La Rioja
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Alma, corazón y vida
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Luismi Cámara | 11-08-2017 | 13:59

galarretaVivo, divertido, gracioso, rápido en la respuesta, cachondo, con su punto lenguaraz, intenso, simpático, sin vergüenza alguna, descarado y de escaso filtro.
Alto, espigado, largos brazos, moreno, atrevido hasta la osadía y la temeridad, con su punto chupón, deseando tener el balón y sentirse importante en el campo.
Así recuerdo al Alberto de hace muchos años, cuando jugaba en Maristas en el equipo de Héctor Gómez. Cuando apenas era un crío, en el campus que organizaba el CAI Zaragoza en Canfranc. Cuando revolvía los descansos de los entrenadores que ya le conocíamos y llamaba la atención de aquellos que todavía no sabían quién era. Con un carisma especial, distinto, que hacía que te aprendieras su nombre el primer día que estabas con él.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Fue antes de que la Federación Española le incluyera en su selecto proyecto formativo del Siglo XXI, junto a los mejores jóvenes talentos del país.
Varios lustros después, su esencia se mantiene. Más maduro, sin duda, pero sigue siendo un tipo de sangre caliente, que dice lo que piensa, directo, poco diplomático, de los que tienen claro que ‘es mejor una vez rojo que mil colorao’. Alero blanco tirador.

Ahora va camino de los 34 años y, con todavía carrera por delante, Alberto Ruiz de Galarreta ya es un histórico del baloncesto riojano, de la LEB Oro y del Clavijo, pese a que este viernes ha puesto punto y final a su relación con el equipo logroñés después de seis años en su ‘roster’ y cuatro como capitán.
Se ha despedido solo en el estrado de la sala de prensa del Palacio de los Deportes de la capital riojana pero, como ha remarcado en su adiós, lo ha hecho acompañado de su familia y de sus amigos, de los que él entiende que dan valor a un club y al baloncesto.
Se va dolido. Deportivamente, desde luego, porque no asimila cómo un equipo se deshace de un jugador con sus números, su trayectoria y experiencia y que se encuentra “físicamente de maravilla”, sin ni siquiera plantearle una oferta. Pero esto, según ha explicado, lo puede entender como profesional con un recorrido tan largo y al que no le ha importado llevarse la casa a cuestas de un lado a otro de España.
Pero le duele más dentro, donde duele de verdad. Se va herido porque pensaba que su vínculo con el Clavijo era hasta el final, más allá de números y euros, porque para él su “primera y única opción” era el conjunto de su tierra, porque cree que el club “no ha hablado claro” con él y porque ha echado en falta “más comunicación en los últimos años” desde la entidad. Y se va tocado porque, para un tipo como él que valora “la honestidad y la palabra dada”, considera que el nuevo entrenador le “ha fallado”. Cuenta ‘Gala’ que Jenaro Díaz le dijo “cara a cara” que contaba con él pero que luego le dio largas esperando que fuera el propio jugador el que decidiera abandonar el barco.
Ahora se va a jugar “a un lugar en donde le quieren” (él sólo desvela que es “en España”, pero se dice que no se marchará muy lejos, no más allá de Oviedo).
Se despide sin decir adiós porque piensa que quizás no sea más que un hasta luego. Hasta ha bromeado con la posibilidad de regresar como técnico (este verano se ha estado sacando el título de entrenador superior).
Cantaban Los Panchos:
“…esas tres cositas nada más te doy;
porque no tengo fortuna
esas tres cosas te ofrezco.
Alma, corazón y vida y nada más.
Alma para conquistarte;
corazón para quererte;
y vida para vivirla junto a ti…”
Alberto quizás soñaba con que su relación con el Clavijo no acabara y que fuera eso: “alma, corazón y vida”. No ha podido ser.
¡Hasta pronto, capitán!

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