Con Pilar Manjón

En cierta ocasión, a Pilar Manjón y a los de la Asociación 11-M les dijeron que se metieran a sus muertos por el culo. El muerto de Pilar se llamaba Daniel, tenía 20 años y viajaba en un tren que estalló el 11 de marzo del 2004. ¿Qué haría usted si en las mismas circunstancias que ella hubiera escuchado lo que escuchó Pilar? Yo no lo sé, pero seguro que nada bueno. Pilar, no. Pilar sabe quién se lo dijo y, sin embargo, sólo siente lástima por aquella mujer de mediana edad que ultrajó la memoria de su hijo. Por esa reacción de Pilar, y por la reacción diaria de los miles de golpeados en España por el terrorismo que nunca se han tomado la justicia por su mano, tienen las víctimas, todas las víctimas, una consideración ejemplar en nuestra sociedad. Sin que esa consideración, todo sea dicho, implique que debamos estar siempre de acuerdo con ellas. Yo sé, me lo dijo Pilar cuando vino a recoger el premio Sáez Porres, que las víctimas no se sienten en posesión de la verdad absoluta, pero sí ofrecen un testimonio que debe ser escuchado y respetado.
Viene a cuento lo anterior porque el sábado, en nuestro periódico, un columnista insultó a Pilar Manjón. La llamó «pelma», que es poca cosa pero en el fondo refleja el profundo desprecio que algunos sienten hacia las víctimas que no piensan como ellos. Dicen que esas víctimas «no son nuestras», «deberían callarse» y «responden a intereses políticos». O sea, «sobran». Pues a ese columnista que tan a la ligera se tomó a Pilar yo le digo que Pilar y las otras Pilares, las de ETA (Pilar Elías, por ejemplo) y las de Al-Qaida, no sobran, están por encima del politiqueo y su enorme dignidad nos debería servir como faro a todos los españoles.
Querida Pilar Manjón: como probablemente Julio Armas, el autor de la columna, no te pedirá perdón por lo que escribió, me permito desde estas líneas mandarte el abrazo de las decenas de miles de riojanos, de derechas y de izquierdas, que estamos contigo y con todas las víctimas del terrorismo.

Oleguer Presos

Comprometido: Que está en riesgo, apuro o situación dificultosa (RAE). Verdaderamente, Oleguer puede decir de sí mismo que ahora es una persona comprometida, pero en el sentido literal de la Academia. Resulta que al futbolista se le ocurrió solidarizarse con el etarra De Juana Chaos (25 asesinatos, el angelito) y calificar al Estado de Derecho como «hipócrita». Le han llovido críticas por todos los sitios.
La libertad constituye un pilar fundamental de las democracias, y Oleguer hace bien en utilizarla, creo yo. Por suerte, Kelme, la marca que patrocinaba al jugador, ha esgrimido su propia libertad para rescindirle el contrato y dejar de abonarle unos cientos de miles de euros. Lo que no me cabe en la cabeza es cómo hasta ahora, Oleguer podía calzar unas zapatillas estatales (de Elche, para más señas) sin salirle gangrena en los pies. Resulta que este jugador es independentista catalán y antisistema. Y aquí ya lo flipo: si eres antisistema, no querrás ningún Estado, ni siquiera el catalán, sino la anarquía. Y lo mejor: si deseas un cambio radical en el mundo, no juegues al fútbol, nuestro ‘opio’ alienador: dona tu dinero a una ‘oenegé’ y vete a Sudán. Ah, cuñao, pero que se vive muy bien a todo lujo y luego ¿lavando? la ¿conciencia? con panfletos. Menudo ¿intelectual? que dice una cosa, actúa de la contraria, no tiene ni idea de nada y mientras, se llena el bolsillo.
Curioso caso el de los futbolistas. Durante años, a los jugadores vascos se les pidió que condenaran a ETA, pero aún no se me ocurre ninguno que a estas alturas de la película lo haya hecho. «Es un conflicto complicado», contestan, antes de ponerse tras la pancarta ‘Euskal selekzioa bai’, que debe de ser un problema más sencillo. Les ha salido a los vascos un buen aprendiz con Oleguer Presas (y presos), un hombre comprometido. Anticipo que al defensa del Barça no le van a recibir con besitos cuando le toque jugar en el Estado español dentro de la Liga estatal.

