Ahorremos hermanos
Tras "Eurocopas", nervios, alegrías y resacas nacionales sin complejos, viene apretarse el cinturón. Es una pena que nos tengamos que despertar tan repentinamente de ese sueño que tantas generaciones no habíamos vivido todavía y que esperábamos como agua de mayo. No todo en la vida es de color rosa, o mejo dicho, de color rojo. Demos así pues un último adiós al gol de Torres, a la contudencia de Senna o a las paradas de Iker y aprovechemos para saludar al cada vez más efímero billete de 50 euros que cada vez se despide antes de nuestros bolsillos.
Hace unas semanas ya dijo el señor Presidente en las estimaciones del Gobierno que nuetras economías familiares no iban a notar un ligero respiro hasta el segundo semestre del año que viene, pero es que quizá sea más tarde cuando empecemos a sentir que ahorramos. Así que ya lo saben, nos queda algo más de un año de subidas de los tipos de interés, verduras más caras y gasoil por las nubes. Como no podía ser de otra manera, la luz también va a expirimentar un ligero ascenso más que comprensible pero que viene en el momento menos deseado.
En una economía como la española, en la que importamos gran parte de las materias primas que se utilizan para generar electricidad (petróleo, gas y carbón), parece lógico que debamos incentivar un uso responsable que nos permita contaminar menos pero, sobre todo, ahorrar más. Eso sí, parece que esto no nos entra en la cabeza. Como si nos erigiéramos como unos "nuevos ricos", los españoles no somos conscientes de lo que realmente cuesta la luz o el agua y por ello nos dedicamos a derrocharla porque no notamos grandes "puñaladas" en los recibos. Siguiendo este pensamiento, dejamos encendidas las luces de las habitaciones donde no estamos, derrochamos agua por el grifo cuando nos cepillamos los dientes o bajamos el aire acondicionado hasta la gélida temperatura de 18 grados.
Por este uso irresponsable, y por la cada vez mayor dedicación de recursos estatales para pagar la diferencia que no se nos grava a los consumidores, se hace necesaria una subida de precios en los recibos de luz y agua. Sólo de este modo empezaremos a equipararnos a nuestros socios europeos que han tomado conciencia hace muchos años. Y es que no hay otro remedio, así funcionamos en este país. Las campañas nacionales y autonómicas no sirven de mucho para el joven currela o el gran triunfador que galopa en su tan contaminante todoterreno. Hay que ser más contundentes y así lo ha sentido el Ministerio de Industria. Quizá no sea el momento más adecuado (esté tipo de subidas se tendrían que haber dado hace 4 años como mínimo) pero sí el más necesario.
Toca entonces apretarse el cinturón, intentar utilizar menos el coche y subir la temperatura del aire acondicionado a los 24 grados porque es verano y, en verano, lo propio es pasar algo de calor. Ahorremos hermanos.
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