La Rioja
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Un poco de autocrítica vial
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Fernando Sáez Aldana | 19-10-2017 | 05:17| 0

Leído en la edición digital del diario LA OPINIÓN de Murcia del pasado10 de octubre:

«La A-7, una autovía mortal. Cinco fallecidos y una decena de heridos en un choque múltiple en la A-7 en el que una vez más se vieron implicados varios camiones. El accidente ocurrido ayer es la tercera tragedia en poco más de un año que se registra en la A-7 con varios camiones implicados. La Autovía del Mediterráneo a su paso por la Región de Murcia es la vía con mayor porcentaje de siniestralidad, ya que en los últimos seis años desde 2011 ha registrado una veintena de accidentes graves que han arrojado más de veinte fallecidos, los últimos, los cinco muertos ayer en el choque múltiple a la altura de Sangonera la Seca».

¿Les suena? Sustituyan A-7 por N-232 y podría ser un titular de este periódico, donde leo también que, según la organización Automovilistas Europeos Asociados, el año pasado hubo seis tramos de vías riojanas entre los más peligrosos de España, de los cuales sólo uno está en la N-232 —y no en la Rioja Baja sino en Fonzaleche— tres en la N-111 (carretera de Soria) y dos… en la autopista AP-68.

Estos datos deberían servirnos de reflexión a propósito del polémico lío éste de desviar por la autopista los camiones que atraviesen La Rioja, por cierto y dicho de paso, a costa del contribuyente. Parece claro que obligar o convidar al transporte pesado a circular por carreteras de doble vía significa también el traslado automático de un mayor riesgo de siniestro a las autovías y, peor aún, a autopistas del pago que muchos conductores prefieren apoquinar a cambio de una mayor seguridad.

La Rioja es deficitaria en doble vía y deberían desdoblarse la N-232 y la N-111 a su paso por la provincia. Y es lamentable que en nuestras carreteras de doble sentido, como en todas, se produzcan todos los años accidentes graves. Pero son vías perfectamente señalizadas y acondicionadas, y la mayoría de los accidentes se producen por imprudencias, distracciones y desprecio a las señales y normas de tráfico.

No hay autovías de la muerte ni carreteras asesinas. Retirar una mano del volante o la vista de la calzada durante pocos segundos es suficiente para sacar al vehículo de su carril lanzándolo a una colisión evitable de la que ni la carretera ni el camión que fatalmente venía de frente sean culpables. Errores tan tontos como mirar el navegador o el móvil, poner la radio, buscar algo en la guantera, girar la cabeza hacia la ventanilla o el asiento trasero y otros no tanto, como adelantar en línea continua, conducir con impaciencia o sopor —natural o inducido por el alcohol u otras drogas— no respetar la distancia de seguridad o correr más de la cuenta, se pagan muy caros. Pero que las emociones que suscitan los dramas resultantes, por humanas y comprensibles que sean, no impulsen decisiones equivocadas.

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Cuestión de víscera
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Fernando Sáez Aldana | 12-10-2017 | 07:32| 0

Cuestión de víscera

 

Al margen de rigores anatomofisiológicos, el funcionamiento del espíritu humano —esa entidad abstracta a la que atribuimos la facultad de sentir y pensar— está regido por cuatro vísceras, por orden descendente de ubicación y nobleza: cerebro, corazón, tripas y gónadas, sedes respectivas de la inteligencia, el afecto, el apasionamiento y la dominación, y nuestra actitud ante cualquier cuestión dependerá del menudillo dominante en nuestra casquería anímica. Tomemos como ejemplo la respuesta del resto de españoles a los deplorables acontecimientos que están sucediendo en Cataluña. Dependiendo de la víscera priorizada sobre las otras para analizar la situación, caben cuatro tipos de reacción: con cabeza, de corazón, con las tripas y por cojones.

1. Quien opte por apoyarse en la razón y la inteligencia reconocerá que, además de unos gobernantes irresponsables, fanáticos y traidores, en Cataluña existe un grave y complejo problema social cuya solución exigirá un esfuerzo de comprensión, empatía y deseo de entendimiento pacífico y satisfactorio por todas las partes en conflicto que difícilmente se conseguirá con la estricta aplicación de la ley, por justificada que esté.

