Obama, la euforia de un sueño

Brinco de cadena en cadena presa de la impaciencia, como si la rapidez con la que mi pulgar se mueve pudiera actuar como impulso en los primeros recuentos de la noche electoral. Dicen en la RAI que Obama gana en Indiana, en TVE hablan de victoria republicana en Kentucky y en Al-Jazeera Internacional rematan los reportajes de la cobertura especial con un contundente the world watches. Nunca tres palabras fueron más literales. Estremece pensar que ahora mismo millones de personas en todo el mundo están pendientes de saber quién vivirá en la Casa Blanca los próximos cuatro años.

Ya es la una de la madrugada y aunque la prudencia invita a recogerse entre las sábanas, lo cierto es que la emoción de saber que vivimos un momento único me impide despegar los ojos de la pantalla. Estas elecciones son especiales por muchos motivos, algunos de ellos tan básicos y primarios como el color de piel, la edad o el sexo de los candidatos. Otros van más allá e implican cuestiones de política internacional tan vitales para todos como las relaciones con el mundo árabe y musulmán. A nadie se le escapan las críticas que ha recibido el senador de Illinois por este tema, o las vertidas contra el candidato McCain por su negativa a proponer un calendario de salida de Irak. Cabe preguntarse si realmente pueden cambiar las cosas si Obama gana estas elecciones. ¿De verdad lo prefiere el mundo como líder global por su valía o es que en realidad cualquier opción no republicana –contemplada como una mera repetición de la era Bush– es buena?

Hay quien lo considera un Martin Luther King, otros que recuerdan el poder de los lobbies, algunos que defienden el color de su piel como la representación más pura del cambio, pero en lo que casi todos estamos de acuerdo es en que él es la única opción posible. Por todo el continente africano han surgido comités en su apoyo (Túnez, Marruecos, Togo, Benín, etc.) e incluso los keniatas se han atrevido con una obra de teatro. Sin embargo, matizan: “es negro, pero no africano”. La vieja democracia europea también advierte que no es sensato dejarse llevar por una ilusión desmedida como la que se demostró en Berlín hace unos meses. Barack Obama no cuenta con experiencia internacional, es muy joven y ni siquiera su carrera como senador puede considerarse de fondo. ¿Qué ha ocurrido entonces? ¿Cómo se explica la movilización sin precedentes de millones de estadounidenses y el apoyo incondicional de millones de personas ajenas a este país que tantos odios y pasiones ha desatado desde su fundación?

Son las siete de la mañana. Enciendo el televisor y lo primero que oigo es “…el senador McCain ha perdido las elecciones”. Miles de personas abarrotan las calles de Washington y yo me emociono pensando en lo que se debe sentir ahora mismo en Estados Unidos. Se oye el primer discurso del presidente electo llamando a la unidad y recordando que se avecinan tiempos duros pero que yes, they can. Al mismo tiempo el contrincante vencido alaba los resultados demócratas, arrolladores, y da una lección de elegancia política. Me meto en el Facebook (red social internacional por excelencia) y veo que uno de mis contactos estadounidenses ha cambiado su estado a proud of being American. Hoy, más que nunca. No es un sueño, es realidad. El cambio está aquí. Barack Hussein Obama ya es Historia con mayúsculas y yo tengo la suerte de vivirla en su máximo apogeo.

Practicando el turismo responsable

Cuando el verano eleva la temperatura hasta niveles insospechados, los cruceros atracan a pares en el puerto de La Goulette y los espabilados de turno (las agencias de viaje, los organizadores de excursiones de los barcos, los vendedores del zoco y los puestos de la calle, etc.) sangran a los turistas en sus visitas relámpago a Túnez y Cartago (lugar que por cierto no hace justicia a las ruinas romanas que posee este país, véase Dougga), uno no puede extrañarse de que a los visitantes no les quede mucha más curiosidad que saciar acerca de este país.


No obstante, es necesario recordar al lector que otro turismo es posible. Un turismo alejado de las masas y del confort de los hoteles de cuatro estrellas pero cercano a la realidad del país, de su pueblo, sus gentes y sus costumbres. Para el que quiera aventurarse por el sureste de Túnez (zona conocida por sus ksares), aquí le dejo algunas sugerencias.

