Verdaderos hombres y verdaderas mujeres

 

Hace unos cuantos días se ha hablado sobre Amor, la ex concursante de gran Hermano debido a la operación quirúrgica a la que se ha sometido para realizar una reconstrucción de genitales. Ahora no tiene pene, tiene vagina y clítoris y los titulares vitorean “ya es una mujer completa”.

Pero, ¿Qué es lo que hace a una mujer o a un hombre ser lo que son? ¿Los genitales? ¿Un pene es el indicativo principal de que un hombre es un verdadero hombre y una vagina lo es para que una mujer sea una verdadera mujer?

Se trata de una visión completamente reducida y pobre sobre el sexo. Probablemente si una mujer tuviera una cantidad importante de vello, similar a la que frecuentemente tienen los hombres nadie dudaría de la integridad como mujer. Incluso en el fenómeno del hirsutismo femenino (las mujeres barbudas) no se ha planteado nunca tal cuestión.

El proceso de creación de la sexualidad humana  se llama Sexuación y esta se da no solo en los genitales, sino también en el cerebro, en el resto del cuerpo y en otras muchas facetas que rodean a los seres humanos. De tal manera que no tiene por qué coincidir el físico con la identidad sexual.

Para adquirir la identidad sexual, cada persona hace un balance de todos los aspectos sexuados a nivel biológico-psicológico-social que en su conjunto hacen que las personas se sientan hombres o mujeres y, este sentimiento (que lo tenemos todos los humanos) es completo. Nadie es hombre a medias ni mujer a medias.

¿Cuándo viene el problema? En realidad no existe ningún problema. La sociedad ha problematizado la discrepancia entre los genitales y la identidad sexual. Se ha hecho una clasificación prescriptiva del sexo desde los genitales y este hecho se encuentra  institucionalizado siendo el reconocido y aceptado por la sociedad. Pero el sexo no es equivalente a genitales (sexo que se tiene) ni tampoco a conductas (sexo que se hace), sino que el sexo es equivalente al Sexo que se es.

Yo sé que soy mujer porque lo siento así, me expreso y me gusta expresarme como mujer (lo cual no implica que me tengan que gustar por ello  obligatoriamente los hombres, ya que la orientación del deseo es otra cosa diferente)  y aunque (como todas las personas) tengo aspectos más femeninos y mas masculinos no me queda la menor duda de que soy una mujer.

Hace años trabajando como enfermera en un centro geriátrico fui a curar a una mujer que tenía lesiones en la zona genital ocasionadas por el pañal. Al destaparla contemplé un esplendoroso clítoris de aproximadamente 20 centímetros. A excepción de la falta de escroto, tenía un aspecto genital prácticamente similar al masculino.  No siempre había tenido un clítoris tan grande, fue debido a una alteración hormonal que había comenzado hacía unos años. Obviamente esta señora a pesar de tener de pronto unos genitales muy similares a los masculinos se sentía muy mujer y nadie se cuestionaba si por tener un clítoris tan parecido a un pene sería una mujer a medias. Claro, que como he mencionado, sus genitales fueron los esperados normativamente desde el principio de su vida, aunque luego cambiaran. Si hubiera ocurrido al nacimiento el planteamiento hubiera sido diferente, y de hecho así sucede en muchos de los casos de nacimientos de hombres y mujeres con genitales ambiguos.

La conclusión de todo este asunto es que Amor, la joven noticia por su operación de genitales y su reciente estatus de “mujer completa”, reflejó verbalmente lo más importante. Ella fue una mujer completa desde siempre.

Y es que tengas los genitales que tengas, el sexo no se encuentra por allá abajo, sino que es algo mucho más importante y trascendente que todo eso, es un sentimiento, una certeza que tenemos todas las personas y nadie es quién para refutar lo que sentimos que somos.

¿Cómo se sentiría si alguien mañana cuestionara su identidad sexual?

La sexualidad implica diversidad y eso, el respeto a la diferencia.

Ruth Arriero de Paz

Enfermera y sexóloga

diariodelassexualidades@gmail.com

Asexoramiento. Penetración y orgasmos.

Desde Diario de las Sexualidades, queremos agradeceros la confianza que depositáis en nosotras compartiendo vuestras consultas. Poco a poco iremos publicando algunas de ellas con la correspondiente respuesta.

