La Rioja
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Seis mujeres
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Teri Sáenz | 20-11-2017 | 10:23| 2
Centro Asesor de la Mujer Gran Via 7 Logrono Mujeres que han superado el maltrato 16 noviembre 2017 Sonia Tercero

Hoy le impongo la obligación de leer esta columna. Por su propio bien. De aquí hasta el punto final voy a presentarle a seis mujeres. Son el grupo que esta semana iban pensando que se prestaban a hablarme pero lo que en realidad hicieron fue concederme el honor de escucharles. Tienen edades distintas, provienen de estratos sociales diferentes, habitan en localidades distantes entre sí, no todas comparten el mismo acervo cultural. Lo que les une a todas ellas es una fortaleza de granito. El mismo coraje con el que durante años resistieron el maltrato de sus respectivas parejas y hoy contagian ese músculo psicológico e íntimo a todas las que están pasando por el mismo trance. Unas de forma consciente; otras sin saber todavía que son víctimas de la violencia de género en cualquiera de sus formas. No voy a revelar sus circunstancias ni los detalles de relatos demoledores. Ese es su patrimonio, intransferible. Lo importante es lo que tienen ahora, lo que ha venido después de un prolijo proceso de reconquista de sí mismas. Y sobre todo, la solidaridad que espontáneamente surte de sus experiencias para ayudar a otras en vez de guardar el sufrimiento pasado en el cajón del olvido. Escucharles de igual a igual sabiendo de qué hablan (y sufren),encarnando en primera persona la esperanza de que es posible salir de esa madeja que tanto enreda. El grupo dice que haga algo para visibilizar su fuerza, pero me siento pequeño ante algo tan grande. Sólo puedo escribir que las conozco.

Fotografía: Sonia Tercero

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Olor a barrio
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Teri Sáenz | 13-11-2017 | 18:01| 0
lirios

La reivindicación de Los Lirios de instalar una pasarela que evite a sus vecinos jugarse la vida cada vez que cruzan la circunvalación de Logroño huele a otros tiempos, cuando vivir en un barrio era algo más que hacerlo circunstancialmente aquí o allá y sus habitantes formaban parte de aquel todo en cuanto se asentaban allí. Una época en la que al ser preguntado casi nadie se identificaba con una calle concreta y sí con una zona de la ciudad que le ubicaba para el resto pero también para sí mismo. La imagen de buena parte de los inquilinos de Los Lirios atravesando en comandita cada viernes el paso de cebra ‘de la muerte’ llevando de la manos a sus hijos resulta encomiable. Más aún en un presente en que movilizarse es un valor a la baja y nadie acostumbra a exigir desde su propia burbuja mucho más allá de lo que indivualmente le resulta rentable. Los reiterados accidentes registrados en esa zona, las denuncias trasladas a nivel político, el compromiso arrancado de las instituciones dicen que el barrio empieza a ser tenido en cuenta. Otra cosa será que esa ansiada pasarela sea una realidad en breve. Que la palabra comprometida desde el Ayuntamiento o el Parlamento se evapore entre una niebla de burocracia y trabas admnistrativas o mucho peor, en el humo de demagogias encendidas al calor de unas elecciones. La circunvalación abrió una brecha en la ciudad que costará décadas suturar, pero al menos el gesto de Los Lirios dice que los barrios pueden unirse con un fin común.

Fotografía: Miguel Herreros

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La vida eterna
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Teri Sáenz | 06-11-2017 | 11:23| 0
© JUSTO RODRIGUEZ

El yayo Tasio me llama puntual a primera hora cuando llega el día de acudir al cementerio para reponer las flores de las tumbas y quitar el polvo de las lápidas. Yo me dejo llevar, porque los protocolos del más allá son negociado del abuelo. Como dice medio en broma, los jóvenes hemos sido (mal)educados en la vida pero no sabemos nada de la muerte. Y como yo le respondo medio en serio lleva razón, aunque la culpa de esa asimetría no es toda mía. Empezó con el atavismo de ocultar a los niños el dolor, alimentado el hábito de alejarnos de todo lo feo que tiene la enfermedad como si pudiera contagiar. Y cuando algún vecino del barrio, algún pariente lejano ya no estaba, no moría de cáncer sino que se apagaba de viejo y subía al cielo. En esa quimera naif fabricada de ángeles con arpa y alas de algodón, los entierros eran para Tasio territorio exclusivo para los adultos donde la calidad del finado se medía por el número de asistentes, las alabanzas del cura y el tamaño de la esquela. Con esa barrera de protección tan bien intencionada como contraproducente, ahora envidio la capacidad del yayo para manejarse en los tanatorios, mantener la compostura sin desbordar las lágrimas. Y sobre todo, recorrer el cementerio en estas fechas, postrarse ante las tumbas con nuestro apellido que a mí me cuesta localizar entre un laberinto de cruces y cipreses y rendir ese tributo que algún día me tocará heredar y del que sólo puede salvarme la única ilusión infantil que conservo: que Tasio nunca muera.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Gloria al fracaso
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Teri Sáenz | 30-10-2017 | 11:00| 0
fracaso

