La Rioja
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Por el arco de peaje
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Fernando Sáez Aldana | 15-02-2018 | 06:11| 0

Siempre que he subido a Haro o bajado a Calahorra por una autopista casi vacía me ha parecido anormal el contraste con la carretera paralela petada de tráfico. No se comprende que, siendo la autopista mucho más segura (si no graniza), la gente prefiera jugársela en la demonizada enedostresdós si es por ahorrarse los duros mejor gastados del día. Lo ideal sería que no solo los camiones o autobuses sino también los turismos circularan por una vía de sentido único en lugar de doble, siempre que fuera posible. Hasta ahí estamos de acuerdo. Ahora bien, cuando existan varias vías para desplazarse por carretera entre dos puntos, me gustaría saber si es legal que te obliguen a circular por una de ellas a punta de multazo. Es lo que se ha hecho en La Rioja, obligando a los vehículos de cuatro o más ejes que atraviesen la región a meterse quieran o no por la AP-68, por muy subvencionada que se la hayan dejado, por supuesto a costa del contribuyente.

La razón esgrimida para decretar el desvío ha sido reducir la alta siniestralidad de la N-232, léase colisiones con muertos y heridos, de la que por tanto se está culpando implícitamente a los vehículos pesados. A ver, ¿se han estudiado uno por uno los siniestros ocurridos en los últimos años? ¿Se han determinado con claridad las causas de cada accidente? Porque, si resultara que la mayoría de ellos se produjeron por infracciones, imprudencias o descuidos de los conductores de vehículos de dos o menos ejes, cosa bastante posible, ¿no habría que obligarlos a ellos a circular por la AP-68 en lugar de a los camiones? Y si una estadística rigurosa estableciese que la culpa de las colisiones la tienen unos y otros al 50%, pues nada, todo eje a la autopista, castigados.

El rechazo masivo del desvío obligatorio de camiones por parte de los transportistas y sus asociaciones, unido al perjuicio que están ocasionando a los proveedores de servicios junto a la carretera nacional, deberían hacer reflexionar a quienes hayan tomado bajo presión y a las bravas una decisión posiblemente injusta que perjudica a quienes no tienen la c

ulpa de que la N-232 no esté desdoblada desde hace muchos años. Ni siquiera la autopista gratuita sería la solución, porque uno de los derechos fundamentales reconocidos no sólo por la legislación española y europea sino por la Declaración Universal de los Derechos Humanos es el de libre circulación, que aquí se han pasado algunos por el arco de triunfo. O sea, por el túnel de peaje.

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Una apé nada recomendable
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Fernando Sáez Aldana | 08-02-2018 | 06:18| 0

Hay que ver las cosas que puede hacer un teléfono inteligente o, ya de manera inevitable, un smartphone, a no tardar traducido por la Real Academia como esmarfón. Suena fatal, lo sé, pero seguro que tan mal como sonaría en su día «saxofón» (no el instrumento, de bello timbre, sino el nombre debido a su inventor, Adolphe Sax, uno de los pocos belgas que han pasado a la historia por algo, y ello gracias al entusiástico apoyo de un francés, Hector Berlioz).

A los usuarios en general y adictos en particular del esmarfón no voy a descubrirles sus innumerables presuntas utilidades, muchas de ellas perfectamente inútiles, desarrolladas en cientos de aplicaciones o, lamentablemente ya, apps o apepés, apócope del inglés application, como si no pudiera abreviarse apés, que además de español es más corto. En fin, a lo que vamos.

Cuando advirtió el gran parecido que existía entre el rostro de una chica y el de su madre, un amigo mío le dijo al novio de aquella que los dioses le habían concedido el don de ver el futuro. Es cierto. No hay nada más cruel que una foto antigua, más atroz cuanto más vieja sea la foto y más joven el fotografiado. Hasta ahora se necesitaba el paso de una generación para demostrar la profetizada semejanza física de alguien con uno de sus progenitores. Pero he aquí que una de las innumerables aplicaciones del esmarfón llamada Face App (hay otras parecidas) puede modificar el aspecto facial del usuario que previamente se haga un autorretrato o, seguramente sin remedio para siempre, un selfie o «selfi».

