidente saliente de Estados Unidos Unidos es una persona, y como tal atesora un pasado. Entiendo que resulte duro digerir una verdad de este calibre en pleno domingo, pero no podía ocultarla por más tiempo.

En todo caso, ahí se agotan las similitudes con el ínclito tejano. La diferencia radical respecto a usted es que ha sido él mismo quien ha refrescado su propia memoria con esa rotundidad que supuran quienes se saben protagonistas de un capítulo de la historia y que, obviamente (y por suerte), su pasado y el del resto de los mortales tiene poco que ver.

En un presunto alarde de humanidad mientras empaquetaba las botas de montar y el resto de sus pertenencias de la Casa Blanca, Bush ha confesado que se arrepiente de algunas de las cosas que dijo durante su mandato. Todo un gesto de modestia si no fuera porque de lo que abjura no es de invadir países a su antojo, mandar a la mierda el sistema económico internacional o matar a miles de inocentes en nombre de no se qué orden mundial. El resbalón que más le incomoda es el que tuvo sobre la cubierta del flamante portaaviones Abraham Lincoln en mayo del 2003. Allí, pertrechado con el disfraz de comandante en jefe con el que jugó durante ocho años y saludando a cientos de marines que no sabían si Irak era una marca de hamburguesas o un país de Oriente Medio, dijo que la misión estaba cumplida y la paz más cerca.

Ahora dice que se retracta. Y hace bien. Se acaba de dar cuenta de que entonces no todo había acabado. Aún tenía mucho que hacer para acabar de joder al planeta.

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