La Rioja
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BAILE DE DISFRACES
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Teri Sáenz | 23-10-2006 | 12:19| 0
    Incluso cuando era pequeñito y todavía se llamaba Iberpop, el festival Actual sufría ya el ‘síndrome del envoltorio’. Sucedía antes y pasa ahora.
    Si un chaval se lía la manta a la cabeza y organiza un concierto en Logroño, la cosa está clara: su meta es sacarse unas pelas o, en su defecto, no perder demasiado dinero. Pero si quien está detrás del mismo evento es la Consejería de Cultura y lleva el sello Actual, entonces resulta que todo tiene necesariamente un sentido erudito, trascendente, casi místico.
    Los más veteranos, aquellos que al principio sólo ansiaban un concierto que echarse a la boca en mitad de la nada y ahora se dejan llevar por la sorpesa al abrigo del Palacio de los Deportes, han tenido que tragarse año tras año esa medicina con los ojos cerrados y la nariz tapada. El ‘sindrome del envoltorio’ ha hecho que el mismo festival haya sido mil cosas sucesivamente: oportunidad de ver en Logroño un grupo nacional de moda (en los albores), plataforma para el artista revelación de ese año (luego), escenario de culturas contemporáneas (más tarde), escaparte de músicas mestizas (últimamente).
    Con ese traje se han vestido cientos de santos y se han operado milagros imposibles. Así ha pasado un Rosendo cincuentón por el Adarraga con la vitola de gran esperanza blanca, han actuado charangas que de no ser por un pasaporte exótico no hubieran pasado el primer corte en las fiestas de mi barrio y se ha improvisado el día mundial del diyei cuando la imaginación languidecía.
    Ahora que Actual por fin parecía haber tomado un rumbo fijo, se anuncia la nueva programación y toca pellizcarse para creerlo. Madness, Cypress Hill, New York Dolls… Totems internacionales del ska, el hip-hop y el rap del siglo XX para un festival del XXI. Se me escapa una lagrimita y pienso que ahora soy yo al que le toca ponerse un disfraz. Será uno de treintañero maquillado de adolescente dispuesto a escuchar a los grupos que quiso disfrutar hace quince años.
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EL OTRO ALONSO
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Teri Sáenz | 19-10-2006 | 13:02| 0
    Hay ocasiones (pocas) en las que ser periodista de provincias depara alguna íntima satisfacción profesional de las que no están escritas en el guión. Aparecen por sorpresa y, ha acertado usted, no acostumbran a reportarlas ninguno de los repetidos rostros que repetidamente engordan la agenda informativa diaria.
La más reciente me ha llegado de la mano de Pedro Alonso. De su mano y de su cerebro. ¿Le suena el personaje? Que el apellido no le confunda: ni es asturiano ni va a 300 por hora vestido con un mono azul.
    Si no hubiera tomado el atril en la reunión de la Sociedad Española de Epidemiología que se celebró la semana pasada en Logroño, si las autoridades no le hubieran presentado entre reverencias, el director del equipo que ha descubierto la vacuna contra la malaria podría haber pasado inadvertido para la gente de la calle entre los congresistas que circulaban por Riojafórum. Ni un fan histérico y llorica reclamándole un autógrafo, ni un guardaespaldas que le preservara de las masas, ni una legión de periodistas cosiéndole a preguntas del tipo: «Ha estado a punto de salirse en la última curva, pero ahora ya no se le escapa el triunfo ¿no?».
    ¿Y cuál es la palabra más recurrente de quien, a falta de los últimos ensayos, inscribirá su nombre en la historia de la medicina mundial? «Prudencia». Tan habituado está el oído a la autocomplacencia y la falta de humildad, que una declaración de principios así ante lo que puede salvar millones de vidas suena incluso extraña.
    El único signo de duda que mostró Alonso llegó al preguntarle cómo es la malaria, a qué se parece, qué supone para miles de personas en pueblos de Tanzania o Mozambique. No hay analogía posible, es la enfermedad por definición, la muerte que acompaña la experiencia vital de un continente entero…
    Desde ese día me siento más pequeño, insignificante. Ahí fuera hay alguien grande, mayúsculo. Ya sé que Alonso, el otro, ganará la carrera final.