Con un simple toque de pantalla, o sea un clic para entendernos, nuestro rostro va cambiando según le pongamos o quitemos gafas, barba, sonrisa o flequillo, le estiremos la piel (un lifting, quiero decir), lo cambiemos de sexo o lo introduzcamos en el túnel del tiempo. Esta última «utilidad» puede parecer divertida cuando se pone la marcha atrás, pero lanzándola al futuro la instantánea decrepitud resultante puede ser aterradora en una sociedad, obsesionada con luchar contra los años embadurnando las arrugas con carísimos ungüentos «anti-edad», en la que ni los mayores creyentes en otra vida dichosa y eterna quieren que se les acabe ésta.

Esta perturbadora aplicación de su móvil permitirá a los jóvenes ver cómo serán de mayores sus parejas sin necesidad de conocer a sus padres. Pero tiene sus fallos: probándola en mi propio careto, fui dándole a los botoncitos «sonrisa», «joven», «perilla», «mujer» y los cambios podían ser sorprendentes y hasta divertidos. Pero cuando pulsé «vejez», la muy impertinente y grosera me lo dejó prácticamente igual. No se la recomiendo. Menuda porquería de apé, o como se diga.

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El Adelantado en Bruselas
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Fernando Sáez Aldana | 01-02-2018 | 06:28| 0

Astracanada lírica en tres actos

 

Flippo VI, Rey de las Españas (contratenor)

Don Mariano el Ignífugo, Conde-Duque de Génova, su valido (bajo)

Sor Aya, su fiel mano diestra (bajita)

El Vizconde de la Junquera, pagés rebelde (tenora de cobla)

Cárglas «Pusdelmón», virrey traidor de Cataluña (tenor bufo)

Jodofredo de Bovaina, Gobernador de Flandes (barítono)

El Adelantado Francisco de Correa, conseguidor (bajo fondo)

Don Álvaro Pérez del Mostacho, compinche del anterior (más bajo aún)

El fantasma del Duque de Alba (papel hablado)

 

Acto I.

La sistemática desobediencia de la legalidad en el virreinato catalán, consentida por conveniencia de la corte de Madrid, alcanza el colmo con la proclamación de una República independiente. Tras la enérgica intervención del rey Flippo sin soltar un solo gallo, su valido Don Mariano, llamado el Ignífugo por su incombustibilidad política, reacciona enviando un Tercio del temible 155º Batallón a sofocar la rebelión. El poderoso Vizconde de la Junquera y otros cabecillas rebeldes son encarcelados pero el principal traidor, el sátrapa Cárglas, conocido en la corte como Pusdelmón («Pus del mundo»), logra huir de España por los dominios del Vizconde escondido en un carro cargado de nabos y coles con destino a Bruselas.

 

Acto II.

El Conde-Duque designa a Sor Aya superiora territorial de Cataluña y exige al gobernador de Flandes la entrega del traidor Cárglas, pero Jodofredo de Bovaina, un resentido contra España por su antiguo dominio sobre los Países Bajos, se pone flamenco y la deniega pretextando que el exiliado se gana la vida honradamente reparando cristales, espejos y vidrieras. Mientras el Vizconde y sus secuaces intrigan desde prisión para devolver el poder a Cárglas, el de Génova sufre terribles pesadillas en las que un rollizo niño desnudo con el rostro del prófugo se le mea encima entre carcajadas desde lo alto de una fuente. Enfurecido, el Ignífugo solicita al rey Flippo permiso para enviar a Flandes los dos Tercios restantes del 155º. El monarca accede pero advierte a su valido de que si fracasa perderá la cabeza.

 

Acto III.  

El espíritu de Don Fernando Álvarez de Toledo, Duque de Alba, se aparece en sueños a Don Mariano para recordarle que en Flandes a los criminales de lesa majestad se les decapita en la Gran Plaza. Horrorizado y siempre temeroso de la guerra, el valido saca de la mazmorra un célebre conseguidor, el Adelantado Francisco de Correa, a quien encarga adelantarse a los Tercios y traerse al Pusdelmón sin reparar en gastos, con la promesa de indultarlo si lo consigue. El Adelantado y su amigote Pérez del Mostacho parten en un carromato cargado de maravedíes ocultos en magdalenas. Dos semanas después regresan a la Villa y Corte con el traidor Cárglas encadenado y disfrazado de bufón, mientras Jodofredo toma posesión de su lujoso palacio en las paradisíacas islas caribeñas llamadas Antigua y Barbuda en honor al Conde-Duque, quien una vez más conserva la cabeza sin rebanar la de su enemigo.

