La Rioja
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Etiqueta: colchón
Un mullido colchón
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Teri Sáenz | 12-06-2017 | 09:23 |0

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El yayo Tasio lee que Félix Revuelta ha perdido de un plumazo 45 millones en la venta del Banco Popular y se acuerda de cuando a él se le extraviaron los mil duros que le habían prestado para comprar un par de cabritos. Revuelta declara sin despeinarse que ha dormido como un reloj. Al abuelo aún se le ponen los pelos de punta porque no pegó ni ojo una semana entera. Un vecino le fió para comprar los animales que pensaba revender casi por el doble, pero cuando llegó el día convenido para abonar la deuda se echó mano a la cartera y no encontró los billetes que le había costado juntar para cumplir el trato. El yayo se palpaba todos los bolsillos y el cuerpo se le empapaba de sudor en pleno invierno. A diferencia de Revuelta, Tasio no era (ni es) rico y jamás ha tenido (ni tendrá) el aplomo para observar un fajo de billetes con desapego. Los 45 millones de euros del presidente de Kiluva son en realidad mucho menos que aquellas 5.000 pesetas del abuelo, pero lo que realmente difiere es la relación que mantiene con el dinero quien no está acostumbrado a él. Revuelta es inversor.  «He perdido y ganado mucho; ya estoy vacunado», declara. En sus palabras intuye que

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Colchón financiero
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Teri Sáenz | 14-05-2012 | 09:57 |0

El yayo Tasio guardó su primer jornal debajo del colchón. El abuelo era entonces un chaval de buena mano con el azadón, así que con las perras que ganó un verano labrando tierras ajenas sólo se le ocurrió hacer lo mismo que había visto en su casa toda la vida: guardarlo donde pudiera tenerlo a mano. Un día abrieron un banco en el pueblo. Aunque quizás sea mucho decir. En realidad era una lonja que repintaron de colores chillones. Colocaron un enorme cartel en el dintel anunciando que aquello era la caja de todos y pusieron al frente a un amable hombre con carrera que le trataba como un rey. Le saludaba todos los días por su nombre, al llegar Navidad le regalaba un calendario y siempre que la entidad anunciaba alguna promoción, le llamaba el primero para indicarle que por unas pesetas más le regalaba tres sartenes o un albornoz.

El empleado se jubiló joven. En su lugar llegó un chaval que nunca se quitó la corbata y le llamaba señor Anastasio. Empezó a hablar al abuelo en un lenguaje ininteligible. Le dijo algo de fusiones, liderazgo, acciones, inversiones en bolsa, variables y rendimientos a medio y largo plazo. El yayo, que para entonces había amasado una

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