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Melilla

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Soy partidaria de pregonar a los cuatro vientos que la mayoría de las cosas que pasan son porque las buscamos en modo alguno. En cualquier parte del mundo puede haber un lugar, una persona, o simplemente un momento bonito esperándote, y tan sólo tú eres el que poco a poco escoges con qué quieres encontrarte y con qué no, tanto voluntaria como involuntariamente.

Supongo que mil veces habréis oído rollos de este tipo, pero me parece tan maravilloso el encontrar lugares, personas y momentos que me esperaban sin saberlo, y a los que yo buscaba descartando otras posibilidades sin saber qué era lo que me deparaba…no me queda más remedio que compartir estos días con vosotros, días en los que se vivió lo que tal vez era, siguiendo lo de antes, una inevitable conexión a la que todos habíamos llegado por un cúmulo de circunstancias.

Con el lío de los exámenes se me pasaron las becas para estudiar en verano en el extranjero, por lo que desesperada busqué alternativas económicas para no pasar todo el verano a caballo entre mi pueblo y Logroño, opción que no iba a ayudarme mucho a salir de la rutina del curso universitario.

De casualidad topé de frente con los campos de trabajo organizados por el IRJ. De pura casualidad también, topé con Diana, una chica que trabaja allí y que me encandiló con sus historias del campo de trabajo de las Islas Chafarinas. Rechacé el campo a Riesa, Alemania, y me apunté a Chafarinas con muchísima ilusión por vivir algo nuevo y sobre todo, diferente.

Por circunstancias políticas o de entendimiento, se nos denegó la estancia en las islas, que actualmente son un enclave puramente militar al que tan sólo pueden acceder los civiles que se estiman necesarios (biólogos y arqueólogos que hacen mucho por lo que queda el pequeño archipiélago).

Es por eso que asistí a un campo de trabajo totalmente improvisado en esa maravillosa ciudad que la península tiene olvidada, Melilla.

Nunca me ha gustado planear con tiempo las cosas. Pienso que pierden su encanto, su gracia, la emoción que puedan tener. En este caso el no saber exactamente qué haríamos al día siguiente fue una ventaja más que nos animaba a estar allí pensando únicamente en el instante que vivíamos, y exprimiéndolo al cien por cien, no ateniéndonos simplemente en el camino para llegar a la meta, sino deleitándonos con cada segundo de carcajadas, de nuevas sensaciones, de compartir, de comprensión, de compañerismo, de música, de salitre…

De Melilla puedo decir muchas cosas. La primera de todas que he creado mucho vínculo con ese sitio. He disfrutado sus calas, su mar, sus aceras, su gente, su brisa, el poniente, el levante. Llegué allí con las ideas claras, con la mente abierta, y eso me benefició.

Participamos en una excavación arqueológica, nos introdujimos en “ Melilla la Vieja” a fondo, buceamos, escalamos, fuimos en barco, visitamos Marruecos y disfrutamos de unas maravillosas playas, del té moruno, de las siestas en la jaima, de la mejor compañía. Cada momento era para mí algo nuevo por descubrir. Quizás es porque con 18 años se ve la vida diferente, tal vez con más ilusión, pero sólo sé que lo único que habéis conseguido es que quiera volver a vivir esos momentos, que necesite estar en Melilla, que me apunte año tras año a cosas de estas para anotar en el alma esos momentos que se viven, aunque luego sienta dolor al separarnos, no porque no nos volvamos a ver, sino porque somos conscientes de que el estar allí, en Melilla y Marruecos juntos, en las mismas circunstancias no se volverá a repetir. Puede que vengan cosas mejores, pero ese recuerdo jamás se nos olvidará. Puede que queden mil fotos, pero lo único que hacen es captar momentos fugaces que bien supimos disfrutar en su hora, al menos eso me consuela.

Por vosotros: Irene, Lucía, Álvaro, Ali, Salva, Mounier, Mari, Manu, Juan…y tanta gente que se cruzó en mi camino y que me hizo sentir plena al lado del mar.