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Pintas
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Fernando Sáez Aldana | 25-01-2018 | 07:35| 0

Uno de los aspectos más fascinantes de nuestra lengua es la polisemia o variedad de significados de una misma palabra. No es una señal de penuria léxica (nuestro idioma comprende 100.000 palabras) sino lo contrario, de riqueza de matices. Hoy les propongo jugar con la palabra «pinta», cuya primera definición es «mancha de color diferente en animales, flores y minerales». Pero pinta también define al naipe que designa el palo de triunfos («pintan bastos»), al tipo sinvergüenza o caradura («es un pinta») y a una medida de capacidad de líquidos (una pinta de cerveza son 560 cc, que no le engañen). Pero su acepción más usual es la de aspecto o apariencia exterior que ofrece un asunto (con buena o mala pinta), un objeto y, sobre todo, una persona.

No voy a referirme al uso de esta palabra como calificación final («qué mala pinta tiene Fulano» o «dónde vas con esas pintas») sino como instrumento de comparación, y lo explicaré aplicándolo a los personajes más conocidos de nuestro panorama político nacional, obviamente desde una óptica subjetiva.

Empecemos por el gobierno de la nación de naciones. Rajoy, por ejemplo, tiene pinta de prior de monasterio muy visitado. Su vice Soraya, de jueza hueso. La Cospedal, de propietaria de boutique de moda. Montoro, fácil: de ministro de Hacienda. De la Serna, de niño pijo de Getxo, Zoido de criador de toro de lidia, Báñez de directora de colegio concertado y De Guindos de pastor de ovejas (y cabras).

Con respecto a los famosos amigos catalanes, para mí que Puigdemont tiene pinta de proveedor de pompas fúnebres; Junqueras, claramente de pescatero o carnicero con puesto en la plaza; Rovira, de funcionaria implacable. Forcadell, de ama de casa. Iceta, de recepcionista de hotel, Gabriel de batasunera abertzaleta (o sea de lo mismo), Arrimadas de empleada bancaria, Rufián de lo que es: un pinta y Torrent, el nuevo, para de guardia civil de paisano.

En cuanto al resto de la fauna, nuestras alcaldesas estrella tienen pinta la una de jubilada buscando marcha en Benidorm y la otra de exclaustrada por liarse con la de matemáticas. Rivera tiene pinta de misionero mormón, Sánchez de galán de telenovela malo (no como personaje: como actor), Susana de cajera de hiper, Borrell de exjesuita sibilino, Patxi de herritabernero y la Robles de prota de «Aquí no hay quien viva». Con la caterva unipotente lo tengo claro: Iglesias tiene toda la pinta de perroflauta, Errejón de programador de videojuegos friki, Echenique de cartujo lego (no de Lego) y Garzón de mecánico de algo.

Dicho sea en ejercicio de mi sacrosanta libertad de expresión y con perdón de los amigos y amigas mecánicos, cajeras, pastores, recepcionistas, perroflautas, jubiletas en Benidorm, funerarios y demás familia. Ya saben que escribiendo columnas a veces uno es un poco cabrón. Con pintas.

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Animales
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Fernando Sáez Aldana | 18-01-2018 | 06:28| 0

Alguna vez les he hablado de nuestro canario. Se llama Chufi y lleva cuarenta años en casa. No el mismo, claro, los canarios no viven tanto. Cuando se nos muere (o lo mata un maldito gato) lo sustituimos por otro con el mismo nombre, de modo que siempre nos parece el mismo Chufi que conocieron mis hijos y ahora mis nietos. Es increíble el cariño que se le puede coger a un pajarillo. Entiendo a la gente que adora a su perro (no tanto a su gato) y si el afecto a un animal es proporcional a su tamaño no quiero pensar lo que se puede querer a una foca, a una cebra y no digamos a un elefante. Que lo digan los cirqueros, que consideran a sus animales como hijos suyos. Además de apreciarlos les dan de comer (los animales a ellos, me refiero), así que los mimarán y lo último que harían sería maltratarlos como tantos humanos a sus hijos.

