La Rioja
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DOS EN UNO
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Teri Sáenz | 10-12-2006 | 16:35| 0
    Esta semana ha visitado Logroño el presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio, que ha ocupado el lugar de honor en el homenaje que anualmente tributa el Parlamento de La Rioja a la Constitución Española. En su intervención solemne, este catedrático emérito de dilatadísima trayectoria y prestigio internacional contrastado ha sostenido que a la Carta Magna le hace falta con urgencia un buen repaso. Lo ha dicho, se sobreentiende, con el barroquismo y la ceremoniosidad acostumbrados en este tipo de actos de postín y canapés caros al final del evento. Pero lo que más me ha llamado la atención no es lo que ha declarado, sino a quién se lo ha atribuido.
    «Liberado del deber institucional cuando no hablo en nombre del Consejo, creo lícito afirmar mi convicción de que esa reforma es necesaria y que cuanto antes se haga mejor nos irá», sentenció. O sea, que aunque era su voz no hablaba él. Que aunque la figura que se erigía sobre la tribuna parecía la del presidente del Consejo de Estado, en realidad correspondía a la de Francisco Rubio. Que la Cámara, en definitiva, había invitado a una institución y al final había venido una persona.
    Particularmente siento una envidia malsana de esa capacidad para desdoblarse en (como mínimo) dos que algunos ejercitan y les permite decir lo que quieren sin temor a reproches. Lo hace el Francisco Rubio/presidente del Consejo de Estado y los presidentes de comunidad/presidentes de partido, los ministros de Justicia/aspirantes a presidente de Canarias, los alcaldes/promotores…
    Sólo encuentro ventajas a ser dos personas a la vez. Tener varias versiones de uno mismo y sacarlas a pasear según la ocasión. «A mí no me digas, que la ha escrito el periodista», podría responder a quien aborrezca esta columna. El psiquiatra ya me ha advertido, sin embargo, que abusar de esa dualidad te pone al borde de la esquizofrenia. A no ser que seas alcalde, ministro, presidente, jefe del Consejo de Estado….
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VERDURAS ELÉCTRICAS
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Teri Sáenz | 04-12-2006 | 10:24| 0
    La noticia que ha suscitado el debate más encendido esta semana entre la gente de mi entorno ha sido el anuncio del Ayuntamiento de Logroño de habilitar un chill out en la última planta de la plaza de Abastos. El concejal de Casco Antiguo lo soltó el miércoles así, textual, con la misma naturalidad que si hubiera anunciado la demolición del mercado para construir un parking en los bajos.
    Las opiniones al respecto están enfrentadas. El más excitado con la idea parece ser mi amigo Tripi. Tomando un café turco en su loft de Portales, con los ojos vidriosos y un humo espeso en el ambiente, me confesó con ese hablar cansino que le caracteriza que qué bien, que ya era hora de tener cerca de casa un sitio de relax donde te garanticen hierba de la buena. Be water, muy friend, me recomendó al despedirse.
    Mi vecina Aurelia -55 años, bata de guatiné, seguidora impenitente de ‘Aquí hay tomate’ y madre de un estudiante de Derecho treintañero que este curso vuelve a repetir tercero- comparte el mismo entusiasmo. Aunque no domina el inglés con fluidez, le conmueve la posibilidad de hacer la compra y, antes de regresar a su casa cargada con cuarto y mitad de falda de cordero y una borraja fresca, tener un butacón donde dar una tregua a sus varices.
    A su sobrina Yeni, que todos los viernes le pide la paga aunque a su tía no le gusta un pelo el piercing que se ha puesto en el ombligo, la idea le mola mazo. Sobre todo ahora que los after se han puesto chungos con lo del carné por puntos y los sábados por la mañana no encuentra ningún garito donde seguir de marcha. Incluso ha llamado al 010 para preguntar si su nuevo noviete, que se hace llamar Diyei Kaparrón, puede pinchar en algún puesto de legumbres a lo largo de la jornada.
    Pero la reflexión más turbadora ha sido del abuelo Tasio. «Yayo, que Conrado Escobar va a montar un chill out en la plaza de Abastos», le grité al sonotone. «¿Que Conrado Escobar está chinau?», me contestó.