Inglish pitinglish

Estimado lector: piense en alguna afición, cualquiera, la más peregrina, a la que usted le haya dedicado una media de cinco horas semanales durante los últimos 15 años. No sé, actividades tan estimables y enriquecedoras como pintar cuadros, hacer ganchillo o coleccionar mariposas. Así, si lo suyo fuera darle al pincel, seguro que tras dos décadas, usted ya habría expuesto en cualquier galería de arte, al menos, en el ámbito local. Si se hubiera dedicado al ganchillo, dispondría de una de las colecciones de bufandas, jerseys y calcetines después de tres lustros de calceta. En el último supuesto, usted se deleitaría frecuentemente con la visión de su bello álbum de lepidópteros.
Piense ahora, querido lector, en las personas que, como yo, hemos dedicado (y seguimos haciéndolo) cinco horas semanales durante los últimos 15 años de nuestra vida al estudio del inglés. Me salen 3.900 horas de darle al guan, chu, fri y al cenkiuverimach; 234.000 minutos dedicados al genitivo sajón y a los phrasal verbs; 14.000.000 segundos viviendo la lengua de Shakespeare.
Y entonces, imagine que un día, su jefe le dice: «Llama a Nueva York, han abierto una tienda de vinos españoles, que te digan cuántos Riojas tienen». Y entonces, uno empieza a empaparse de sudor frío, y piensa para sí: «Voy a hacer el ridículo». Pero más tarde se anima: «He dedicado cinco horas a la semana durante los últimos 15 años a estudiar inglés. No soy tan tonto». Y coge el teléfono y marca el 001 y el prefijo 212 de NY y una voz contesta: «Hello». Y uno se lanza y pregunta: «Jau mani bottels of Rioja jav you got?». Y la americana contesta: «What are you saying?». Y el hombre, de Logroño para más señas, piensa: «Mierda. No me entiende nada». Y lo intenta de nuevo, gritando más: «Aiam a espanis yurnalist!». Y la estadounidense lo flipa. «What?». Y nuestro protagonista, muerto de vergüenza, deja a su interlocutora con la palabra en la boca y cuelga de un golpe el aparato. Y piensa: «Sí soy tan tonto».

Legarra, la ‘tercera vía’

Como hacen los osos pardo, el protagonista de esta historia hiberna tres años y medio al calor del sillón parlamentario para despertar de la modorra cuando llega el periodo preelectoral. Nuestro animal político se llama Miguel González de Legarra, preside el PR y en las últimas semanas ha enseñado sus garras.
Aprovechando que el PP muestra signos de flaqueza  (supuesta grabación de Sanz en la Conferencia de Presidentes, el consiguiente «que les den por ahí» y el revés de la justicia a Carlos Cuevas por las cintas PSOE-PR) y que el PSOE elige el peor de los caminos para llegar al poder (¿a qué cabeza pensante se le habrá ocurrido salir con lo de los parkings, que suena más falso que Judas?), Miguel González de Legarra ha pasado a erigirse en la ‘tercera vía’ riojana. Pedir explicaciones por Rioja Sun Valley, hablar de dossieres secretos (¿será verdad?) y llamar ‘cefalópodo’ al presidente de La Rioja (imaginativo) muestran atrevimiento y ganas de incordiar, dos cualidades que se echan de menos en otros políticos de la región. Lástima que se le escapara un ‘mierdas’ para calificar a Cuevas. No hacía falta.
Pero a pesar de sus errores, Legarra sabe el terreno que pisa. Con un Gobierno del PP en La Rioja y uno del PSOE en España, el presidente del PR intuye que los dos grandes partidos sufrirán desgaste. Y ahí estarán él y sus compañeros (con Ángel Varea dando guerra en Logroño) para recoger los restos del naufragio, sobre todo en el caso de votantes centristas del PP, gente que nunca apoyaría al PSOE pero que está cansada de actitudes que ellos mismos califican de prepotentes. No resultaría extraño que muchos de ellos se pasaran a los regionalistas. Así, si no hubiera mayorías absolutas, el PR tendría la doble llave del Ayuntamiento de Logroño y del Gobierno de La Rioja y con tres o cuatro diputados, Legarra pactaría con quien le diera la gana y se pediría luego una consejería. O una vicepresidencia. ¿Política ficción? La respuesta, en mayo.

