Ética Laica, por Bernart Ribot Mulet

Una vez eliminadas las creencias y haber restituido a la razón el lugar que le corresponde como único pedestal que sustenta el conocimiento, debemos exigir que sea esta misma razón la que ilumine las bases que diriman la moralidad o inmoralidad de los actos, eliminando todos los escrúpulos irracionales que dificulten, tanto los derechos de los seres sintientes como su bienestar.

La principal particularidad de una moral religiosa es que sitúa la voluntad de sus dioses por encima de la felicidad humana. Una voluntad que, confeccionada y manipulada por la casta sacerdotal, se transforma en el pretexto para domeñar a sus súbditos. Por lo tanto, es totalmente imprescindible que el bienestar y la felicidad -tanto de los animales como del ser humano- sean el único y principal objetivo de su existencia, haciendo de la razón el sustento de la ética laica. La consecución del bienestar social pasa por respetar los derechos ajenos que constituyen la fuente de la dignidad. Sólo los seres sintientes poseen esa cualidad consistente en el derecho inalienable a no sufrir y que conforma la base de los demás derechos. En consecuencia, el análisis de la moralidad de un acto se realizará en función de las consecuencias negativas, directas o indirectas, que se puedan derivar de tal acto y que se traducen en el posible sufrimiento o conculcación de derechos de los individuos que intervienen en él.

La ciencia moderna nos ha proporcionado los suficientes datos para saber qué seres son capaces, en virtud de su sistema nervioso y neurológico, de padecer sufrimientos tanto físicos como psicológicos, porque estamos en condiciones de afirmar que sólo los seres sintientes son sujetos de derechos quedando excluidos de esta particularidad todos aquellos seres orgánicos -tanto si son de origen animal como si no, y pertenezcan a la especie que sea- que por su incompleto desarrollo o por sus características inherentes a su especie, no hayan desarrollado los sistemas orgánicos que capacitan para sentir dolor o placer. Nunca podrá ser fuente de derechos la pertenencia a una especie por el hecho de sentirse privilegiada respecto de las demás.

Los seres humanos deberemos meternos en el mismo saco con todas las demás especies, incluidas todas las etapas de desarrollo desde la concepción hasta el desarrollo completo del individuo. …

El abuso de poder que ha ejercido desde siempre el ser humano sobre el resto de las especies, erigiéndose en el rey de la creación, y que fue acuñado por Richard Ryder con el término de “especieísmo”, no sólo ha conculcado los derechos de los animales sino que -apoyado por creencias religiosas y, por tanto, en contra de la razón- ha convertido un conjunto de células sin ningún sistema de conciencia física ni psicológica, en un ser muy superior a todos los animales irracionales, incluidos aquellos que, a través de experimentos, nos demuestran que son capaces de tener un cierto grado de autoconciencia. Unicamente desde los escrúpulos morales, se puede hacer de un embrión o un feto humano un sujeto de derechos y más importante que cualquier animal irracional.

eticalaica2.jpg El tan aclamado -por la Iglesia Católica- argumento del derecho a la vida tanto del embrión como del feto, aparte de no sostenerse en pie, se vuelve en su contra al tener que admitir el hecho incuestionable de que todo derecho implica, necesariamente, el mismo derecho a lo contrario; dicho de otra forma: todo derecho es renunciable. Lo contrario supondría una obligación, por lo que no se podría hablar de derechos. En consecuencia, el derecho a la vida supone, en la misma medida, el derecho a la muerte. Afirmar que la vida pertenece a Dios y sólo él puede quitarla convierte el derecho a la vida en un eufemismo que encubre la obligación de vivir. Pero, la Iglesia Católica es cada vez más reacia a utilizar argumentos religiosos para respetar la libertad de conciencia, viéndose obligada a buscar en el cajón de la lógica argumentos a través de los cuales pueda demostrar la inmoralidad de ciertos actos tanto a creyentes como a no creyentes, utilizando el conocido “contra natura”, el ya analizado derecho a la vida o la dignidad humana cuando se trata de eutanasia.