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LAS 50 PERDIDAS
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Teri Sáenz | 28-11-2006 | 12:00| 0
Al terminar de escribir la columna de la semana pasada apagué el ordenador, salí del periódico y me marché a casa. Como el neurólogo me ha prohibido tajantemente coger el coche para evitar que se me dispare la tensión en alguno de los atascos que acechan Logroño, le regalé una alegría a mi salud y me fui andando por el centro de la ciudad. A la altura de Jorge Vigón ocurrió lo extraordinario.
    Allí, agazapada en un rincón de la calle, entre toneladas de barro y excavadoras estruendosas, dormitaba una plaza de garaje. Me refroté los ojos para comprobar que no se trataba de un espejismo ni una alucinación fruto de un bombeo extra de sangre al cerebro. No cabía duda: era un aparcamiento de los muchos que están construyendo en esta zona de Logroño. Pero no uno cualquiera, sino parte de los cincuenta que acaban de aparecer como por ensalmo. Existía desde hace tiempo: ancho y musculoso, lustroso, acogedor, amplio hasta para dos coches. Y sin embargo, nadie había caído en la cuenta de que estaba allí.
    Me dio pena. El cemento de sus entrañas tenía un mohín de tristeza. La plaza transmitía un sentimiento de orfandad que en seguida me llegó al corazón. Ni las decenas de obreros ni los cientos de paseantes que habían estado por allí lo habían visto. Quizás por el efecto los muros de pantalla, o por el protagonismo de las rampas de acceso. Quién sabe. Pensé para mis adentros que no era extraño. Que entre tantos agujeros, con tantos parkings, en medio de tantas plazas gemelas a ella, nadie había echado en falta una más o menos. Cincuenta más o menos.
    Tuve la tentación de llevármela a casa. Envolverla en una mantita de felpa y mimarla hasta que alguien la reclamara. Pero me contuve. Pasé de largo pensando en qué lío podía meterme si detrás de ella llamaran a mi puerta las otras 49 plazas reclamando cobijo. O mucho peor: que esta noche rieguen las calles y broten de improviso otro medio centenar.
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EL DÍA SOÑADO
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Teri Sáenz | 21-11-2006 | 13:32| 0
    Desde hace varios años tengo una pesadilla recurrente. En mi sueño voy caminando con las manos en los bolsillos por la calle empedrada de un pueblo que nunca logro identificar. Mi paso es cansino y aprovecho la falta de prisas para mirar de reojo los escaparates de las tiendas.
    Uno de esos locales corresponde a una floristería -no sé por qué, pero siempre es una floristería- que tiene la verja levantada. Dentro trabaja un hombre. El dueño, supongo. En su mano izquierda sujeta un manojo de flores y en la derecha porta unas enormes tijeras con las que adecenta el ramo. De pronto levanta la mirada y se percata de mi presencia. Sin mediar palabra, como si yo le hubiera ofendido su intimidad, llega hasta mí con dos enormes zancadas y me clava las tijeras en la ingle. Siento cómo el acero entra centímetro a centímetro en mi carne. El metal es frío y el dolor intenso, pero como mantengo las manos en los bolsillos no consigo reaccionar. Intento correr, y entonces compruebo que la calle es ahora una rampa empinadísima. En vez de huir resbalo y cada vez estoy más cerca de mi agresor. Ahí despierto.
    A Eduardo Madina le pasó lo contrario el 19 de febrero del 2002. Despertó y luego le sobrevino una pesadilla. Cuando amaneció se montó en el coche. Al arrancarlo estalló una bomba y, como él mismo ha declarado en el juicio celebrado en la Audiencia Nacional, «se hizo la noche». El «día más feo» de su vida le provocó mil heridas: en las piernas, en las manos, en el corazón. También trajo consigo una «enorme sombra de pena» que llegó envuelta en depresión, confusión y muerte.
    El relato del dolor siempre arrastra un plus de dramatismo. En el caso de Madina, el tiempo transcurrido le ha servido para revivir mentalmente mil veces aquel día y pulir las palabras hasta dar con las que mejor retratan su angustia. Así ha desarmado a todos. A todos, menos a los dos etarras que le colocaron una bomba para cumplir un mal sueño: matarle.
