La Rioja
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Ganar a las encuestas
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Teri Sáenz | 20-02-2018 | 09:55| 0
encuesta

Mientras está leyendo estas líneas puede que esté brotando una nueva encuesta que solapará a la que se publicó hace cinco minutos y que quedará caduca dentro de diez, cuando una nueva confirme (o desmienta) la anterior. Si no llega a sus oídos el resultado, los partidos se encargarán de hacerlo porque todos encontrarán en ella un dato que les avalará. Aunque retrocedan en la escala, a pesar de que su líder pierda puestos sobre el oponente, sin importar que el tamaño de las siglas mengüe. Y cuando ya no puedan retorcerlo más, en ese momento en que estrujando las cifras sean incapaces de destilar ningún aspecto favorable, se encargarán de minusvalorarlas. Incluso despreciarán sin disimulo el sondeo hasta el siguiente que aúpe sus aspiraciones, aunque provenga de la misma fuente y siga un método idéntico. Entonces, lo que para unos será sólo la radiografía de un instante fijo con una validez coyuntural, para otros resultará la evidencia de una tendencia incontestable. Es comprensible la fascinación que provoca la demoscopia. Nadie puede sustraerse a esa borrachera de colores, el vaivén de porcentajes y barras fluctuantes. Golosas tartas que medran y se encogen, con sobredosis de cocina y digestión inmediata que cuando se eructan saben a sueños de poder. Así se gobierna (o se aspira a gobernar), a golpe de encuestas. Entre la euforia contenida y el canguelo disimulado. Con la esperanza de que si no se vence en las urnas, al menos sea posible ganar a las encuestas.

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A nice place
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Teri Sáenz | 13-02-2018 | 18:46| 0
HORNILLOS CROS_1705.jpg

La polémica más enconada que ha sacudido la previsible actualidad regional en las últimas semanas no la ha provocado un partido de la oposición, algún líder sindical, ni la prensa. Ha sido un cocinero quien, con sus quejas a la interpretación por parte del Gobierno regional del retroceso de turistas extranjeros durante el año pasado, ha desencadenado una catarata de reacciones inusitada en un hábitat dominado por el conformismo, cuando no directamente por el silencio. Y no sólo en el entorno más directo de Francis Paniego y la Consejería del ramo, sino entre buena parte de la opinión pública ajena hasta ahora al turismo pero que se ha visto interpelada a posicionarse respecto a su gestión. Sólo por esa capacidad de agitar el árbol, de estimular el intercambio de pareceres sobre un sector vital para La Rioja en su conjunto merecería la pena cribar la acritud de la polémica y destilar sólo lo positivo. Para eso resulta imprescindible desterrar que la crítica es siempre de antemano una agresión intencionada y digerirla como acicate. Eludir arrinconar el debate a una cuestión de veracidad de las diferentes encuestas, exhibir otros logros que nadie niega o deslizar dudas veladas sobre la representatividad o presuntos intereses espurios de quienes reclaman avances. Mejor que una estadística o algunos euros extra de inversión, la unidad de acción en la que todos coinciden podría empezar con una fotografía: la de ambas partes reunidas y, si es posible, hablando en inglés para atraer más visitantes foráneos.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Clase media
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Teri Sáenz | 05-02-2018 | 11:08| 0
peluche

La clase media acostumbra a celebrar una efemérides tan emblemática como supone cumplir 50 años por todo lo alto, organizando una fiesta sorpresa o regalándose un viaje de lujo que les permita disfrutar como un rey. El Rey, por el contrario, ha conmemorado su medio siglo de vida anhelando rebajarse a ser clase media. Para subrayarlo, Zarzuela ha distribuido un vídeo donde condensa  un día cualquiera de Felipe VI engarzando un puñado de escenas presuntamente cotidianas. No se sabe si de forma intencionada para reforzar el mensaje o solo por la impericia del realizador, las imágenes destilan una soberana zafiedad. La iluminación es lúgubre y el sonido deficiente, el zoom se vuelve loco, las transiciones están ensambladas a la brava y como en aquellas míticas películas de Jess Franco de bajo presupuesto e ínfulas vanguardistas, la cámara queda congela de pronto unos segundos en algún elemento ajeno a la trama. Las bombillas de la lámpara del techo, un peluche disfrazado con un chubasquero a la entrada del palacio… Y todo, mientras no dejan de escucharse de fondo, hasta en los planos íntimos, los flashes de los fotógrafos que pululan alrededor. Los actores siguen el mismo patrón. Mantienen conversaciones banales aparentando que nadie les mira –«¿te acuerdas a qué hora tienes el examen de Natu»?– y a fuerza de simular naturalidad no pueden resultar más acartonados. El guionista ha olvidado informarles de que, por más que traten de impostarlo, habitan en una burbuja distante que está obligada a pagar la clase media.

