La Rioja
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Saber aburrirse
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Teri Sáenz | 12-08-2016 | 10:15| 0
vagancia

Cuando se avecinaba el verano no había nada que pensar. Nadie se devanaba la cabeza buscando la mejor oferta para alquilar un apartamento en la playa porque no había playa a la que acudir. Ni valle. Ni bosques. A los ‘sinpueblo’ tampoco nos quedaba intercambiar por unas semanas el paisaje urbano por otro rural, de modo que las vacaciones consistían esencialmente en no hacer nada. Sólo dejar discurrir el tiempo. Verlo pasar por delante con un plus de abulia. Una gimnasia de la inacción envuelta en vaharadas de calor tórrido y el zumbido de las moscas a través de las persianas echadas. Porque las calles eran un páramo irrespirable y la piscina, una boca de metro en hora punta con el agua a 30 grados. Sin afanes ni obligaciones, el sopor se colaba en la habitación como un ladrón discreto. Y tú, concentrado en permanecer quieto y aspirar el aire justo para activar los pulmones, te dejabas robar las horas mirando el giro imperfecto de un ventilador. El sudor se pegaba a la almohada y las arrugas de las sábanas cincelaban cicatrices en la piel desnuda. La pasividad adquiría tal grado de perfección que nadie se atrevía a profanarla. Y de pronto, en el duermevela de esa desgana infinitiva abrías el ojo y las vacaciones habían terminado. Por delante, el trámite de consumir los meses hasta el siguiente verano, sin ser consciente todavía de que haciendo nada hacíamos algo vital: aprender a manejar todo aquel aburrimiento que muchos años después aún añoro.

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Películas de críos
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Teri Sáenz | 09-08-2016 | 10:50| 0

La primera vez me dio entre miedo y vergüenza. Yo tan pequeño y ese lugar tan imponente y secreto. Tanto era el respeto, que antes de entrar pasé varios días por delante de la entrada haciéndome el encontradizo para hacerme una idea de como sería el interior. Sobre todo por la noche, cuando más clientela había. Desaceleraba el paso y echaba un ojo a lo que se movía dentro. Por la rendija de la puerta rezumaba el placer. Acción, violencia, seres extraños, todas las fantasías imaginables. La oferta era abrumadora. Las ganas de experimentarlo todo, incontenibles. Tanteado el terreno y reunidos el dinero y la valentía suficientes, llamé a un amigo para que me acompañara en aquel bautizo de fuego. Accedimos adentro erguidos para intentar disimular nuestra indisimulada cara de críos. La mujer que ejercía de guardiana de aquella cueva de lo desconocido ni nos miró. Siguió fumando un ducados y permitió que nos adentráramos hasta el fondo del local. Mi camarada y yo sufrimos algo parecido al colapso. Frente a nosotros quedaba al alcance de la mano todo lo que quisiéramos gozar y no sabíamos qué elegir. Las tocábamos, las escrutábamos, cogíamos una y la volvíamos a dejar. Media hora después, henchidos ya de confianza, nos acercamos a pedir consejo a la dueña. «¿Ha recibido ya la última de Bruce Lee?». La mujer se levantó perezosamente, se dirigió a la sección de películas de acción y agarró dos estuches para preguntarnos: «¿La queréis en Beta o en VHS?».

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Ciudadano Sanz
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Teri Sáenz | 11-07-2016 | 10:13| 0

sanz

Ciudadanos ha perdido la confianza en Pedro Sanz. Aunque aritméticamente nunca la tuvo al 100%. Cuando tras firmar el pacto de investidura en favor de José Ignacio Ceniceros llegó el turno de designar al senador autonómico, el PP propuso a Sanz. Y el partido naranja, que seguía arrogándose haber echado al presidente de La Rioja durante 20 años mientras el aludido les desmentía, lo apoyó a medias. Fue una estrategia de equidistancia que con el paso de los meses se mostró habitual en la posición de C’s: sí, pero no. U otras veces, no pero sí. Dos de sus diputados se abstuvieron en la votación y los otros dos le respaldaron para forjar con los escaños del PP una mayoría mínima pero suficiente para que el de Igea llegara a la Cámara Alta. Un año y dos elecciones generales después, el crédito que C’s había depositado en Sanz se ha agotado, aunque el interesado reeditará igualmente su escaño con la maleta, eso sí, cargada de un enfado mayúsculo con la actitud del partido que sustenta al Gobierno que ya no preside. ¿Son suficientes las justificaciones de Ciudadanos para generar una crisis de consecuencias inciertas? En la gatera se antojan otras razones que el tiempo revelará. Quizás, el afán de hurgar en las diferencias que laten dentro del PP. Tal vez un gesto para focalizar por fin la atención lejos de sus propias polémicas. O simplemente, hacer ruido para forjar una identidad propia y espantar el peor mal que puede amenazar a un partido: la intrascendencia.