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MIEDO A VOLAR
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Teri Sáenz | 13-11-2006 | 13:06| 0
    A diferencia de otros miedos, el que provoca volar no se cura con los años sino que va medrando a medida que pasa el tiempo.
    Confieso que la primera vez que tomé un avión tuve mis recelos. Yo era muy joven y el aparato muy viejo, pero al sentarme y comprobar que tenía más estabilidad que la destartalada furgoneta en la que mi padre nos llevaba al pueblo me tranquilicé. En aquel momento puse a cero el cuentakilómetros del pánico. Sin embargo, desde entonces ha ido creciendo la intensidad de mi temor al entrar a un aeropuerto. Pero no por las turbulencias del cielo, sino por los controles de seguridad que cada vez se endurecen más en la tierra.
    Cuando piso una terminal no pienso en si las alas están bien soldadas o el piloto viene de celebrar su despedida de soltero. Mi obsesión sólo mira al arco de seguridad y los policías con aspecto de rottweiler que me aguardan unos metros antes de embarcar. El repelús que me provoca su presencia, combinado con los temblores que empiezo a experimentar en la fila donde aguardo junto a los otros pasajeros, me convierten en un sospechoso habitual. Y un segundo antes de pasar por el control, se agolpan en mi cabeza Guantánamo y el expreso de medianoche, descargas eléctricas y celdas de castigo, interrogatorios implacables y mangueras de agua helada.
    Si hasta ahora era carne del miedo, ahora soy picadillo remostado. La prohibición de transportar líquidos en el equipaje de mano que acaba de entrar en vigor en la UE me ha dado la puntilla. Ahora estoy seguro de que cada vez que atraviese el escáner las miradas aviesas de los agentes se posarán en mí. Y sí: el chivato pitará. Me separarán del grupo, me obligarán a levantar los brazos y separar las piernas, pasarán un detector portátil por todo mi cuerpo. Luego me cachearán. Y cuando en el manoseo lleguen hasta mi entrepierna, descubrirán que llevo líquidos. A ver cómo les explico yo que me he meado de miedo.
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ROLLITO DE LIBERTAD
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Teri Sáenz | 05-11-2006 | 11:18| 0
    Como otras grandes compañías del sector de las comunicaciones, Google, Yahoo y Microsoft han desembarcado en Pekín y Shanghai intentado hincar el diente en el descomunal mercado chino. Además de desplegar un ejército de altos ejecutivos y hacer una inversión mareante, han debido acomodarse a las reglas de aquel país. Estas exigencias incluyen aspectos como comer el rollito de primavera con palillos, no hacer ascos al tofu y un pequeño detalle consistente en censurar los contenidos que ofrecen, los resultados de sus motores de búsqueda, las noticias generadas.
    Steve Ballmer, un tipo con el que usted nunca coincidirá en la calle Laurel tomando pinchos porque sus obligaciones como sucesor de Bill Gates se lo impiden, justifica esta coyuntura con un curioso argumento. Una gran empresa sólo tiene dos posibilidades ante esta coyuntura: estar o no estar. Echando cuentas, el resultado no puede ser otro que estar allí, y eso supone acatar las condiciones que impone el Gobierno comunista viene a decir Ballmer con total naturalidad. Un razonamiento que se vende por el mismo precio junto a la idea de que la actuación de su firma ayudará a la la mejora económica del país y ello traerá bienestar, y el bienestar más cultura, y la cultura libertad.
    ¿Por qué no desembarcar con el mismo ímpetu en Sudán, Cuba, Albania o Guinea? Los 1.300 habitantes/consumidores y el frenético ritmo de crecimiento de China tienen la respuesta. O lo que es igual: la libertad de expresión tiene un precio. ¿Imagina que el periódico que usted lee cada día aplicara el mismo criterio? Que por un buen puñado de euros se plegara a contar la mitad de las noticias. Lo que en un caso sería una flagrante falta de ética, en el de Microsoft es cuestión de logística financiera planetaria.
    Voy a mandar un e-mail a un compañero de clase que ahora trabaja en Liaocheng para decirle que todo eso me parece inconcebible. Aunque, ahora que lo pienso, no creo que le llegue.