¿Quién, sino el sujeto de un derecho, puede decidir la ejecución o no de su derecho? Nadie puede decidir por otro -a no ser que se sepa de forma clara su voluntad y que el sujeto de derecho no pueda explicitarla. Si el embrión o el feto tuvieran derecho a la vida deberían ser ellos y no la sociedad quienes decidieran. Pero, ni el embrión ni el feto pueden tener derecho a la vida. En todo caso, el feto que haya desarrollado lo suficiente el sistema nervioso central como para poder sentir, tendrá el mismo derecho y dignidad que el resto de animales sintientes. Es evidente que a la luz de la razón no hay nada que justifique el derecho a la vida de un feto humano y no pueda justificarlo, igualmente, del resto de animales. ¿Cómo surge, entonces, el derecho a la vida? Todo derecho surge de un deseo -explícito o implícito- por o de algo. Mas, no todos los deseos producen derechos. Aunque sea lícito desear algo que no te pertenece, ello no da lugar siempre a un derecho sobre ese algo. En cuanto al derecho a la vida no puede nadie decidirse por ella hasta que haya llegado a desarrollar la inteligencia y autoconciencia necesaria para conocer de primera mano lo que es vivir, requisito indispensable para que alguien tenga ilusión por la vida y pueda anunciar al mundo su deseo de vivir. Pero, no olvidemos que ese deseo es tan respetable como el deseo de morir; la dignidad humana implica la propiedad de sí mismo; nadie tiene la propiedad de la vida ajena. ¿Pueden el embrión o el feto desear vivir? Evidentemente, no; como tampoco pueden desear la muerte. El conocimiento que puedan tener dichos organismos acerca de la vida o de la muerte es nulo y, si tuviéramos que guiarnos por su nivel de autoconciencia, ésta es infinitamente inferior que la de cualquier insecto del que no nos preocupa lo más mínimo su posible derecho a la vida. Aparte de los escrúpulos morales que subyacen en la sociedad y que tienen su origen en creencias religiosas, el factor cultural y educacional heredado por la tradición y, quizás, también por el instinto de supervivencia, son factores que influyen decisivamente a la hora de confeccionar un concepto impreciso y erróneo tanto de la vida como de la muerte. La vida es un conjunto de vivencias y experiencias que pueden ser buenas o malas; y nadie sabe el futuro de su vida. En base a esta definición podemos sustituir la palabra “vida” por la de “experiencia”, por lo que si en lugar de preguntar a alguien si quiere vivir le preguntáramos si quiere tener una experiencia, su respuesta no se daría sin antes habernos preguntado qué tipo de experiencia es la que le proponemos; y si le respondemos que ignoramos la calidad de dicha experiencia veo muy difícil que alguien aceptara tener una experiencia sin saber antes en qué consiste ésta. No sucede así si preguntamos si quiere vivir. Aunque nadie sabe con certeza el tipo de vida que le espera, el ser humano tiene inscrito en su instinto de supervivencia el rechazo automático a la muerte, que se puede definir como el “no tener ninguna experiencia”. El miedo a la muerte obedece a un factor cultural y educacional que es connatural al ser humano pero que no está basado en razones objetivas. El hecho de ignorar lo que hay más allá de la muerte se traduce en el miedo a lo desconocido, precisamente el mismo temor a tener una experiencia de la que no podemos dar ningún dato. Y, sin embargo, las malas experiencias sólo se han dado en la vida: deberíamos tener más miedo a la vida que a la muerte. El corolario de todo ello es que la vida no tiene ningún valor ni negativo ni positivo siendo únicamente posible determinar su valor una vez que se haya experimentado. Desde el momento en que venimos de la nada y volvemos a ella la vida es, simplemente, un paréntesis dentro del “no ser”. Y este paréntesis -léase experiencia- nadie puede obligarnos a experimentarlo….