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BASURA PASIVA
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Teri Sáenz | 12-10-2006 | 11:00| 0
    Si como sostienen los creadores de Gran Hermano una de las virtudes del programa consiste en servir como reflejo de la sociedad actual, les informo de que apuramos los últimos días de nuestra civilización.
    Haciendo caso a la publicidad de GH-8, resulta que un considerable porcentaje de la población es tal y como se autodefinía Dani en la nueva edición de este año: frío, racional, crítico, educado e intolerante a la vez (sic). Otro generoso puñado de personas se correspondería al perfil de otra joven jienense ‘habitante de la casa’ llamada Mari Carmen que no tenía reparo en reconocerse ante toda España como una luchadora, extrovertida, amante de la televisión y la mitología que acudía al programa para dedicarse al sueño de su vida: ser algún día funcionaria en un centro geriátrico.
    A Laura (Bilbao, 23 años, separada) le encanta bailar y salir por la noche. Siempre y cuando, eso sí, se lo permita su responsabilidad como madre de un mocete de de cinco años. Un compañero suyo hacía estremecer a la audiencia revelando que jamás se viste con vaqueros. Algo lógico teniendo en cuenta que entre sus prioridades vitales están los coches deportivos, la ropa de marca y el fueraborda con el que de vez en cuando sale al mar para quitarse estrés y gomina.
    ¿A cuál de estos especímenes corresponde usted? ¿De verdad es así la sociedad? Y si es así, ¿dónde me puedo desapuntar?
Dirán que existe el mando a distancia, que nadie está obligado a ver la televisión, que la oferta de canales es grande. Pero lo que no hay es antídoto para ese efecto que, como ocurre a los fumadores pasivos, hace que a pesar de no ver Gran Hermano uno acabe intoxicado por el efecto de las tertulias, las crónicas televisiva o hasta las conversaciones en casa de la suegra. Se lo adelanto: cuando menos lo espere, aunque no quiera, tendrá a Dani, Laura y Carmen formarán parte de su vida. Tiempo al tiempo.
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COLUMNA DE HUMO
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Teri Sáenz | 10-10-2006 | 12:21| 0
    No hace falta decir nada. Cuando pasa una hora levanto la cabeza del ordenador y me topo con la mirada del compañero que tengo enfrente. «Venga, vamos», dice sin preguntarle. Como dos asesinos a sueldo que hablan en clave para no dejar rastro de sus (malas) intenciones nos levantamos al unísono y enfilamos el pasillo hasta la puerta de entrada del periódico. Allí nos espera un cenicero repleto de colillas y el aire libre. Demasiado caliente en verano; excesivamente frío ahora que acecha el invierno.
    Alguien ha bautizado este rincón como el paritorio. La gente que se reúne alrededor fumamos compulsivamente, sin saborear las caladas, pensando en el párrafo que queda por escribir o la llamada que no termina de llegar. Sólo falta que de repente aparezca el ginecólogo por el pasillo y confirme la noticia: ha sido niño.
    Las conversaciones que rellenan este paréntesis de nicotina no dan para mucho. La mayoría de las ocasiones se fragmentan en fascículos. La primera parte se entrega a las cinco de la tarde, la segunda a las seis, la tercera a las siete… Las tapas llegan a veces de regalo al final de la jornada en el bar de enfrente. Un local para fumadores, claro.
    Insospechadamente y nueve meses después de que haya entrado la Ley en vigor, el lapso que transcurre entre cada una de estas escapadas ya no provoca ningún efecto secundario. Hasta esas informaciones rocosas que antes era impensable poner en página sin un cigarrillo esperando junto al teclado, acaban fluyendo sin alquitrán ni benceno. Como esta columna de humo, que será la última que firmo sobre el tema para no encasillarme en el mismo papel como un actor mediocre. Y si me obligan a escribir alguna otra vez sobre lo mismo, lo prometo: dejaré de fumar.