Carril-bici, por favor

Razones por las que Logroño necesita urgentemente un carril-bici:
- Se trata de una demanda histórica de la ciudad (los kilómetros abiertos en parques y alrededores no valen).
- Logroño reúne las características geográficas ideales para la instalación de un carril-bici: el terreno es llano y las calles del centro son anchas.
- Se extendería el uso de la bicicleta, un medio de transporte rápido y barato.
- Comenzaríamos a poner remedio a los atascos, que cada vez más, minan la paciencia de los logroñeses. Para los que siguieran usando el vehículo, también sería más fácil aparcar.
- Muchos ciudadanos que ahora no tienen tiempo se desplazarían y a la vez, harían algo de deporte por la ciudad.
- ¿Por qué Logroño no da ciclistas de primer nivel mientras los profesionales salen de debajo de las piedras en Navarra y el País Vasco? ¿Somos peores que ellos? Quizá una de las razones resida en la falta de alicientes para coger la bici.
- Lucharíamos contra la contaminación y pondríamos nuestro granito de arena contra el cambio climático.
- Copiaríamos lo mejor de ciudades como Vitoria, San Sebastián o Pamplona, que hacen de la bici una seña de identidad.
- Daríamos salida al servicio de alquiler de bicicletas de Conrado ‘chill-out’ Escobar.
Razones por las que el Ayuntamiento no quiere carril-bici:
- Es una demanda de hippies, jóvenes y melenudos, gente que en general, no vota al PP.
- La señora de abrigo y todoterreno, que sí vota al PP, no sabe ni qué es un carril-bici.
- Es una obra tan fácil de hacer, dos metros de ancho delimitados por franjas blancas, que no tendría mayor misterio y no se podría inaugurar con cintas y tijeritas. Al alcalde le gustan las obras faraónicas, levantar la ciudad por siete sitios.
- Con un carril-bici no hay grandes plusvalías, nadie se forra y no da para peleas internas entre políticos y constructores.
- El carril bici es necesario y urgente. Por eso no lo hacen.

Grabadora encendida

Ay de mí, ¡qué tonto soy! Si fuera por el mundo con mi grabadora encendida, la cantidad de información comprometedora de la que ahora mismo dispondría. El político que me llamó a un aparte para explicarme hasta qué punto odiaba a su jefe de filas. El amigo que me confesó que le ponía los cuernos a su novia. Los dos (y más gente) podrían estar ahora a mis pies si yo hubiera grabado aquellas conversaciones. Y por supuesto, al revés: yo podría ser humillado por muchos si sacaran a la luz las debilidades que he llegado a confesar porque el clima era el adecuado. Bastaba un ‘click’ en el botón ‘record’. Pero, ¡cachis en la mar! De pequeño, casi todos aprendemos el significado de las palabras confianza mutua y respeto. Y de mayores, a los periodistas y a la gente que debe enfrentarse a los medios de comunicación les enseñan, además, que existe una cosa llamada ‘off the record’ que implica que uno puede enterarse de ciertas cosas, pero por un pacto previo, se compromete a no contarlas. Como sucede en un acto a puerta cerrada.
A estas alturas, ustedes imaginarán que me refiero a la supuesta conversación grabada en la Conferencia de Presidentes. Fuera quien fuera el que grabó a Zapatero, estoy seguro de que esa persona se quedaría de piedra y sin defensa posible si se publicaran sus conversaciones con empresarios, o con constructores. Por suerte, no las conoceremos. Por la boca de todos muere el pez, pero si se trata de deslices o ‘lapsus’ involuntarios, o de cosas que deben decirse en un momento determinado, las palabras deben perdonarse. No es bueno hacer montañas de granos de arena.
Nuestra sociedad se basa en la confianza mutua. Es decir, nosotros no llevamos una pistola porque creemos que nadie nos disparará. Si una de las 22 personas más importantes de España rompe esta confianza con sus colegas, ¿qué no esperar de los 44 millones de españoles? Desde ahora, me planteo llevar siempre encendida mi grabadora. Por si acaso.

