100 KILOS DE LOCURA

La salvaje mecha de la locura criminal ha vuelto a prenderse esta madrugada, asesinando a un agente de la Guardia Civil e hiriendo a cuatro de sus compañeros. El lugar de la agresión terrorista, la pequeña y tranquila Legutiano, junto al pantano de Urrúnaga. La diferencia con las anteriores bombas de Eta : esta vez no avisaron y llenaron la furgoneta trampa con cien kilos de explosivos. El canto a la sinrazón de la banda terrorista es una melodia cruel, sanguinaria y llena de tópicos obscenos, a la par que falsos. Su lucha nunca tuvo motivo y quienes pretenden ver en esa pandilla de chiflados un ejército libertario rezuman necedad.

Pensar que un hombre de cuarenta y tantos, padre de familia y marido, ha muerto por la obsesión enfermiza de un ó unos chalados, produce asco. Porque el Guardia Civil asesinado era antes que nada, ser humano. Padre, esposo, hijo. Y su asesinato nos obliga a seguir condenando, a seguir adornando nuestros discursos y escritos con aquello de "no lo lograrán aunque nos aniquilen a todos". Y el tedio de la rutina en la condena resulta tan cruel como el propio crimen.

Porque aunque sea cierto que el crimen de Legutiano es condenable, perseguible y repugnante, también es cierto que los ciudadanos de bien, los que creemos en la Ley y el Estado de Derecho, no podemos ni debemos seguir arrastrandonos sólo por la senda de la condena, por muy tajante que esta sea. Todos los actos de terror deben ser perseguidos no ya judicialmente, también socialmente, para verguenza de quienes siguen sin condenar ó condenando entre dientes y con el cínico recurso de las medias tintas.

Descanse en paz Juan Manuel Piñuel Villalón.

Escrito por: jcuatrecasas 0 comentarios 14 May 2008 URL Permanente

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