Los animales no tienen conciencia de vivir. Desconocen que nacieron y morirán. UN caballo no sabe si corretea por una pista de circo con una equilibrista en bikini de lentejuelas erguida sobre su lomo o por la arena de la Escuela Española de Equitación de Viena bajo un señor disfrazado de vicealmirante. Lo que sí sienten los bichos es dolor si se les tortura, sea de manera espontánea por tarados u organizada por diestros en el arte de matarlos entre el regodeo popular. Por eso llaman la atención los ayuntamientos que permiten los festejos taurinos, o el zoo, pero prohíben el circo con animales. No les importa lo que puedan hacerles en la intimidad, sólo vetan el espectáculo de su exhibición, aunque no les hagan ningún daño. Hipócritas.

En cambio sí puede subir a un escenario público un violento espectáculo sadomasoporno con tías y tíos en bolas copulando o masturbándose como gibones y hasta uno metiéndole el puño por el ojo que no ve a otro (espectáculo «Mount Olympus», Teatros del Canal, Madrid). «Nadie obliga a verlo», se defienden los promotores de la orgía. Ni el circo, no te jode, pero por si acaso lo prohíben. Si hay que cargarse los circos empecemos por las corporaciones municipales donde actúan payasos, equilibristas, mimos, tragafuegos, malabaristas y algún que otro borrico.

A ver cuándo sale el primer bobochorra denunciando el maltrato a los canarios por mantenerlos enjaulados. Chufi no da ninguna señal de sentirse desgraciado. Canta, se ducha a diario, come y bebe cuanto quiere, duerme como un bendito y, como a su dueño, le encantan la lechuga y la música clásica. Libre no duraría ni un cuarto de hora (menudo gatazo merodea por el barrio). Ya sabemos que lo propio del pájaro es volar libre y del león, el elefante o la jirafa sobrevivir en la sabana. Pero también lo suyo del homo sapiens es razonar y algunos parece que lo hacen con esa parte del cuerpo donde a otros les gusta que les metan la zarpa hasta el escafoides. Fisting, lo llaman. Animales.

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Irresponsabilidades
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Fernando Sáez Aldana | 11-01-2018 | 06:17| 0

De acuerdo en que es mejor prevenir que curar, pero cuando se declara un mal la prioridad será socorrerlo donde esté y no quedarse en el sitio de retén por si sucede algo improbable, ¿no? Pues aquí se ha denunciado que bomberos desplegados ante la llegada del neciamente criticado helicóptero real a Las Gaunas tuvieran que abandonar el estadio para sofocar un incendio. No me extraña que estén hasta donde dicen, a quién se le ocurre mandarlos a apagar un fuego mientras aterrizan los Reyes Magos. Ítem más, un sindicato de funcionarios ha denunciado que ante el «caótico colapso» de Urgencias por la epidemia de gripe tenga que reforzarse esta área asistencial con personal de otras menos presionadas.

Una gestión correcta de los recursos incluye que no se deban dimensionar permanentemente paran afrontar infrecuentes picos máximos de demanda. Ningún hospital puede dotar Urgencias como si todos los días hubiese pandemia de gripe, ningún cuerpo de policía o de Protección Civil puede disponer todo el año de efectivos capaces de acudir —muchas veces con exageración de medios— a varias situaciones extraordinarias simultáneas y ninguna autovía puede disponer siempre de los quitanieves necesarios para resolver la gran nevada que cae cada cinco años, máxime si coches cruzados por no llevar cadenas o colapsando todos los carriles les cortan el paso.

El caso es que hemos creado una sociedad de trémulos solidarios con causas remotas pero incapaces de echarle una mano al compañero y de quejicas blanditos que culpamos a quien sea de nuestros infortunios sin asomo de autocrítica ni asunción de nuestra parte de responsabilidad. A una mamá atrapada en la ratonera de la AP-6 le indignaba que «allí» (dónde, ¿en el arcén?) no hubiese «ni mantas, ni agua, ni calefacción, ni biberones, ni pañales, ni nada». Y en muchos casos, señora, ni gasolina en el depósito, ni cadenas en el maletero, ni una pizca de sensatez en la mollera ante la recomendación de no coger el coche salvo extrema necesidad. Un buen temporal de nieve es un bofetón de la madre Naturaleza a esta sociedad infantilizada que ha perdido el respeto al invierno y cree que sus flamantes todoterrenos poseen superpoderes que los hacen imparables… hasta que se varan en la nieve y se los tienen que sacar a mano cientos de esos militares tan neciamente denostados por algunos que en plenos Reyes seguramente preferirían estar en casita con su familia.

