Andrea Motis, lo mejor del 2011

.

A pocas horas de despedir el 2011, la tentación de hacer balance me resulta irresistible. En lo que al ámbito jazzístico se refiere y desde el punto de vista del aficionado de a pie, creo que ha sido un buen año. Podríamos citar, por ejemplo, la merecida irrupción de estrellas emergentes como Gretchen Parlato o Ambrose Akinmusire, la consolidación de otras como Marcus Strickland o Esperanza Spalding, y los grandes trabajos discofráficos de figuras ya plenamente asentadas como Brad Mehldau o Jason Moran, por dar unos pocos nombres.

Pero para un servidor, el acontecimiento más destacable, más agradable, más emocionante del año que acaba ha sido contemplar la revitalización del panorama nacional del jazz gracias al puñado de adolescentes que forman la Sant Andreu Jazz Band. De ellos y de la impagable labor que realiza el profesor y director de la orquesta, Joan Chamorro, ya hablamos aquí hace unos cuantos meses. En aquella ocasión destacábamos de manera especial a una adorable chica de 15 años (hoy tiene 16), Andrea Motis, trompetista, saxofonista y cantante de singular condición y excelentes cualidades. En el escaso periodo de tiempo transcurrido entre aquel post y el día de hoy, Andrea Motis ha crecido como jazzwoman a pasos de gigante y las cosas no le han podido ir mejor en el terreno ‘profesional’: su disco ‘Joan Chamorro presenta Andrea Motis’ ha sido muy bien acogido, y no ha parado de dar conciertos en escenarios cada vez más prestigiosos.

De modo que, para mí, Andrea Motis ha sido ha sido la gran sopresa y la gran triunfadora del 2011 en España. Sólo nos cabe desear que Andrea siga mucho tiempo por el camino que acaba de tomar, con paso firme y cauteloso, con honestidad, con trabajo y humildad, y con la misma pasión y frescura que ahora muestra. De ser así las cosas, no hay duda de que lo mejor está por llegar.

Traigo al blog un reciente concierto de Andrea Motis nada menos que en el Teatro Coliseum, de Barcelona, acompañada por una sección rítmica de lujo, por su mentor Joan Chamorro a los saxos, y por algunos de sus compañeros en la Sant Andreu Jazz Band como Eva Fernández e Iscle Datzira. El concierto dura 50 minutos, así que ponéos cómodos y a disfrutar.
.

Mis 40 Principales. Nº 20: Art Pepper + Eleven

 

No sé hasta qué punto mi devoción por Art Pepper nubla en este caso la ecuanimidad que creo necesaria para la elaboración de esta lista, que, aunque inevitablemente subjetiva, debería regirse por decisiones reflexivas, responsables y juiciosas. Pero, en fin, ya está hecho: el número 20 es para Art Pepper, en mi humilde opinión uno de los tres mejores saxo-altos de la historia junto a Johnny Hodges y a Charlie Parker.

De toda su discografía (que no es precisamente muy extensa por culpa sus idas y venidas de la cárcel y de clínicas de desintoxicación, de su deteriorada salud y su muerte relativamente temprana) me quedo sin dudarlo con este ‘Art Pepper + Eleven’, que creo que es una magnífica muestra del talento creativo del saxofonista y que, en mi opinión, encierra además la quintaesencia del estilo ‘West Coast’, con sus arreglos sofisticados, su implacable swing, sus improvisaciones claras y su tono distendido.

El disco fue grabado en Los Ángeles en tres sesiones entre marzo y mayo de 1959 y, como ya se explica en el título, acompañaron a Pepper en el estudio otros once músicos más (casi una big band) entre los que cabría destacar a los trompetistas Pete Candoli y Jack Sheldon, a los saxos Bud Shank y Bill Perkins, al pianista Russ Freeman o al batería Mel Lewis. Pero, aparte de todos ellos, había una pieza más, una pieza fundamental: el arreglista y director de orquesta Marty Paich, que hace aquí un trabajo extraordinario adaptando el repertorio escogido a las características de la banda y de los solistas reunidos para la ocasión. La conexión musical entre Pepper y Paich resultó asombrosa. Tanto, que el director del sello Contemporary, Les Koening, a la vista de los resultados de este disco, ideó una amplia serie de colaboraciones entre ambos músicos a la manera de lo que en la Costa Este estaban haciendo en aquella misma época el trompetista Miles Davis y el arreglista Gil Evans. Pero la inminente entrada de Art Pepper en la prisión de San Quintin para cumplir una larga condena por posesión y consumo de heroína truncó los planes.