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Juego sucio
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Teri Sáenz | 29-01-2018 | 11:20| 0

baloncesto01

Señor entrenador: te escribo estas líneas para expresar todo lo que pensé desde la valla pero preferí callar  durante el partido donde removiste lo peor de mí. Tú mérito fue indiscutible. No está al alcance de cualquiera convertir un amable partido de niños de nueve años en un feo espectáculo. Sin embargo, lo conseguiste de pleno espoleando a los críos que diriges a ser agresivos, entrar más fuerte, echarse encima, no consentir ni una canasta del rival. Lo que podría haber sido un lance casual se prolongó durante media hora infinita. Y sólo gracias a ti. A esas órdenes broncas y el desprecio al árbitro que, por favor, pedía no confundir la intensidad con brusquedad. Esa manera de arengar al equipo como si estuvieras dirimiendo la final de la Euroliga en vez de un inocente partido de chiquillos que siguen creyendo a su edad que el baloncesto es una deliciosa manera de divertirse en grupo sin importar el resultado ni la habilidad de cada uno. Por un momento vi en tu cara la razón por la que lamentablemente el deporte de base es noticia de vez en cuando por deleznables batallas campales alrededor de las pistas. Ahí fallaste. Toda la serenidad que te faltó es la que derrochó el público que te vio atónito, sin entender el porqué de una actitud furibunda. Aunque lo peor llegó con el pitido final. Cuando nos tocó explicar a los mocetes aún renqueantes que eso no es el deporte ni sus valores. Que el próximo fin de semana volverán a disfrutar como de costumbre. Me despido lamentado no que seas un mal entrenador, sino un pésimo educador.

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Ciegos por el hormigón
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Teri Sáenz | 22-01-2018 | 11:16| 0
© FERNANDO DAZ

Un minuto antes de que estallara la burbuja inmobiliaria colocaron un cartel frente a la casa del yayo Tasio anunciando la enésima promoción de viviendas. El lugar escogido era un solar estrecho, sombrío y con cero glamur cuyo mérito consistía en permanecer vacío cuando las hormigoneras tenían ya tomado el resto de la ciudad vacante. Al abuelo le entristeció la noticia como si le hubieran certificado su propia defunción. La parcela donde en breve se levantaría un vulgar bloque de pisos construidos seguramente a toda prisa y a precios desorbitados le abría las únicas vistas que observa desde su propia casa. Una fina línea a través de la ventana del salón que atraviesa el horizonte hasta las montañas del fondo. Esas que ha venido disfrutando cada mañana durante años como un privilegio que le llena la mirada de frescor y le informan del cambio de estaciones según el color de las cumbres. El globo de aquella prosperidad vacua pinchó y el proyecto no prosperó. El cartel acabó oxidándose. Las malas hierbas reconquistaron la basura acumulada con el paso del tiempo y el solar volvió a ser refugio de toxicómanos clandestinos, parejas urgentes y gatos sin dueño. Tasio pudo así seguir disfrutando de su atalaya. Hasta ahora. Han removido otra vez los terrenos y hoy mismo han plantado en medio una grúa. La mole metálica ya le hurta parte de las vistas. Cuando vayan levantado alturas las ocultarán del todo entre los lamentos del yayo por que el fin de la crisis sea la resurección de la ceguera.