Fotografía: Justo Rodríguez

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Ultra fútbol
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Teri Sáenz | 21-06-2016 | 09:57| 0

ultras

A veces el yayo Tasio sueña con que asiste a un partido de fútbol. Pero no a uno de esos entre clubes aficionados en un campo de tierra donde menudea patadones al área. El espectáculo con el que fantasea el abuelo es de relumbrón. Sobre el césped están anunciados dos de los mejores equipos de Europa y Tasio, alérgico a otro deporte que no sea pasear por veredas solitarias, acude a la cita con la excitación de vivir en directo un espectáculo de dimensiones épicas. De camino al estadio, en su imaginación se topa entre la marabunta de público con un puñado de ultras empapados en alcohol. El grito ronco, los bíceps tatuados, toneladas de rabia en la mirada. La multitud se hace a ambos lados como un río que se bifurca ante un dique y el yayo queda sin saber cómo frente a ese escuadrón etílico. Sin mediar palabra ni argumentos, el cabecilla del grupo le pega una hostia en su cara de viejo. No es, como el partido de fútbol que soñaba con estar a punto de ver, un puñetazo cualquiera. La agresión tiene el sello de una brutalidad profesional. Un golpe de yunque excede el daño físico para ingresar en lo inhumano. Un manotazo al que sucede otro. Y otro. Y más. Los agresores descargan en el cuerpo de Tasio un remolque de patadas, vasos rotos, sillas astilladas. Violencia en tantas formas como puede contener el catálogo del odio. Y de pronto, todo termina. Tasio se arrastra por el suelo dolorido hasta el alma. Coge el mando y apaga la televisión donde está viendo la Eurocopa de Francia.

 

Fotografía: AFP

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La Rioja con Rioja
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Teri Sáenz | 13-06-2016 | 16:40| 0
vino de Rioja

El 9 de junio del 2009 se dio por inaugurada la crisis con un gesto tan pequeño como trascendente. La entrega de distinciones y la exaltación del terruño propios de la jornada sacó de sopetón del programa el clásico ágape que cerraban los fastos. La decisión dejó para la historia aquellas imágenes del claustro del monasterio de Yuso a reventar de público apostado ante mesas rebosantes de canapés mientras rellenaban sus copas y (algunos) dirigentes limaban distendidamente sus diferencias públicas. A unos les pareció una medida entre excesiva y demagógica dado lo señalado del evento. Otros la aplaudieron, asumiendo que mientras una mayoría sufría recortes de todo tipo –perdón, ajustes– no era de recibo que políticos e invitados hicieran exhibición de derroche. Las ediciones posteriores no sólo mantuvieron la abstinencia, sino que la concesión de galardones y los discursos oficiales se confinó al refectorio para inyectar una dosis extra de austeridad. Sin transición, en el 2016 el Rioja ha regresado al Día de La Rioja. Como si se hubiera decretado el final de las penurias, el vino ha vuelto a correr por San Millán. Y todos bebieron. Ni las botellas que se descorcharon ni las que dejaron de hacerlo son la solución a una crisis mayúscula, pero la imagen, al menos, proyectaba un mensaje de la contención exigida al resto que además la rutina había normalizado. Ahora, por lo visto, el único ahorro es en expresidentes de La Rioja que no acuden al Día de La Rioja.

Fotografía: Fernando Díaz

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Lo que da de comer
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Teri Sáenz | 06-06-2016 | 11:11| 0

calimcoho

Alguna pieza chirría en el engranaje turístico-social de Logroño cuando el visitante sale encantado al certificar los tópicos de la ciudad –su tamaño manejable, la buena gente, las bonanzas estomacales– pero una parte de quienes la habitan chocan a diario con esas presuntas virtudes. A la avalancha de despedidas de soltero con los homenajes al mal gusto que sus integrantes practican en la vía pública cada semana se ha sumado la reconversión de la icónica calle Laurel en un parque temático inclinado al bolsillo y las expectativas del foráneo que llega, disfruta, paga y se va. A ese cóctel de difícil digestión para los que acaban cercenados por pollos alcoholizados y pinchos de pitiminí a doblón, acaba de sumarse la ‘I Ruta del Calimocho’, que apuntilla la pátina de calidad que se presupone a los atractivos de la tierra con nombre de vino. Los argumentos para vadear la polémica no cuelan. Ni dotar a la mezcla de los atributos gustativos que nunca ha tenido la Coca Cola, ni presumir que así se fomenta el Rioja, ni el recurrente pretexto del retorno económico que lo mismo vale para el ascenso de la UDL que para combinar vino con burbujas dulces. Las dudas sobre la oportunidad de la iniciativa valdrán de poco. Los bares harán caja y la chispa de la vida venderá unos palés más. Pero la imagen de Logroño y por extensión de la región quedará impregnada del olor a caramelo pegajoso que deja el calimocho, incumpliendo esa máxima tan riojana de que es obligado cuidar bien lo que da de comer.

