Bolsa de cotillón.
Doña Paca, que además de ser mi portera de toda la vida es una mujer de la antigua usanza, me ve llegar todos los años con las luces del nuevo año, procedente de un maldito cotillón alcohólico y chapucero. Son esos cotillones, nada que ver con los lujosos saraos navideños del Palace ó la magna efervescencia que desprende la nochevieja del Ritz, en los que un gin tonic de beefeater es cómo el arca perdida de Indiana Jones. Un tesoro, un dogma de fe. Lograr un regate en el área de la pista de baile, correr la banda esquivando tacones de aguja y meterse entre las legiones de insensatos, hasta alcanzar la barra, es todo un ejercicio coreográfico con premio final. Los cotillones llegan con la Navidad como el pavo relleno, la lotería ó el cuñado petardo. Estos días previos al treinta y uno, la gente se arremolina por las calles intentando elegir el sitio perfecto en donde despedir el año rociado por las gotas de sudor del vecino y embalsamado en ginebra de garrafa. A fin de cuentas, un cotillón no es más que una oportunidad de olvidar el tiempo pasado poníendose morado a cubatas. Porque en los cotillones se habla poco ó nada. El ruido de un cotillón es directamente proporcional a la calidad del mismo, cuanto más estruendo mejores ilusiones para el nuevo año. El año pasado estuve en un cotillón hotelero en donde las mujeres hacían barricadas en cuanto un hombre se les acercaba. Eran todas más sosas que un plato de pollo hervido. Por eso me puse a beber incansable, ginebra inglesa de importación con zumo de limón y agua tónica. Mucho hielo en el vaso y en el exterior. A lo más, pude divisar un escote en la lejanía. Las bolsas de cotillón siempre traen matasuegras, serpentinas y bengalas, y por culpa de estas últimas el año pasado se me quemó un traje de Armani al punto que tuvieron que regalarme otro el día seis de Enero. Un cotillón con bolsa termina sirviendo para vomitar. Por eso, este año con permiso del Ritz, el Palace y Paca la portera, me quedo en mi casa bebiendo champaña y comiendo turrón del guipuzcoano Eceiza, que seguro que comienzo el año con menos sobresaltos y más gloria.
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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario
onda dijo
Y harás muy bien, querido amigo, aunque la foto que incorporas no sería de las peores fiestas.
Una de mis ilusiones es pasar el fin de año fuera de España, quizá en un crucero por Italida, con muchos escotes jejeje, aunque el casamiento obliga ya sabes.
Fuerte abrazo y todo lo mejor para el 2008, ¿fin quizá de ZP?.
jcuatrecasas dijo
Bueno, bueno. Lo de Italia está bien pensado.
Y lo del fin de zetapé ni te cuento.
Lo de los escotes, es sólo un comentario jocoso, ya sabes. jejejeje.
Un abrazo y FELIZ AÑO NUEVO.
palvarez dijo
Hombre, escotes no sé, pero en esa foto alguna zagala de buen ver ya asoma. Yo también me q
palvarez dijo
Hombre, escotes no sé, pero en esa foto alguna zagala de buen ver ya asoma. Yo también me quedaré en casa en Nochevieja, aunque por imperativo legal.
Feliz año a todos. (Y yo lo de ZP no lo tendría tan seguro)
Saludos
palvarez dijo
Este cacharro se ha vuelto loco...
jcuatrecasas dijo
Yo tampoco estoy seguro de lo de zp aunque puestos a pedir a los Reyes sería mi regalo ideal, igual que el de muchos españoles.
La foto no es mía, lo siento pero las zagalas de buen ver no las conozco.
Saludetes.
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