Fotografía: Fernando Díaz

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Recuperar la memoria
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Teri Sáenz | 09-01-2018 | 11:27| 0
logrono

Si un día de estos se pierde, búsquese a sí mismo en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Logroño. Producida por la Casa de la Imagen, la muestra recoge un imprescindible catálogo de fotografías y negativos procedentes de los archivos Jalón-Ángel y Payá que abarcan desde 1935 hasta el 2000. Explore detenidamente cada una de las estampas que cuelgan de las paredes, porque usted está presente sin saberlo en cualquiera de ellas. O en todas.  Quizás en algún rincón de las imágenes que reflejan aquella ciudad a medio hacer con una pátina todavía de pueblo. Como parte del público anónimo que recorre ajeno a la cámara que les apunta aceras sin construir, rotondas sin proyectar, edificios que ahora son inherentes al paisaje urbano pero que en aquellas décadas ni siquiera estaban imaginados. También es posible que se haya desorientado por entre cuadros vacíos de humanidad. En el interior de un camión de reparto de galletas Marbú (¿o es de yogures Chamburcy?) que posa impertérrito en un día diáfano. O sobre el escay de los butacones de salas de fiesta inertes. Si aún así todavía anda perdido, pregúntese por sí mismo en el frontal de los retratos. Un Logroño entero reposa ahí, mirándole. En fotos de familia delante de un tapiz de caza; en felices parejas inmortalizando su boda con poses ingrávidas; en recordatorios de comunión donde los niños ven a dios en la luz que les dispara el fotógrafo. Reencontrándose de cada una de esas fotos que remiten al presente desde un pasado colectivo, recuperará la memoria extraviada.

Fotografía: Archivos Jalón-Ángel y Payá

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El invierno más duro
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Teri Sáenz | 05-01-2018 | 10:12| 0

invierno

El yayo Tasio se niega a salir de casa. Es invierno, se justifica. Lo encuentro atrincherado en su orejero, enroscado en una manta de lana rasposa de la que sólo deja ver dos ojillos desgastados y cada vez más vidriosos. Ha bajado las persianas y arrimado el brasero a los pies. Sobre el hule de la mesa hay latas de sardinas a medio vaciar, algún currusco de pan duro que da fe de su cautiverio personal. Yo trato de animarle. Le invito a dar una vuelta aunque sólo sea a la manzana para que le dé aire. Salir y ver el sol por el día. O las luces de Navidad si cae la noche. Nada. El invierno, insiste con voz lúgubre. Sin querer forzarle pero tampoco rendirme a su derrotismo, le recuerdo las veces que me ha recordado con orgullo sus inviernos de chaval en el pueblo. Inviernos de verdad, como los define el abuelo. Esos que se imponían puntualmente después del otoño y no como ahora, que sólo amagan y hasta parecen primaveras. Meses de nieve constante y hostil que bloqueaban los caminos e hinchaban la cara cuando había que aventurarse hasta los corrales para alimentar al ganado. Inviernos traidores, como aquel que le sorprendió volviendo de la escuela monte a través y padre lo rescató cuando ya casi le comían los sabañones. Tasio por fin reacciona. Parece incorporarse. Intuyo por un instante que le he convencido. «No es ese invierno, ababol», me espeta. Y saca de su ovillo un periódico donde ha subrayado demagogias, falacias, vilezas y medias verdades. A mí también me recorre un frío paralizador.

Fotografía: Justo Rodríguez

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La muerte inútil
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Teri Sáenz | 17-12-2017 | 10:24| 0

