La Rioja
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Tiempo de lana
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Belén Martínez-Zaporta | 13-12-2016 | 11:06

Suave, rizada, elástica, resistente…son algunas de las características que tiene que tener la lana. Se observan para saber si es de calidad, así como se analiza el color para intuir si cuando se tiña tomará el tono deseado. Las temperaturas de los últimos días, esta niebla del Ebro que nos acompaña, la devuelven a nuestros pensamientos y, por supuesto, a nuestros armarios… ¡Ay! Ese jersey, ese gorro, esos guantes, ese cuello que adoramos porque no deja que nuestra piel se enfríe en estos inviernos típicos de La Rioja.

No es raro que con nuestro clima ésta sea una tierra ‘lanera’. De este pasado hemos heredado fiestas como la trashumancia, textos que narran que las sierras de Los Cameros y la Demanda estaban repletas de ovejas merinas, que describen unos años 20 en los que esa industria comenzó a transformarse en urbana.

Después de leer numerosos artículos sobre este asunto no se me hace extraño que en las venas de los riojanos corra esa pasión por las lanas, por utilizar las manos para dar vida a creativos diseños en forma de delicadas chaquetas de bebé, coquetos gorros o amplias bufandas. En los últimos años, hemos perdido en la capital riojana algunas tiendas de ovillos pero por fortuna otras han ocupado su lugar y es que entre las nuevas generaciones el hacer punto se ha convertido en un popular hobby, aprendido muchas veces en su entorno familiar.

Ahora contamos con dos nuevos locales que han abierto sus puertas para que podamos sumergirnos entre sus ovillos, uno en la plaza Primero de Mayo, otro en Vara de Rey, este último unos meses después del cierre de Lana y punto, muy conocido en esta misma calle.

El testigo en Vara de Rey lo cogió María Díaz Emparanza. De Bilbao llegó a Logroño hace ocho años donde decidió aprender más sobre el arte de tejer. “Desde que tenía ocho años hacía ganchillo”, explica, y sus manos adquirieron nuevas habilidades con las agujas en Lana y punto a la que acudió con la idea de que le hicieran una prenda que sustituyera a otra que le encantaba.

“Tenía un poncho que me gustaba mucho, pero necesitaba uno nuevo. En Lana y punto me invitaron a que me lo hiciera yo”, recuerda sobre aquel momento. Al principio pensó que este reto era imposible, pero con las clases lo consiguió y asegura que comprendió “que era capaz no sólo de tejer, sino de crear sus propias prendas”.

Cuando Lana y punto desapareció el pasado mes abril, quienes se reunían allí terminaron el curso en la tienda de Rosana, justo enfrente del que es hoy es el nuevo local de María. La pregunta que le asaltó entonces fue: “¿por qué no poner un negocio de lanas?” Ella misma respondió a su  pregunta:  “podía elegir un local más pequeño, uno se había quedado libre, así lo podía manejar sola, al fin y al cabo, ya conocía a la gente de la zona”.

 

 

El resultado de su decisión de emprender es Pompón, un espacio colorido, alargado y acogedor, en la que conviven la tienda y la parte en el que se acomodan las clientas a tejer, donde aprenden las especialidades de María, el amigurimi, ese punto pequeño con el que se pueden hacer unos muñecos que les encantan a los pequeños y que dejan sin habla a los mayores, y el ganchillo. “Más que clases se va aconsejando y resolviendo problemas mientras se está haciendo una prenda. Es ‘El Club del Tejedor'”, explica.

 


María detalla que conservó parte del mobiliario del negocio anterior. Lo cierto es que las estanterías eran perfectas para colocar las lanas. En ellas se encuentran marcas como Berger, DMC, Valeria de Roma…

 

Así como lo necesario para el amigurimi (ojos de seguridad, hocicos para osos…) se puede ver en el mostrador, junto a botones “más especiales” con forma de mariposa,corazones, lazos o los adornos como los pequeños cascabeles. Lo último son los que representan a las figuritas del belén. Algunas cosas llamaron mi atención, por ejemplo, los gorritos para niños en los que el pompón es la carita de un perrito, de un gato, una flor…Me imaginé graciosos a los pequeños con este detalle.

 

Mientras la dueña de Pompón apunta sonriente que  hace encargos “en un tiempito”, entra por la puerta una de las grandes de esta tienda, ella es Marisa. Llena de fuerza y simpatía me explica que en el último año ha hecho 27 jerséis para sus nietos y sus hijos.

 

Me señala algunas piezas que hay en el local como los bolsos o una moderna desenfadada falda que ella hizo para una de sus nietas…”Sabe un montón de punto”, añade María a nuestra conversación.

Ella ha estado toda una vida tejiendo por lo que en el club les echa una mano a algunas de sus compañeras. María ya me había hablado de ella antes de que entrara por la puerta, se conocen del tiempo de Lana y punto. Tenía razón es pura energía como la que desprende esta tienda.

 

La oveja tejedora es otra apuesta lanera de estos meses en Logroño. Se encuentra en Pérez Galdós 43, bis, en aquel local en el que cuando yo era niña había una mercería llena de lazos de raso, que entonces nos impresionaban tanto. Juana Lanseros es quien ha puesto en marcha esta tienda. Tiene 52 años y decidió crear su propio empleo, un paso hacia adelante y valiente. “Conozco bien el negocio, me gustaba y me encantan las lanas”, me explica.

El escaparate de La oveja tejedora muestra hoy un alegre vestido en rojo y blanco, esas suaves chaquetas de bebé que son arte en miniatura, pompones, gorros y unos cuellos a la última moda. “Suelo poner muchas de las cosas que han hecho las clientas” -dice- “ella colocará la chaqueta que está haciendo ahora cuando está terminada”, dice señalando a una de las jóvenes que ha entrado a pedir algunas indicaciones para su labor. “Juana te lo pone muy fácil”, añade la chica.

A La oveja tejedora se acercan personas de otros municipios de La Rioja. En el desarrollo de este post entró una amante de las lanas de Nájera, pero otros vienen desde Lumbreras, Villanueva e incluso de otras ciudades como Pamplona. “Nos conocemos hace años y vienen a comprarme las lanas”, indica.

En esta tienda el producto es principalmente italiano y alemán. Se ven marcas como Miss Tricot Filateli, Filatura Di Crosa…algodones, lanas de bebé, lanas para mantas e incluso algo de lencería. “Los italianos siempre están adelantados a la moda”, describe Juana, que indica que exportan a otros países como Estados unidos. “Y las lanas de Alemania son una maravilla”.

Juana también es una de aquellas niñas a las se les transmitió la pasión por la lana en su familia. “Aprendí siendo muy pequeña. Mira si era obediente que tejía como si fuera zurda, porque mi tía me enseñó y ella lo era”, recuerda.

La imitó en cada gesto para que a ella también le salieran sus labores perfectas. Se ríe al recordarlo. Cosas de familia como el nombre de esta tienda que votaron entre todos para decidir cómo llamarla. La oveja tejedora ganó. “Era más original que las otras opciones”. En esto su hija tuvo bastante que ver

 

 

Periodista, logroñesa, las dos cosas de toda la vida. Con este periódico en la sangre, ahora lo revivo en internet. Ah: y me gustan las tiendas.