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Cuentas corrientes
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Teri Sáenz | 30-05-2016 | 09:15| 0

rato

La senectud del yayo Tasio es proporcional a la gavilla de manías que va acumulando con los años. La más enraizada es la sospecha enfermiza de que le roban. El abuelo está obsesionado con que el nuevo inquilino del tercero ha enganchado la luz a su contador. Cada vez que baja a comprar el pan remira las vueltas por si la tendera trata de sisarle un céntimo y tampoco para de echarse la mano al bolsillo del pantalón para comprobar que su cartera sigue ahí. El catálogo de tics incluye acudir a diario al banco donde tiene domiciliada la pensión para actualizar la cartilla. Aunque en la oficina le han repetido amablemente que puede realizar el trámite en cualquiera de sus cajeros, Tasio prefiere hacer fila y esperar a que el empleado de turno lo haga personalmente. Coge el cuadernillo, lo abre por la página del último apunte y lo introduce en la máquina. El mecanismo se pone en marcha y para casi al instante, porque nunca hay más movimientos que las obligaciones de pago y la proverbial austeridad de Tasio permiten. El abuelo ha comparado su rutina con la de Rodrigo Rato y le ha invadido un sentimiento de empatía al conocer que tiene 178 cuentas corrientes en 16 países. Entrando en años como él y víctima de rarezas análogas, el yayo se imagina al exvicepresidente de Aznar peregrinando de sucursal en sucursal con su hatillo de libretas. Pidiendo por favor que se las pongan al día y levantándose las gafas cuando se las devuelven para, en su caso, cerciorarse de que nadie le roba nada de lo que él ha robado.

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Podéis ir en paz
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Teri Sáenz | 23-05-2016 | 10:26| 0
despedida

Hoy es domingo y Tasio sale a la calle a gozar del día. Madruga para sentir el placer solitario de las calles recién regadas, las aceras mudas. Error. Nada más poner un pie en la acera le atropella una miríada de corredores. Runners, le matiza jadeante el que va en cabeza armado de pulsómetro y una cinta alrededor de la frente. Como en Matrix, el yayo hace un escorzo desafiando la gravedad para esquivar tanto sudor reflectante. Cuando se cree ileso, recibe un golpe en la cabeza. Le ha atacado la muñeca hinchable que portan una docena borrachos uniformados con camisetas con la fotografía de un pollo. Mientras trata de volver a ponerse la boina, comprueba que el pollo estampado es en realidad el novio disfrazo, que vomita plácidamente en un rincón. En vez de pedirle perdón la cuadrilla le pregunta dónde eztá nueztro hoztal en el que pretenden destilar el alcohol acumulado. Tasio, por supuesto, les manda en dirección opuesta. Justo por donde llega lo que parece una romería de pamelas y trajes recién planchados encabezada un niño vestido de almirante. La comunión con boato de bodorrio deja al menos un aroma de laca cara al pasar y el camino expedito para el ansiado paseo. Justo en ese momento, un hombre con sonrisa de cartel electoral le da un apretón de manos y se ofrece a hacer un selfie. Antes de que Tasio pueda zafarse, reconoce al asaltante: es un candidato en plena campaña que le promete confluencia, centralidad, una pensión digna. El yayo sólo quiere un domingo en paz.

Fotografía: Juan Marín

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Rita Maestre “El cambio es factible”
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Teri Sáenz | 18-05-2016 | 08:47| 0

De activista en las movilizaciones del 15M en las calles a portavoz del Ayuntamiento de la capital de España. Rita Maestre (Madrid, 1988) encarna el impulso adquirido por Podemos y el afán transformador que, como defendió ayer en Logroño, también está al alcance de la mano el 26J en la coalición acordada con Izquierda Unida.