Hoy, una lectora nos realiza la siguiente pregunta:

Consulta:

“Hola me gustaría saber qué posturas son más placenteras para poder conseguir un orgasmo o consejos para llegar a ello. Al jugar con mi clítoris, sí los tengo, pero me gustaría sentirlo con penetracion con mi chico. Muchas gracias”

Respuesta:

Nos preguntas sobre aquellas posturas que resultan más placenteras para conseguir un orgasmo o consejos para llegar a ello.
Antes de todo, nos gustaría dejar claro, que en una relación sexual, con o sin penetración, una de las cosas más importantes es conseguir satisfacción, placer. Muchas veces nos obsesionamos con conseguir una única meta: el orgasmo, olvidándonos de todo aquello que sucede antes de él, de todas las sensaciones placenteras, físicas y emocionales, que podemos sentir.
Ahora bien, decirte que la anatomía de los genitales femeninos no está diseñada exactamente para conseguir orgasmos a través de la vagina. Ésta es una estructura que solamente tiene sensibilidad en el tercio externo de la misma (en la entrada de la vagina). El resto, o tiene muy poca sensibilidad o directamente, no la tiene. Algunas mujeres, sí que alcanzan el orgasmo a través de la penetración únicamente, pero este hecho es más una excepción que una regla. En general, la mayoría de mujeres, necesitan una estimulación directa o indirecta del clítoris para llegar a tener un orgasmo.
¿Cómo puede conseguirse esta estimulación?
La parte que vemos a simple vista del clítoris es lo que se llama, glande del clítoris, pero en realidad, es una estructura mucho más grande que recorre los labios de la vulva y rodea la entrada de la vagina. En función de la sensibilidad que tengamos en éste, nos resultará más fácil llegar al orgasmo con penetración o no. A continuación, te adjuntamos una imagen para que te hagas una idea de cómo es el clítoris en realidad.
Algunas posturas que pueden ayudar a estimular el clítoris durante la penetración, bien sea con la mano o con otra parte del cuerpo pueden ser:
- El misionero (él encima y tú de bajo), puedes ayudarte de la mano para estimularte o incluso ponerte un cojín debajo de las nalgas para hacer que el roce con el cuerpo de su pareja sea mayor.
- Tú encima: hace que puedas controlar el ritmo, la profundidad de la penetración e ir ajustando tus movimientos para que puedas estimular tu clítoris con su pubis o bajo vientre.
- El “perrito”. Esta postura puede permitirte que a la vez que tu chico estimula la parte delantera de tu vagina (que coincide con terminaciones nerviosas del clítoris) con su pene, tú también puedes estimular tu clítoris con los dedos (o puede hacerlo él).
- De lado. Al igual que el perrito, en esta postura, en la que los dos estáis tumbados de lado, podéis jugar con la penetración a la vez que tú o tu chico estimulais el clítoris.
A todas estas prácticas, además de la estimulación manual, pueden añadirse también juguetes eróticos.
Finalmente, te recordamos que a veces es más placentero el camino hasta llegar al orgasmo que el orgasmo en sí. Y sobre todo, aunque tu pareja ya haya llegado, no olvidéis que podéis seguir jugando para alargar el placer de ambos.
Gracias por ponerte en contacto con nosotras, y si tienes alguna otra consulta, no dudes en escribirnos.

Asexoramiento. Primeros coitos.

La entrada de esta semana la vamos a dedicar a contestar alguna de las consultas que nos ha llegado vía email.

Nos parece interesante compartir vuestras inquietudes y dudas conservando el anonimato ya que, es posible que pueda ser de utilidad a más personas que estén pasando por la misma situación.

Consulta:

Tengo 22 años y todavía no he mantenido relaciones, porque había esperando encontrar a alguien que me diera cierta seguridad básicamente. Bueno, en realidad yo esperaba encontrar alguien con la que tener una relación seria, no soy una persona de irse con cualquiera como se juzga a la mayoría de los jóvenes. Yo lo respeto, pero a mi ese plan no me pega. Resulta que he encontrado a un chico con el que llevamos a lo tonto…2 años de encuentros, quedar, hablamos…vamos se podría decir que somos “algo” pero el chico no quiere formalizar nada y yo, tampoco sé si quiero en el fondo, porque en cierto modo estamos bien así. Nos conocemos desde hace 2 años como os he dicho, pero hasta que empezamos a liarnos paso un cierto tiempo. Y digo solo liarnos, porque no había nada mas (por su parte habría habido más, pero yo me negaba) y desde hace algún tiempo, unos 2-3meses la cosa ha avanzado un poco mas pero sin llegar a realzar el acto.  El hecho es que al principio, con esta persona, me daba bastante miedo. Ahora yo creo que miedo no, creo que es porque hay más confianza entre nosotros, pero todavía no hemos conseguido nada.