Escuchemos uno de los 15 espléndidos temas que contiene este disco. Se titula Groovin’ High (composición de Dizzy Gillespie). La primera improvisación es del trompetista Jack Sheldon; a continuación entra Art Pepper, bordando un solo majestuoso y sobrio a la vez, visceral pero elegante.

 

 

Adiós a Paul Motian, uno de los nuestros

 

Escribo presuradamente este post nada más enterarme de que el grandísimo batería de jazz Paul Motian ha fallecido hoy mismo. Motian, nacido en Rhode Island hace 80 años , se mostró desde finales de los 50 como un músico absolutamente original, con un sentido del ritmo único, sorprendente a veces. Fue un acompañante siempre inteligente y sensitivo. Buena muestra de ello dio en el corto pero muy fecundo espacio de tiempo que pasó en el trío de Bill Evans y, posteriormente, en el de Keith Jarrett. Por su pulso suelto y su desbordante imaginación fue requerido también por muchos músicos de la corriente free-jazz como, por ejemplo, Don Cherry o Albert Ayler. Descanse en paz. Su legado musical, que merece la pena ser revisitado, seguirá entre nosotros.

.

Cine y Jazz. Kansas City, de Robert Altman

 

Kansas City es una magnífica película. Lo es porque tiene un audaz guión, está primorosamente dirigida y producida, perfectamente interpretada y, para los amantes del jazz, lo es sobre todo porque tiene una banda sonora formidable y porque podemos ver en pantalla a un montón de músicos haciendo de actores de reparto y tocando con gran libertad y energía. No sabría definir muy bien el género cinematográfico al que pertenece (¿cine negro? ¿policiaco?, ¿drama? ¿musical?). La película se desarrolla en los años 30 en la por entonces efervescente y muy jazzística ciudad de Kansas City. El argumento tiene como planteamiento inicial el intento de una joven por conseguir que el matón de la ciudad y propietario de un club de jazz libere a su marido después de que éste y un cómplice le estropearan, aunque fuera accidentalmente, uno de sus negocios sucios. A partir de ahí las historias se multiplican y se entrecruzan, tocando múltiples temas como la corrupción política, el racismo, el amor, la violencia y, por supuesto, el jazz. La cinta fue dirigida en 1996 por el gran Robert Atlman (por cierto, nacido en Kansas City) y está protagonozada por Jennifer Jason Leigh, Harry Belafonte, Miranda Richardson y Steve Buscemi.

Vamos a disfrutar con una de las escenas musicales de la película. En ella se recrea una de las legendarias ‘batallas’ de saxos que acostumbraban a librar por entonces Lester Young y Coleman Hawkins, dos de los más grandes jazzmen de todos los tiempos, cada vez que coincidían en la ciudad. Aquí, los ‘contendientes’ son Joshua Redman (a la izquierda de la pantalla) y Craig Handy (a la derecha). Entre el resto de músicos que conforman la big band podemos ver, por ejemplo, al batería Victor Lewis, al contrabajista Ron Carter, al guitarrista Russell Malone, a los saxos Jesse Davis y James Carter o a los trompetistas Nicholas Payton y Olu Dara.
.

 

'Cosijazz mías' presenta a Stephanie Trick

 

Stephanie Trick es un demonio de pianista nacida hace 23 años en la ciudad norteamericana de Saint Louis, en Missouri, aunque, como sus rasgos faciales evidencian, es de ascendencia asiática. Empezó a tomar lecciones de piano a los 5 años y pasó a estudiar jazz a los 10. Es una espléndida especialista en los estilos denominados ragtime y stride e interpreta con un vituosismo pasmoso a los viejos maestros Jelly Roll Morton, James P. Johnson, Fats Waller o Willie ‘The Lion’ Smith. Pese a su juventud, ya ha lanzado cinco discos. El último de ellos, ‘Something More’, fue grabado en formato de trío en marzo de este mismo año, y en él se puede apreciar a una intérprete madura, con unos inmensos recursos técnicos, con amor por la música que toca y, sobre todo, con un maravilloso futuro por delante.

