LA LOTERIA.

Un año más las mismas esperanzas de que nos toque el gordo y podamos...dejar de decir que nunca nos ha tocado. Antes la cuestión era otra. Te tocaba el grueso navideño y hasta se podían plantear un par de años sabáticos, sin madrugones ni jefes pesados que te gritan al oído cada vez que llegan de casa alterados por la bruja de su esposa. Pero ahora, desde que Pedrito Solbes asegura que los españoles no nos hemos dado cuenta aún de lo que vale un euro, el gordo de la lotería es un apaño para tapar menores agujeros (probablemente hipotecarios). Jugar a la lotería de navidad es como irse a tomar vinos. Una costumbre social en la que el intercambio se convierte en regla básica. Si quieres que tu vecino te dé parte de su número, tú debes rascarte el bolsillo y darle una parte del tuyo. Lo de las participaciones no es tampoco agua menor. Las hay de todo tipo, condición y color : de la asociación de autoescuelas libres y monoteístas, del club de bailarines de claqué, de la agrupación de castañeras valientes y hasta de los partidos políticos. Que este año no sé si decidirme por la cofradía del Santo Rosario ó por la agrupación carlista de Valverde del Camino. Total, luego llega el día D y todo ese papel multicolor es cómo un epitafio al osado crédulo. "Pero, ¿tú aún crees en esas cosas?-me decía un amigo el pasado fin de semana. La mejor lotería es el trabajo", aseguró guiñándome un ojo con desgana. Y la verdad es que razón no le falta. La vida es un sueño y los sueños, sueños son. Y hasta que llegue el día veintidós, seguiremos soñando despiertos. Qué Dios reparta suerte.

Escrito por: jcuatrecasas 0 comentarios 17 Dic 2007 URL Permanente

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