Estrés, más allá del ritmo y la rima
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El rap es la música que menos escucho»
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El rap es la música que menos escucho»
El rapero Estrés edita su segundo disco, Más allá del ideal
«¡Somos lo más fresco!», afirman Doltto Soldiers en una de sus canciones. En este grupo de rap milita Estrés, uno de los raperos más valiosos de La Rioja y que acaba de editar su segundo disco en solitario: Más allá del ideal (Claro Que Sí Estudios, 2008). La fuerza y la intensidad de sus canciones es algo ya de sobra conocido. Gracias a ello participó en Actual 2007, con 18 años y una maqueta bajo el brazo, En boca de nadie (2005), grabada cuando sólo contaba 15 primaveras. «Actual fue una de las mejores experiencias que he vivido, poder compartir cartel con New York Dolls, Alpha Blondy... Quizás estuve nervioso, pero di todo lo que tenía dentro y me siento bien ya que mi padre pudo verme», explica el propio Estrés.
La trayectoria “meteórica” recuerda, por su juventud y su calidad, a otro rapero local, Puskas, que además colabora en el nuevo disco cantando en el tema ‘La voz de los sin voz’. Mientras Doltto Soldiers, que en 2007 editaron el disco El Principio de Pareto, hacen un rap divertido y hasta optimista, Estrés realiza una música de crítica social, tristeza contenida y, sobre todo, mucha carga personal. «Me gusta hablar de lo que veo, escucho y leo. La crítica social es lo que más llega a la gente», explica el rapero. A destacar en el nuevo disco es el tema ‘Padre’, emotiva canción dedicada al suyo, fallecido. De hecho, el disco, que lleva por título un eslogan del anarquista Durruti, se puso a la venta en el aniversario de su muerte, el pasado 10 de marzo. «Este disco se lo he dedicado a mi padre, la persona que más me ha aportado en mi vida, me inculcó ideas anarquistas, me enseñó a respetar y a pensar en los demás», afirma.
Estrés surgió del break-dance, cuando tenía 13 años. Entonces formó parte del grupo de rap Los Presos de la Rima, luego escindidos en Al-Trasteh y B-Ley. Más tarde pasó por el sello discográfico Gris Materia (donde colaboró en los discos Simbiosis y Los sin nombre) y, en la actualidad, forma parte de Doltto Soldiers y Claro Que Sí Estudios, colectivo responsable de la edición de Más allá del ideal. La producción musical del nuevo trabajo de Estrés ha corrido a cargo de él mismo, que está estudiando un grado superior de sonido en Pamplona y toca el bajo, la guitarra y el teclado, y Rapha (Doltto Soldiers) en gran parte, aunque también han intervenido Dj Ochoa, Sersoul, Rako Alma (desde Italia), Mr. K y Ratman. A parte, Estrés también es acicate de un nuevo grupo de rock, Lemon Age, a quienes ya ha grabado dos temas.
Influencias dispares
El listado de colaboraciones de voz en Más allá del ideal es igual de nutrido (Markés de Kódigo Norte, Ana de Lemon Age, Keko, Oihane...), lo que favorece que se intercalen canciones reggae, con soul e incluso flamenco, todo a ritmo hip hop. «El rap es la música que menos escucho, admiro a The Clash, Hendrix, Los Ramones, The Doors, Bob Marley, AC-DC... y eso tengo que transmitirlo, he querido que el disco refleje mis influencias», afirma Estrés. En el disco, además, se escuchan cortes de las películas La máquina de bailar, Dogma y la serie Historias de la cripta, algo muy de
Por si todo fuera poco, Estrés es uno de esos artistas inquietos que no para de crear, incluso, con éxito. Si con Doltto Soldiers resultaron segundos del concurso de directos Concert Ebro’07, recientemente ha ganado el II Concurso de Temas Musicales Gota Music del Ayuntamiento de Logroño y su canción ‘Vivir con ilusión’ será editada en el disco recopilatorio Gota Music Vol. II. También ha colaborado con el tema inédito ‘Go go’ en el disco de MCs locales Plof Store. The CD 1.0 a beneficio de la Asociación Protectora de Animales en La Rioja. Pero, volviendo a lo nuevo de Estrés, en el disco hayamos un estilo propio llamativo e identificativo, que es lo más difícil de lograr en el rap. Estrés dice las cosas como son, como las siente, y eso convierte en verdaderos a sus versos, aunque con cierto desencanto. «Si llamamos pesimismo a contar las cosas con crudeza y realidad, el rap sí lo es, pero creo que va más allá de ser una simple música, es un medio de expresión, un canal para transmitir las emociones y los pensamientos».
