Diatriba político-peridística sobre Armando Buscarini
La República imaginada
M. Martín Ferrand | ABC (29/4/2006)
ARMANDO Buscarini, cargado con unos gramos de ingenio y varias toneladas de necesidad, fue uno de los personajes que le dieron vida -y lástima- al Madrid de los Treinta. César González Ruano le dejó retratado en Informaciones y cuenta de él que para mejor vender sus folletos literarios, a dos pesetas la pieza, se hacía acompañar por un ayudante al que, al llegar al paseo de Recoletos, dejaba al cuidado de sus botas y así, descalzo, serpentear por entre las voladuras de los cafés, abiertos a la primavera, y conmover a la parroquia con las penas de la bohemia. «Marketing» fino para malvender poesía mala de quien, por otra parte y para su desgracia, sólo quería ser poeta.
En nuestro Congreso de los Diputados, muchos de los trescientos cincuenta titulares de escaño tienen en común con Buscarini el que sólo quieren ser «de izquierdas», poetas del pueblo capaces de rimar ocasión con mogollón y razón con empujón. No se instalan en el pensamiento y, a falta de ideas propias, pobrecitos, repiten como cotorras las del pasado y, sin revisarlas ni actualizarlas, lanzan un pregón anacrónico, caduco -¿caducado?- y rancio que, atención a la paradoja, tiene su clientela. Así es posible que, con la única oposición del PP y la abstención de ERC, todos los grupos de la Cámara hayan suscrito que la II República «es un antecedente directo del actual Estado social y democrático de Derecho y de la Constitución de 1978».
No sé lo que diría de esto Buscarini, uno de los muchos y pobres desgraciados que, en sus días, la República se llevó por delante; pero debe reconocerse que los grandes promotores de la mal llamada «memoria histórica», desenterradores de cadáveres y odios, utilizan los procedimientos de aquel pobre diablo pedigüeño para vendernos sus inconsistentes folletitos de glorificación de una República que produjo tanto gozo en su tramposa instauración como dolor en su sombrío y decadente desarrollo. Se quitan las botas para parecer descalzos, le atribuyen al franquismo su desgracia y -¡hale hop!- ya está el circo organizado: los perritos amaestrados se presentan como leones salvajes, los payasos sin gracia como arriesgados trapecistas y una cacatúa desplumada como si fuera un hábil antipodista. Luego, consumado el fraude, volverán a ponerse las botas y todos contentos.
Esa epidemia de revisionismo histórico, que sería estéril aun en el caso de que cursara con rigor y buena voluntad, más bien parece, vistos sus promotores, un intento de ocultar carencias actuales. Así, descalzos como Buscarini, parecen «proletarios»; pero, de hecho, se han instalado una industria para maquillar y desfigurar hechos históricos, hasta cambiarlos de sentido, que les proporciona un buen pasar e incluso les llena de prestigio y reconocimiento. Nunca los falsificadores habían ocupado tan altos pedestales, nos hambrean la verdad y les aplauden.
Un desagravio
Juan Manuel de Prada | ABC (1/5/2006)
EN su artículo del pasado sábado, «La República imaginada», mi querido Manuel Martín Ferrand, deplorando los desafueros de los malandrines y folloncicos que pretenden reinventarse una Segunda República que nunca existió, paraíso de la democracia y arcadia de los derechos humanos, invoca la memoria del poeta Armando Buscarini (1904-1940), quizá el más enternecedor y pintoresco de cuantos monstruos poblaron la bohemia madrileña de principios del siglo XX. Sostiene Martín Ferrand que ciertos parlamentarios, desenterradores de cadáveres y de odios, «tienen en común con Buscarini el que sólo quieren ser de izquierdas»; y compara los métodos pedigüeños del poeta con los procedimientos filibusteros de quienes nos venden «sus inconsistentes folletitos de glorificación de una República que produjo tanto gozo en su tramposa instauración como dolor en su sombrío y decadente desarrollo». En otro lugar, mi querido Martín Ferrand define a Buscarini como «uno de los muchos y pobres desgraciados que la República se llevó por delante». En honor a la verdad, hemos de precisar que nuestro bohemio sobrevivió a las vicisitudes de aquel régimen, como a la Guerra Civil que lo sucedió, pues desde 1929 hasta su fallecimiento, once años después, Armando languideció en sucesivos manicomios, en un itinerario atroz por los pasadizos de la esquizofrenia, hasta fallecer víctima de una tuberculosis pulmonar.