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SALCHICHÓN A MIL EUROS
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Teri Sáenz | 01-10-2006 | 19:05| 0
    El hijo de mis vecinos tiene 16 años recién cumplidos y un anhelo: ganar dinero. «¿Cómo van los estudios, majete?», le interrogo por compromiso cuando coincidimos dentro del ascensor. «Vaya», afirma con sequedad. Y como vivimos en el último piso y el silencio se prolonga, insisto: «¿Ya has pensado qué vas a hacer cuando termines el bachillerato? «Ir a la universidad», replica. «Para ganar dinero». «Mucho», apostilla luego sin preguntarle cuando nuestros caminos se bifurcan en el largo pasillo del quinto.
    Su claridad de ideas me desarma. Por su madre conozco que el chico no muestra ninguna inclinación especial más allá de su rotunda declaración de intenciones. Ni ciencias ni artes. Ni números ni letras. Ni blanco ni negro. «Irá a la universidad», confirma al día siguiente su progenitora mientras compramos salchichón (ella ibérico, yo serrano) en la charcutería de la esquina y mira con una ración de desprecio al chico que nos sirve al embutido. «Es muy listo», garantiza ante dos docenas de jamones de bellota como testigos mudos. «Seguro que cuando acabe la carrera ganará dinero; mucho».
    «¿Y qué asignaturas le gustan a tu mocete?», me atrevo a preguntarle antes de pagar nuestras respectivas carnes. Ella pone cara de perplejidad. Como si le estuviese pidiendo un resumen de la filosofía de Wittgenstein o una reflexión sobre el alza del Ibex-35, mi vecina enmudece y abandona la tienda con aire de derrota, sin brújula. Antes de entrar en el mismo ascensor en el que suelo coincidir con su hijo, la mujer por fin recupera la voz. Es un hilillo trémulo, casi imperceptible: «Pero… que va a ir la universidad; no va a ser fresador, ni carpintero, ni electricista…».
    Fuerzo una sonrisa hueca para tranquilizarla. Y mientras cada uno abre la puerta de sus respectivas casas, pienso para mis adentros: ¿Costará más de mil euros el salchichón ibérico cuando el chaval acabe la universidad?
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IMC
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Teri Sáenz | 26-09-2006 | 23:06| 0
¿Conoce cuál es su IMC? Pues debería. Está de moda. Los organizadores de la Pasarela Cibeles de Madrid han recurrido a este parámetro nutricional para evitar que desfilen por este escaparate modelos extremadamente delgadas.
    Las siglas del omnipresente IMC corresponden al Indice de Masa Corporal, que se calcula dividiendo el peso en kilos de una persona por su altura al cuadrado. Si el ratio resultante se sitúa más o menos entre el 18 y el 25, la persona en cuestión tiene una apariencia saludable. Por debajo roza la anorexia, y por encima se acerca a la obesidad.
    Yo mismo, sin ir más lejos, podría participar en Cibeles y estoy, según esta fórmula matemática, en el vagón de los sanos. No importa que fume más de lo debido, que me duelan las rodillas los días que cambia el astro o que desluzca el vestido más glamuroso del planeta con mi andar desgarbado. Son detalles accesorios. El meollo de la medida impuesta por Cibeles y que a partir de ahora parecen querer extender otras pasarelas internacionales como Milán o Londres está en poner coto a esas figuras cadavéricas sin tetas ni alma que, queriendo o no, se convierten en el espejo donde se miran miles adolescentes de todo el mundo.
    Aunque mejorable, la decisión resulta más que lógica: si muchos siguen lo que hace uno, ese uno debería responder a un patrón más o menos cabal.
    Y en cuestión de dar ejemplos, la clase política que copa a diario las portadas y convierte sus mensajes en biblia para cientos de seguidores tiene mucho que dar. También a ellos habría que aplicar un parámetro similar al de las modelos. Un IMC que midiese, en este caso, el Índice de Masa Cerebral y que se calcula dividiendo el argumentario de cada partido por las veces que un político es capaz de sostener los insostenible al cuadrado. Intuyo que muchos se verán anémicos de ideas y otros tendrán sobrepeso de odio. A alguno le tocará desfilar tras las elecciones.
