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crisis

Seres únicos
Teri Sáenz 24-03-2014 | 11:28 | 0

El yayo Tasio se pone mesiánico para pontificar que la crisis no tiene su origen en la codicia. Ni en una flagrante falta de previsión. Tampoco en la carencia de escrúpulos de los pocos que mandan a tantos. Lejos, muy lejos también, de un liberalismo sobrexcitado y voraz. En el tuétano del monstruo que nos devora con la tozudez de un rumiante está la bipolaridad que se extendió sin antídoto hasta convertirse en epidemia. Una dualidad patológica por la que uno se creía otro. O mejor dicho: los dos que caben en uno mismo empezaron a mezclarse, entreverarse, solaparse y confundirse. A tal intensidad llegó la duplicidad personal, que pocos acabaron reconociendo cuál era el original o su doble contaminado. El tesorero se creyó cartero; los banqueros, prestidigitadores; el político, arribista; el concejal, empresario; el trabajador, militante de un partido; y el gobernante… El gobernante se trasvistió a ratos del dios omnímodo que llevaba dentro. Cuando se impuso el realismo, todos se excusaron. Los dos que convivían en cada cual se replegaron en uno solo, pero la borrachera de impunidad había sido tan prolongada que ninguno sabía ya exactamente si el dinero era suyo o de los demás, qué era gratis o qué debía pagarse. Si la persona del principio, en suma, era al final un personaje. Escucho a Tasio y me persigno, aunque me pregunto si no estará sufriendo el mismo mal y es el viejo lúcido de siempre o el altavoz de los que siguen jodidos porque nunca se desdoblaron.

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Ciencia ficción
Teri Sáenz 07-06-2013 | 11:55 | 8

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión; grúas rugiendo sin respiro para construir en mitad de la nada pisos con piscina y amplias dificultades de pago que nadie iba a habitar. He visto cajas de ahorro repartiendo créditos al tuntún mientras los consejos de administración cobraban sus dietas sin saber que las cuentas hacían aguas. En el viaje interestelar divisé gobiernos que creaban fundaciones opacas, derrochaban recursos y hacían regalos propios con el dinero de los demás. Vi hospitales enfermos. Poblaciones sin población pero con AVE. Comunidades minúsculas con aeropuertos gigantes.
He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser;presidentes que negaron la crisis cuando la tenían delante de las cejas. He atisbado candidatos prometiendo que nunca subirían el IVA y desinflarían el paro. A través de la cápsula espacial que atravesaba constelaciones inaccesibles, observé gestores cobrando indemnizaciones millonarias tras estafar a sus clientes. He asistido a justificaciones imposibles. Líderes culpando a otros de errores personales. Acusándome de derrochar lo que ellos dilapidaron, pidiendo que sonría para la foto después de romperme los dientes.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Y alguien creerá, cuando las gotas cesen, que aquello nunca existió. Que fue solo una película de replicantes sin alma ni memoria.

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La calle no calla
Teri Sáenz 22-05-2013 | 9:03 | 0

15M

Hace ahora dos años, muchos de los que hoy atienden a Diario LA RIOJA en una ventosa Plaza del Mercado de Logroño ni siquiera se conocían. Uno era abogado, otro autónomo, el de al lado jubilado, la de más allá profesora interina. Muchos, parados. Los había implicados en algún sindicato o movimiento social y los que jamás habían levantado el culo del sofá. Andaban cabreados por la deriva que estaba tomando el mundo, su propia ciudad. La soberbia de los políticos les irritaba ante las elecciones; el descaro de los banqueros les dolía. Se llamaban David, Arancha, Israel, Enrique, Esteban, Paz, Iván, Sonia, Elena, Amaya, Chuse, Ramón, José Ignacio, Noelia…

La manifestación espontánea de miles de personas en el centro de Madrid activó en todos ellos un interruptor interior que les congregó para solidarizarse con lo que estaba sucediendo en la Puerta del Sol. Se juntaron un puñado de ellos en la Concha de El Espolón. Cuarenta. Cincuenta quizás. El 17 de mayo volvieron a reunirse en la Plaza del Mercado para celebrar una asamblea. Un mensaje en twitter por aquí, un comentario en la escalera por allá. Al día siguiente eran ya más de 300. Había nacido por generación espontánea lo que los medios etiquetarían como movimiento 15M. La gente se organizó en grupos de trabajo, brotaron comisiones, todos contrastaron ideas sobre cómo cambiar el rumbo de las cosas y la Plaza del Mercado se erigió de la noche a la mañana en el epicentro de un debate global.
Esteban aún recuerda el impacto ilusionante de aquella estampa. «Me pareció algo absolutamente increíble: ciudadanos cualquiera debatiendo en público de temas políticos y sociales con ganas de aportar», comenta. «Y también con ganas de conocer», añade Richard subrayando otra de las características que han marcado el movimiento desde su gestación: el sentido crítico a partir de «otra» información más fiel y menos dirigida. «Esa que no dan los medios de comunicación ni manipulan los partidos», añade Israel abundando en la distancia entre la política y la calle que estimuló tantas conciencias y dos años después no parece haberse recortado.