'Lo que el aire mueve' de Manuel Hidalgo

Existe, ahora más que nunca, una gran diferencia entre los jóvenes según su formación y su estrato social. El que tiene la suerte de caer en una familia acomodada disfruta, por lo general, de una allanada senda por delante libre de obstáculos, mientras que los de clase media o baja se encuentran con un auténtico calvario que superar para siquiera ganarse la vida. Y es precisamente el sueño de intentar llegar hasta arriba del todo partiendo del fondo sobre lo que trata Lo que el aire mueve. Y, todo hay que decirlo, esta novela con la que Manuel Hidalgo resultó ganador del I Premio Logroño de Novela, a pesar de los pesares, transmite algo, quiere decir algo, se deja leer, esconde un noble leit motiv y hace un reflejo fiel de la sociedad actual.
Lo que el aire mueve se queda en medio de dos novelas anteriores y sociales como son El Jarama de Sánchez Ferlosio e Historias del Kronen de Mañas, no por retratar a la juventud que mira el presente huyendo del pasado y sin pensar en el futuro, sino por el ejercicio que el autor ha realizado con el lenguaje. Es este apartado, lo más sobresaliente de la obra de Hidalgo son los diálogos, pues de ellos se compone casi en su totalidad la novela. Pero no es un diálogo infértil sino dramático, ágil, coloquial y real, que lleva en volandas al lector por la historia que desea contar. Los tres escritores recogieron el hablar de la calle y lo trasplantaron en sus escritos otorgándoles una vivacidad muy propicia para el realismo de la narración. La prosa es directa, no se detiene en artificios o descripciones, no deja pensar, sólo fluye como un río, como un tren que no deja echar marcha atrás ni parar.
Dos hermanos, Javi y Tere, intentan vivir (sobrevivir) en Madrid desprendiéndose del pueblo, aunque aún no tienen alas para echar a volar. Los sueños pronto se convierten en pesadillas, problemas que intentan atajar rápido, de cualquier manera antes de pedir ayuda y admitir el fracaso. En medio del desaguisado, y como preludio del desastre, una comunión reúne a toda la familia y convierte a la novela en coral, en un desfilar de personajes que aportan cada uno su punto de vista sin cuajo alguno. Así pues, el corazón, más que la cabeza, mueve las acciones de los personajes, que actúan instintivamente, de modo inconsciente, emocional, convirtiendo en la novela en un relato crudo y descarnado de una historia triste que no da lugar a optimismos. Para colmo, sus más allegados les superan, les adelantan y les dejan atrás abriéndose camino como modelos, como empresarios, triunfando y haciéndoles a ellos naufragar. Hay momentos duros en la novela, escenas amargas, y mucha actualidad, de modo que parece hacer sido escrita al mismo tiempo que es leída. El dinero, la amistad, el amor, la prostitución, el engaño, el fracaso son temas centrales de Lo que el aire mueve, que constituye un escáner social a los tiempos que corren más que nosotros mismos.
Logroño, escenario literario
La ciudad de Logroño tiene un importante bagaje literario como escenario en distintas novelas. Cela, Pío Baroja o Bryce Echenique han escrito cómo sus personajes pasaban por nuestra ciudad.