La modesta localidad sueca de Helsingborg acaba de inaugurar una galería única en el mundo. Se llama Museo del Fracaso y en él se recopilan algunos de los mayores fiascos de la historia de la humanidad. Un puñado de esos lanzamientos comerciales, por parte principalmente de grandes compañías, que auguraban transformar el mundo pero a los que el consumidor dio la espalda hasta quedar arrinconados en el cajón de las frustraciones. El éxito de la iniciativa ha sido fulgurante. Tanto es así, que sus promotores ya planean enriquecer la muestra con veladas sobre despropósitos variados y animan a engrosar sus fondos con más propuestas tan absurdas como olvidadas. Lo que no especifica la invitación es si su catálogo también queda abierto a los fracasos personales. Ese cúmulo de decisiones que la mayoría hemos adoptado alguna vez en la vida con la mejor de las intenciones pero salieron por la culata, unas veces de forma reversible y otras sin solución. Helsingborg entero se quedaría pequeño para recopilarlas todas, pero a cambio se garantizaría una respuesta masiva del público extasiado al certificar que otros ya cometieron (cometen y cometerán) sus mismos errores, que no es obligatorio esconderlos en el rincón de la vergüenza para no parecer ni débil ni estúpido y que, en el fondo, el fracaso tiene el encanto de lo auténtico y transgresor. Esa épica de la rebeldía en contra de lo que uno mismo o quizás los demás esperan y que encumbra a los fracasados en el altar de los héroes sin medalla.

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La silla vacía
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Teri Sáenz | 23-10-2017 | 08:59| 0
juanin

Cuando alguien muere asalta la tentación de recordar la cercanía que uno tenía con el fallecido o rememorarlo con adjetivos excelsos. Yo tenía una relación muy periférica con Juanín y tampoco me atrevo a encumbrar gratuitamente las muchas virtudes que acumulaba. Le conocí la primera vez que pisé una redacción de verdad. Él era ya un periodista de largo recorrido y yo un alumno en prácticas. La voluntaria obligaciónde pasar el verano experimentado in situ lo que decían los libros me llevó un 1 de julio junto a otro compañero hasta el portal del centro de Logroño donde se ubicaba entonces Radio Nacional. Cuando traspasamos la puerta, topamos con un grupo de profesionales enfrascados en la tarea de elaborar el informativo del día. El director nos dio la bienvenida, hicimos un somero recorrido por las instalaciones y nos invitó a leer la prensa sin molestar demasiado hasta que alguien nos encomendara alguna tarea. Sólo recuerdo que no teníamos dónde sentarnos. O quizás no nos atrevíamos a hacerlo en un hábitat tan ajeno e imponente para nuestros ojos novatos. Al vernos ahí de pie, como dos extraterrestres despistados y cohibidos, Juanín se quitó los auriculares. Arrastró con toda amabilidad unos asientos vacantes, comprobó quién estaba de vacaciones y nos improvisó un par de puestos de trabajo en los que permanecimos hasta el final del verano. Años después coincidimos en alguna rueda de prensa. Luego, cuando se jubiló, paseando por la calle. Ahora que pienso en él sólo veo su sonrisa y una silla vacía.

Fotografía: Sergio Espinosa

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La memoria sólida
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Teri Sáenz | 17-10-2017 | 16:44| 0
justo