Que tantos exigentes de responsabilidades a las autoridades por considerarlas culpables de los efectos de una nevada se expongan voluntariamente una y otra vez a las consecuencias de su, según ellos, manifiesta incompetencia para atajarlos, ¿no es una irresponsabilidad más evidente por su parte?

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Alta política
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Fernando Sáez Aldana | 04-01-2018 | 07:25| 0

(Diálogo apócrifo entre el Presidente de la Comunidad Gastrónoma de Tondonia-Verduria y el Ministro de Fomentos y Paños Calientes del Gobierno de la Plurinación)

– (piribipipí-piribipipí…)

– Presidente: ¿Sí?…

– Ministro: Presidente…

– P: ¡Ministro! Menos mal, ya pensaba que no querías ponerte, ni que fuera de Potemos.

– M: Disculpa, menuda semanita llevo, entre el cristo del soterramiento de Pimentonia, la huelga de maleteros de Borrajas y los malditos estibadores no doy abasto. Tú dirás…

– P: Pues perdona que sea tan canso, como decimos aquí, pero el tema del TREP[1] necesita una solución ya, te recuerdo que solo faltan quince meses para las elecciones.

– M: ¡¿Quince meses?! ¡No jodas!

– P: A ver, Ministro, para las nuestras, las autonómicas, no…

– M: ¡Uff!, qué alivio, chico, es que ya pierdo la cuenta…

– P: Para las vuestras faltan dos años largos, si aguantáis.

– M: Mmm, no sé, el Jefe parece de amianto pero cuando estás en minoría ya sabes…

– P: Razón de más, Ministro, urge aprobar el TREP, y no me refiero a un titular sino a una decisión del Consejo de Ministros.

– M (resopla): Pero ¿otra vez con esa matraca?, ¿no habíamos quedado en que tendréis alta velocidad en 2026? Para el Ministerio eso está cerrado.

– P: Ya, pero solo un ramal entre Berteta de Bayas y Laurelio, pero entre aquí y Baturria nada, así que del corredor El Botxo – Tabarnia nada…

– M: ¡Coño, pues ese es tu trabajo!, convencerlos de que acceder a la red TREP es suficiente para tu región, que sois cuatro gatos… Además vamos a mejorar la línea entre Laurelio y Cazurria, perdón, Baturria, ¿qué más queréis?

– P: Pues mira Ministro, lo que más queremos, y te incluyo, es volver a ganar en 2019, y para eso hay que contentar a la gente, darles lo que pidan aunque sea un disparate, supongo que el Jefe no querrá perder Tondonia-Verduria aunque sea pequeña.

– M (nervioso): A ver, solo el ramal a Berteta costará mil millones, que al final serán dos mil, y ¿sabes cuántos pasajeros diarios prevemos? (silencio) ¡Cincuenta! de media, Presidente. Mandarlos en limusina sale más barato. Y ¿qué es eso del impacto sobre los viñedos? – P: ¡Buff! No me hables de eso, si la organizan por unos cables de alta tensión no te digo nada con esto…

– M: Pero qué quieren, ¿una línea subterránea para no afearles las fotos? ¡pero qué bien estaría yo jugando al golf!..

– P: A ver Ministro, si te parece tú anuncias que habrá TREP entre Laurelio y Baturria, pero en 2034 lo menos, que para entonces dónde estaremos tú y yo. La gente se calma, volvemos a ganar y el partido y sobre todo el Jefe tan contentos. ¿Qué dices?

– M (alterado): Perdona, tengo una urgencia, los taxistas están tirando coches de Uber al Manzanares, ¡Dios, qué mal día he escogido para dejar de tuitear! Mira, de momento conformaos con el titular, lo del Consejo ya veremos, adiós Presidente, un abrazo fuerte… (cuelga).