Una de ellas es dormir en Toujène, una de las localidades con mayor población bereber de la zona. Allí el tiempo parece haberse detenido. No solo en lo que respecta al aspecto de la población (como puede verse las mujeres mantienen sus joyas, vestidos y mantos tradicionales), si no también a su forma de vida. Desde luego es esta parte del turismo responsable la que puede causar conflicto, y es que lo más normal al escuchar que las mujeres se casan a los 17 (20 ya es muy tarde) y los hombres entre los 20-35 (deduzca el lector la pareja media que forman los bereberes de esta zona…) es sentir, digamos, cierta incomodidad. No acaba ahí la cosa. Para ellas la escuela se acaba en la primaria porque, ¿para qué si lo que necesitan saber está en casa y en la cocina? Existe una doble moral al respecto y es que a la vez que lamentan el hecho de que las niñas no pueden seguir estudiando, “comprenden” que son “muy tímidas” y que, por lo tanto, no pueden ir al pueblo de al lado a estudiar, no pueden salir del camino marcado que lleva a la fuente a buscar agua e, incluso, pueden llegar a no mostrar la cara a su propio padre una vez se han casado. La parte positiva de esto es oír el testimonio directo de quien lo vive, verlo, sentirlo, irritarte incluso, pero en definitiva tomar conciencia de cómo funciona el mundo en este rincón del planeta. Tampoco hay que olvidar un factor fundamental del turismo responsable y es que no solo esta gente brinda cena, desayuno, alojamiento y conversación al visitante, si no que también lo agasajan con una amabilidad sin parangón y sin quererlo no dejan de recordarnos que su supervivencia depende, en gran medida, de nosotros.

La otra recomendación que puedo hacer desde aquí al turista responsable es la de visitar Douirette, un pueblecín perdido entre las montañas (tras las cuales se extiende el Sáhara) con un par de hoteles en la parte más alta desde los que se contempla el valle, muy cercano a la llamada Mezquita de los Durmientes. Dice la leyenda que aquí hay enterrados unos cristianos que huyeron de la persecución romana y se escondieron en unos cuevas donde durmieron durante 400 años. Cuando por fin despertaron el mundo se había convertido al Islam y sus cuerpos habían continuado creciendo (de ahí que las “tumbas” del lugar sean de 5m de largo), pero apenas tuvieron tiempo para abrazar la fe musulmana antes de morir (del todo, jeje). Este lugar es muy conocido en el mundo musulmán y su emplazamiento auténtico se lo disputan Túnez y Turquía y no sé si algún país más.

Leí por ahí que uno no viaja para visitar museos si no para ver con otros ojos, para ver aquello que (esto lo añado yo) puede que ni siquiera imaginen…El mundo está lleno de lugares especiales, aunque (afortunadamente) no exista un hotel de lujo en ellos. Anímese, ¿a qué espera?

Olvídese de las dietas, ¡haga el Ramadán!

¿Ha hecho la dieta de la alcachofa y solo ha conseguido engordar más y más rápido? ¿Creyó morir con la dieta de la piña? ¿Dedica horas a buscar regímenes por Internet? Olvídese de las dieta milagro, pruebe usted con el Ramadán.

Levántese a las cinco de la mañana y desayune cuscus. Beba bien de agua y no se prive de nada porque desde el momento en que se levanta el sol hasta el momento en que se pone no podrá probar bocado ni tampoco mojar sus labios. Olvídese también de calmar su ansiedad con tabaco, está prohibido, y mucho menos con sexo si no quiere arder en el infierno. Eso sí, prepare bien el estómago porque en el momento en que se rompa el ayuno (eftar) tendrá ante sí un banquete histórico que incluye, entre otras cosas, pasteles a raudales. Ideal para el chute de azúcar. Si cree que este ritmo le sobrepasa y acaba agotado no se preocupe, siempre puede dormir y olvidarse del desayuno. ¿No le tranquiliza saberlo?

Si le parece que es increíble piense dos veces. Millones de personas siguen esta dieta una vez al año durante un mes y sobreviven y, lo que es más, están encantados. En teoría claro, porque en la práctica los ánimos tienden a calentarse más fácilmente, la productividad baja hasta cotas mínimas y ni siquiera los universitarios se molestan en ir a clase. Le garantizamos que pasará por malos momentos, especialmente los referidos a la total prohibición de beber, pero también le aseguramos una pérdida de peso notable. Es posible que su estómago occidental y ajeno a esta práctica tan radical se resienta y experimente molestias leves (diarreas, vómitos, etc.), pero qué importa eso cuando puede bajar una talla en un mes y, encima, hinchándose de pasteles nocturnos. ¿Qué más puede pedírsele a una dieta?