Por si acaso los argumentos de la Iglesia Católica no fueran suficientes para demostrar la inmoralidad de ciertos actos humanos, se intenta presentar a la naturaleza como marchamo de calidad convirtiendo en inmoral todo aquello que se defina como “contra natura”. La identificación de lo natural con lo ético y lo correcto es fruto de un pobre escrutinio de la naturaleza humana. En primer lugar, habría que definir qué es lo natural y si realmente el ser humano tiene la posibilidad de ir contra la naturaleza. Desde el momento en que la inteligencia forma parte de la naturaleza humana, todas las obras y acciones que son fruto de la inteligencia habrá que catalogarlas como naturales. Si dicha inteligencia desarrolla un método para evitar un embarazo, habrá que concluir que forma parte de la naturaleza humana el inventar anticonceptivos; y tan connatural al hombre son los anticonceptivos como el amor o la violencia, ya que todas y cada una de las características citadas forman parte de su naturaleza. De todo ello se infiere que el hombre nunca podrá obrar contra la naturaleza, puesto que todo la que salga del ser humano formará parte de su idiosincrasia ya prevista por la propia naturaleza. Es más, afirmar que el ser humano puede ir contra la naturaleza supone aceptar de antemano la existencia de una determinada teleología, es decir, de una intencionalidad para conseguir unos fines concretos por parte de aquélla, y sólo desde las creencias se puede identificar a la naturaleza con una inteligencia teleológica, es decir, con Dios.

¿No será el pecado “contra natura” un intento desesperado de la Iglesia Católica para racionalizar una moral irracional? …

Mientras no se presenten argumentos que demuestren que todos los asuntos citados no pertenecen a la conciencia personal, la decisión de legislar acerca de dichas cuestiones no debe pasar ni siquiera por la votación parlamentaria. Mientras un partido que tenga representación en el congreso o en el senado pueda votar en contra las leyes que afectan únicamente a un número reducido de ciudadanos no respetando su conciencia individual, no se podrá hablar de democracia sino de imposición de la voluntad de unos sobre otros. La injerencia de la Iglesia Católica y de los sectores conservadores en el campo de la ética laica supone la violación de independencia de juicio a la que tiene derecho cualquier ciudadano; una independencia que es criticada y calificada -en flagrante tergiversación conceptual- como “imposición del laicismo”, cuando, en realidad, lo que se impone es la voluntad conservadora que pretende impedir a toda costa esa igualdad de oportunidades de vivir de acuerdo con sus ideologías. El laicismo es, precisamente, la exigencia básica y fundamental en toda democracia de la no intromisión de las creencias religiosas en el campo opuesto.

Fuente:
www.sindioses.org/sociedad/eticalaica.html

Argumentos contra la caza

Argumento nº 1

La caza es un modo tradicional de explotación de recursos naturales, generador de actividad económica fundamental para muchas áreas rurales

Asesinar a animales inocentes en sus hábitats naturales es injusto, independientemente de los beneficios que genere para las áreas rurales. Los animales quieren vivir sus vidas tanto como nosotros queremos vivir las nuestras. No quieren ser asesinados, torturados, explotados o aterrorizados.

Se deben buscar alternativas viables que no violen el derecho de todos los animales a vivir sus vidas en libertad y sin ser explotados ni acosados.

También la esclavitud de seres humanos en el pasado produjo beneficios económicos a amplios sectores sociales, y no por eso vemos hoy en día bien que se esclavice injustamente por ello a ningún ser humano.

Argumento nº 2

Los espacios dedicados tradicionalmente a la caza han sido los que mejor se han conservado, y de hecho hoy están mayoritariamente incluidos en las redes de espacios protegidos.

Aunque esto fuese cierto, no quiere decir que ahora que somos conscientes de que asesinar animales es injustificable debamos seguir haciéndolo.

Este es un argumento asume desde el principio que no puede existir otra manera de conservar los hábitats naturales de los animales si no es por medio de la caza. ¿Pero es esto cierto? Evidentemente no. Existen manera éticas de proteger estos hábitats que, de todas maneras, pertenecen a quienes viven en ellos: los animales, no a los cazadores.

No se puede poner los intereses de los cazadores en seguir disfrutando de una simple afición por encima del interés de los animales en no ser asesinados y vivir en libertad en sus hábitats.

Argumento nº 3

Los que entendemos la caza como algo consustancial al ser humano y propio del predador que llevamos dentro, fruto del instinto que no se puede borrar de nuestro mapa genético y lejos de un tipo de cazador por ocio, distracción temporal o simplemente moda, solemos usar la expresión ‘caza auténtica’ con frecuencia.