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COMIENZO DE CURSO
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Teri Sáenz | 17-09-2006 | 13:28| 0
    El niño borró de golpe la sonrisa que traía puesta de casa en cuanto atravesó la puerta del colegio. La euforia que le había provocado ponerse en casa la bata bordada con su nombre y un enorme botón rojo se diluyó al verse en medio de aquel guirigay de mocetes chillones que nunca antes había visto.
    Al principio fue un leve apretón sobre la mano de su padre. Al minuto tiró más del brazo obligándole a inclinarse y, cuando estaba a su altura, susurrarle al oído: «Aquí no; a casa, papá. A casa». Ni las palabras tranquilizadoras del padre ni la promesa de una ración doble de chucherías al final de la jornada consiguieron atenuar en el chaval un malestar que tuvo una contundente escalada: del morrito torcido al llanto; de las lágrimas secas al grito inconsolable; del grito a la pataleta pura y dura con revolcón por el patio incluido.
    El primer día de clase del chiquillo se saldó con un suave forcejeo que lo dejó solo a la puerta de su aula. Solo, y con la cara llena de mocos. «Aquí no, papá; a casa», repetía ronco mientras la profesora lo conducía por fin desarmado junto al resto de sus compañeros.
    El padre regresó a casa cargado con una mezcla de pena y, sobre todo, infinita comprensión. Dos días antes, lo que había empezado para él era otro curso: el político. Las obligaciones laborales le llevaron hasta el Parlamento riojano para asistir a la puesta de largo de la nueva temporada de debates. Para su chiquillo, al menos, todo era distinto. Él, sin embargo, se topó con lo mismo de siempre. Palabras ásperas, trapos sucios, recriminaciones polvorientas al de aquí y al de Madrid, el mismo estribillo cantado mil veces de y tú más…
    Un ataque de profesionalidad contuvo al padre de recoger su cabás y marcharse por donde había entrado. Pero lo que más le hubiese gustado es que allí también estuviera el abuelo de su hijo. Poder cogerle su mano ahora ya pellejuda y pedirle bajito al oído: «Aquí no; a casa, papá. A casa».
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CONSULTA PRIVADA
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Teri Sáenz | 11-09-2006 | 10:30| 0
    En vista de que el San Millán está ya en fase terminal y el San Pedro a punto de dar a luz, este verano me he pasado un mes largo dentro del viejo hospital para rendirle un homenaje anticipado. No me arrepiento. El reencuentro ha estado teñido de cariño clínico. Así he podido despedirme como dios manda de los suelos de sintasol, las mamparas improvisadas que compartimentan muchas habitaciones, los fluorescentes pálidos y esas bacinillas coquetamente alienadas dentro de los cuartos de baño junto a los botes de orina.
También he dicho adiós (temporalmente) a los profesionales del centro. A las dos versiones: los que tienen extirpada la amabilidad y te hacen culpable de tener un tumor y aquellos a los que las batas blancas no les impiden bajar del pedestal para dar algunas palabras analgésicas contra el miedo.
    Por las noches, mientras intentaba conciliar el sueño descoyuntado en uno de esos sofás de escay articulados, fantaseaba sobre cómo será la vida después del San Millán. Si el olor a nuevo del San Pedro mejorará el humor de algún jefe de servicio, si la amplitud de los pasillos acortará las listas de espera o si la excelencia de las instalaciones superará mi única referencia en materia sanitaria: la sonrisa de la enfermera que entra en la habitación en mitad de la noche para limpiar las flemas del enfermo.
    A las siete de la mañana, cuando el carrito que traía los termómetros y el nolotil me despertaba de sopetón, empezaba a darle vueltas a cómo enfocar mi futuro panegírico sobre el viejo hospital. ¿Y si le molestaba a alguien? ¿Y si no encontraba las palabras precisas? Entonces me reconfortaba pensando que, al fin al cabo, leer esto es casi gratis. Por eso he montado una consulta privada en frente de mi propio periódico donde el que quiera una columna mejor escrita puede pedir cita. Fuera de mi horario laboral le trataré con el mayor cariño y la máxima profesionalidad. Le costará 120 euros.