A ver si consigo narrar un poco mi situación y dejar claras las dudas que tengo.
Cuando lo intentamos a mi me duele, que supongo será algo normal para la primera vez. Antes de intentar la penetración, el chico intento masturbarme pero no funciono tampoco. El enseguida se pone como una moto y yo, o no lo consigo, o si lo consigo es durante periodos muy breves y poco constantes. Quiero decir, que igual yo noto que empiezo a dejarme llevar, pero me dura muy poco y me cuesta llegar a ese punto. ¿A qué se puede deber? ¿A que es mi primera vez y necesito más tiempo? Si consigo mejorar esta situación ¿me dolerá menos?

Y luego, mi siguiente duda. El otro día, viendo que no conseguía masturbarme, el chico intento, a ver si “surtía efecto”, empezar directamente con la penetración. Al principio me dolía menos, o eso creo, pero al final fue en vano también. Pero lo que me preocupa de todo esto es que esto surgió sin protección y no sé qué riesgos se pueden correr y si es muy grave. El no ha tenido muchas relaciones, salvo con una chica y fue hace bastante tiempo. Me preocupa más el hecho de que en el mismo caso pueda caber que de esta manera, me pueda quedar embarazada, coger algo o que se yo. Sería una tontería muy grande y, mas, sin haber hecho nada todavía.

Respuesta:

En realidad el primer coito no tiene por qué doler. Frecuentemente se precipita la penetración y eso hace que la vagina no esté preparada para recibir el pene.  Para que no resulte doloroso debe existir una excitación importante.  El introducir el pene así de primeras no es una buena idea porque no se trata de tener un coito, se trata de que, haciendo cualquier práctica erótica entre vosotros disfrutéis y, una vagina que no está preparada, muy húmeda y relajada, no permite  disfrutar.

No te ocurre nada extraño y puede solucionarse fácilmente.

Las prácticas que mantendríais de roces, masturbaciones etcétera imagino que te resultarían placenteras y te excitarían (por cierto, este tipo de prácticas a menudo son más placenteras para las mujeres por pura anatomía. La vagina no es la principal fuente de placer en la mujer, sino el clítoris.)

La clave está en que cuando tengáis un encuentro no vayáis con la idea del coito, Pensad vais  a compartir  placer. A dar y a recibir. Hacer lo que habitualmente os produjera excitación y mucho placer.  En el transcurso de esos juegos, el cuerpo hablará por sí solo y te permitirá tener la penetración sin problemas ni dolores si te apetece. Si estáis jugando y estas disfrutando mucho y no te apetece realmente la penetración, no pasa nada. Lo que estáis haciendo sin penetración es tan importante como el coito. Podéis seguir así y otro día, sin presiones seguramente apetezca más.  Es importante no ir con la presión de que te van a penetrar por primera vez. Si dejas hablar al cuerpo verás cómo esta práctica no es en absoluto dolorosa aunque sea la primera vez.

Algo que te puede resultar útil es ponerte tú encima. Mientras os rozáis y os excitáis puedes jugar con el pene en la entrada de la vagina e ir controlando tú la penetración. Además esa posición es de las pocas que permite la fricción directa del clítoris.

Sobre lo que me cuentas de la penetración sin protección, riesgo de embarazo no es probable que exista en el tipo de práctica que tuviste, de infecciones de transmisión sexual siempre habría posibilidad de contagio. De todos modos no te obsesiones. El emplear el preservativo es la mejor opción. Primero por salud y sobre todo porque te va a dar tranquilidad y eso te hará sentirte relajada. Si existe un mínimo pensamiento del tipo a ¿y si me quedo embarazada? o ¿y si me contagia algo? la mente hace que los músculos pélvicos se contraigan y por tanto, la penetración duela y no se pueda realizar.