LA CAZA AUTÉNTICA es aquélla donde se persigue, acecha, acosa y se da muerte a un animal salvaje, usando medios eficaces, pero proporcionados, con la finalidad única de competir con la pieza que se pretende cazar, mediante un ‘lance venatorio’ cuyo resultado es incierto e imprevisible y, todo ello, sujeto a normas tradicionales.

Este argumento pretende hacernos creer que, si bien hay un tipo de caza más deportiva, la caza “auténtica” es la que el ser humano “lleva en su mapa genético”. Este tipo de caza, según quienes la practican, es más justa, más equilibrada, y está sujeta a normas más estrictas.

Sea esto verdad o no, este argumento sigue sin ofrecer una justificación moral para asesinar a animales inocentes. Estos animales no quieren morir, sufrir o ser acosados por cazadores. A ellos les da igual que quien les mate y acose sea un cazador “auténtico” u otro “no auténtico”. El ser humano, al contrario que los grandes predadores, tiene la capacidad de saber diferenciar lo que es ético y lo que no lo es. Por lo tanto tiene la capacidad de elegir no matar a otros animales. La caza es injusta e innecesaria. Por lo tanto, deberíamos respetar a los animales y elegir no asesinarlos.

Si es cierto que tenemos algo así como un “mapa genético” que nos impulsa a cazar (lo cual es más que dudoso, y parte de un debate distinto), no lo es menos que hemos evolucionado moralmente elaborando unas normas para respetarnos mutuamente. Los animales no pueden quedar fuera de estas normas de respeto. No hay ningún motivo para ello.

Argumento nº 5

La práctica de la caza es una costumbre y peculiaridad del pueblo español y forma parte de su tradición y cultura.

Bien, ¿y qué?, ¿Se supone que por el hecho de que una actividad sea una costumbre o tradición debemos mantenerla cuando nos damos cuenta de que es injusta? A lo largo de la historia tanto de España como de otros países han habido tradiciones y costumbres que se han dejado de realizar por ser injustas. La caza es indudablemente injusta e innecesaria. En la caza lo que está en juego es por un lado una mera satisfacción personal de un cazador, y por el otro la vida de innumerables animales. ¿Qué es objetivamente más importante? Si fuésemos capaces de responder a esta pregunta objetivamente, viviríamos en un mundo más justo.

El machismo, el sexismo, la homofobia o el racismo vienen siendo costumbres en España desde hace mucho tiempo, ¿deberíamos mantener estas actitudes injustas por ser “costumbre”?

Argumento nº 6

La cacería mantiene a la fauna silvestre sin superpoblación, y las licencias de caza financian los programas de conservación.

La caza es injusta, reprobable e innecesaria y por lo tanto debe ser abolida. Es un razonamiento sencillo que los cazadores y los defensores de la caza parecen no estar dispuestos a seguir.

Los cazadores dicen que hay superpoblación siempre del animal que ese día van a cazar. ¿De qué animales hay superpoblación en nuestra geografía? ¿Quién de nosotros se cruza todos los días con lobos, zorros, osos pardos, linces,…?¿Quien cuando pasea por el monte regresa diciendo que no paró de ver animales salvajes? Les hemos recortado sus espacios separándolos con carreteras y otras vías, dañado sus hábitas, contaminado los acuíferos donde beben o viven, ¿dónde hay superpoblación de animales salvajes? ¿Quién se puede creer esta mentira de que hay superpoblación de animales salvajes?

Argumento nº 7

La cacería es una actividad humana. Nuestros ancestros han sido cazadores durante miles y miles de años, antes y después de que la gente aprendiera a cultivar plantas y criar animales para alimentarse. Aún ahora, aunque casi todos los alimentos para la mayoría de la gente provienen de las granjas, a muchos de nosotros nos gusta cazar. Es más que conseguir alimento. ¡Es natural!

Es curioso como los cazadores tratan de dar fuerza a este argumento diciendo que la caza una actividad realizada por nuestros ancestros. Justo la que a ellos les interesa para mantener su “afición”, sin entrar a valorar si esta actividad es justificable o no. Nuestros ancestros también realizaban muchas otras actividades, como por ejemplo, el asesinato entre clanes, la violación y el canibalismo. Cualquiera podemos ver que estas “actividades” son moralmente injustificables desde el principio, por lo que las condenamos. La caza es igualmente injustificable: se acosa, aterroriza y asesina a los animales por el mero hecho de satisfacer un gusto personal.