orantes

Hay veces, muy pocas, en que la muerte no es del todo absurda y el dolor provocado genera algún tipo de rédito. Sólo en ocasiones un fallecimiento sirve, por ejemplo, para descubrir a figuras tan ignoradas hasta entonces como encumbradas a posteriori. También de forma puntual sucede que un asesinato tiene la utilidad de revisar realidades cuyo desconocimiento es inversamente proporcional al tamaño mayúsculo de la tragedia. Es lo que ocurrió ahora hace justo veinte años con Ana Orantes. Unos días antes había acudido a un programa de televisión para hacer lo que otras muchas mujeres como ella no se atrevían:denunciar los malos tratos que sufría por su exmarido. El relato en sí no suscitó un eco excesivo. Lo que removió todas las conciencias fue la reacción del aludido, que después de gritar a quien quiso oírle que se vengaría, cumplió su amenaza atándole a una silla y rociándola de gasolina antes de quemarla viva delante de uno de sus hijos. El caso hizo caer un telón que casi nadie hasta entonces quería descorrer. El Código Penal se modificó, la prensa dejó de titular como crímenes pasionales los asesinatos machistas, todos cantaron a coro hasta aquí hemos llegado. Ni una más. Dos décadas después, la cifra de víctimas género sigue siendo intolerable. Es verdad, las puertas a donde se pueden llamar para reclamar ayuda ya no se cierran. Pero también es verdad que más del 27% de jóvenes que ni siquiera había nacido cuando falleció Ana Orantes ve normal el maltrato con su pareja (sic). No se aprende a morir.

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Pasión en las aulas
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Teri Sáenz | 04-12-2017 | 11:38| 0
Clases del "Islam" en una mezquita de la calle Beatos Mena y Navarrete de Logroño

Las dos sentencias que recientemente han reconocido el derecho de sendas a familias a que sus hijos reciban enseñanza religiosa islámica en los centros de La Rioja donde estudian abre un debate apasionante. En el sentido más plen o del adjetivo. El fallo ha hecho saltar muchas costuras parcheadas hasta ahora con fragilidad. Para empezar, la morosidad que históricamente había mostrado el Gobierno a aplicar una opción que, al margen de cualquier otro matiz, está reconocida por la ley si se cumplen unos requisitos operativos bien definidos e implantada ya en otras comunidades. Pero lo que ahora queda en tela de juicio es sobre todo el papel de la religión en las aulas como asignatura evaluable dentro del currículum. Una disfución a la que se ha venido mirando con los ojos cerrados en favor de una sola confesión (la católica) y sólo cuando otra lo ha reclamado en las mismas condiciones que le ampara la norma empieza a cuestionarse. Ahí emergen también rutinas hasta el momento pasadas por alto, como la negativa de algunos colegios concertados a ofrecer la posibilidad de estudiar valores como alternativa reconocida oficialmente invocando los valores del centro que los padres asumen al formalizar la matrícula. Un argumento que, sin embargo, la Diócesis parece aparcar abriéndose a habilitar la asignatura de religión islámica pese a que la comunidad musulmana en La Rioja no lo contempla entre sus máximos al operar, en una y otra dirección, en el terreno de las creencias. Apasionante.

Fotografía: Justo Rodríguez

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El olor de la muerte
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Teri Sáenz | 27-11-2017 | 09:45| 0
232

La semana pasada casi un millar de riojanos (siendo muy generosos) se congregó en el centro de Logroño para manifestarse contra la alta siniestralidad que sufre la N-232 y exigir la liberación de la autopista como antídoto de urgencia. Tras las consignas de rigor y un par de paradas simbólicas ante el Palacete de Vara de Rey la Delegación del Gobierno (sus inquilinos no trabajaban ese día), tomaron la voz sobre La Concha de El Espolón tres representantes de otros tantos colectivos que conocen y/o sufren la sangrante realidad de una carretera que ya se ha cobrado quince vidas e incontables heridos en lo que va de año. El primero fue un bombero que después de lamentar la tibia respuesta a una convocatoria vital (5.500 espectadores asistieron horas más tarde a un partido de fútbol de 2ªB cerca de allí) relató qué se encuentran él y sus compañeros cada vez que suena la alerta de accidentes que, casi siempre, les dirige camino a la N-232. Según explicó ante un público estupefacto (a esa hora la mayoría del público ya había desertado), lo primero que perciben no es una imagen, sino un olor. El olor de la muerte. Un olor que es en realidad la combinación de dos:el de los fluidos del vehículo siniestrado mezclado con los de las personas que iban en su interior. Un olor que, confesó, se cuela hasta el fondo de los pulmones,  se pega al uniforme como una lapa y perdura durante días (hasta el siguiente accidente). Ese olor que nunca han aspirado las narices de los responsables de atajar un drama insoportable.

Fotografía: Justo Rodríguez

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