Esperamos haberte podido ayudar. Ya verás como si consigues centrarte en el placer más que en la práctica en sí y dejas llevar tu cuerpo sin pensar en lo que vendrá después consigues que te resulte una experiencia positiva. Háblalo con tu chico para que colabore.

Por cierto, no podemos despedirnos sin contarte que muchas mujeres no consiguen  un orgasmo en un coito sin estimular a su vez el clítoris, así que, en posiciones como la del misionero por ejemplo no te sientas rara si no lo tienes. Es de lo más habitual. Las posiciones que permitan friccionar el clítoris con los movimientos son principalmente las  que permitirán alcanzar el orgasmo.

Os animamos a que nos sigáis consultando tanto a través del blog por mensaje privado, a través de nuestro correo diariodelassexualidades@gmail.com así como por mensaje en nuestra página de facebook o twitter

Facebook: http://www.facebook.com/pages/Diario-de-las-Sexualidades/215222288519178

Twitter: https://twitter.com/DiarioDsexualid

8 de Marzo. Día de la Mujer Trabajadora.

Hace unos días fue 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora.

Que digo yo… que si hay un día concreto en el calendario, es porque hay una necesidad de visibilizar la figura de la mujer trabajadora, la lucha por unos derechos basados en la igualdad…

En la actualidad, vivimos en una sociedad en la que, aunque las mujeres ocupan una posición mucho más positiva que hace años, siguen existiendo ciertos indicadores que nos dejan entrever, que a hombres y mujeres no se les da socialmente la misma consideración laboral, de derechos, de opciones…

¿Alguna vez nos hemos planteado de dónde vienen estas desigualdades?

Para encontrar respuestas, tenemos que remontarnos al momento histórico en el que los primates, comenzamos a andar sobre las dos piernas.

¿Qué relación existe entre la marcha bípeda y la situación actual?

Al erguirnos, la pelvis se estrechó, al igual que el canal del parto. Las crías nacían inmaduras, por lo que el tiempo de crianza era mayor. Fue así como los progenitores se tenían que dedicar más tiempo y de forma más intensa a sus descendientes. Se crearon los vínculos y el enamoramiento, para que los progenitores se mantuvieran unidos durante el tiempo de la crianza, y se desarrollaron conductas cooperativas en las diferentes tareas que existían (las mujeres se ocupaban de la crianza, el cuidado y la educación de las crías y los varones, de la caza, la protección del grupo y la prole).

A lo largo de la historia, se ha magnificado la importancia de la fuerza de los hombres y su papel como cazadores, pero cabe señalar, que eran las mujeres las que tenían mucha mayor importancia social en la etapa pre-agrícola, pues eran las creadoras de vida. La mujer ocupaba una posición de respeto e incluso de veneración y admiración por parte de los hombres, pues eran ellas las que tenían la responsabilidad y el privilegio de transmitir la vida (en esta época, se desconocía la relación entre el coito y el embarazo).

En la etapa nómada o pre-agrícola, existía un “equilibrio social basado en la mutua necesidad, en la complementariedad y en la cooperación entre iguales, sin establecer jerarquías sociales. La inicial división sexual del trabajo, no establecía jerarquías sociales, sino únicamente, distribución de tareas”.

Fue hace unos 10.000 años cuando comienza a desarrollarse la agricultura. Con ella, aparece el emparejamiento monogámico permanente (el actual modelo de familia predominante) y el desarrollo de la noción de propiedad privada. El sedentarismo, el cuidado del ganado, el cultivo de la tierra, la propiedad privada de ganados, tierras y casas, la dependencia económica de las mujeres y el aumento del número de hijos, hicieron surgir el “patriarcado”, el cual hace del padre el centro de la familia.

Un aspecto muy relevante a la hora de entender el cambio en el estatus social de la mujer agrícola, fue el hecho de empezar a observar el papel de las semillas, su relación con el fruto posterior, los ciclos reproductivos de los animales domésticos, etc.  Ahí es donde descubrieron el papel del hombre en el mecanismo reproductivo, relegando a la mujer a un estatus inferior, convirtiéndose en una propiedad más del varón.