Sea natural o no es injusto, y por lo tanto la caza debería ser abolida.

Que la mayoría de las personas obtengan su “alimento” de las granjas es, por otro lado, igualmente injusto. Los animales que son explotados en las granjas sufren una explotación durante toda su vida, hasta que son enviados al matadero. Estos animales también quieren vivir sus vidas sin ser explotados. Para más información sobre las granjas, visita http://www.rebelionenlagranja.org

Argumento nº 8

Es natural continuar con las tradiciones familiares y disfrutar de la cacería con familiares y amigos.

Por ello deberíamos disfrutar con familiares y amigos realizando otras actividades alternativas a la caza. Existen una amplia gama de actividades al aire libre alternativas a la caza, que no suponen ningún perjuicio para los animales. Pudiendo elegir éstas, ¿por qué deberíamos elegir una actividad basada en aterrorizar y asesinar animales?

Argumento nº 9

Es natural acercarse a la naturaleza y aprender sobre los animales y plantas.

Efectivamente. Pero para ello no es necesario asesinar a los animales, como resulta evidente. Los cazadores asesinan a los animales por satisfacer un gusto personal que no es comparable al derecho a vivir en libertad de todos y cada uno de los animales.

Argumento nº 10

Es natural sentir – de manera cercana y personal – que somos una parte directa de la cadena alimenticia.

Que los cazadores argumenten que somos parte de la cadena alimenticia resulta cuando menos curioso. Por un lado, la cadena alimenticia ha sido alterada y transformada de manera global por el ser humano. Se han exterminado a los predadores y ahora se “producen” a las víctimas de los cazadores en granjas cinegéticas. En estas granjas sólo se cría a aquellos animales que los cazadores consideran “cazables

Por otro lado, incluso admitiendo la existencia de una cadena alimenticia en la cual estuviésemos naturalmente integrados, eso no supone que debamos seguir asesinando a animales. Podemos elegir no hacerlo, y es la opción moralmente correcta.

De nuevo, los cazadores y los que defienden la caza valoran su afición asumiendo desde el principio que no hay alternativas viables a asesinar animales. Y esto es absolutamente falso.

Argumento nº 11

Es natural querer desarrollar habilidades para vivir de la tierra y ser autosuficientes.

Se puede vivir de la tierra y ser autosuficientes sin necesidad de matar animales. Intentar hacer ver que para conseguir vivir de la tierra y ser autosuficientes se necesita asesinar, aterrorizar y acosar a los animales constituye un perfecto ejercicio de demagogia insostenible.

Argumento nº 12

Es natural querer alejarse de la rutina diaria, ejercitarse y relajarse en el campo.

Algunos argumentos de los cazadores y quienes defienden la caza resultan sorprendentes por su falta de honestidad y su carencia de autocrítica. Este es un argumento que va claramente en contra del cazador que lo sostenga por razones obvias.

Para relajarse en el campo no es necesario practicar una afición moralmente reprobable como es la caza. Puede que asesinar a los animales a tiros sea relajante para algunas personas, pero eso no dice nada sobre si esta manera de relajarse es justa o no. La caza es injusta e innecesaria, por lo tanto debe ser abolida, aunque relaje a quien la practica.

Argumento nº 13

Es natural explorar lugares silvestres y sentir la emoción de la persecución. Es natural disfrutar la carne del animal cazado y saber que es un alimento saludable

Este argumento ejemplifica a la perfección lo que representa la caza: una mera afición personal por acosar y asesinar animales y una preferencia por un determinado sabor: el de la carne.

Ambas preferencias son innecesarias e injustas. Las consecuencias de ambas representan el sufrimiento, la explotación y la muerte de millones de animales inocentes en todo el mundo.

Desde el momento en que existen alternativas viables para ambas, que no suponen perjudicar a los animales, ¿qué razón podemos tener para seguir perjudicándolos con nuestras preferencias? Para construir una relación respetuosa con nuestros compañeros de planeta hemos de aceptar que cada animal tiene un valor inherente, que cada animal quiere vivir en libertad sin ser explotado. Justo como todos y cada uno de nosotros y nosotras.

