Mi primogénito
Desde que nació, lo colmamos de rosas, de buena brisa, de las comodidades que disponíamos. Le enseñamos a jugar, a leer, a escribir, a ser autosuficiente. Su madre y yo siempre procuramos que conociese ambas caras de la vida, la del trabajo y la de la felicidad.
Un niño muy despierto. El maestro siempre que nos convocaba nos decía lo mismo: Zhang es un niño asombroso, conoce curiosidades sobre todas las materias, es muy alegre y siempre pacifica las peleas entre compañeros.
Nosotros siempre hemos estado orgullosísimos de él. Supimos siempre que nunca defraudaría a nuestra familia. Supimos que, cuando nuestro fin llegara, dejaríamos buen legado en él. Sabría salir adelante trabajando para su futura familia.
En el iluminado comedor, Marta y Lua estaban sentadas a la mesa. -Mamá, dame un poco más de pan- dijo tímidamente Lua. Marta no le escuchó, estaba mirando atentamente al televisor, del que salían las horribles palabras: El seísmo, que alcanzó los 7.8 grados en la escala de Ritcher ha azotado todo el sudeste de China, causando unos daños que tememos irreparables. Las víctimas se van sucediendo, pero parece incontable el número de desaparecidos entre los escombros. Las sacudidas continúan creando grandes daños en las estructuras de las viviendas. Les seguiremos informando a medida que lleguen las noticias.
-Lua, hija, es tarde, debes ir a la escuela-.
Zhang ese día había sido el encargado de borrar la pizarra al finalizar la clase de plástica. Todos sus compañeros habían salido al patio cuando comenzó a sentir algo raro. La tierra se movía.Sus pies se retemblaban, todo se venía abajo. Una cortina de polvo se abalanzó sobre él. Todos los alumnos corrieron la misma suerte.
Todos los alumnos son hijos únicos. O eran. Todos los alumnos, todos los niños, todos los futuros herederos, los futuros políticos, escritores, carpinteros, comerciantes, todos estudiaban para prepararse un futuro. Todos eran la esperanza de sus padres, su dedicación para relegar en ellos sus funciones.
Todos eran la esperanza de unos padres que también han muerto en el seísmo, o que lloran la desaparición de sus primogénitos como si su propia alma hubiese sido derrumbada en la misma escuela en la que su niño querido jugaba en el patio del recreo.
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Sobre este blog
Desde La Estepa
RaquelMe llamo Raquel, tengo 18 años recién salidos del horno y demasiadas inquietudes para 24 horas que tiene el día.
Estudio Filología Hispánica en la UR, y me apasiona lo que estudio. Soy de esas pocas personas que se meten a las 'carreras sin salidas'. Lucharé por encontrar un trabajo en lo que me gusta (radio-periódico-escritura) y no vivir pensando en cifras, sólo en estados.
Si hay algo que me describe es observadora e hiperactiva. Me gusta preocuparme por el día que vivo e intentar exprimir los minutos de éste al máximo. Enamorada del mar, de los viajes, siempre dispuesta a evadirme y partidaria de 'alunizaciones' individuales por mi mundo interior.
Influenciada por la gente que quiero, por la radio, por la literatura que absorbo, por mi guitarrita eléctrica, por la buena música.
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