Tampoco hay que llevarse a engaño, Logroño no es el Dublín de James Joyce ni el New York de Paul Auster, ni siquiera la Vetusta de Clarín, la Barcelona Vázquez Montalbán o el Madrid de Francisco Umbral. Pero cierto es que, echando un rápido vistazo a la literatura, Logroño aparece como escenario (generalmente de paso) de obras de notables escritores como el Premio Nobel Camilo José Cela, Pío Baroja, el Premio Planeta Alfredo Byce Echenique, el Premio Nadal Pedro Maestre o el cineasta David Trueba.
La primera presencia de Logroño en la literatura puede ser en El Crotalón, escrita en el siglo XVI por Cristóbal de Villalón. En ella, haciendo referencia al Sitio de Logroño, y a santo de que el personaje Gallo tuvo un negocio aquí, se describe a la ciudad como «valerosa», pues «se ha defendido con gran daño de los franceses». Más conocidas son las descripciones que realiza Jovellanos sobre La Rioja en dos diarios de viaje a finales del s.XVIII e inicios del XIX. Aunque los paisajes parecen agradarle, el reformador asturiano describe Logroño como una ciudad con «mucho inculto» y se detiene, sobre todo, a contar las iglesias y órdenes religiosas.
No mucho más positivo es la Quema de brujas en Logroño, el proceso inquisitorial del que parte Moratín a raíz de los sucesos acaecidos en nuestra ciudad en 1610. El terrorífico Auto de Fe fue estudiado por Menéndez Pelayo, Julio Caro Baroja, Alfredo Gil del Río y Manuel de las Rivas, aunque Moratín es quien exclama con sarcasmo en pleno aquelarre inquisitorial: «Asueto y mula y holgura de tres semanas; y engullir sin término y beber sin medida. ¡Y en Logroño!».

Logroño barojiano
En Zalacaín el aventurero (1909) Pío Baroja narra cómo los protagonistas, camino de Laguardia, hacen parada y fonda en Logroño, donde recorren algunas calles como la Mayor y Marqués de San Nicolás y El Espolón. Con un estilo muy barojiano, el riojano José María Cañas cuenta en su novela Nubes y barro (1953) la vida de un joven logroñés de modo semiautobiográfico. La ciudad que aquí se descubre es una población que intenta subsistir trabajando a destajo en la industria, una ciudad que no tiene futuro sin los jóvenes y en la que los jóvenes no tienen futuro, por eso algunos emigran, como el autor, a Barcelona, para intentar cumplir su sueño: ser escritor (posteriormente, Cañas se especializó en novela erótica, Las insaciables ninfomaníacas es una de sus obras).
Ese mismo pequeño Logroño de posguerra, pero más detallado, callejero, con personajes y sucesos reales, es donde se sitúa la novela Ruavieja 32 (2004) de Javier Bañares, que transcurre principalmente en la casa de la dirección que le da título. Esa misma localización del Casco Antiguo es la que alberga Desterrados por el franquismo (2005), las memorias en formato de novela picaresca de Bernabé Sáez Santacruz. Sendas novelas tienen como atractivo el rescatar cierta geografía logroñesa ya desaparecida, como el Ebro Chico o el poblado chabolista bajo el Puente de Piedra. La Guerra Civil ha sido un importante eje sobre el cual escribir, también sobre lo que ocurrió en Logroño, como es el caso de Las sacas (1974) de Patricio P. Escobal.
Poco menos que secreta (pero guardada en la biblioteca del IER) es la obra Yo, García y un viejo de Logroño (1928) del bohemio y asesino Alfonso Vidal y Planas, en la que se narra la insólita peripecia de un vecino nuestro que cavaba todos los días en un cerro en busca de un rey godo enterrado junto a sus tesoros. La finca, sin vallar, tenía sólo una puerta y un día que al logroñés se le olvidó la llave de la misma volvió a casa a por ella en lugar de rodear el marco. Como no podía ser menos, la historia se cuenta desde un psiquiátrico y, para cerrar la historia, se afirma que «Lo que pasa es que en Logroño hay muchos avaros».