[1] TREP: Tren Rápido En Principio

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Último tajo
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Fernando Sáez Aldana | 28-12-2017 | 05:05| 0

Hace trece años, por estas fechas, la dirección de DIARIO LA RIOJA me invitó a participar en su proyecto de potenciar la sección de opinión del periódico incorporando columnistas locales. Acepté sin pensarlo y nunca estaré suficientemente agradecido a esta casa porque durante 674 jueves consecutivos me haya concedido el privilegio impagable (y de hecho impagado) de expresar mi visión de la vida y el mundo en el medio de comunicación más leído de mi terruño. Para un escritor, además, la columna semanal es un ejercicio de gimnasia intelectual y literaria que proporciona una forma patente en la mejora del estilo y el dominio del idioma.

Quizá parezca que teclear treinta líneas por semana es una tarea fácil y poco exigente para quien está acostumbrado a escribir textos más complejos. Sin embargo, en mi experiencia, una columna de opinión puede resultar un trabajo agotador. Primero hay que concebir una idea generadora del texto. Fruto unas veces de observar el mundo exterior, otras de un ejercicio de introspección, la elección del tema sobre el que vas a escribir se parece a la del cazador o el pescador que aguardan durante horas que salte o pique la pieza. La siguiente fase consiste en sentarse al teclado tratando de expresar la idea seleccionando las palabras exactas, madrugando más que los gallos y robándoles el tiempo a otras cosas. La interminable labor de corrección y pulido sólo cesa cuando el plazo de envío del texto se agota. Así que puede decirse que escribir una columna te ocupa la semana entera. Y así una tras otra desde hace trece años, hasta que llega un momento en el que crees haberlo dicho todo y repetirte como el pepino. De modo que ha llegado el momento de poner el punto y final a mi colaboración con este periódico donde solo tengo buenos amigos. Este es el último tajo de mi bisturí literario.

Sé que algunos celebrarán librarse de esta molesta mosca cojonera y espero que otros lamenten dejar de compartir cada jueves una opinión políticamente incorrecta. A estos quiero agradecerles el honor que me han dispensado leyéndome. En cuanto a aquellos, les deseo que ocupe mi puesto quien me haga bueno. Celebro que algunas columnas les hayan resultado interesantes o divertidas —sin duda a los lectores más inteligentes— y pido excusas a los picajosos que hayan podido sentirse ofendidos por alguna de mis opiniones, nunca vertidas con el ánimo de disgustar —ni de agradar— a nadie. Y a todos quienes hayan leído El bisturí alguna vez, gracias por haber recompensado de ese modo el ímprobo esfuerzo de escribirlo. Hasta siempre amigos, y feliz Día de los Inocentes.

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El Gordo y la Parca
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Fernando Sáez Aldana | 21-12-2017 | 05:27| 0

«La felicidad solo es la ausencia de dolor» (Arthur Schopenhauer)

En 2002 el británico de 19 años Michael Carrol ganó en la lotería 15 millones de euros que pulió en ocho años, mayormente en fulanas, discotecas y droga. Acabó malvendiendo la mansión y la flota de coches lujosos y volviendo a su trabajo de basurero. En 2003 José Manuel Calvo Vaz, un empleado municipal gallego, ganó 9,5 millones en la Primitiva. Además de gastarlos en lo de siempre (malas inversiones, cochazos, casoplón y tías) donó y prestó sin conocimiento. En 2008 se metió un tiro en la cabeza.

Estudios sobre ganadores de grandes premios de azar concluyen que la euforia de los elegidos por la suerte es pasajera; que solo quienes no tenían sus necesidades básicas cubiertas mejoran su bienestar; que los premios perjudican la salud (más cuanto más joven sea el ganador); que a los tres meses, los nuevos ricos son tan felices o infelices como antes, y que a los cinco años el 70% habrán arruinado su economía y hasta su vida. Porque lo único que puede proporcionar cierta felicidad, «un presente soportable e indoloro», no se puede comprar. Para minimizar esos riesgos, el manual del ganador de pastón en sorteo subraya (tomen nota por si acaso) los siguientes consejos:

. No propague a los cuatro vientos que le ha tocado, y menos en esas redes en las que cae tanto besugo.

