La Rioja
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Categoría: Deportes
Especial

Por cosas como éstas adoro el baloncesto. No por el regalo en sí  (aunque por supuesto que también), sino porque grandes detalles como éste te hacen ver que dentro de él hay gente especial que te hace sentir importante aunque consideres que tu aportación ha sido intrascendente.

Estas pequeñas grandes cosas son las que te quedan grabadas, las que recuerdas con el tiempo. Porque las victorias, las derrotas y los títulos son efímeros. Al final, lo que quedan son los recuerdos, las personas, los amigos. Lo demás pasa, esto se guarda en una esquina del corazón.

Hay algunos que saben a lo que me refiero y disfrutan de estos valores auténticos, otros no tendrán la suerte de saberlo nunca.

Tú lo sabes porque eres así y porque cuando se mama desde la cuna se ve como algo natural, pero no lo es.

Muchísimas gracias. Eres especial y te mereces que te vaya bien en todo lo que hagas. La primera hoja y la primera palabra de este cuaderno son para ti.

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Un año más de vida

Se me acabó la temporada. Toca hacer balance. Siempre he pensado que el baloncesto es fiel reflejo de la vida. Como la vida, el baloncesto da constantes lecciones. Aunque no soy ya precisamente un crío, intento seguir aprendiendo. De la vida y del baloncesto.
Varias han sido las enseñanzas recibidas desde distintos frentes. De charlas de maestros y locos apasionados de este maravilloso mundo comprendido entre dos canastas, de debates de tarde de café, de conversaciones nocturnas, de chácharas tempraneras, de reflexiones compartidas en viajes, de paseos con palique, de diálogos de besugos con fondos inteligentes. De experiencias nuevas vividas desde dentro, de otras disfrutadas desde fuera, de algunas sufridas sin quererlo y de otras padecidas queriendo. De malos tragos, de aficiones compartidas, de reencuentros maravillosos, desencuentros encontrados y encuentros desencontrados. De descubrimientos inesperados, de olvidos provechosos, de sueños no cumplidos, deseos inalcanzables, anhelos correspondidos y esfuerzos baldíos. De amigos, compañeros, rivales y desconocidos. De entrenamientos, de partidos, desde dentro, desde fuera, como aficionado, como profesional. De mayores, menores, canijos y abuelos. Lecciones de baloncesto.

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Prometía más

Si el objetivo de la temporada del Campus Promete era la permanencia, el balance final es positivo y la nota es, al menos, de aprobado. Hay que reconocer el mérito que supone seguir en la élite del baloncesto femenino español, pero el sentimiento al cierre de esta campaña es que nos hemos quedado a medias, que el año prometía más de lo que dio.

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Una mafia

La familia… (Pronunciese con voz ronca, respiración lenta, costosa y con sonoridad cercana al ronquido). Concepto mafioso que implica la protección de todos los miembros del grupo, por muchos errores individuales que se cometan o por muy lejanos que estén algunos de sus componentes; la preocupación por los problemas de cada elemento de la manada; la defensa a ultranza como banda ante presencias ajenas y eventualidades diversas; incluso la potenciación de los puntos comunes como muestra de reafirmación de la propia identidad… E implica, además, el placer y la necesidad de celebrar y festejar, en comunidad (cuanto más grande, mejor) y de la forma más animada posible, los días señalados y los aniversarios.
Lo del 26 de diciembre en el polideportivo de Lobete fue un acto mafioso en verde y amarillo. Había un motivo más que justificado para reunir a la familia del BBR: el vigésimo aniversario del club. Y, en un día en el que se habían organizado una serie de actividades, partidos, encuentros y un final gastronómico (como me comentaba Justo Rodríguez -grandes fotos del evento las tuyas, fenómeno-, no hay celebración en La Rioja que no acabe como se merece, es decir, con un festival culinario), la familia respondió mejor incluso que lo esperado, tiñendo las gradas y la cancha del polideportivo logroñés de los colores tan característicos que siempre han acompañado al club.
Sólo con ese sentido mafioso se entiende que, desde las 9 de la mañana hasta las 23.00 horas de la noche, hubiera gente colaborando sin parar en que todo saliera perfecto; que los veteranos y veteranas agitaran durante varias semanas sus respectivos grupos de WhatsApp y quedaran para entrenar y así poder estar lo mejor posible para sus partidos (pese al interés y la emoción, hay que reconocer que ellas demostraron estar mejor -bastante mejor- que ellos); que algunos padres reclamen ya para el 25 aniversario su cuota de protagonismo sobre la cancha; que acudieran a la llamada desde muchos rincones de La Rioja y de fuera de nuestras fronteras regionales y que lo lamentaran con rabia y deseos de que se repita aquellos que no pudieron estar físicamente. Por ese sentido de familia y ese compromiso con los que tanto dieron a los que sólo eran uno críos, también pasó por Lobete Carlota Castrejana. No es que la presencia de nuestra más ilustre olímpica valga más que las de los cientos de personas que pasaron por Lobete, pero es el mejor ejemplo de que, cuando los lazos están bien atados, uno se organiza como puede para acompañar a los suyos en los momentos especiales. Hubo muchos más nombres. Miki, Mazo, Pitu, las Marimares, Chema, Lourdes, Paco, los Pajares, los Martínez-Íñiguez (no te preocupes, Luis, tus hermanos dejaron bien ¿alto? el buen nombre familiar), Nuria, las Marías, Fede (al otro le escondieron las zapatillas…), Gadafi, las Anas… Y muuuuuuchos más.