Que la Ley está hecha para cumplirse es una sentencia tan rotunda como líquida. Los ejemplos de cómo la norma se obvia, circunvala e incluso se contraviene en función del interés o interpretaciones espurias (léase con acento catalán) son tan abundantes que cuando es efectivamente acatada toma el rango de noticia. La Ley 52/2007 de Memoria Histórica es uno de esos textos acordados solemnemente que desde su aprobación ha sufrido un oprobio que habla mal de la democracia que lo gestó. En La Rioja, la laxitud en su cumplimiento había estado además afeada por otro hito: la declaración institucional bendecida por el Parlamento en mayo del 2006 de solidaridad con las víctimas y los familiares de la Guerra Civil en la comunidad autónoma y que hasta el año pasado había quedado en el limbo de las intenciones incumplidas. En ese contexto, la progresiva materialización de la proposición sancionada en abril del año pasado por el mismo hemiciclo (con la abstención del PP) instando a cumplir las Ley de Memoria Histórica y resarcir a las víctimas de aquella época tan ténebre merece un aplauso más sonoro que cualquier ideología. A la petición formal del Gobierno regional a los ayuntamientos para homenajear a los damnificados y sus familiares se suma ahora la creación del Consejo Asesor que tendrá la compleja tarea de que la norma siga la guía del consenso e impulsar, por fin, un catálogo de vestigios franquistas como prólogo para desterrar de tantos pueblos riojanos tantos símbolos anacrónicos.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Empresa imposible
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Teri Sáenz | 11-10-2017 | 15:21| 2
vaca

Cuando el yayo Tasio era chaval y aún correteaba en pantalón corto por las cuestas del pueblo, aprendía escuchando a sus mayores como yo ahora hago con él. A veces se arrimaba al poyo ubicado en lo alto de la era donde cuatro viejos echaban la tarde sentados con las manos posadas sobre sus respectivas cachavas. Se inventaba cualquier excusa y pegaba la oreja con discreción. Aquellos abuelos apenas hablaban. Se conocían tan bien, habían pasado tanto tiempo juntos entre tan poca gente, que parecía que lo tenían ya todo dicho entre sí. Desde aquella atalaya se limitaban a mirar al frente dejándose acariciar por el sol. Ante sus ojos, casas cada vez más huecas. El tejado de la iglesia hundido, el ganado menguante, las calles vacías de niños y el último colmado que quedaba abierto con la verja echada para siempre. De pronto, uno de los abuelos suspirara:«Si viniera una empresa…» Los demás asentían sin abrir la boca. Y de nuevo, silencio. En esas cuatro palabras se condensaba un deseo que contenía otros muchos. Un estímulo para que los pocos vecinos que iban quedando no se fueran a la capital; para que los que marcharon retornaran; para los que nunca había venido llegaran. A unos metros de ellos, Tasio se limitaba a procesar lo que oía. Pero sobre todo lo que no que veía desde aquella loma. Ninguna razón, ningún servicio, ni siquiera una carretera decente para que nadie quisiera no ya montar un negocio sino aventurarse a vivir allí. En ese instante, el futuro abuelo osaba intervenir con tristeza: «Sí, alguna empresa vendrá».

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Verano eterno
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Teri Sáenz | 09-10-2017 | 10:13| 0

autopista

La siniestralidad de la N-232 hace tiempo que ha rebasado el límite de lo insoportable. Cada nuevo accidente ahonda en esa herida, como si el propio asfalto levantara la voz a cada rato para denunciar una situación impropia de una comunidad como La Rioja. El reciente fallecimiento de dos niños y su padre no puede ser sólo otra muesca más de una estadística escalofriante. Y así lo han entendido todos los que al día siguiente del trágico accidente cortaron la vía para exigir una solución sin demora. El inicio de los trámites para la duplicación entre Calahorra y Alfaro sabe a casi nada. En primer lugar porque en el mejor de los escenarios la obra no estará concluida ante del 2026, pero sobre todo porque en cada anuncio oficial resuena la frase pronunciaba por José Ignacio Ceniceros en sede parlamentaria en noviembre del año pasado: fijar plazos en materia de infraestructuras no es garantía de nada. ¿Qué le queda entonces al contribuyente si se le amputa la confianza en que se cumplan los calendarios prometidos? El protocolo suscrito con Fomento para derivar a la AP-68 los camiones y tratar de contener la hemorragia de muertes en esta carretera infernal cumple lamentablemente esa premisa. Además de resultar que ni Fomento asumirá el grueso de la bonificación ni la totalidad del tráfico pesado estará obligado a desviarse, tampoco se ha materializado la previsión de aplicarse en verano. Será que algunos viven en un verano eterno mientras la mayoría sufre escalofríos al circular por la N-232.

