La Rioja
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Cara perro (con perdón de los perros)
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Luismi Cámara | 14-09-2015 | 09:24

A un periodista le toca tratar muchos temas y tocar casi todos los palos, más en este mundo internetero en el que estoy inmerso, pero no creía que me iba ver nunca escribiendo sobre este asunto en particular en primera persona, y menos en un blog que habla sobre baloncesto.
El caso es que este domingo he corrido mi primera prueba de 10 kilómetros. Para un tipo valiente por descarte como yo, más porque pienso por conveniencia que correr es de cobardes que por cualquier otra razón, ha sido un triunfo durante estos últimos cuatro meses mentalizarme, calzarme las zapatillas y salir a ver cómo pasaban los minutos en el crono con la idea de ir acumulando tiempo y kilómetros para poder dar este primer paso.
Además de la evidente necesidad de preparar el cuerpo, lo de las largas distancias me supera por lo que supone de desgaste psicológico. Me parece admirable ver cómo muchas personas tienen la capacidad mental para plantarse en una línea de salida con la vista puesta en una meta que se encuentra a varias horas de distancia y que va a exigirles un esfuerzo máximo.
Por eso, la felicidad de esos últimos metros, de la recta de meta, las grandes sonrisas y los gestos de euforia, incluso las lágrimas de los últimos segundos resultan tan entrañables y emotivas.
Algo habitual es entrar en la meta acompañado de hijos, nietos…. De hecho, mi hermana y yo (que hemos corrido juntos) hemos superado los últimos metros con nuestros sobrinos y mis dos hijos. Sin nadie por delante, sin nadie por detrás. Los críos, entusiasmados; los mayores, encantados; los DrinkingRunners, convertidos en animadores no oficiales de la carrera, alentando; el gran Ángel Andrés, gran speaker del evento, comentando lo simpático de celebrar la llegada en familia.
Todo perfecto, todo alegría. Hasta que cruzamos el arco de meta y nos dirigimos con los peques hacia el área de recuperación y avituallamiento… De repente, oímos unos gritos. “¡Pero qué es esto! ¡Qué hacen estos niños aquí! ¡Fuera de aquí, que se forma tapón!”. Nos giramos. Es una mujer, pequeña, ancha, de negro, malencarada y con cara de pocos amigos. Cara perro  (con perdón de los perros). No sé si su papel era de jueza, guardia de seguridad o jefa del tráfico carreril. No sé quién era. Eso sí, seguro que no era la relaciones públicas del evento.
¿Tapón? ¿qué tapón?, me preguntaba yo mientras pasaba de un estado de euforia a otro de alucinación al borde del cabreo, ese cabreo que ya había alcanzado a mi hermana ante los atónitos ojos de unos críos que no entendían por qué les gritaba esa señora cuando el resto de la gente sonreía y aplaudía.
En mi condición de runner novato defenderé la estupenda organización, la amabilidad de todos aquellos que se repartieron en los muchos puntos de avituallamiento de circuito, el excelente ambiente montado en El Espolón en torno a la carrera desde el día anterior, con las puebas infantiles benéficas, los hinchables y demás. Por eso, me llamó poderosamente la atención la actitud desagradable y desmedida de esta señora entre tanto buen rollo. Sinceramente, no sé si en las normativas existe un artículo que explica que no puede entrar nadie ajeno a la carrera en ciertas zonas por pequeño que sea. Tampoco me importa lo más mínimo. Lo que tengo claro es que no pone que hay que ser desagradable con los atletas cuando llegan a la meta. Si su labor es descongestionar la entrada cuando llegan muchos atletas de golpe, estoy convencido de que podría ser igual de firme y más efectiva en su trabajo si se dirigiera a los corredores con un tono más adecuado para la que es una fiesta del deporte.
Con el mosqueo acumulado, nos estuvimos fijando en si ese tono impropio, incorrecto y grosero, había sido un desvarío puntual o si se repetía con otros corredores. Prefería lo primero… pero fue más de lo segundo. Que un señor entraba solo en la recta de llegada (insisto en lo de solo, porque la entrada de corredores fue más bien fluida y sin ningún tipo de embotellamiento) y cogía de la mano a su hija, bronca al canto si se dejaba de correr hasta superar a la Señorita Rottenmeier; que a un esforzado corredor se le colocaban sus tres orgullosos vástagos al lado mientras los aficionados le aplaudían y coreaban, pues le tocaba lección de gritos pocos metros después… Un sinsentido, vamos.
No estuve listo para ver si tuvo bemoles de ser tan vehemente y elevar tanto la voz para reprender a algunos corredores más ilustres y con más autoridad.
Horas después, pienso en lo ocurrido y hasta siento pena porque, entre tanta gente gozando de la prueba y otros muchos integrantes de la organización atendiendo amablemente a aficionados y corredores, llama poderosamente la atención que haya una persona que no entienda el espíritu de esta carrera y no logre disfrutar con un trabajo y unas situaciones que sólo pueden transmitir felicidad y arrancar una sonrisa.
Lo dicho. Cara perro.