Además, ¿no le consuela el hecho de saber que millones de musulmanes en el planeta siguen la misma dieta al mismo tiempo? Resulta muy solidario y reconfortante pasar hambre y sed y no ser el único. Así se evitan los penosos momentos de tentación cuando vemos a otro comer o cuando hacemos la compra en el supermercado. No se preocupe, aquí tienen una voluntad de hierro (y una paciencia digna de Job, porque hay que ver las colas que se forman para proveerse de comida para el banquete de la cena). Como decía, que no le quepa ninguna duda. Aquí todo el país se une en un solo estómago para vivir juntos esta experiencia espiritual. No obstante, si flaquea y busca desesperadamente un sitio donde guarecerse siempre puede acudir a alguno de los cafés que permanecen abiertos en esta época, aunque ponga buena atención porque sus ventanas estarán cubiertas con cortinas o periódicos para que no se vea desde fuera, que no hay que tentar (lo dicho, eso es solidaridad).

¿Todavía no le he convencido? Visite sitios web como www.harrerelwakt.com o http://www.toutrabat.com/ramadan/recette-plat-ramadan.php, no solo podrá acceder a toda una serie de recetas típicas y sabrosas con las que deleitar a la familia sino que también podrá seguir en directo la cuenta atrás para el eftar (cada día unos 3 minutos antes) o informarse acerca de los diferentes programas culturales que se organizan con motivo de este mes santo. No lo dude, ¿qué mejor excusa para adelgazar que el de conocer otras culturas?

¡Que vivan los novios!

Hace un par de semanas me invitaron a la boda de la prima de un compañero de piso de un amigo. Soy consciente de lo ridículo que suena semejante enlace de ideas, pero es que en este país es normal acudir a un bodorrio sin ni siquiera conocer a los novios o conociéndolos apenas. Porque esto sí que es un bodorrio y no lo que organizamos en Europa.

Si alguien pensaba que casarse en España era caro que se consuele porque aquí en Túnez es la ruina, sobre todo para el novio y su familia que han de correr con gran parte de los gastos (si la mujer no trabaja son ellos los que deben pagar hasta la futura casa con todo lo que lleva dentro, menos el ajuar claro, que eso es universalmente femenino por lo visto). Y no me extraña que sea la ruina porque dependiendo de lo que la pareja elija la fiesta puede prolongarse ¡hasta una semana! Para que os hagáis una idea aproximada:

- vestido de la novia: 1.000-2.500 dinares (560-1.390 €)

- maquillaje y peluquería: 500-1.000 dinares (280-560 €)

- traje del novio: 250-700 dinares (140-390 €)

- orquesta: 2.000-6.000 dinares (1.120-3.340 €)

- alquiler de una sala con el servicio: 1.000-7.000 dinares (560-3.900 €)

- pastelería: 2.000 dinares (1.120 €)

- fotógrafo y cámara: 600-1.000 dinares (330-560 €)

- SALARIO MEDIO TUNECINO: ¡¡650-700 dinares (360-390 €)!!

En Túnez se celebran tanto bodas civiles como religiosas. En el primer caso resulta mucho más barato: la pareja va a la llamada municipalité, firma el contrato y listo, si acaso celebran algo en casa con los amigos y familiares. En el segundo caso lo normal es que las celebraciones duren entre 3 y 7 días durante los cuales no se escatima en gastos precisamente.

El primer día el novio acude con todos los hombres a la mezquita a firmar y luego le lleva el papel a la novia a su casa, donde le espera con todas las mujeres ya bien enahenada en pies y manos. A continuación fiestas por separado en las respectivas casas de las familias. El segundo y/o tercer día se celebra la ceremonia pública, con orquesta y pastelitos tan cuidados que llevan hasta una pequeña servilleta-sobre en la que sostenerlos. En realidad siempre hay comida, aunque la idea es de cosas pequeñas, nunca un banquete “a la occidental”. Eso sí, si la pareja no decide lo contrario no se sirve alcohol. Tras estos días iniciales los novios se marchan de viaje (a Andalucía, por ejemplo) y el séptimo día vuelven a arrejuntarse para cenar, pero esta vez con los allegados y amigos íntimos.

La cosa no acaba aquí porque pueden celebrarse también cenas previas al matrimonio (por separado siempre), la novia puede llegar a utilizar ¡2 vestidos! durante las ceremonias y, dependiendo de la tradición (y el poder adquisitivo claro), hasta pueden darse fiestas cada noche durante siete días. A nadie se le escapa el dineral que supone todo esto, aunque para estas situaciones también hay alternativas: alquiler de vestidos de novia (mucho más común que en España), ceremonia ante notario en casa o en los ayuntamientos y los muy recurridos préstamos y si hay suerte ayudas públicas (en algunos países árabes hasta se hacen ceremonias conjuntas). Porque sí, aquí la gente se puede endeudar hasta las cejas para casarse y sin inmutarse.