Lo bueno de Bueno

Propone Enrique Pradas, miembro de IU y ex concejal de la coalición en Arnedo, que los riojanos discutan en este diario sobre Gustavo Bueno. Recojo el guante.
Confieso que de Bueno sólo he leído El mito de la izquierda y Telebasura y democracia. Y los dos libros, ¡herejía!, me han aburrido soberanamente. Como apunta Pradas, yo soy de ésos que (casi) habla de oídas. La culpa es mía, claro: mis limitaciones intelectuales me impiden aprehenderme de los pensamientos del maestro. Y eso que hablamos de la parte sencilla de su obra, la dimensión histórico-ético-política. Con el cierre categorial, ni me atrevo.
Pero por suerte, he podido también entrevistar dos veces al filósofo: una, cuando recogió en Logroño el premio empresarial Mercurio y la otra, cuando publicó España no es un mito y preparaba su Pensamiento Alicia. Mi percepción sobre Bueno, un simpático y amable torbellino de palabras, mejoró al tratar con él. En general, para los iletrados como yo, resulta más atractivo en las entrevistas, cuando vulgariza su compleja visión del mundo para que los mortales entiendan algo.
Con Bueno, los matices funcionan mejor que el blanco y negro. No puedo estar de acuerdo con sus ataques al matrimonio homosexual (lo llama «salvajada»), con su fervor por la pena de muerte, con su apoyo a la Guerra de Irak (por algo lo invita el PP a La Rioja) y con su pretensión de legitimar el franquismo por el supuesto desarrollo económico que trajo a España. Ahí no trago y espero que Enrique Pradas tampoco.
Pero sí me convencen otras afirmaciones de don Gustavo. Por ejemplo: «Definir a La Rioja como nacional histórica es una gran bobada». O mi preferida: «IU en Asturias defiende el bable, y en el País Vasco, pacta con los separatistas. ¿Qué tiene que ver la izquierda con eso?». Me da la impresión de que lo arriba expuesto ayuda a explicar por qué la progresía se la tiene jurada. Y eso que, como diría el propio Bueno de su obra, «nadie se entera de nada».

Malos y bobos

Hasta el sábado por la mañana, pensábamos que los terroristas de ETA eran unos vomitivos criminales de la peor calaña, unos hijos de las cuatro letras sin escrúpulos y unos desalmados miserables a los que uno sólo podía despreciar con todas sus fuerzas. Pero después del atentado, hemos descubierto además que los etarras son unos tontos de capirote, unos imbéciles de tomo y lomo y unos estúpidos supremos. En definitiva, sabíamos de su falta de escrúpulos, pero intuíamos que por lo menos tenían luz en sus cabezas, que sabían por puro egoísmo qué era lo mejor para ellos. Pero no: ya no tenemos dudas de que son malos, y también bobos, que es aún peor que ser malos pero listos.
Sin dejar de lado lo más importante, es decir, que la explosión de la T-4 ha dejado probablemente dos muertos, el análisis político del atentado da ganas de llorar. Por primera vez en 40 años, se daban las condiciones para pensar que ETA abandonaría las armas. La presión policial, la concienciación de la sociedad vasca y sobre todo, la irrupción del terrorismo islamista (tras el 11-S y el 11-M, matar ya no es tan barato) reducían el margen de maniobra a los etarras. El Estado de Derecho, por su parte, estaba dispuesto a proporcionarles una salida digna para que la vergüenza de sus crímenes no se viera acompañada por la humillación. Aunque algunos pensábamos que la humillación también era necesaria…
Y en éstas, llega el coche-bomba y nos devuelve a la dura realidad: tratamos con gente malvada que además no está en su sano juicio, locos guiados por criterios irracionales (en fin, algo lógico: el nacionalismo resulta irracional por naturaleza). A los que creíamos hasta el sábado que estábamos ante la oportunidad para la paz definitiva, ETA nos la ha pegado. Dice un proverbio árabe que si te engañan una vez, la culpa es de quien te engaña, pero si te engañan dos, la culpa es tuya. A mí, esta gentuza no me la da otra vez con queso.