. No se le ocurra cobrarlo en el banco de su pueblo o barrio.

. Mantenga la rutina y acuda al trabajo al día siguiente a pesar de la resaca y de las ganas de mandarlo a la mierda.

. No empiece a derrocharlo comprando coches, mansiones, joyas, etc., ni prodigue generosas donaciones y menos a la familia: a Adrian y Gillian Badford, ganadores de 187 millones en el Euromillón, los suyos dejaron de hablarles después de haberles regalado millones: querían más. A los quince meses se divorciaron.

. E invierta el dinero aconsejado por buenos asesores.

En España es factible seguirlos porque, a diferencia de otros países, el anonimato está garantizado. Si lo hace bien, salvo usted y quizá Montoro, nadie sabrá que se ha enriquecido de repente.

Nuestro Sorteo de Navidad es el mayor del mundo: el 75% de los españoles participamos gastando 2.500 millones y hay miles de ganadores. Si este año también juega y mañana tampoco es afortunado por el Gordo, cuando se despierte el sábado no lo lamente y alégrese de que tampoco haya sido infortunado por la Parca: cada día les toca morirse a 1.157 españoles, y si pasado mañana usted y los suyos pueden desayunar otro día más y sin dolor físico ni psíquico considérense felices y no envidien a los nuevos millonarios que aparezcan el la foto de portada del periódico duchándose con cava Tutumba ante la administración donde compraron el décimo. Ya saben lo que les espera a esos pobres desgraciados.

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Esperpéntico
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Fernando Sáez Aldana | 14-12-2017 | 06:39| 0

Una escala que midiese el hartazgo humano establecería cuatro niveles, de menos a más: hasta la coronilla, hasta las narices, hasta cuatro palmos más abajo y hasta donde estamos del puñetero prusés, del maldito «desafío soberanista», del insoportable «pulso independentista», es decir, del intolerable golpe contra el Estado de derecho español propinado desde sus propias instituciones por funcionarios traidores que odian a España tanto como aprecian los sueldos que les paga cada mes. Pero, con ser ya irritante, insufrible y estomagante hasta la arcada, el «conflicto catalán» resulta sobre todo patético y característico de ese género literario tan español que presenta «una realidad deformada y grotesca y la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula»: el esperpento.

Resulta esperpéntico que a un politicastro antieuropeo perseguido por la justicia española por un delito consumado de rebelión y huido a la capital de la Unión Europea no solo no lo entreguen ipso facto a un país miembro sino que pongan pegas. ¿De qué «unión» hablamos?

Resulta esperpéntico que estos canallas sin dignidad de un gobierno regional del Reino destituidos y encarcelados por proclamar la República quieran ¡y puedan! presentarse otra vez a unas elecciones autonómicas convocadas por el represor gobierno español para volver impunemente a las andadas.

Resulta esperpéntico el espectáculo de los líderes «constitucionalistas» postulándose para presidir la Generalidad con intenciones de voto inferiores al 20%. Y también que, por si pierden, los candidatos golpistas hablen ya de pucherazo cuando ellos montaron un simulacro de referéndum, ilegal y sin garantías democráticas.

Resulta esperpéntico, en fin, otorgar apariencia de «normalidad» a unas elecciones autonómicas en Cataluña tan anómalas que (1) son las terceras en cinco años, (2) las ha convocado el presidente del gobierno español en plena suspensión de la autonomía catalana y (3) se presentan los mismos que han llevado a los catalanes a la ruina económica y social y, lo más esperpéntico de todo, (4) que volverán a obtener la mitad de los votos. Ante los manifestantes que lo arroparon en Bruselas, el cobarde fantoche de Puigdemont ironizó que tantos no podían haber ido hasta allí para apoyar a delincuentes. Olvida que en el País Vasco cientos de miles de ciudadanos apoyaban y votaban a los terroristas al grito de «ETA, mátalos».

Arengo a los catalanes en sus cabales con una cita que no puede ser más actual y oportuna: «Carguemos contra los fanáticos y los malvados, destruid las aburridas declamaciones, los miserables sofismas, las falsedades históricas, impedid que la gente dotada de sentido común sea esclava de los que carecen de él. La generación futura os deberá su razón y su libertad» (Voltaire, 1765).

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