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BARRILLO POLÍTICO
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Teri Sáenz | 04-09-2006 | 11:43| 0
    Qué ocupa en estos instantes el epicentro del debate político entre los dos principales partidos de La Rioja? Si a lo largo de la semana usted no ha tenido ocasión de ver en profundidad el periódico más allá de los santos y las letras gordas de los titulares, le concedo cinco opciones: a) Cómo integrar a la población inmigrante. b) Qué forma hay de frenar el precio de la vivienda. c) Cuándo se acabará por fin con el terrorismo. d) Dónde queda hueco en Logroño para perforar un agujero más. e) Por qué los concejales socialistas de Ribafrecha tuvieron que entrar por una ventana del Ayuntamiento para repartir pañuelos durante las fiestas de San Bartolomé o la alcaldesa ha denunciado a uno de ellos por darle un empujón.
    Como habrá intuido, los cuatro primeros son temas menores y han merecido un lugar residual. Donde los mandamases domésticos del PP y PSOE se han enzarzado estos días es en la más que áspera vida política de un municipio que hace años ya había tomado protagonismo nada más y nada menos que en el Parlamento regional por… unas ‘copas’, algún café y varios kases (no se sabe si de naranja o de limón) que alguien pagó o dejó de pagar en un bar del pueblo durante esas mismas fiestas patronales.
    De aquello se pasa ahora a las críticas por no cursar invitaciones oficiales para participar en la misa y la procesión, la denuncia contra el concejal que golpeó al toro de fuego (sic) y la bronca constante por convocar plenos a horas intempestivas.
    ¿Merecen todas esas cuestiones que los capataces de cada partido afilen los cuchillos y convoquen a la prensa? ¿Por qué no se va en silencio a los tribunales como anuncian continuamente y nos evitamos así el rubor de lo cutre? Si de aquí a las próximas elecciones usted se mancha los dedos al sostener el periódico, no eche la culpa al que escribe: es el barrillo que desprende el debate político. Para limpiarse, pida los clínex en Alférez Provisional o en Martínez Zaporta.
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SOLO PARA ELLAS
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Teri Sáenz | 02-09-2006 | 10:53| 0
    La educación diferenciada es un movimiento pedagógico de largo recorrido en Estados Unidos que empieza a ganar fuerza también en algunas zonas de España. Su tesis se resume, básicamente, en la conveniencia de que las mujeres reciban en las primeras fases del colegio una enseñanza específica al margen de los niños. Así se consigue un mayor rendimiento de las ventajas físicas, mentales y psíquicas de las chicas en este tramo de edad, afirman. En dos palabras: como ellas son más espabiladas, juntarlas con ellos en las aulas empeora sus notas y coarta su desarrollo.
    Pero las pretendidas bondades del modelo van más allá. En los tiempos que corren abundan los mocetes deslenguados y las hormonas andan disparadas, de forma que la educación diferenciada libra a las niñas de cualquier forma de acoso de los niños y las centra aún más en sus potencialidades intelectuales.
    Lo que más inquieta del caso es que, si usted cae en la cuenta, todo lo escrito hasta ahora guardaría una lógica idéntica si coloca un sujeto diferente. La misma argumentación podría aplicarse cambiando niño/a por emigrante/riojano. O por gitano/payo. O por listo/deficiente. O por rico/pobre…
    ¿Hasta dónde puede estirarse la diferenciación? ¿De verdad supone la mezcla un lastre? Tengo para mí que estas tendencias exclusivistas amparadas en la diferencia -ya se están promoviendo también en Estados Unidos colegios sólo para homosexuales- llegan por la consideración de la escuela como una burbuja en vez de como un banco de pruebas de lo que un chaval se va a encontrar fuera. Y lo que hay fuera, además de matemáticas e inglés, son emigrantes, gitanos, gente más o menos lista, niños y niñas…
    Si la cosa va a más, lo único que me consuela es que a mí no me alcanzará. Aunque sea un poco tonto, me satisface haber compartido pupitre hasta con chicas a las que ni siquiera mi presencia les ha impedido llegar a ser directoras generales.
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