El ejemplo de Javier

En las últimas semanas, he tenido la suerte de coincidir con una persona que de verdad vale la pena. El tipo en cuestión se llama Javier, es joven, le gusta la juerga y ama su trabajo, el periodismo. Nada en él llamaría la atención hasta que se le conoce. Pero cuando esto ocurre, todo cambia.
Resulta que Javier no tiene brazos y además, cojea de la pierna derecha, donde lleva una prótesis. Al verlo, sinceramente, da lástima, pero la lástima dura cinco minutos. Javier se desenvuelve en la vida sin mayores problemas, y para más inri, ha logrado ya uno de sus sueños: escribir sobre el Zaragoza. Y como hice yo cuando me enteré, usted se preguntará ahora: ¿Cómo escribe Javier? Con sus pies, que para él, son como las manos para cualquiera de nosotros. En general, Javier intenta ser independiente para casi todo: con su boca usa el móvil, pica su billete de autobús y se viste. Pero digo para casi todo porque necesita la ayuda de amigos y familiares (sus cómplices), que le sacan el teléfono del bolsillo o le dan de comer en una boda. Eso sí, porque no le gusta llamar la atención: también es capaz de coger los cubiertos con sus pies. Por último, lejos de cualquier autocompasión, su humor desarma. Mientras en un bar tomábamos una copa (él con pajita), una chica le preguntó: «¿A qué te dedicas?». «Soy pianista», contestó el tío. Los que estábamos a su lado nos moríamos de risa.
Sin quererlo, Javier nos da una lección a todos. Cuánta gente como él se habrá encerrado en su habitación y le habrá echado la culpa de sus desgracias a los demás, al mundo o a Dios (lo que yo habria hecho). Y cuánta gente con más posibilidades que él se habrá dejado llevar por la vagancia y habrá dilapidado su talento y su tiempo. Mientras tanto, Javier acabó el colegio, el instituto (imagínense el esfuerzo de pasar cada hoja del libro con la lengua), se sacó la carrera universitaria (por cierto, en Barcelona, fuera de casa), encontró trabajo y ahora dignifica el periodismo. Pero lo más importante: Javier dignifica la vida.

El belidro del dino

La nueva Ley Antialcohol, que equipara el vino con otras bebidas peligrosas, representa un «ataque frontal» contra La Rioja. En defensa de la economía de mi región, me propongo demostrar que el Gobierno central se equivoca con esta norma. Para fortalecer mis argumentos, he pedido la colaboración de dos expertos, Ernesto de Hannover y Boris Yeltsin. Los tres, inspirados en Internet, nos trasegaremos unas botellitas de crianza mientras escribimos este artículo.
(Primer vaso): Estudios médicos lo demuestran: el vino previene los infartos y la arterioesclerosis. En definitiva, es bueno para la salud.
(Segundo vaso): El vino, además, alegra la existencia. ¡Qué triste sería la vida sin unas gotas que echarnos a la boca!
(Tercer vaso): Lo decían los clásicos: ‘In vino, veritas’. Si quieres conocer a una persona, charla con ella con una botella de gran reserva de testigo, como estamos haciendo ahora Ernesto, Boris y yo.
(Cuarto vaso): ¡Ernesto, eres mi mejor amigo! ¡Hip! ¡Gracias al vino ¡hip!, los humanos somos capaces de exaltar la amistad! ¡Hip! ¡Boris, te quiero como a un hermano! ¡Hip! ¡Hace un rato, pensaba que eras un estúpido, pero ahora…!
(Quinto vaso): ¡Abturiab, batria queridaaaaa…! ¡Abturiab de mis aboreeeees…! ¡Cade Mayorrrr de Lodroñoooo!
(Sexto vaso): Ebnesto, deja de beterrrr bano a Bodis Yedsin. Bodis, no le bes de leches a Ebnesto. Pázame eza bodella duna pez. Adiba, abajo, adcentro y padentro.
(Séptimo vaso): ¡Ebnestoooooo! ¡Que daces beando en la calle! ¡No degues al segurata! ¡Edes un bríncipeee! ¡Be das pena! ¡Bodacho! ¡Bete a la bierdaaaaa!
(Octavo vaso): Ahora, dos disbonemos a coderrrr el boche para volvernos a casa. Indendaremos que no nos bare la Guarbia Vigil, pedo no dabos bodachossss. Acababos de debosdrarrrr con bruebas que el dino do es belidroso. ¡El dino es… cojonudooooo! ¡Y buanto das, dejorrrrr!

La Rioja

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