rita maestre
– ¿Es usted uno de los radicales y extremistas sobre los que alertó Mariano Rajoy en Logroño?
– En absoluto. No se trata de una declaración novedosa porque es lo que han dicho desde que nació Podemos, tratando de construir esa idea de que somos un grupúsculo antisistema. Es un mensaje que la realidad desmiente y sería tanto como que Rajoy admitiera que hay 5 millones de extremistas y radicales, tantos como nos votaron en las últimas elecciones. Lo que somos y representa nuestro aval en los gobiernos de muchas ciudades de España es una fuerza que apuesta por el cambio político y recoge las demandas que llevaban mucho tiempo en el debate de la calle pero no tenían representación, pidiendo medidas que se dediquen a satisfacer las necesidades de la mayoría y no la de unos privilegiados.
– ¿No son radicales desnudos como el que protagonizó usted en el 2011 en la capilla de la Complutense y ha concluido en condena por ofender los sentimientos religiosa?
– No. Y no es que lo diga yo, sino la Constitución. Ahí se recoge que España es un estado aconfesional y por lo tanto no puede haber ninguna institución pública como es esa universidad donde exista un espacio para una religión particular.
– En clave electoral, ¿cómo se entiende la alianza nacional con IU más allá del cálculo de votos? Hace cinco meses no sólo resultó fallida, sino que el acercamiento se saldó con críticas durísimas al que Podemos calificaba entonces de un partido viejo y apoltronado.
– El escenario político ha cambiado y la posibilidad de que uniéndonos se puede cambiar España es factible; está encima de la mesa después que el PSOE no quisiera hacer ese desempate. Pedro Sánchez tenía que elegir entre un proyecto de país que virara el rumbo de lo ha sucedido en los últimos años o dar continuidad a la políticas del PP. Como optó por esto último, tenemos que unirnos los que apostamos por ese cambio. No sólo Podemos e IU, sino también los que sin militar en ningún partido quieren trasformar las cosas.
– ¿Es sólida esa alianza más allá de la suma electoral que pretende? Algunas voces internas dudan de su espíritu y el reparto de puestos.
– Si la posibilidad de gobierno se concreta, de lo cual estoy convencida, va a imponerse una lógica de responsabilidad y trabajo conjunto sobre los acuerdos y no las diferencias. Así se ha demostrado en las candidaturas de unidad popular que hoy gobiernan en Madrid o Barcelona. Al margen de críticas puntuales en sitios concretos, el ambiente general es de mucha alegría porque la posibilidad real de cambiar las cosas está ahí y ha provocado un nuevo análisis que, además, no supone que IU y Podemos vayan a diluirse.
– ¿Cómo debe articularse esa confluencia en las listas de La Rioja? Sara Carreño volverá a ser cabeza de cartel por el peso de Podemos e IU reclama “visibilidad”.
– Sería presuntuoso que yo dijera desde Madrid qué hacer. Lo dejo en manos de mis compañeros aquí y las negociaciones donde seguro que primará la buena voluntad, la generosidad y la correlación de fuerzas.
– Más dudas incluso que la alianza con IU al Congreso genera la invitación frustrada al PSOE de acudir juntos al Senado, el partido de la “casta” al que Podemos rechaza.
– El 26J es una forma de segunda vuelta de las generales en la que apostamos por ganar, pero somos conscientes de que quizás debamos entendernos con otros actores. Hay uno, el PP, con el que seguro que no vamos a hacerlo y tal como está establecido el sistema electoral es posible que se repita el escenario del 20D en el Senado: que con el 25% de votos tenga el 60% de representación y lo use como una Cámara de bloqueo a un gobierno de cambio.
– Cuesta asumir que fuera imposible lograr un acuerdo de Gobierno con el PSOE hace unas semanas y ahora planteen concurrir juntos.
– Fue el PSOE y las limitaciones de que su comité federal impuso al pacto con Podemos las que impidieron llegar a un acuerdo. Nuestra propuesta fue clara y franca y la prueba de que puede concretarse, los apoyos mutuos en ayuntamientos como Madrid, Barcelona o Valencia.

 

Fotografía: Sonia Tercero

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El papel de la memoria
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Teri Sáenz | 16-05-2016 | 08:54| 2

El futuro de Unipapel se antoja cada vez está más arrugado. En el rostro de sus 64 empleados se dibujan unas estrías tristemente demasiado vistas ya: las que provoca ver pasar los meses sin cobrar la nómina y comprobar que los pedidos escasean. La piel empieza a contraerse con el runrún de inversiones de interés incierto, sigue agrietándose al certificar que las máquinas cada jornada funcionan un poco más lentamente y se hacen cicatriz el día que no aparece un compañero de turno. Ojalá las movilizaciones surtan efecto. Que las conversaciones con la dirección abran un resquicio, por pequeño que sea, en el encapotado futuro de la compañía. Porque si no es así, con la verja de la planta se cerrarán además colateralmente un puñado de recuerdos imborrables para una generación entera de logroñeses. Aquellos que de mocetes, en los pupitres de melamina verde de un colegio de EGB, escuchaban del profesor que al día siguiente en vez de clase había visita a una fábrica. La chavalería cruzaba los dedos y saltaba de alegría si el autobús les llevaba a Unipapel. Allí olía a celulosa recién tratada –un aroma sólo equirable al de las galletas de chocolate en Marbú en otra de las excursiones míticas–, el tamaño era el de los grandes blocs de dibujo o las libretas que cabían en el bolsillo y el color, tan brillante como las tapas del rebosante material que el visitante se llevaba a casa en una bolsa (de papel) al concluir el recorrido como el mayor regalo que la industria riojana podría darle.

Fotografía: Justo Rodríguez

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