Pero no son estas precisiones cronológicas las que deseo aportar en desagravio de aquel menestral de las musas. A Armando Buscarini, ángel custodio de mi vocación literaria, he dedicado cientos de páginas, primero haciéndolo personaje muy principal de mi novela «Las máscaras del héroe» y después dedicando varios años al desciframiento de su muy embrollada biografía, que se coronó con la escritura de una extensa semblanza, «Armando Buscarini o el arte de pasar hambre», contenida en mi volumen «Desgarrados y excéntricos». Imposible resulta rastrear en su vida y en su obra el más mínimo atisbo de veleidad republicana, mucho menos izquierdista. El alma cándida de Buscarini, inflamada de alucinaciones líricas, jamás se enfangó en los lodazales de la política; y aunque su poesía, prolífica en ripios sonrojantes pero también estremecida de vez en cuando por el aliento de la emoción, es un constante grito gemebundo contra la sociedad filistea que desdeña y escarnece su arte, jamás incurre en el apóstrofe revolucionario. Es notable, en cambio, la cantidad de poemas religiosos que dejó escritos; y en su opúsculo «Yo y mis versos» (1921) incluye un «Canto a España» que comienza así: «¡España: tú vives altiva y guerrera / entre tu grandeza y entre tu aureola, / mostrando -oro y sangre- tu invicta bandera, / que es la más gloriosa bandera española!». Pocos meses antes del advenimiento de la República, recluido en el manicomio de Valladolid, Armando Buscarini dirige un muy monárquico testamento a Alfonso XIII, en el que solicita a Su Majestad que «se me digan infinidad de misas para la completa salvación de mi alma», y expresa su deseo de que «mi cadáver vaya envuelto en la bandera española, puesto que yo fui siempre un gran patriota».
También reclamaba a Alfonso XIII, en pleno rapto megalómano, «la completa rehabilitación de mi memoria mancillada» y «que de mis poesías se hagan ediciones soberanas». En breve los hermanos Rubén y Diego Marín publicarán en Logroño las poesías completas de Buscarini, satisfaciendo así su última voluntad; con este artículo he querido rehabilitar «su memoria mancillada». Espero que me lo perdones, querido Manolo, pero los huesos de mi ángel custodio se habrán removido en la fosa común donde fue enterrado, cuando lo emparentaste con los malandrines y folloncicos añorantes de la Segunda República.
La república que no existió
Manuel Martín Ferrand | ABC
ME reconviene Juan Manuel de Prada, dilecto amigo, por haber usado en vano el nombre de uno de los santos de escayola que adornan su admirable altar literario. Escribí aquí de Armando Buscarini como pretexto y anécdota con que valorar la desgracia de la II República. El uno y la otra me parecen casos semejables de despilfarro, locura y, con posterioridad, mal uso y peor entendimiento. Parece ser que no acerté en mi interpretación del poeta, tan maldito como marginal, al que Prada ha dedicado tiempo, estudio y devoción. Yo sólo le conozco de leídas y referencias del propio Prada y de César González Ruano y, dada mi escasa disposición para la admiración de la miseria, mis fervores poéticos del siglo XX apuntan, mejor, a Juan Ramón Jiménez.
Contaba yo que, para vender sus folletos poéticos, Buscarini serpenteaba descalzo entre los veladores de los cafés de Recoletos mientras su ayudante, pobrecito, guardaba sus botas en alguna esquina próxima. Una errata cambió los veladores por voladuras -«voladuras de los cafés»- y, como nos dejó dicho el maestro Campmany, se demostró de nuevo que las erratas mejoran los originales y, tal que en este caso, pueden resultar más descriptivas de una realidad republicana que sólo existió en las inventadas nostalgias de Rodríguez Zapatero y sus socios ocasionales.
Quienes hoy, a título de republicanos, reivindican una catástrofe pasada lo hacen con engaño, presentándose como no son y, descalzos de talento, no propugnan una república nueva, lo que sería legítimo; sino reclaman la vieja y fracasada que, sólo del 16 de febrero al 16 de abril de 1936, produjo el incendio de 106 iglesias y el saqueo de otras 36, 11 huelgas generales, 76 muertos y 346 heridos.
La república y la monarquía no son, en sí mismas, ni buenas ni malas. La primera equivale en Alemania a la segunda en el Reino Unido, y, sensu contrario, podemos hablar de la monarquía saudita o de la república iraní. Lo importante es la chicha democrática que aquéllas o éstas puedan llevar dentro y la aportación de certeza y respeto a unos valores establecidos que hagan sus dirigentes y gestores. Nuestra II República degeneró pronto en sinrazón y disparate y alcanzó con el Frente Popular las características propias de las ya olvidadas repúblicas soviéticas.
La anécdota de Buscarini me pareció benéfica para subrayar mis sospechas sobre el engaño con el que se trata la memoria histórica y, quizás, ha resultado más confusa que ilustradora por la mezcla que hay en ella de valores heterogéneos. Me confieso motilón en monstruos y rarezas y, al tiempo, reconozco el absoluto magisterio de Juan Manuel de Prada en excéntricos y marginales. En consecuencia, no volveré a sacar a Buscarini de paseo, ni con botas ni descalzo, sin un salvoconducto expedido para el caso por mi jugoso y fecundo vecino de páginas.