Vamos a verla aquí interpretando en solitario You’ve Got To Be Modernistic, una complicadísima composición de James P. Johnson. Ni la imagen ni el sonido son de buena calidad, porque se trata de un video casero, pero podemos hacernos una idea del potencial de Stephanie Trick, quien, por cierto, sigue en estos momentos puliendo sus habilidades musicales en la Universidad de Chicago.

 

 

Mis 40 Principales. Nº 21: Sonny Rollins. Saxophone Colossus.

 

 

Vuelve nuestro viejo amigo Sonny Rollins a este blog y lo hace para entrar con todos los honores en un alto puesto dentro de la lista dedicada a hacer un repaso por los discos preferidos de un servidor. Saxophone Colossus es una grabación antológica que me acompaña desde la adolescencia y que nunca me canso de escuchar. Vuelvo a ella de forma recurrente como quien vuelve una gran ciudad muy querida, por la que se siente atrapado, unido por indescifrables lazos sentimentales, y en cada visita recupera agradables sensaciones del pasado y descubre nuevos rincones y nuevas emociones. Sonny sopló esta obra maestra en Nueva York, el 22 de junio de 1956, cuando tan solo tenía 26 años. La pericia, la madurez, la fuerza mental, el sentido del ritmo y la imaginación que muestra el saxofonista a lo largo de sus solos en los cinco temas que forman el disco es sencillamente un prodigio artístico de primera magnitud.

Durante la sesión le acompañaron Tommy Flanagan al piano, Doug Watkins al contrabajo y el gran Max Roach a la batería. Siempre huyendo de la rutina y lanzándose por cualquier cauce que pudiera dar salida a su exuberante sentido musical, Sonny bordó improvisaciones memorables sobre Blue Seven (un sencillo blues al que el saxofonista le saca todo el jugo imaginable), You Don’t Know What Love is (una hermosa balada interpretada con un puntito de acidez) o sobre este St. Thomas (composición del propio Sonny Rollins que es en realidad un calipso de ritmo gozoso y pegadiza melodía, reminiscencia de las islas antillanas de las que los padres del músico eran originarios).

 

 

Nada nuevo bajo el sol (o dónde habré oído yo antes a George Michael)

George Michael, cantante, compositor y productor británico, ganador de dos Grammys, con más de cien millones de discos vendidos a su nombre en todo el mundo, superestrella del pop, mito incluso. Vamos a verle y escucharle en concierto interpretando Feeling Good:


 

Feeling Good, que George Michael grabó por primera vez en el año 2008 para su álbum Twenty Five es una fantástica canción escrita 54 años antes para un musical por Anthony Newley y Leslie Bricusseque se hizo muy popular en el momento en el que la interpretó, en el año 1965, Nina Simone. La versión de George Michael no es mala; no puede serlo porque el tema es muy agradecido, porque lo interpreta con corrección y porque se aprovecha nota por nota de los extraordinarios arreglos orquestales que incorporó Simone cuando lo grabó en su disco I Put A Spell On You. Pero, una vez más, yo me quedo con la versión original, con la versión jazzística, auténtica, emotiva, sincera, descarnada que borda aquí de gran cantante y activista pro-derechos civiles Nina Simone:


 

Novedades discográficas. Sachal Vasandani. Hi-Fly

 

 

Cualquier cosa que suceda en el anémico panorama del jazz vocal masculino de hoy en día es una noticia para los aficionados. Si lo que sucede es que un joven tenor saca al mercado un disco de la calidad de este Hi-Fly, entonces la cosa cobra categoría de gran acontecimiento. El creador de esta maravilla de CD es un chico llamado Sachal Vasandani. Nació en Chicago aunque su familia es de origen indio. De entre los pocos datos biográficos que conozco de él destacaría que fue un brillante alumno de Económicas en la Universidad de Michigan y que, tras graduarse, llegó a Nueva York para trabajar en Wall Street como inversor. Aunque parece que Sachal era un fenómeno de las finanzas, poco a poco fue perdiendo interés por su profesión al tiempo que se apasionaba por el ambiente jazzístico de la ciudad.