Desde entonces, se nos negó una existencia propia, refiriéndose a nuestro sexo como “lo otro”, dando más relevancia al sexo masculino. Nuestros genitales, más concretamente, nuestro clítoris, era considerado un pene inacabado, incluso se nos negó un vocabulario completo para describir la anatomía femenina hasta el siglo XVIII, se patologizó la sexualidad femenina para hacernos creer que éramos defectuosas por no conseguir orgasmos con la penetración con tal de no herir el orgullo masculino entre las sábanas, se nos negó el voto, el acceso a trabajos considerados socialmente como masculinos, y así, un sinfín de derechos.

Estaría bien retomar la noción que se tenía en la etapa pre-agrícola, la idea de que las mujeres somos especiales. Creemos vida o no. Hombres y mujeres somos distintos, ¡no puede ser de otra manera! Pero esa diferencia, ha de tomarse como valor, y no como arma arrojadiza con la que subir a un pedestal a unos y hacer descender a estatus inferiores a otras.

Todas somos auténticas mujeres y merecemos ese reconocimiento.

Tengamos una remuneración o no, todas somos trabajadoras.

 

Felicidades a todas nuestras mujeres, abuelas,

madres, hijas… A las luchadoras que ya no están

Y a las que están por llegar, a las que cada día luchan

en sus batallas individuales y colectivas…

A todas ellas, ¡felicidades hoy y todos los días!

Bárbara Sáenz Orduña

Psicóloga-Sexóloga

Generalidades sobre El Suelo pélvico.


El suelo pélvico consiste en un conjunto de estructuras musculares y ligamentosas que cierran el suelo del abdomen actuando como sostén de algunas estructuras internas como la vejiga, la vagina  y el útero, permitiendo además  el correcto funcionamiento de los esfínteres uretrales  y anales.

En este entramado anatómico, el 70% está formado por tejido conjuntivo y un 30% consiste en tejido muscular.

Cuando existe una buena tonificación muscular en esta zona, las estructuras se mantienen en su posición y los esfínteres actúan de forma adecuada, pero cuando se da una tonificación deficiente, las estructuras ya no se sostienen y se puede producir una disfunción de los esfínteres, pudiendo llegar a la incontinencia urinaria o fecal o el prolapso (salida hacia el exterior) del útero o la vejiga.

La valoración de la importancia del suelo pélvico se inició a manos de Arnold Henry Kegel, médico norteamericano que trabajó desde 1950 con problemas ginecológicos, principalmente relacionados con la incontinencia urinaria y determinadas dificultades femeninas para alcanzar placer genital mediante el orgasmo. Su nombre pasó a la historia por inventar el perineómetro, aparato destinado al entrenamiento de uno de los músculos implicados en el suelo pélvico (Músculo Pubococcigeo) y una serie de ejercicios de esta zona muscular para mejorar el entrenamiento. Los llamados Ejercicios de Kegel.

Progresivamente se ha ido incrementando la atención destinada a esta estructura anatómica, principalmente  en lo referido a la prevención de la incontinencia urinaria en la mujer. No obstante, el entrenamiento y los cuidados del suelo pélvico no son una cuestión exclusivamente femenina ya que,  dicho entramado muscular se encuentra en el hombre también y presenta relación con más aspectos que exclusivamente con los preventivos hacia la incontinencia urinaria.

Algunos factores que pueden afectar al suelo pélvico son:

  • Embarazo. Fundamentalmente debido al peso al que está sometida esta estructura a lo largo del embarazo.
  • Parto. La salida a través de la vagina provoca cierto daño en la musculatura pélvica que puede ser minimizado mediante un entrenamiento apropiado antes, durante y después del embarazo.
  • Determinados deportes.  Especialmente aquellos en los que se llevan a cabo saltos e impactos. Las abdominales clásicas  no son recomendables, debido a que la mayor parte de las personas que las realizan no mantienen la posición adecuada para evitar un exceso de presión en la zona abdominal. Este hecho ha sido contrastado principalmente por Marcel Caufriez. Caufriez M. (2005), encontrando en su estudio que tras un mes de realización de abdominales clásicas, el tono muscular del suelo pélvico de las mujeres estudiadas se había reducido considerablemente.