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ALIANZAS A LA VENTA
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Teri Sáenz | 01-11-2006 | 13:38| 0

    El supermercado donde los políticos compran grandilocuencia está de rebajas. En la sección de conceptos brillantes, debajo de la estantería en la que reposan las frases pomposas, las alianzas están de saldo. Zapatero compró una bien grande en cuanto entró en La Moncloa: ‘Alianza de Civilizaciones’. Casi nada. Por el precio de un simple reproche al adversario se llevó a casa una idea XXL. Todos con todos, juntos pero también revueltos, te cambio tu burka por mi sombrero de cowboy.

    Como siempre pasa en los grandes almacenes en los cambios de temporada, el que llega tarde se queda sin talla. Pedro Sanz se ha hecho con una ‘Alianza de Regiones’, que no es tan deslumbrante pero también viste mucho. En vez de ensamblar Oriente con Occidente, la idea es casar media España con la otra media. En vista del panorama, la cosa podría funcionar. Siempre y cuando, eso sí, se pongan sobre la mesa productos gastronómicos y no financiación, territorialidad, nacionalidades históricas y todos esos ingredientes que suelen resultar indigestos cuando se come fuera de casa.
    Francisco Martínez Aldama se ha sumado a la moda. La suya es una ‘Alianza de Región’. Sólo quedaban unidades sueltas, así que adquirió una alianza pequeña, apañadita, pero muy útil también cuando en la propia comunidad (desde la de vecinos hasta la autónoma) los unos no se hablan con los otros y, el día que lo hacen, es para citarse ante un juez.
    La mañana que yo llegué al híper los anaqueles estaban desiertos. Sólo quedaba una ‘Alianza de Secciones’ caída por el suelo que metí en el carrito para aplicarla en este periódico. Pienso ponerla en práctica a ver si logro que Deportes no critique a Local, Local trate bien a Cultura y Cultura haga las paces con Publicidad. Espero así que mis colegas me ayuden a decidir si la fiebre de alianzas que ha brotado últimamente sirve para algo más que para dar un titular vistoso o es, simplemente, una chorrada.
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BAILE DE DISFRACES
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Teri Sáenz | 23-10-2006 | 12:19| 0
    Incluso cuando era pequeñito y todavía se llamaba Iberpop, el festival Actual sufría ya el ‘síndrome del envoltorio’. Sucedía antes y pasa ahora.
    Si un chaval se lía la manta a la cabeza y organiza un concierto en Logroño, la cosa está clara: su meta es sacarse unas pelas o, en su defecto, no perder demasiado dinero. Pero si quien está detrás del mismo evento es la Consejería de Cultura y lleva el sello Actual, entonces resulta que todo tiene necesariamente un sentido erudito, trascendente, casi místico.
    Los más veteranos, aquellos que al principio sólo ansiaban un concierto que echarse a la boca en mitad de la nada y ahora se dejan llevar por la sorpesa al abrigo del Palacio de los Deportes, han tenido que tragarse año tras año esa medicina con los ojos cerrados y la nariz tapada. El ‘sindrome del envoltorio’ ha hecho que el mismo festival haya sido mil cosas sucesivamente: oportunidad de ver en Logroño un grupo nacional de moda (en los albores), plataforma para el artista revelación de ese año (luego), escenario de culturas contemporáneas (más tarde), escaparte de músicas mestizas (últimamente).
    Con ese traje se han vestido cientos de santos y se han operado milagros imposibles. Así ha pasado un Rosendo cincuentón por el Adarraga con la vitola de gran esperanza blanca, han actuado charangas que de no ser por un pasaporte exótico no hubieran pasado el primer corte en las fiestas de mi barrio y se ha improvisado el día mundial del diyei cuando la imaginación languidecía.
    Ahora que Actual por fin parecía haber tomado un rumbo fijo, se anuncia la nueva programación y toca pellizcarse para creerlo. Madness, Cypress Hill, New York Dolls… Totems internacionales del ska, el hip-hop y el rap del siglo XX para un festival del XXI. Se me escapa una lagrimita y pienso que ahora soy yo al que le toca ponerse un disfraz. Será uno de treintañero maquillado de adolescente dispuesto a escuchar a los grupos que quiso disfrutar hace quince años.