Comenzó a cantar por las noches en algunos pequeños clubs y un día dejó su trabajo para dedicarse por entero a música. En los últimos cinco años ha sacado tres discos. Este Hy-Fly, recién salido al mercado, es sin duda el mejor de ellos: una obra madura, bien concebida e impecablemente ejecutada. Sachal Vasandani se muestra como un cantante seguro, capaz de sacar todo el potencial a una voz privilegiada sin caer en el exhibicionismo, con un estilo moderno y desinhibido, heredero quizá del camino marcado por Kurt Elling, pero, como éste, con un profundo respeto por la tradición jazzística que para el oyente se traduce en ligeros ecos de Mel Tormé, Mark Murphy y Jon Hendricks, quien, por ciento, a sus 90 años, interviene como artista invitado en dos de los temas de este disco.

Como primera toma de contacto con este magnífico disco, vamos a escuchar There’s A Boat That’s Leaving Soon For New York (composición de George Gershwin). Además de Sachal Vasandani, están Jeb Patton al piano, David Wong al contrabajo y Kendrick Scott a la batería.

 

 

Pintura y jazz. Meredith D'Ambrosio

Es la primera vez que sucede, aunque no será la única. Me refiero a que en este apartado dedicado a relacionar pintura y jazz no hay en esta ocasión dos protagonistas, sino que presentamos a una única persona que se expresa indistintamente en ambas manifestaciones artísticas. Se llama Meredith D’Ambrosio y, además de pintar primorosamente como veréis en el video de aquí abajo, es una cantante maravillosa y, sin embargo, muy desconocida.

 

 

En gran parte, la culpa de que Meredith D’Ambrosio sea una figura casi anónima en el mundo de la música la tiene ella misma, pues por elección, desde hace muchísimos años, vive tranquilamente en un pueblecito de la costa de Florida, alejada de los circuitos de jazz y de espaldas a las grandes compañías discográficas. Su voz es profunda y cálida; su dicción y su entonación, perfectas; y su fraseo, su swing y su expresividad tienen un especial encanto por su dulzura, elegancia y aparente sencillez. Su nombre nunca aparece en los medios de comunicación, ni en los carteles de los festivales, ni suele pronunciarse en las conversaciones entre aficionados al jazz. Quienes conocemos bien a D’Ambrosio casi preferimos que sea así, que sea un diamante escondido cuya belleza se disfruta privadamente, que sea una playa virgen y secreta a la que poder volver de vez en cuando para hallar paz y solitario deleite.


He eleborado este vídeo en el que aparecen algunas de sus pinturas con el fondo musical de la voz de Meredth D’Ambrosio acompañada por Eddie Higgins (piano), Rufus Reid (contrabajo) y Keith Copeland (batería). El tema se titula Peace (composición de Horace Silver) y pertenece a su disco Love Is Not A Game, grabado en 1990. Disfrutad, pero, chssssssss!, guardadme el secreto.

 

Perfiles. Bill Evans. Entre el cielo y el infierno (y III)

 

La profunda tristeza por la pérdida de Ellaine y el sentimiento de culpa por el modo en que se precipitaron los hechos colocaron a Bill Evans al bode del precipicio emocional. Decidió abandonar Nueva York y buscar refugio en Florida, donde vivía Harry, su único hermano, a quien adoraba. Harry Evans era también pianista y se ganaba la vida con la música, aunque artísticamente estaba a años luz de Bill. Harry no sólo ejerció de hermano mayor en aquellos complicados momentos de la existencia de Bill sino que casi pudede decirse que éste se convirtió por un tiempo en una especie de hijo adoptivo. Lo acogió en su domicilio, junto a su familia, le procuró cuantos cuidados pudo y le apuntó a un programa de desintoxicación de drogas que dio finalmente resultado.