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Todavía lo estoy pagando…

Tenía pendiente este post desde hace más de una semana. Justo el tiempo que llevo intentando esconder, con cierta vergüenza y paso charlotero, mi dolorosa cojera por las calles logroñesas. Es consecuencia del sobreesfuerzo de correr y saltar más de la cuenta, llevado por la emoción de la causa, del lugar, de la compañía y de un público que se dignó a ver lo que pretendía ser un espectáculo baloncestístico entre amigos. Espectáculo fue, baloncestístico es más discutible.
No ha sido por pereza. Las elecciones me han comido el tiempo, el ánimo y las ganas en estos días. Pero esta mañana, tumbado en la camilla del fisioterapeuta, mientras Sergio Vicens ponía su empeño y su saber en arreglar un cuerpo que ya tiene pocas partes que salvar (gracias, Sergio, por intentarlo), he recordado que debía este post. Me lo debía a mí, se lo debía a todos aquellos que participaron, de una manera u otra, en el partido benéfico organizado por la Federación Riojana de Baloncesto a favor de la Asociación riojana de familiares y amigos de niños y niñas con cáncer (FARO). Y se lo debía, sobre todo, a alguien que hizo especial el día y que me hizo sentirme orgulloso de lo que es, de lo que soy y de ese maravilloso deporte que compartimos.
Porque, aunque lo que iba a pasar en el polideportivo de Lobete por la tarde ya fue especial, lo de la mañana lo fue todavía más. Puede parecer una tontería, un hecho anecdótico, pero realmente era uno de esos momentos que se convierten en recuerdos fundamentales, en anclajes vitales al pasado, en puntos de encuentro futuros y en centro de conversaciones venideras.
Fue el primer partido de baloncesto que vi de Mateo.

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Hoy toca

Ni sábado, sabadete. Ni domingo festivalero. Yo soy de martes. Así que ¡hoy toca!
A mi edad y con un cuerpo cascado como el mío, con uno por semana es más que suficiente. Dos es ya un sobreesfuerzo… y mira que lo intento. Incluso me preparo solo para aguantar más, pero me cuesta tener que darlo todo dos días casi seguidos. En su tiempo podía con uno diario… ¡hasta con dos podía! Ahora, uno cada siete días y controlando los impulsos, no vaya a ser que me rompa y me quede varias semanas en el dique seco.
Pero no pierdo la ilusión. Me alimento también de la alegría de otros colegas más mayores que, como yo, apuntan el martes como día marcado para darlo todo. Es lo que tiene que algo te guste mucho, que a pesar de dolores, achaques y falta de forma y práctica, el deseo de que llegue el mejor momento de la semana y las ganas de hacerlo siempre bien (a estas alturas, ya no se busca hacerlo mejor, basta con no hacerlo peor) vencen a la pereza, a la rutina y a la vagancia que te atrapa sentado en el sofá frente a la tele. A veces, salgo tarde del trabajo con la rabia de que he perdido una oportunidad, que se me escapa hasta la próxima, todavía lejana.

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