  • Menopausia. Debido a los cambios hormonales, especialmente estrogénicos, que provocan una pérdida de flexibilidad y cierta atrofia e hipotonía.
  • Herencia.
  • Hábitos de vida. Retener la orina, empleo de prendas ajustadas, tabaquismo, etc.
  • Otras: Obesidad, estreñimiento, tos crónica, estrés, etc

Aunque lo mencionado anteriormente se refiere principalmente a factores que reducen la tonicidad del suelo pélvico, existen a su vez complicaciones derivadas de un exceso de tono muscular que podría reflejarse como ejemplo más claro, en determinados tipos de  estreñimiento.

Llevando una vida saludable con cierta actividad física no agresiva para esta musculatura y realizando ejercicios preventivos para mantener tonificado el suelo pélvico se puede prevenir la incontinencia urinaria, las dificultades para el inicio y mantenimiento de la erección, así como mejorar las sensaciones placenteras ante la presencia de un orgasmo.

En artículos posteriores se mostrarán algunas formas de tonificar esta musculatura así como elementos destinados al entrenamiento, recursos de asistencia y consejos para mantener un suelo pélvico saludable.

Ruth Arriero de Paz

Enfermera-Sexóloga

ruzarriero@hotmail.com

diariodelassexualidades@gmail.com

 

 

Vibradores ¿Historia o Histeria? Post en Audio

 

Os dejamos la entrada de los Vibradores ¿Historia o Histeria? En formato audio.

Y aprovechamos para recordaros que podeis enviarnos vuestras consultas a través del formulario de contacto del blog o a través del correo

diariodelassexualidades@gmail.com
Os deseamos una Feliz semana desde el blog de Sexo, salud y placer. Diario de las sexualidades!!!!!!!!

 

Vibradores… ¿Historia o Histeria?

 

¿Cuándo surgieron los primeros vibradores? ¿Para qué se utilizaban? Hoy en día, ¿tenemos una visión positiva o un tanto frívola de su uso? ¿Alguna vez nos han dicho que somos unas/os histéricas/as? ¿Qué relación existe entre los vibradores y la histeria?

Actualmente, la Real Academia Española nos dice que la “histeria” es:

(Del fr. hystérie, y este del gr. ὑστέρα, matriz, víscera de la pelvis).

  1. f. Med. Enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces ataques convulsivos.
  2. f. Estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala.

 

La histeria aparece por primera vez en los escritos médicos en Egipto, dos mil años antes de nuestra era, pero no fue hasta el siglo V a. C. cuando empezó a tomar forma la definición clínica occidental de enfermedad. Durante muchos siglos se mantuvo la creencia de que la histeria provenía de la enfermedad del útero, incluso Platón, aseguraba que era el útero el que se paseaba por el cuerpo causando problemas.

La histeria, era un conjunto de síntomas que variaban mucho entre las aquejadas y sus médicos: “desmayos, síncopes, edemas, nervios, insomnio, sensación de pesadez en el abdomen, espasmos musculares, falta de aliento, pérdida de apetito o por el sexo con la pareja masculina autorizada, y a veces, tendencia a causar problemas a los demás”.

¿Qué circunstancias provocaban la histeria?

-          Falta de suficiente copulación.

-          Falta de gratificación sexual.

-          Privación sexual.

-          Masturbación excesiva.

-          Insatisfacción marital.

-          Acumulación de fluidos en la vagina.

-          Retención de la semilla tanto del hombre como de la mujer en el interior de ésta convirtiéndose en fluidos corruptos y venenosos.

La histeria aparecía con más frecuencia en aquellas mujeres de la época a las que no se les permitía tener relaciones sexuales: jóvenes solteras, viudas y monjas. A pesar de ello, la histeria era la más común de todas las enfermedades crónicas y un gran porcentaje de mujeres la presentaban en algún momento de su vida variando el nivel de gravedad.

El tratamiento más recomendado para tratar la histeria era el matrimonio y la cópula. Si éstos no eran posibles, entonces se pasaba al tratamiento más frecuente a lo largo de la historia: el masaje genital a manos de médicos o matronas produciendo en la paciente lo que entonces se conocía como “paroxismo histérico”. Éste último consistía en una serie de contracciones uterinas acompañadas de movimientos del cuerpo y seguidas por un estado de relajación en la mujer… ¿nos recuerda a algo?

En el siglo XIX, los médicos no se ponían de acuerdo en si era la privación o un exceso de sexo la causa de la histeria, y si la masturbación era una causa o un síntoma. Se confundía constantemente el remedio con la enfermedad, atribuyéndose en muchas ocasiones esta enfermedad  a la masturbación, pero recomendando la misma para su tratamiento, camuflada bajo la recomendación de masajes en la zona genital por parte de médicos y matronas.

