Se encaminó al despacho del líder intentando disimular el temblor que le nacía de la mandíbula y le recorría el cuerpo hasta las rodillas. Sabía que si había sido convocado en la zona noble de la sede sólo podía deberse a dos motivos: un premio o una condena. Considerando que no había elecciones a la
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Maldita herencia
Le tengo dicho al yayo Tasio que el día que muera no quiero nada de él. Cuando se pone tristón y algún achaque le recuerda lo mucho que ha vivido y lo poco que le queda para espicharla, me promete que todo lo suyo será mío. Hasta lo más preciado. Su colección de boinas, la
Viaje de estudios
Trabaja de profesor en un instituto. No lo reconocerá porque se parece a otros tantos. Cincuenta años largos, voz descascarillada, americana con coderas, dedos manchados de tiza, la alopecia camuflada por un flequillo excesivo. Imparte una de esas asignaturas anacrónicas que le relegan a aulas semivacías, pero su vocación es irreductible. Cada mañana que se
Cifras más caras
Como el yayo Tasio apenas tuvo oportunidad de ir a la escuela porque ocupó su infancia pastoreando ovejas y sólo conoce la cuatro reglas, los grandes números le superan. Cuando le informé de que ya somos 7.000 millones de habitantes en el planeta, ni siquiera se inmutó. Las arrugas de su frente no se movieron
La austeridad era esto
Hay una coartada común a cualquier administración que consiste en no reconocer los errores propios, sino achacarlos a un problema de comunicación . Las cosas nunca se hacen mal, sino que se explican incorrectamente. Con esa máxima, las instituciones se plagan de periodistas encargados de freír a los medios con notas de prensa, comunicados que
UNA FOTO BORROSA
Ahí estaban ellas, echando un pitillito en horario laboral para enjugar la garganta después de desgañitarse en favor de los trabajadores públicos. Las pancartas reposaban junto a la pared, y las cuatro manifestantes se refugiaban del sol junto al Parlamento después de poner su gesto más reivindicativo para las cámaras esperando verse en la portada
UNA ESTADÍSTICA, DOS CULPABLES
Las cifras del paro tienen algo de arcillosa ductilidad. Sólo así se entiende cómo mes a mes PP y PSOE moldean la estadística y fuerzan la perspectiva del desempleo hasta encontrar el ángulo más conveniente para sus intereses políticos. Un ejercicio de contorsionismo argumental que, indefectiblemente, siempre pasa por culpar al otro y descargarse de