Otra rara obra que tiene Logroño como uno de sus escenarios es La Rioja 1966-67 de Basilio Hernáez, un libro publicado en México en 1968 por «un riojano, nacido en Anguiano, que vivió una niñez sin escuela y sin pan y que vio transcurrir su infancia como la de un perro errante a orillas del Najerilla», dice el prólogo. Hernáez emigró a México, como tantos otros, y al volver de visita a su tierra natal escribió un diario de ruta en el que describe los lugares donde pasó de niño. «Logroño cuenta hoy con 75.000 habitantes y tiene matriculados 20.000 automóviles (para toda la provincia); no hay obreros parados», cuenta Basilio Hernáez, que también habla de los cafés y los pueblos de la zona.
Más recientes son las recreaciones de Logroño de autores locales como Luis Martínez de Mingo, en cuyo libro Cuentos portátiles de la penúltima autonomía (1987) describe calles y comercios logroñeses. Operación Niebla (1991) de Francisco Javier Aguirre, novela policíaca con prólogo de Umbral y ambientada a caballo entre La Rioja y La Costa Brava, comienza así: «La silueta puntiaguda de la torre de Palacio se alza frente a la primera claridad del día». Y entre Burgos y Logroño también transcurre Sueños y cadáveres (2002) de Javier Alonso, que describe la ciudad de la siguiente manera: «Logroño no se parecía al San Francisco de Samuel Spade: no había carreteras secundarias bordeadas de desfiladeros en aquel condado. Ni siquiera había ningún condado en lo Comunidad Autónomo de La Rioja. Las viñas, los polígonos industriales y el terruño resultaban especialmente fascinantes, como paisaje nocturno que poder divisar a través del parabrisas». Carlos Villar en Calle Menor y Jesús Ángel Teso en La semilla del mal también narraron en Logroño, aunque otorgándole un heterónimo.

De Cela al esqueleto de Morgabe
Curiosidad local es que Cela, nuestro Premio Nobel más escatológico, hizo la mili en Logroño pero lo que no es tan conocido es que su experiencia riojana le valió para sazonar al menos un par de obras. En la primera, Mazurca para dos muertos (1983), el personaje de Venancio visita la tumba de sus padres en el cementerio de Logroño portando una botella de vino de Bodegas Franco Españolas. Luego, en sus Memorias, entendimientos y voluntades (1993) narra entre pícara, abrupta e inocentemente sus días en Logroño, citando la iglesia de San Batolomé, La Gota de Leche, el Ebro Chiquito, La Nueva Rioja y, sobre todo, el Gobierno Civil.
Alfredo Bryce Echenique también nos visitó en una de sus novelas, concretamente en La vida exagerada de Martín Romaña (1981). En el significativo capítulo titulado ‘El vía crucis rectal de Martín Romaña’, y en plenas vacaciones del protagonista en Laguardia, a pesar de las hemorroides, se dispone a ir al baño cuando, casi antes de proceder, una rayada le parte el alma. Entonces es conducido a Logroño, con él en el asiento del copiloto pero con el trasero apuntando a la capital riojana para no sentarse, así que con semejante entrada triunfal en Logroño no se podía augurar nada bueno. Operado de urgencia por el único proctólogo de la ciudad, recordará la experiencia como «una especie de cesárea en el culo para extraer una monstruosidad de caca y de dolor». Con semejante experiencia no es de extrañar que Pedro Maestre arranque su novela Benidorm, Benidorm, Benidorm (1999) tomando el autobús de línea Bilbao-Benidorm en Logroño. David Trueba, en Cuatro amigos (1999), no aumenta su nómina de admiradores locales con afirmaciones como «Zaragoza y Logroño tienen el índice de infidelidad matrimonial más alto de España, ¿no ves que son ciudades tristes? Esto en temporada alta se llena de adúlteros.» cuando los protagonistas arriban a nuestra ciudad. Más simpática es la recreación que hace la logroñesa Tina Díaz en Transacción (2004), reviviendo sus pasos por el Puente de Hierro, el Círculo Logroñés o la Plaza de San Bartolomé, e incluso el divertido esqueleto de Ortopedia Morgabe. En cambio, menos infructuoso es el paso por Logroño de los personajes de Historia del silencio (1995) de Pedro Zarraluki, quienes, atraídos por el vino de Rioja, se quedan a medio camino y sin pisar nuestra tierra.
