Del conejo al consejo hay un largo trecho.

No paro de recibir estos días mensajes de móvil en donde además de felicitarme la Navidad se bromea con el asunto del conejo de Zapatero. Entiendanme : no el conejo que todos llevamos dentro, ni siquiera aquel que hace referencia a una zona determinada de la anatomía femenina. O puede que sí. El consejo de comer conejo en Navidad, sustituyendo el tradicional cordero judío y hasta la perdiz cazadora, ha caído en saco roto. Que ya me gustaría a mi ver lo que han comido en casa de los señores de Rodríguez Zapatero ó en la de los Solbes. Conste que quién escribe esto es un amante apasionado del conejo guisado con caracoles, plato rústico de rancio abolengo donde los haya, que acompaña bien a una copa de vino de Rioja. El conejo es plato de todo el año, no de Navidad. Conozco un par de señoras de la Rioja Baja que lo preparan con amor y de cuya alquimia nacen elegantes esencias que traspasan los límites razonables de la gula. Y aunque me encanta desarrollar mis instintos primarios de gargantúa delante de un buen plato de conejo guisado, con su pimiento, ajo y cebolla, y esos caracoles celestiales escoltando al granjero roedor, entiendo que lo de nuestro gobierno es pedir peras al olmo. Una cocina tan variopinta y sabrosa como la española no se puede ceñir en plena Navidad a la dulce estampa de un conejo. ¿Dónde quedan, señor Zapatero, los capones, los faisanes, las pulardas, las perdices, malvices, sordas y liebres?. Ahorrar a base de comprar conejo en el mercado en lugar de cordero es una insolente tontería. Una más de las muchas a las que nos han acostumbrado. Ahorrar, se ahorra sometiendo a la Ley de Irpf a unos cambios equitativos que favorezcan el ahorro familiar, cuestión que por cierto no es compatible con la política económica del socialismo español. Manía la que tienen ustedes, per secula seculorum, de machacar al contribuyente. No hay más que ver la última reforma en donde por ejemplo se eliminan las deducciónes por dividendos en los tenedores de acciones con cotización en bolsa. En mi casa, el conejo se come todo el año. Y bien bueno que sabe. Pero en Navidad, señor presidente, el conejo para usted. Y tenga cuidado, que igual pega un brinco y se le escapa por la ventana de La Moncloa.

Escrito por: jcuatrecasas 2 comentarios 27 Dic 2007 URL Permanente

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

palvarez dijo

Pues mi padre hace unas paellas con conejo...

jcuatrecasas

jcuatrecasas dijo

También suculentas...no se me olvidan.
Saludos

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