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EL OTRO ALONSO
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Teri Sáenz | 19-10-2006 | 13:02| 0
    Hay ocasiones (pocas) en las que ser periodista de provincias depara alguna íntima satisfacción profesional de las que no están escritas en el guión. Aparecen por sorpresa y, ha acertado usted, no acostumbran a reportarlas ninguno de los repetidos rostros que repetidamente engordan la agenda informativa diaria.
La más reciente me ha llegado de la mano de Pedro Alonso. De su mano y de su cerebro. ¿Le suena el personaje? Que el apellido no le confunda: ni es asturiano ni va a 300 por hora vestido con un mono azul.
    Si no hubiera tomado el atril en la reunión de la Sociedad Española de Epidemiología que se celebró la semana pasada en Logroño, si las autoridades no le hubieran presentado entre reverencias, el director del equipo que ha descubierto la vacuna contra la malaria podría haber pasado inadvertido para la gente de la calle entre los congresistas que circulaban por Riojafórum. Ni un fan histérico y llorica reclamándole un autógrafo, ni un guardaespaldas que le preservara de las masas, ni una legión de periodistas cosiéndole a preguntas del tipo: «Ha estado a punto de salirse en la última curva, pero ahora ya no se le escapa el triunfo ¿no?».
    ¿Y cuál es la palabra más recurrente de quien, a falta de los últimos ensayos, inscribirá su nombre en la historia de la medicina mundial? «Prudencia». Tan habituado está el oído a la autocomplacencia y la falta de humildad, que una declaración de principios así ante lo que puede salvar millones de vidas suena incluso extraña.
    El único signo de duda que mostró Alonso llegó al preguntarle cómo es la malaria, a qué se parece, qué supone para miles de personas en pueblos de Tanzania o Mozambique. No hay analogía posible, es la enfermedad por definición, la muerte que acompaña la experiencia vital de un continente entero…
    Desde ese día me siento más pequeño, insignificante. Ahí fuera hay alguien grande, mayúsculo. Ya sé que Alonso, el otro, ganará la carrera final.
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BASURA PASIVA
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Teri Sáenz | 12-10-2006 | 11:00| 0
    Si como sostienen los creadores de Gran Hermano una de las virtudes del programa consiste en servir como reflejo de la sociedad actual, les informo de que apuramos los últimos días de nuestra civilización.
    Haciendo caso a la publicidad de GH-8, resulta que un considerable porcentaje de la población es tal y como se autodefinía Dani en la nueva edición de este año: frío, racional, crítico, educado e intolerante a la vez (sic). Otro generoso puñado de personas se correspondería al perfil de otra joven jienense ‘habitante de la casa’ llamada Mari Carmen que no tenía reparo en reconocerse ante toda España como una luchadora, extrovertida, amante de la televisión y la mitología que acudía al programa para dedicarse al sueño de su vida: ser algún día funcionaria en un centro geriátrico.
    A Laura (Bilbao, 23 años, separada) le encanta bailar y salir por la noche. Siempre y cuando, eso sí, se lo permita su responsabilidad como madre de un mocete de de cinco años. Un compañero suyo hacía estremecer a la audiencia revelando que jamás se viste con vaqueros. Algo lógico teniendo en cuenta que entre sus prioridades vitales están los coches deportivos, la ropa de marca y el fueraborda con el que de vez en cuando sale al mar para quitarse estrés y gomina.
    ¿A cuál de estos especímenes corresponde usted? ¿De verdad es así la sociedad? Y si es así, ¿dónde me puedo desapuntar?
Dirán que existe el mando a distancia, que nadie está obligado a ver la televisión, que la oferta de canales es grande. Pero lo que no hay es antídoto para ese efecto que, como ocurre a los fumadores pasivos, hace que a pesar de no ver Gran Hermano uno acabe intoxicado por el efecto de las tertulias, las crónicas televisiva o hasta las conversaciones en casa de la suegra. Se lo adelanto: cuando menos lo espere, aunque no quiera, tendrá a Dani, Laura y Carmen formarán parte de su vida. Tiempo al tiempo.
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