Una amplia nómina de textos que tienen a Logroño como escenario son los del concurso literario De Buena Fuente, ahora recuperado, y que ha versado sobre la estatua de El Espolón, el estadio Las Gaunas, La Grajera, la calle Laurel... Algunos de ellos, y propios, los reunió Jesús Miguel Alonso Chávarri en el libro De Buena Fuente (1996). Otro relato con nuestra ciudad de por medio es ‘Logroño’ de Cristina Grande, publicado en Dirección noche (2006), aunque realmente la ciudad es Huesca, disfrazada. Muchas otras localidades riojanas se han visto reflejadas en novelas, generalmente escritas por hijos de las mismas. Tal es el caso de Mansilla en El río de Ana María Matute, Rincón de Soto en El Guitón Honofre de Gregorio González, Uruñuela en Vuelta a Orbiña de Julia Sáez Angulo, Leiva en Tasugo de Chávarri, Turruncún en La piel de Marta Santos, Baños de Río Tobía en Valdemalva de Eduardo Martínez Hernani o Pascasio y Vinagre y su continuación Vinagre cabalga solo de Cillero Ulecia, que recorren pueblo por pueblo toda la geografía riojana. También algunos relatos de los libros Monólogo del olivo viejo y otros cuentos de José María Lánder y Tierra de leyendas de Javier Jiménez, además de novelas de Marcelino Izquierdo como La muerte acecha y dos libros reflejo de costumbres de nuestra ciudad y nuestra región como La ciudad en el ombligo de Bernardo Sánchez y José Ignacio Foronda y El Decatlón Riojano de Fernando Sáez Aldana, consulta obligada para la autocrítica, divertido como pocos y que tiene más que como escenario a Logroño, como pista deportiva.

San Silvestre 2007
Sólo hay una tradición capaz de unir a agnósticos, ecologistas y gente afín a la derecha política con sus antagonistas naturales: la carrera popular de San Silvestre. Allí uno se encuentra a más vecinos que en la Laurel o en Salou y puede darse el gustazo de adelantar sin piedad a su jefe, rebasar en una curva a un ex amigo o simplemente dejar atrás como un tren a una bicicleta a un antiguo profesor, aunque esto suponga liquidar la Nochevieja minutos después de las campanadas a favor de las agujetas.
La salida de la edición de 2007 fue especialmente desastrosa, cabe señalarlo aunque tras el pistoletazo de salida todos los nervios, algunos corazones, lenguas, riñones, flatos y pulmones se dejen atrás. La bajada hasta el Ayuntamiento se realizó, en esta ocasión, al final del recorrido, con el consiguiente desfonde general, y se tenía prevista la salida junto al Ateneo Riojano, al comienzo de Muro de Cervantes. La organización mareó a los corredores haciéndoles ir y venir, como en una romería, despistando sobre cuál sería, finalmente, la salida. Trilera estratagema para conseguir, por fin, que los corredores retrasaran sus pasos y comenzaran la carrera en la debida línea de salida. Pero no hubo ni un micrófono que diera pistas y, de pronto, los últimos se vieron los primeros, se disparó la bala de fogueo y, ya, el sálvese quien pueda.