De todas maneras, el detalle que más me gusta de todo el tinglado que supone el matrimonio en Túnez es el de cenar por la patilla durante un año. Y es que hasta que se celebra el primer aniversario el matrimonio no pasa nunca solo ninguna fecha señalada, siempre están invitados a casa de alguien a cenar (algo hay que amortizar, jeje). Bueno, ese y el detalle del alarido femenino porque vamos, eso sí que es un “que vivan los novios” como dios (Alá) manda, ¡con un par (de ovarios)!

Antes muerta que sencilla

Cuando me trasladé a Túnez hace ya seis meses lo hice llena de interrogantes acerca del llamado “mundo musulmán”. Uno de ellos era, sin duda, el uso del velo. No puede decirse que fuera ajena al asunto, pues como todos vi en televisión las manifestaciones en Francia en defensa de esta prenda y la consecuente polémica acerca de su uso en el ámbito público. Sin embargo, no inicio hoy este blog con ánimo de debatir sino más bien con la intención de reflejar parte de la realidad tunecina con respecto a este tema.

Comparar países musulmanes solo por el mero hecho de serlos responde a la idea falsa y estigmatizada de que “todos los árabes son iguales”. Nada más lejos de la realidad, sus mujeres son buena prueba de ello. Efectivamente en Túnez pueden verse muchas chicas que visten completamente a la occidental como también muchas otras que cubren su cabello con el famoso pañuelo y que, sorprendentemente, también siguen las tendencias de la moda. El velo pasa a convertirse así en una simple prenda más que no se libra de los dictados de las nuevas tendencias.

Como para gustos están los colores los hay de todos los tipos, calidades, tamaños, estampados, clases y nombres. Así, las tunecinas los combinan según la ropa que van a vestir ese día (ojo, porque lo mismo que hay marcas de pantalones también las hay de velos, que no se libran de los modelitos “pijos” y los modelos de “los de todos los días”), se lo colocan con diferentes nudos o de diferente forma (ajustado al óvalo de la cara, holgado mostrando algo de cabello, más largo, más corto, como si fuera una coleta, con broche, sin broche, etc.) y, por supuesto, pueden ir desde los tres dinares (menos de dos euros), hasta cifras insospechadamente altas (porque sí, también existe un mercado de velos con diferentes tipos de consumidoras). Además, esta prenda no es incompatible con camisetas o faldas. De hecho, la moda les puede llegar a gustar tanto que muchas son capaces de superponer capas inconcebibles para nosotras como pantalones vaqueros con una falda, camisas de algodón con camisetas de tirantes por encima o gorros y sombreros por encima del susodicho pañuelo. Porque una cosa es cierta y es que cuando una mujer se cubre el cabello también se cubre la máxima área posible de su cuerpo. Eso significa que incluso en verano llevan manga y pantalones largos aunque, como digo, hay tantos estilos como mujeres. Las hay que llevan pantalones con una falda hasta lo pies o con lo que sería una minifalda por encima, las que solo llevan los pantalones, las que se cubren enteras con una túnica (con o sin ropa por debajo, aunque la mayor parte de las veces es lo segundo), las que se tapan hasta la cara, las que visten todo de negro, las que prefieren las tonalidades oscuras aunque con cierta variedad, las que optan por las telas de colores y florecitas, las que se bañan en la playa con burkini, las que lo hacen con ropa normal (con o sin velo), las que lo hacen con bikini, las que no se bañan para nada, las que siempre utilizan zapatos cerrados e incluso guantes o las que prefieren taconazos y hasta algún que otro escote.

A diferencia de lo que ocurre en otros países musulmanes, la sociedad tunecina hace gala de una diversidad de estilos y modos de vida que conviven diariamente sin fricciones, al menos que yo sepa. Y es que, según parece confirmarse, a todos nos gusta ir guapos (al margen de lo que la belleza signifique para cada uno de nosotros), aunque eso sí, a alguna de por aquí le debe de gustar muchísimo lo de “ir mona” porque, si no, que me expliquen cómo son capaces de sobrevivir a los 35º o 40º que se viven en Túnez con esas mangas y tiros largos y, encima, con el doble de prendas. No si está claro que, aquí también, antes muerta que sencilla.

La Rioja

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