El grupo asiente rotundo al preguntar si el 15M sigue vigente. Sí se puede, resumen. También los que como Ramón participaron activamente al inicio y luego se desmarcaron. «Es clave la separación de poderes y cambiar la ley electoral», arguye enfundando en su traje este letrado que, como otros, ha entrado y salido de un movimiento que sigue latiendo ahora bajo el paraguas Asamblea Logroño en reuniones semanales y acciones diarias. «Esto no es algo abstracto; somos gente real luchando por un mundo mejor que sabe que el poder está en cada uno de nosotros», apostilla Sonia, incorporada desde enero.

¿Ha habido una criminalización del 15M? Risa general. «Por supuesto», responde Israel. «Es la herramienta que usan también con otros como la PAH: decir que somos radicales, desprestigiarnos, meter miedo a la gente». Por sus comentarios, los clichés ni les arredran ni les hieren. «Al contrario, nuestros mejores propagandistas son los políticos», opina Paz. «Y si no, basta con escuchar las difamaciones de Javier Merino o ver las vallas que pusieron en el último pleno municipal donde se impidió entrar a la gente». Dos años después, el futuro del 15M sigue escribiéndose. El camino es largo. El objetivo ambicioso. «Somos un colectivo de vigilancia», resume Chuse. Y Richard matiza. «Somos lo que no quieren los políticos: cosas simples para ciudadanos simples». Es esa calle que no calla.

 

Fotografía: Díaz Uriel

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Dolor de corazón
Teri Sáenz 20-05-2013 | 11:07 | 0

radiografiaHasta hace cuatro días, el yayo Tasio era un viejo vigoroso y espléndido al que nadie echaba la edad que realmente tiene. Subía las escaleras de dos en dos, se comía la grasa de la panceta y en su cumpleaños nos invitaba a toda la familia a una caparronada que pagaba a tocateja con un billete de 500. Una mañana, al comienzo de la crisis, empezó a sentir una inquietante molestia en la parte izquierda del pecho. El médico de cabecera le remitió al especialista, que a su vez le ordenó hacerse un TAC. La mancha que aparecía nítidamente en la pantalla no dejaba lugar a dudas en el diagnóstico: pobreza aguda. El doctor le sometió a un tercer grado para descubrir el origen de la patología. ¿Se ha hipotecado en un apartamento en la playa que nunca necesitó? ¿Cuántas preferentes compró a su banco de confianza de toda la vida? ¿Ha pagado alguna vez en negro para escamotear a Hacienda? Y, sobre todo, ¿votó alguna vez a Zapatero? El yayo no tuvo opción de negar cada una de esas preguntas retóricas ni perjurar que siempre ha sido un ciudadano cumplidor con la normas y el civismo. El médico le impuso un estricto régimen que incluyó unas grajeas de copago en los medicamentos, supositorios de pensión menguada y unas gotas más de IVA para vivir al límite. Le despidió de la consulta con un despectivo «pero si es que no se puede vivir por encima de las posibilidades» que le dolió mucho más que la punzada que aún nota bajo las costillas cuando cambia el astro.

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Está usted despedido
Teri Sáenz 09-04-2013 | 10:58 | 0

despedidoSe encaminó al despacho del líder intentando disimular el temblor que le nacía de la mandíbula y le recorría el cuerpo hasta las rodillas. Sabía que si había sido convocado en la zona noble de la sede sólo podía deberse a dos motivos: un premio o una condena. Considerando que no había elecciones a la vista ni ningún terremoto institucional en ciernes, la segunda opción había colonizado su cabeza. Ponte cómodo, le ordenó el dirigente señalándole la silla al otro lado de una mesa abarrotada de documentos con el logo de la formación y encuestas sociológicas sobre intención de voto. Los ingresos han caído, la gente ya no compra nuestras promesas, el negocio está dejando de carburar… le explicó como preámbulo para justificar el recorte de plantilla que iba a dejarle en la calle. El subordinado tragó saliva. De nada le sirvió recordar que siempre se había ceñido religiosamente en sus declaraciones a los argumentarios que recibía cada día, que no había sido imputado por ninguna ilegalidad, que desde su afiliación a las juventudes había comulgado (a veces de mala gana pero sin rechistar) con las tesis oficiales. Era igual. La decisión estaba tomada. El partido necesitaba descargar lastre, tomar oxígeno para sobrevivir. Como quien ve la muerte de frente, pasó por su mente en un pispás una vida sin móvil gratis ni despacho, sin halagos ni ruedas de prensa. Comprendió entonces en sólo dos palabras qué era eso de la crisis, los ERE y el paro que alguna vez, como un susurro lejano,  había oído por la calle: estás despedido.

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