Por vos...Bañada en salitre:

África con un par.

África con un par es el título de uno de los últimos libros que he leído. Álvaro Neil es su autor.

Álvaro Neil no es un escritor cualquiera. Álvaro Neil además es un payaso, y no lo digo en sentido despectivo, sino literal.

Álvaro Neil es un escritor en primera persona, y un payaso extraordinario. Seguro que también lo es en sus actuaciones, pero en sí, Álvaro Neil es extraordinario.

Es algo fuera de lo normal, y es que, para coger una bici y un par de bultos y recorrerte África sin miramientos, hacen falta, como bien dice el título UN PAR.

Este hombre se ha recorrido el continente viviendo experiencias que, estoy segura, para él, inolvidables, y para mí, excitantes.

Narra de una manera excelente cada país por el que su trayecto discurre, contando la historia y acontecimientos relevantes de una manera objetiva, dando paso después a hechos reales, eso que tanto nos llama la atención en el "mundo civilizado". Parece que en cualquier película leemos: Basado en hechos reales, y es como si un escalofrío recorriese nuestro cuerpo, aunque sea la historia más estúpida del mundo.

Con esta manera de contarnos su historia, lo que hace es que además de que nos conmovamos con los duros y paralizantes hechos que han ocurrido en este desdichado país, y nos formemos de una manera amena en la historia africana, nos metamos en la piel de esa gente de la calle, de los africanos, nos metamos en el alma que tantas luchas lleva de generación en generación.

Además yo me he inmiscuido en las carnes de Álvaro, en cada pinchazo de su rueda, en cada grieta de "Koba", su resistente bici, en cada pedalada, en cada malaria, y en cada turbante de los que utilizó. Por supuesto también me enriquecí con sus buenas experiencias, y me asusté con las malas. Aprendí de las relaciones sociales, de dar todo sin saber qué vas a recibir si tienes la suerte de recibir algo, de que, como bien dice en el libro, donde comen dos comen cuatro, y aún sobra comida para otro, de que "África se escribe con H de HUMILDAD"...

África, continente del que estoy enamorada sin apenas haberlo pisado (un día en Túnez, lo cual no es nada).

África, continente para el que mañana parto, emocionada para descubrir y emocionarme, para llenar mi baúl de recuerdos y anécdotas que merezcan la pena contar durante el resto de mi vida.

Porque señores, estoy cansada de oír las mismas cosas a todo el mundo cuando se enteran de que me voy allí.

Porque hoy brindo por los prejuicios nublados, por las limitaciones sorteadas, por los estereotipos difuminados, por la libertad del ser. Porque si puedo comer y tengo hambre, como, porque si quiero intentar ayudar y así sentirme llena, lo hago, y que mi corazón se agrande. Y que ojalá tantos se ablanden.

Porque Álvaro, la sonrisa es la distancia más cercana entre dos personas.

Porque mis héroes, al fin y al cabo, casi siempre son anónimos.

Chin Chín.

Sobre este blog

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Desde La Estepa

Me llamo Raquel, tengo 18 años recién salidos del horno y demasiadas inquietudes para 24 horas que tiene el día.

Estudio Filología Hispánica en la UR, y me apasiona lo que estudio. Soy de esas pocas personas que se meten a las 'carreras sin salidas'. Lucharé por encontrar un trabajo en lo que me gusta (radio-periódico-escritura) y no vivir pensando en cifras, sólo en estados.

Si hay algo que me describe es observadora e hiperactiva. Me gusta preocuparme por el día que vivo e intentar exprimir los minutos de éste al máximo. Enamorada del mar, de los viajes, siempre dispuesta a evadirme y partidaria de 'alunizaciones' individuales por mi mundo interior.
Influenciada por la gente que quiero, por la radio, por la literatura que absorbo, por mi guitarrita eléctrica, por la buena música.

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