  • alberto.pavia

    Apreciado Luismi: Me alegra mucho que te hayas iniciado en este deporte, practicado y disfrutado por cada vez más y más deportistas, y por otro lado me agrada saber que disfrutaras mucho, salvo por esta circunstancia que citas. Por un lado también tengo perro, y por otro lado, también participo en este deporte como atleta y en otros organismos que intentan fomentarlo, tanto a nivel federado como escolar.Quiero trasladarte cierta información para que en sucesivas ocasiones la tengas en cuenta. Sobre todo, las carreras que se encuentran dentro del calendario de la Federación Española de Atletismo, estén sujetas a unas normas (IAAF), que por otro lado tampoco son nada descabelladas. Estas normas básicas, permiten que aquellos atletas profesionales y federados (quedan prestigio y espectáculo a una carrera) puedan realizar marcas válidas, y por lo tanto acceder con ellas a rankings y campeonatos. Además, al ser una prueba dentro del calendario, la prueba cumple ciertos garantes muy importantes  como son las asistencias médicas,seguros ante incidentes, jurado de la prueba, avituallamientos, etc.En muchas ocasiones se producen, por un lado, inconvenientes para aquellos atletas que se les da la posibilidad de realizar marcas, y por otro,incidentes graves que parten de la iniciativa de los atletas, como es por ejemplo correr con carritos de niños etc. Podría escribir un par de libros a este respecto, casuística hay mucha. Creo que sólo sabe la dificultad y la responsabilidad que conlleva, aquella persona/-as que ha organizado una prueba como la que nos ocupa, y que por cierto desde aquí aprovecho para felicitar. Desde luego, no queremos que ninguna circunstancia desafortunada ocurra en el transcurso de la competición, pero mucho menos que ocurra alguna que quede sin cobertura o a la que no se pueda realizar asistencia.Para mí el atletismo es mucho más que un deporte, y entiendo la emoción y el reto de correr, sólo quiero que reflexiones un poco sobre esta circunstancia. En cierta medida, tu cabreo se debe a la advertencia, quizás dela forma no debida, de algo que no se puede realizar, y que es deber del juradode la competición advertir, y siendo rigurosos debería ser aplicada unadescalificación inmediata. Creo, que prácticamente les indicamos a todas las personas que llegaban con niños, que esas prácticas no son correctas, algunos de ellos amigos y familiares míos, y bueno, respuestas también para todos los gustos y colores. Entenderás que no es plato de gusto decir todo el rato lo mismo,y lo que no se puede hacer, que por otro lado, como atleta que eres, aunque seasnovel, deberías conocer. Para evitar esta moda, hemos sugerido muchas soluciones, por ejemplo, poder hacer fotos con niños pasada la meta con el tiempo de la llegada, pero evidentemente no depende de nosotros.Por otro lado hablas del tapón en la llegada. No se refiere a que unos atletas impidan en paso de los atletas uno tras otro, sino que el equipo de llegadas (que funciona paralelamente al sistema de chips o transponedores) pueda realizar eficaz y eficientemente su función,circunstancia que se ve entorpecida si no se ve claramente el dorsal, o algo dificulta su lectura, como por ejemplo en corredores que portan los niños en brazos.Mis más sentidas disculpas, si por parte del equipo de arbitraje se trasladó esa sensación, pero realmente en ocasiones es necesario advertir de tal circunstancia a los atletas y  no se puede hacer en tiempo y forma como es debido. Creo firmemente que hasta donde se puede se intenta acercar y hacer grata la experiencia a todos los participantes,incluidos los espectadores, pero por otro lado hay que desempeñar el cometido de arbitraje que bastantes veces es ingrato.  Espero que los atletas que lean esto,reflexionen sobre la información que les doy, y que sigamos con la práctica de este deporte con un espíritu constructivo y respetuoso, en el que haya cabida a atletas de todos los niveles.Le aseguro que la persona que cita, conoce fehacientemente el espíritu de este deporte, y como participante en la prueba, le gusta disfrutar de la fiesta que supone el acontecimiento y que debe ser una fiesta para todos.Pues eso…¡a seguir corriendo!.

  • http://www.facebook.com/1539256601 diezcamara_460

    Querido Luismi, me duele especialmente, aunque sé que no hay ningún deseo, que compares su cara con la de los perros que lejos de ser caras desagradables son caras de lealtad, alegría, fidelidad, belleza en sentido puro, te propongo que subtitules dicho artículo (con perdón de los perros). Un abrazo primo

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