Argumento nº 14

Como depredadores los cazadores conocen la satisfacción y la responsabilidad de conseguir los alimentos con sus propias manos.

Que los cazadores (o los humanos en general) seamos o no depredadores es irrelevante. También somos seres morales con la capacidad de diferenciar lo que está bien y lo que está mal. El hecho de poseer esta capacidad moral nos otorga la capacidad de conocer que asesinar animales está mal. Está mal porque no es necesario ya que existen alternativas a la caza y a alimentarnos de la carne de los animales.

Si en un pasado el ser humano fue un depredador fue porque le resultaba necesario para sobrevivir. Está claro que ya no es así. Ahora no necesitamos cazar para sobrevivir. Tampoco necesitamos alimentarnos de la carne de los animales.

Los cazadores suelen achacarnos a los activistas por los derechos de los animales que somos incoherentes. Esto es debido a que por un lado les impedimos cazar su alimento y luego supuestamente nosotros compramos carne u otros productos animales para alimentarnos. Esto no es cierto. Constituye una falsedad. Una gran cantidad de activistas no consumen carne u otros productos animales. Haciendo uso de su responsabilidad como seres morales eligen respetar a los animales no comiéndoselos a ellos o a los productos derivados de su explotación. Puedes informarte más sobre este tema en

http://www.alimentacion-vegetariana.equanimal.org/index.html

Santuario de animales

No les hagas llorar

Ternero escapa de camino al matadero

Golpeados por manifestarse pacíficamente contra un acto violento

En la tarde del domingo 15 de junio varios activistas de la organización Igualdad Animal realizaron dos actos de protesta pacífica en la plaza de toros Monumental de Barcelona.

En las pancartas se podía leer “TAUROMAQUIA ABOLICIÓN” “DERECHOS PARA TODOS LOS ANIMALES” y “ABOLICIÓN” mientras el toro que salió en segundo lugar se encontraba agonizando en la arena tras haber sido torturado.

Esperamos que llegue el día en que sea ilegal lo inmoral y que causar sufrimiento y muerte contra animales y personas sea condenado por toda la sociedad.

NUESTRO PAN DE CADA DÍA

Lugar: La Casa de las Asociaciones de Logroño.

‘Nuestro pan de cada día’ refleja el día a día de todo el proceso de industrialización y mecanización a la que ha sido sometida la ganadería y la agricultura en un país desarrollado.

Al ritmo de las cintas transportadoras y las inmensas máquinas, la película nos muestra diferentes lugares de Europa en los que se producen alimentos. Lugares monumentalmente grandes, paisajes surrealistas y sonidos extraños. Un frío entorno industrial que deja poco espacio al individualismo.

Este film fue premiado en el Amsterdam International Documentary Film Festival con un Premio Especial del Jurado y fue nominada a Mejor Documental en los European Film Awards.

Para saber más pulsa aquí: http://www.ourdailybread.at/jart/projects/utb/website.jart?rel=de&reserve-mode=&content-id=1130864825121

Valle Vegan

Il video degli amici di cinetica (Bill Lazario, Davide Alivernini, Tim Colbourne, Carlotta Lazzaro, Andy de Paoli e altri) realizzato al Casale.

Cinetica ha presentato, l’11 marzo 2008, la prima di due serate di film e dibattito sul tema di Ecologia Profonda e la prima Italiana del premiato documentario “The Witness”.

www.mataderos.info Investigación en España

www.mataderos.info

La ONG Igualdad Animal ha realizado una investigación en cinco mataderos del norte de España.

En los vídeos se ven a decenas de corderos que acaban bañados en su propia sangre y que tratan de escapar, conejos cubiertos por la orina de los que están apilados encima de ellos, cerdos hambrientos que comen sus propias heces o conejos a los que se les corta el cuello mientras están aún conscientes.

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en España se matan para el consumo de carne anualmente cerca de 573 millones de pollos, 39 millones de cerdos, 35 millones de gallinas, 61 millones de conejos, casi tres millones de vacas y 19 millones de corderos y ovejas.

Fuente: http://www.discapnet.es/Discapnet/Castellano/Actualidad/Noticias/Linea%20Social/detalle?id=109232

PACMA (partido antitaurino contra el maltrato animal)

La Rioja

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