 

Fotografía: Sonia Tercero

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Mil mamíferos ciegos
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Teri Sáenz | 02-10-2017 | 17:25| 0

milmamiferosciegosportada

Tras una abultada trayectoria literaria cristalizada desde en dos obras ilustradas hasta en su participación en varios volúmenes colectivos –‘La Aldea de F.’ y ‘Pelos’– y un transgresor libro de relatos propio –‘Casi tan Salvaje’–, Isabel González (Zaragoza, 1972) debuta en el territorio de la novela fiel a la originalidad apuntada hasta ahora y una voz tan genuina como los universos que explora. El andamiaje sobre el que construye ‘Mil mamíferos ciegos’ está sostenido por tres personajes enmarcados inicialmente en mundos distantes. El primero en asomar es Yago, un hombre desterrado de sí mismo que vagabundea aislado en el bosque mientras talla troncos y envía cartas en una búsqueda incansable de lo mismo que huye. En el contraplano, Santi y Eva se debaten en la ciudad contra sus demonios personales de pareja con la obligación de quererse pese a ellos mismos.

González construye sobre ese trío un crisol de contrarios que es precisamente uno de los imanes de la novela. Un enfrentamiento constante entre la naturaleza y lo urbano, la comunión social y la soledad del individuo, la necesidad de amor y el placer del desencanto. La autora extiende esa contraposición del fondo a las formas con un especial gusto por la experimentación, estructurando la novela en capítulos protagonizados de manera alterna por uno y los otros junto a sus respectivos mundos hasta que todo confluye en un sorprendente final. Una apuesta por la antítesis que alcanza también a la propia edición de la novela con la introducción de tramas en diversos colores e incluso interpelaciones a modo de fractura del hilo conductor, superando así el libro como una simple acumulación de palabras hasta convertirlo en un artefacto físico sin el que resulta imposible entender la historia que contiene. En ese nada condescendiente balanceo entre escenarios enfrentados, ‘Mil mamíferos ciegos’ se inclina, o al menos aporta sus momentos más lúcidos, en el hábitat que acoge a Yago. Quizás por su reconocida querencia hacia lo rural como origen y refugio, González captura en el retrato interior de su personaje y el paisaje donde se inscribe una esencia que destila el olor de otras propuestas que en los últimos tiempos toman el campo como punto de partida y meta, unas veces a modo de ensayo y otras como recurso narrativo. En el caso de la escritora aragonesa afincada en Madrid no cabe impostura en esa tendencia y se decanta por envolver con ese aroma lo que acaba siendo una fábula adulta sin moraleja. O, mejor dicho, tantas como cada uno de los lectores pueda reconocer de acuerdo a su propia experiencia. Ahí reside también otra de las singularidades de este desasosegante debú:interpelar sin exigir una sola respuesta.

Sin embargo, uno de los más estimulantes hallazgos de ‘Mil mamíferos ciegos’ es el acerado uso del lenguaje. Es esa reverberación poética con la que González presenta cada escena y disecciona el (intrincado) reverso de sus protagonistas la que dota al libro de una rotundidad que le condecora como una de las firmas con mayor proyección de entre quienes militan más allá de los convencionalismos y la ortodoxia.

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La peor fotografía
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Teri Sáenz | 18-09-2017 | 11:27| 0
felez

La imagen está tomado casi a ras de suelo. Parece que la fotógrafa ha optado por arrodillarse en el asfalto antes de disparar la cámara para capturar mejor todos los elementos que conforman la estampa. En el punto de fuga declina el sol y sobre la carretera reposan multitud de restos pulverizados de uno o quizás más vehículos. La raya blanca que marca la mitad de vía aparece resquebrajada y en uno los lados pululan lo que parecen bomberos y sanitarios enfundados en chalecos fluorescentes. El cuadro se completa con las dotaciones de los distintos servicios de urgencias aparcadas en el arcén mientras sus ocupantes trabajan en la zona. Sólo muy al fondo se atisba un camión cisterna cruzado y una furgoneta con las puertas desvencijadas, seguramente como consecuencia del impacto con el remolque. Ni una gota de sangre. Hay algo familiar en la aridez de los montículos que enmarcan el paisaje, la torre de electricidad al fondo que la luz de última hora de la tarde casi difumina. Cuando el lector baja la vista al pie de foto, lo confirma: La Rioja Baja, colisión, un muerto más. La fotografía es demoledora en su sencillez, aunque ninguno de los que protestaron agriamente porque a su juicio el periódico pecó de sensacionalismo en las imágenes que ilustraron los atentados de Cataluña han aplaudido la exquisitez de la que recoge el enésimo accidente en la N-232. Sin embargo, la voz que realmente se echa en falta es la de los responsables políticos que siguen demorándose para que nunca más deba repertirse una portada igual.

Fotografía: María Félez

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