Sobre este blog
Ciudad del Hombre
Diego Marín A.DIEGO MARÍN A. (Logroño, 1979) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Rioja, trabaja como redactor y es crítico literario del diario La Rioja. Ha publicado el libro 'Inmejorable y otros relatos' (2003) y la novela 'Gente cercana' (Xordica, 2009), y además ha editado otras obras como los libros de poesía 'Las eróticas' (2005) de Esteban M. de Villegas, 'Estación del frío' (2006) de Vicente Muñoz Álvarez y 'Orgullo. Poesía completa' (2006) de Armando Buscarini; los epistolarios 'Cartas vivas' (2006) y 'Epístolas líricas' (2007) de Buscarini; las compilaciones teatrales 'Los dioses se han fatigado' de Antonio Cillero Ulecia (2007) y 'El rufián' (2009) de Buscarini y la antología de poemas sobre perros 'Vida de perros' (2007). Actualmente dirige la revista 'Codal' del Instituto de Estudios Riojanos, coordina el Aula Literaria de Logroño y codirige Editorial Buscarini.
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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario
NO AL COMUNISMO dijo
Me ha parecido extraordinario poder leer este artículo, cosa queyo creía que sólo se leian en "Articulos de política". Me ha gustado como lo escribe y como lo reflexiona.
Pido disculpas por entrar y "utilizar" este espacio tan digno metiendo un correo electrónico que me han enviado desde cuba.
Mil perdones y mi enhorabuena.
"Los amigos de ZAPATERO no tienen desperdicio:
"COMUNICADO DE PRENSA DE M.A.R. POR CUBA
¡GOLPEADA MARTHA BEATRIZ ROQUE!
Miami, Florida, 25 de abril del 2006 En la tarde de hoy, la dirigente de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en Cuba, Martha Beatriz Roque Cabello, fue golpeada y arrastrada dentro de su vivienda por una turba de la policía política del régimen castrista que impedía que ésta saliera de su casa para asistir a una tele conferencia en la residencia del Jefe de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba.
De acuerdo a declaraciones hechas inmediatamente después de haber ocurrido la agresión, Martha Beatriz describió a Armando Pérez-Roura de Radio Mambí saliendo en vivo al aire la agresión de que había sido víctima.
Martha Beatriz dio testimonio de que un hombre corpulento le había dado un fuerte piñazo por un ojo, que le ocasionó una seria lesión.
En declaraciones posteriormente ampliadas, describió la activista que una mujer le propinó una galleta y que la turba la arrastró por el suelo, mientras ella se aferraba a un reja y gritaba repetidamente ¡Abajo Fidel!
A pesar de haber recibido muchos golpes, de tener la vista nublada, y la presión muy alta, no ha podido recibir asistencia médica porque la turba no le permite salir de su vivienda.
Martha Beatriz hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para que actúe para evitar que agresiones como ésta sigan ocurriendo contra los demócratas cubanos.
Para mayor información:
Martha Beatriz Roque Cabello 011-537-406-821 (La Habana)
Ángel De Fana 305-269-1812
Sylvia G. Iriondo 305-361-6800
Mario Martínez 954-547-8472"
En España no pasa esto, pero parece que lo quisieran.
¡No lo perdamos de VISTA!
Alfonsito Mtez. dijo
Pues, estimado señor "NO AL CONSUMO", el caso de su amiga Esther es semejante al de Mª. Cruz Varela, poeta cubana excelente que también fue golpeada por el régimen castrista, ya sabe, esa falacia contra la que hay que luchar y lucha el bueno de Raúl Rivero.
En cuanto al caso Buscarini..., ¡sorprendente!
MONGOLELE AUTÉNTICO dijo
luego dirán que Buscarini ha muerto...
¡sigue vivo!
Armando Buscarini dijo
(...) Deseo que se me haga un entierro solemne y que todos los escritores y artistas me guarden luto durante cinco años; deseo que se me ofrenden coronas con sentidas y cariñosas dedicatorias y que aquellos a quienes pude ofender den al olvido mis agravios y tomen parte en la ceremonia.
Deseo que la prensa de todo el mundo publique retratos míos y la noticia de mi muerte con enormes titulares: HA MUERTO ARMANDO BUSCARINI.
Deseo que ante mi cadáver desfile toda clase de gentes, lo mismo potentados que obreros, y que los niños depositen flores; deseo que los periodistas desfilen ante mí y que algún escultor famoso saque la mascarilla de mi rostro y el vaciado de la mano derecha, que pudo crear tantas obras inmortales.
Deseo que Serafín Álvarez Quintero pronuncie un discurso y que Alfonso Hernández Catá hable de mis obras; deseo que el embalsamamiento y que la casa de Prensa Gráfica coloque en sus balcones, durante un mes, una bandera negra.
Deseo que mi cadáver vaya envuelto en la bandera española, puesto que yo fui siempre un gran patriota, y deseo, además, que se me digan inmensidad de misas para la completa salvación de mi alma, ya que el hombre, como tal , fue bastante pecador.
Valladolid, 20 de mayo de 1930
en el Manicomio Provincial
ARMANDO BUSCARINI
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