 

 

Bill Evans volvió a Nueva York resucitado y fortalecido. De hecho, hacía muchísimo tiempo que Evans no se encontraba tan bien: estaba desenganchado, había engordado un poco, cuidaba su salud (siempre precaria, no obstante, pues padecía una hepatitis crónica) y hasta vestía a la moda y se teñía el pelo. Musicalmente, aquellos años entre mediados y finales de los 70 también resultaron resplandecientes. Evans mantenía al formidable contrabajista Eddie Gómez en su trío, que ahora adquiría bríos renovados con la llegada del batería Eliot Zigmund. La música de Evans había alcanzado un increíble nivel de sofisticación, de equilibrio y de belleza.

 

Pincha para ver a Evans con Eddie Gómez y Eliot Zigmund tocando \’Up With The Lark\’ en 1975

 

A principios de 1979 el pianista, de 50 años, se veía con fuerzas para dar una nueva vuelta de tuerca a su estilo musical y decidió renovar por completo su formación contratando a dos jovencísimos músicos: el contrabajista Marc Johnson y el batería Joe LaBarbera, con quienes pronto alcanzaría un nivel de compenetración sorprendente, comparable sólo al logrado con su legendario ‘Primer Trío’. Desde sus primeros conciertos la música de Evans-Johnson-LaBarbera sonó extraordinaria; las ideas brotaban a borbotones, surgían cada noche nuevas posibilidades, nuevos caminos inexplorados y nuevos enfoques. Bill Evans era consciente de que su grupo tenía un potencial incalculable y se sentía, otra vez, en la gloria.

 

 

Pero en abril del 79, al regresar al hotel tras dar un concierto en un club de Washington recibió una llamada telefónica y el mundo se le vino encima. Sumido en una profunda depresión, Harry, su hermano, se acababa de quitar la vida pegándose un tiro. Bill Evans canceló el resto de conciertos de esa gira y rumió en solitario su desesperación durante unos días, al cabo de los cuales decidió que arrojaba la toalla. Sencillamente, renunció a seguir en habitando este mundo. Volvió a la heroína y comenzó también a consumir cocaína y grandes cantidades de alcohol, apenas comía, dejó de administrarse los medicamentos para su hepatitis… En palabras de su ya excompañera Nenette: “Bill urdió un plan para huir definitivamente del dolor”.



 

Mientras su vida corría rauda y desgarradoramente hacia el fin, Evans sólo encontraba consuelo en la música. No es que siguiera tocando con su nuevo grupo, sino que redobló su actividad engordando hasta lo imposible su agenda de conciertos. El trío tocaba cada noche y en cualquier sitio, ya fuera un lujoso teatro, un festival al aire libre o un inmundo club. Evans embarcó a sus chicos, que hacían denodados esfuerzos por seguile en el ritmo, en una gira europea de 21 conciertos en 24 días. Y por sorprendente que pueda parecer, la música de Evans sonaba más vigorosa y más fresca que nunca. Manejaba el ritmo a su antojo, jugaba con el sonido, se aventuraba con éxito por cualquier extraño derrotero y, sobre todo, de su piano manaba en esta última etapa una fuerza poética absolutamente conmovedora. Milagrosamente, Evans mantendría este nivel de excelencia artística hasta su último concierto.

 

Pincha para ver a Evans con Marc Johnson y Joe LaBarbera tocar \’Your Story\’ el 9 de agosto de 1980

 

El trío comenzó un martes 9 de septiembre de 1980 una semana de actuaciones en un club neoyorquino llamado el Fat Tuesday’s. El jueves, el pianista no apareció por el local. El domingo, Joe LaBarbera entró en el apartamento de Evans, le levantó de la cama y, en contra de su voluntad, le metió en el coche para llevarle al hospital. LaBarbera entró en el centro médico llevando en brazos el cuerpo debilitado del pianista, que moriría al día siguiente, lunes 15 de septiembre de 1980, a causa de una úlcera sangrante y una bronconeumonía, tenía el hígado destrozado y estaba desnutrido.

 

 

“El lento suicidio de Bill Evans fue doloroso, pero se enfrentó a la muerte amparado por el éxtasis que le provocaba su arte”. (Peter Pettinger, pianista)

La Rioja

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.