En palabras de un psiquiatra de la época, se definía la histeria como “la papelera de la medicina a la que uno tira todos los síntomas que le sobran”.

Pero… ¿qué se escondía realmente detrás de la definición de la histeria?

En realidad, la histeria era la etiqueta médica (y patologizadora) que se daba a todas aquellas mujeres que no alcanzaban el orgasmo con sus maridos solamente a través de la penetración. Una visión de la sexualidad centrada en el hombre, en la que se procuraba que la autoestima de éste nunca saliera perjudicada.

Freud, padre del psicoanálisis, fue el primero en diferenciar dos tipos de orgasmo: el clitoriano y el vaginal, siendo este último el adecuado para las mujeres adultas y relegando el primero a aquellas mujeres inmaduras. Estos argumentos, considerados de peso en su día, corroboraron el hecho de que aquellas mujeres que no tuvieran orgasmos a través de la penetración vaginal, eran defectuosas o estaban enfermas. Hoy en día, la evidencia científica nos confirma que solamente existe un tipo de orgasmo, el clitoriano.

Estudios recientes en España, Arriero, R. y Murillo, E. (2011), han confirmado que el porcentaje de mujeres que necesita la estimulación del clítoris para alcanzar el orgasmo, es superior al de aquellas que llegan al clímax solamente con la penetración.

Así, después de lo que hemos dicho, se concluye que la histeria era solamente el funcionamiento normal de la sexualidad femenina, no debería sorprendernos que casi todas las mujeres mostraran síntomas…

Peter Gay, un devoto de las contribuciones de Freud, abrió una cuestión que tuvo una verdadera importancia para comprender la histeria como paradigma de enfermedad. Decía que: “Negar los deseos eróticos naturales de la mujer era una salvaguarda de la adecuación sexual del hombre. Se comportara como fuera, siempre sería lo bastante bueno. Ella no pediría más. Si lo hiciera, se la podría etiquetar de histérica y mandarla al médico a que la tratara, eliminando así la amenaza a la autoestima de su compañero sexual y conservando la norma androcéntrica de penetración hasta el orgasmo masculino”.

Las mujeres se convirtieron para médicos y matronas en una fuente constante de economía, pero los masajes genitales, además de requerir una destreza manual importante, también se invertía un tiempo considerable en llevar a las mujeres al paroxismo histérico… No es de extrañar que muchos fueran los que investigaran la forma de cosechar los beneficios del masaje pélvico y que a la vez evitara la costosa inversión en habilidad y tiempo.

Comenzaron así a ponerse de moda los balnearios, las duchas a presión, la maquinaria para masajes eléctricos, incluso las sillas saltarinas… Hasta que en 1880, Joseph Mortimer Granville, inventó el vibrador electromecánico moderno. Estos aparatos, comenzaron a salir de las consultas médicas para introducirse en los domicilios. Las mujeres ahorraban en sus visitas semanales, lo podían usar cuando quisieran y tantas veces como quisieran e incluso las más atrevidas, podían hacer partícipes a sus maridos.

Fue así como en 1960, los masajeadores pasaron a venderse como juguetes sexuales, porque el camuflaje que se había mantenido hasta ahora no era sostenible. Ya no.

La histeria se eliminó como trastorno mental en 1952, se comenzó a conocer más sobre la sexualidad femenina, los masajes pélvicos de entonces eran las masturbaciones de ahora y los paroxismos histéricos… ¡los paroxismos histéricos eran orgasmos!

Y de aquellos polvos, vienen estos lodos… Hoy en día nos encontramos con mujeres que se sienten mal por no alcanzar orgasmos con la penetración, mujeres que no conocen sus genitales porque en su día eran la causa de sus problemas y un lugar infectado que era necesario “purgar”, como si de un radiador se tratara, mujeres que fingen orgasmos para no dañar la autoestima sexual de sus parejas… ¿y los hombres? Los hombres también son víctimas del concepto de sexualidad que la sociedad ha ido manteniendo… Los hombres sienten que son los responsables de su placer y del de su pareja, que no pueden dudar ni fallar, porque se les ha hecho creer que han de nacer sabiendo dónde y cómo tocar.

