Mercado del Santo Tomás.

Todos los 21 de diciembre, desde tiempo inmemorial, se vienen celebrando en muchos puntos del Norte de España, los sabrosos mercados de Santo Tomás, altares de la culinaria rural y tesoros tradicionales. Llevo muchos años asistiendo al que se celebra puntualmente en Bilbao y aparte del típico talo con chistorra, elocuente conglomerado con aromas de caserio y hierba fresca, mis retinas tienen grabadas las imágenes de alubias de la tierra, lomo fresco y curado, morcillas de puerro, miel, capones y gallinas, queso de Idiazábal ligeramente ahumado, pimientos choriceros que avanzan hacia un colosal ágape de bacalao a la vizcáina, chacoli efervescente, manzanas de pobre aspecto pero descomunal sabor, pan de pueblo, nueces impactantes, y aldeanas listas que te clavan la voz regateando como cosacas del Don. Los mercados de Santo Tomás emergen de pronto en los inicios de la Navidad, cómo regalo de los pueblos a las ciudades, volcando toda la mercancia a los píes de los insípidos y estresados urbanitas, que sufrirían diferenciando una oveja merina de una cabra montesa. Santo Tomás y sus mercados son a nuestra Navidad, lo que los pastores al Belén. Puro campo, ferviente tradición, aromáticos recuerdos, hechizante nostalgia.

Escrito por: jcuatrecasas 0 comentarios 19 Dic 2007 URL Permanente

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