La del ya pasado año fue una de las sansilvestres más participativas que se recuerdan, más de mil personas y un perro corrieron en esta prueba popular y simpática, que lava la conciencia de quienes en unas horas ganarán en la cena todo lo perdido con el ejercicio. Buena culpa de la alta participación de corredores la tiene el que, por fin, se haya oficializado el ánimo de correr disfrazado, lo que llevó a más de uno a tomarse el circuito con un ánimo festivo por más razones que la precaria forma física. Allí estuvieron los dobles de José Luis Rodríguez Zapatero, Epi y Blas, el equipo entero de Hospital Central, una monja con bigote y Papá Noel, por supuesto, entre muchos otros famosos, como Ford Farlaine, encarnizado de nuevo por Luis Sáenz, y muchos más anónimos corredores, verdadero espíritu de esta cita festiva.
También se pudo contar a más de un célebre local de muy distintos ámbitos. En lo académico destacó, fiel a la cita, el director del Área de Historia del Instituto de Estudios Riojanos José Luis Ollero, pero también el director del Departamento de Matemáticas de la Universidad de La Rioja Luis Español. En lo sindical, Javier Granda estrenó su cargo como secretario general de UGT en La Rioja, aunque echó en falta a su homólogo en CC.OO. Carlos Ollero, baja de última hora por lesión. En lo periodístico, el jefe de prensa del Ayuntamiento de Logroño Eloy Madorrán rememoró su pasado como extremo del Calasancio de balonmano e hizo valer su experiencia como redactor de Deportes de Diario La Rioja, seguido de cerca por el director de la revista Dato Económico Rubén Vinagre, Rubén Marín A. e Ignacio Faulín. En materia literaria volvió a Logroño, desde Barcelona, la poeta Carla Traspaderne e hizo gala de premios recientes Eugenio Sáenz de Santa María. De entre los políticos, Atilano de la Fuente dio el pistoletazo de salida en la prueba infantil y se perdió entre la multitud hasta la entrega de premios, en cambio, sí se dejaron ver el concejal Miguel Gómez-Ijalba, entre los primeros, y el director general de Juventud del Gobierno de La Rioja Javier Merino. Y también hubo deportistas como el ex base internacional de baloncesto Salva Díez o el atleta retirado Anacleto Jiménez.
El refresco final, más que el premio de la camiseta, sabe a medalla de oro. O, al menos, uno termina el año habiendo hecho un último esfuerzo, termina el año cansado, con la sensación de haberlo dado todo, de haber trabajado duro, satisfecho, con sensación de triunfo, con algo más que dignidad, sobre todo si, como el que aquí firma, llega a meta a la par de todo un maratoniano como Emilio del Río.
Biribay Jazz Club
Después de achacar muchos de los impedimentos que tenían los grupos musicales de La Rioja a la inexistencia de una sala de conciertos en condiciones, la apertura del Biribay Jazz Club coincide con una nueva ebullición artística en la ciudad. Ubicado en la calle Fundición de Logroño, en el antiguo Bar Eagles, el Biribay recoge el testigo de otras salas y discotecas que han pasado por ese mismo local, como el Carret, Tris-Tras o la Coda, pero con un lavado de cara sobresaliente que ha otorgado al local un nuevo y elegante aire. Su responsable es José Andrés Biribay, músico logroñés de amplia y variopinta trayectoria, desde el grupo local Más Malos hasta el nacional Pauline en la Playa, pasando por haber sido profesor de la escuela de música Píccolo y Saxo. «Veía en las películas que cuando los músicos se retiran montaban un local de jazz y me entró ese antojo, aunque venía madurando la idea desde hace unos años», explica Biribay. «En principio tenía otra cosa en mente, pero surgió la oportunidad del traspaso del Eagles y me lancé, aunque en un principio no pensé en reformarlo tanto: hemos tirado todo, menos la barra». No obstante, el proyecto no le ha privado de seguir tocando, aunque a otra intensidad: «Me han llamado unos cubanos con los que ya he tocado otras veces, Frijol Negro, para una gira por Grecia. Pero ya veremos. Los lunes, aquí, a puerta abierta, también ensayamos una big band». El local ha quedado como un pincel, con un escenario, un gallinero con mesas de café que se quitan en las actuaciones más animadas, la cabina del DJ ya no existe ni molesta, completamente insonorizado para alegría de los vecinos, un corcho para anuncios musicales y, en breve, carta de tes, de batidos naturales y una estantería con discos a la venta. Quizá por eso Biribay ha conseguido que Actual vuelva a la sala, después que se celebrasen varios conciertos de rap en la Coda. «Yo estoy abierto a todo. Vinieron los de Actual, les gustó la sala y me lo ofrecieron. Yo encantado. Pero también con ArteFacto, cuando la sala estuvo a rebosar con Los Gandules y eso tengo que cuidarlo, no merece la pena que venga tanta gente porque no se está cómodo». La nómina de grupos que han tocado ya en el Biribay Jazz Club es amplia, aunque la mayoría sean riojanos: Dixiemulando, Naive, Funny Roman Numbers, Moondomain, In Limbo, Nobel, El Cuarto Verde...; y ya se avecinan otros tantos, como las presentaciones de los nuevos discos de Playskull, Smoking Adders o Deception. «Me gustaría que esto fuera un centro cultural», afirma José Andrés Biribay, que de lunes a miércoles lo reserva a “actividades de riesgo”, «lo más raro que se te ocurra, como una cata de calimochos que hicimos, un torneo de parchís que hemos comenzado esta semana...», pero también actividades de teatro, literarias... Los jueves ya tenemos una actividad fija, las Pop-sessions, trasladadas aquí desde el Café El Viajero, un repaso musical amateur a los temas más célebres del pop y que el público puede elegir en directo. Los viernes están reservados al jazz y el sábado al rock, aunque el ,pasado jueves pinchó discos Total 13 y el sábado fue el turno de Madanga Trío junto a Jonathan Hurta, aprovechando su gira por el norte del país. El Biribay Jazz Club también alberga exposiciones y siempre tiene el escenario lleno de instrumentos. Al menos, aporta batería, piano y amplificador de piano, además del propio José Andrés como saxofonista, y paga a todos los grupos que tocan. «Es un fijo para todos. Vengo del mundo de la música y sé lo que es tocar mil veces gratis, así que quiero valorar estas cosas». En el ambiente suena Fito Páez, Miguel Ríos o grupos riojanos. «Me gustaría que fuera un lugar de encuentro, que la gente viniera porque sabe que todos los días va a haber una actuación distinta y, si le gusta, que se quede y, si no, que venga otro día a probar suerte».
Biribay Jazz Club c/ Fundición, 4 18.00-2.30 h. (de jueves a sábado) y 18.00-00.00 h. (de domingo a miércoles).
Sobre este blog
Ciudad del Hombre
Diego Marín A.DIEGO MARÍN A. (Logroño, 1979) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Rioja, trabaja como redactor y es crítico literario de Diario La Rioja y Punto Radio La Rioja. Ha publicado el libro 'Inmejorable y otros relatos' (2003) y editado títulos como las obras poéticas 'Las eróticas' (2005) de Esteban M. de Villegas, 'Estación del frío' (2006) de Vicente Muñoz Álvarez y 'Orgullo. Poesía completa' (2006) de Armando Buscarini; los epistolarios 'Cartas vivas' (2006) y 'Epístolas líricas' (2007) de Buscarini y la obra teatral 'Los dioses se han fatigado' de Antonio Cillero Ulecia (2007), así como la antología de poemas sobre perros 'Vida de perros' (2007). Actualmente coordina el Aula Literaria de Logroño y codirige Editorial Buscarini.
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