Bárbara Sáenz Orduña

Psicóloga-Sexóloga

Contacto: barbara.s.orduna@gmail.com

diariodelassexualidades@gmail.com

 

Parte de la información aquí expuesta la podéis encontrar en:

Maines, Rachel P. (2010). La tecnología del orgasmo. La histeria, los vibradores y la satisfacción de las mujeres. Barcelona: milrazones.

Post en audio. Por una accesibilidad sin barreras.

 

Desde nuestra visión de la sexualidad humana consideramos que la diversidad es uno de los pilares principales y fundamentales. Por ello, las entradas del blog no solo estarán en el formato escrito.

No todo el mundo puede leer y este hecho en ningún caso debe ser una barrera.

Así que os adjuntamos esta primera entrada en un formato que permita la accesibilidad a todas las personas.

Os deseamos un feliz fin de semana

Bárbara y Ruth

Comenzamos!!!

 

¿Qué queremos decir cuando hablamos de sexo? ¿Sabemos tanto de sexo como creemos? ¿Hablamos sobre ello en nuestro entorno? ¿Qué imagen tenemos sobre nuestra sexualidad?

Aunque en la actualidad todo lo relacionado con la sexualidad se trata de una forma más desinhibida que hace años, todavía existen temas tabú de los que cuesta hablar.

La sexualidad es uno de los ámbitos más íntimos de las personas, pero… si lanzáramos al aire la sugerencia de que nos dijeran la primera palabra que se les viene a la cabeza al escuchar “sexo”, ¿Pensaríamos en coitos?, ¿genitales?, ¿tal vez penetración y otras prácticas?…

Realmente, cuando hablamos de sexo nos referimos al hecho de ser hombres y mujeres.

Y es que todos somos sexo, independientemente de que llevemos a cabo prácticas consideradas sexuales o no, aunque de forma habitual, cuando pensamos en la palabra sexo la solemos relacionar con los genitales, con los coitos y con los orgasmos. Por ello, es necesario ampliar el campo de visión y conseguir trasladarnos de los genitales a un cuerpo repleto de terminaciones nerviosas, de los coitos a la gran variedad de prácticas eróticas y comunicativas, todas ellas válidas, y de los orgasmos a la satisfacción y el placer físico y emocional que podemos obtener de todo ello.

Gran responsabilidad del modelo sobre sexualidad que hemos ido construyendo con el paso del tiempo recae en los medios de comunicación, que bombardean continuamente con elementos que son captados como sexuales. Solamente hemos de prestar atención a cualquier película, anuncio publicitario, serie televisiva o programa magazine.

Entonces… ¿con qué objetivo nace “Diario de las Sexualidades”?

Desde este espacio, se pretende dar la oportunidad a los lectores y lectoras a que se conozcan más como los hombres y las mujeres que son, a que acepten su sexualidad y la de los demás, tanto si son similares como diferentes y a vivir y expresar su sexualidad de una forma satisfactoria. Todo ello desde una visión global de la sexualidad humana que contemple la diversidad y sea accesible a toda la población.

Queremos crear un lugar de debate desde el respeto, donde todos podamos aprender de todos, donde hablemos de hombres y de mujeres, de niños y niñas, de adolescentes y adultos, de ancianos y ancianas, de discapacidades, de dudas y dificultades, de diversidad, de placer, de salud… en definitiva, de SEXO.

Nos gustaría que nos propusierais sugerencias sobre temas que queráis que tratemos, contestaremos vuestras dudas siempre desde el anonimato y os ofreceremos una gran variedad de temas que sean de vuestro interés, recursos, materiales audiovisuales, noticias de actualidad, páginas web…

Las formas para poneros en contacto con nosotras son:

- A través del blog.

 

- Mediante nuestro correo electrónico:

diariodelassexualidades@gmail.com

 

- Siguiéndonos en Facebook:

http://www.facebook.com/pages/Diario-de-las-Sexualidades/215222288519178

 

¡Casi se nos olvida! Diario de las Sexualidades está formado por :

Ruth Arriero. Enfermera, Sexóloga y estudiante de Psicología y

 

Bárbara Sáenz. Psicóloga y Sexóloga.

 

Esperamos que nos acompañéis en esta aventura que empieza hoy.

 

 

La Rioja

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.