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Seres únicos

El yayo Tasio se pone mesiánico para pontificar que la crisis no tiene su origen en la codicia. Ni en una flagrante falta de previsión. Tampoco en la carencia de escrúpulos de los pocos que mandan a tantos. Lejos, muy lejos también, de un liberalismo sobrexcitado y voraz. En el tuétano del monstruo que nos

Sonría al pajarito

La última adquisición del yayo Tasio es un bola roja de plástico con una tirita de goma que se parece mucho a una nariz de payaso. Se ha tatuado una sonrisa en la cara, y al menos una vez al día se pasa por la planta de los pies una pluma de ganso que guarda

Una ayuda, por favor

Iba a casa del yayo a visitarle cuando fue Tasio el que se topó conmigo. No me lo pude creer cuando, paseando por Portales, di con el abuelo a la puerta de La Redonda. Estaba encorvado, exhibía cara de lástima y se abrigaba con la chaqueta más raída de su armario. Asía un cestillo roñoso

Vino amargo

El yayo Tasio ha variado una de las rutinas a la que era más fiel. Lo ha hecho por obligación. Acostumbraba a pasear de mañana cerca de la estación de autobuses de Logroño para bombear mejor el corazón, pero de unos días a esta parte lo que hacía era encogérsele con lo que veía. Cayado

El gran agujero

Cada vez que una administración cambia de color político, los nuevos gestores suelen toparse con lo más inusitado. Basura debajo de las alfombras, cargos por renombrar, recuerdos personales olvidados en los cajones por los antiguos inquilinos del despacho, geranios sin regar. Pero lo que todos encuentran indefectiblemente es un agujero. María Dolores de Cospedal se

ATAQUE AL CORAZON

Me llegué el otro día hasta la casa del yayo para hacerle una visita de rutina y certificar que toma la medicación y no se le han caducado los yogures, pero me lo encontré a punto de salir. Iba pertrechado con su visera verde de John Deere, la silla plegable que siempre lleva cuando marcha

EL YAYO HA MUERTO

El yayo Tasio ha dejado de ser el yayo Tasio. Se ha mirado en el espejo, y mientras se palpaba la boina y se ajustaba la pelliza roída de siempre para dar su paseo matinal ha descubierto que ya no es un viejo cascarrabias, algo descreído y cada día uno poco más giboso que vive

MEMORIA HISTÓRICA

Permítame sugerirle que recupere el periódico del sábado y se detenga en el reportaje sobre la tumba de ‘El ruso’ en Logroño. El ejercicio le sentará bien para oxigenarse unos minutos de las noticas sobre Revuelta y le permitirá de paso conocer un caso que, al menos a mí, me ha generado de una mezcla

EL RUIDO DE UN CIGARRO

El yayo Tasio siempre había creído un privilegio poder vivir en el centro de Logroño. Olvidar el coche en el garaje, bajar los domingos en chanclas al quiosco que tiene frente al portal, sentir en definitiva el pulso de la ciudad desde la ventana cuando descorre las cortinas. Vivir, para decir toda la verdad, en

LA CASA DEL YAYO

La vieja casa del yayo Tasio en el corazón de Logroño está en un portal cercano a otros que aparecían esta misma semana en el periódico. Por la prensa se enteró de que aquello, lo suyo por extensión, era algo denominado ‘chabolismo vertical’ . Pero, sin embargo, a diferencia de aquellos otros inmuebles, el suyo

La Rioja

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