2. Desde una posición buenista cabe considerar que «la nación es un sentimiento» y el nacionalismo, por tanto, la reivindicación lícita del latido popular de un estado anímico afectivo basado en razones históricas, culturales y lingüísticas que justificaría el derecho de los catalanes al logro de su vieja aspiración a constituirse en una nación-estado europea plenamente reconocido.

3. Quien se deje dominar por el tortuoso tubo blandengue que elabora las heces posiblemente esté tan indignado por todo lo que está sucediendo en aquella comunidad que acabará clamando que Cataluña (y a poco tardar el País Vasco) se independicen de una santa vez y nos dejen en paz a quienes nos sentimos españoles hartos de tanta mentira, tanta discriminación y tanto odio. Que con su pa amb tomaca se lo coman.

4. La óptica gonadal es la más dura. Basándose en una legalidad incuestionable, exige la aplicación del artículo 155 y de las leyes excepcionales que hagan falta para suspender el Estatut, detener a los gobernantes sediciosos, abolir la desleal policía autonómica, restablecer el orden constitucional sacando los tanques a la calle si fuera necesario y, por supuesto, desviar el Ebro en Mequinenza y mandar al Barça a tomar por Liga.

 

Es difícil hacer de tripas corazón pero más aún hacer sesos de tripas, de corazón y no digamos de criadillas. Pero este conflicto, como todos, necesita raciocinio, sensatez/seny e inteligencia. Cerebro, vaya. Pero explícaselo a unos descerebrados que te declaran ilegalmente la independencia per collons.

Amigo lector: en este penoso asunto, ¿cuál es su entraña favorita?

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La calita feliz
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Fernando Sáez Aldana | 05-10-2017 | 05:17| 0

Rolf Dobelli (1966) es un empresario y novelista suizo que hace cuatro años publicó «El arte de pensar con claridad», recopilación de 52 columnas periodísticas dedicadas a describir errores frecuentes de lógica que, como reza el subtítulo, «es mejor dejar que cometan otros». El librito, del que se vendieron 400.000 ejemplares sólo en Alemania y que se lee en media tarde, expone de forma amena las numerosas falacias y sesgos que adulteran nuestro raciocinio y equivocan nuestra toma de decisiones cotidianas. El caso es que he echado en falta un error que estoy por comunicar al autor: la falacia del regreso al lugar donde fuiste feliz. Consiste en empeñarse en añorar el escenario donde viviste una experiencia cuyo buen recuerdo te impele a visitarlo de nuevo.

Hace treinta y cinco años tres jóvenes parejas de amigos pasamos unas vacaciones con sendos hijos de dos añitos en Almería, donde descubrimos una hermosa cala desierta y de difícil acceso y aguas cristalinas donde nos bañamos, buceamos y hasta pescamos. Conservo fotos de aquella jornada inolvidable con los niños desnuditos embadurnados como croquetas en una arena oscura y los papás compartiendo su felicidad en un paraíso enteramente nuestro. Bueno, pues en una reciente escapada a aquel privilegiado litoral, preso de un ataque de nostalgia, me empeñé en volver a la calita feliz. Allí seguía, claro, tan bonita e inaccesible como entonces, pero petada. En medio mitad, una jaima cobijaba a una ruidosa familia en torno a la nevera portátil, y la poca arena restante se la repartían niños gritones, una pareja de mediana edad exhibiendo sus flacideces génitomamarias, una pareja dale que te pego a las palitas y, lo peor de todo, una plaga de mosca costera, que es pequeña pero se te pega a la cara y no te suelta. Sólo te librabas de ellas metiéndote en el agua, donde te esperaba una parejita abrazada besuqueándose sin tregua y unos pececillos que te mordisquean los talones, en mi caso cebándose con el roce producido por una puñetera zapatilla que por algo estaba tan rebajada en el outlet. Así que en segundos se esfumó el hechizo del lugar idealizado durante décadas como imagen de una época feliz, de una juventud y una infancia perdidas que pensaba reencontrar, detenidas en el tiempo, desparramadas por aquellas rocas volcánicas, aguas cristalinas y arenas cenicientas. Abandoné el lugar contaminado de jaimas, gritos, peloteos, flacideces, pirañuelas y mosquitas jodonas preguntándome, a propósito de los enamorados que horas después seguían magreándose apasionadamente con el agua hasta el ombligo, cómo pueden estar unos huevos cociéndose tanto tiempo sin alcanzar el punto de ebullición. También es verdad que era un domingo veraniego, el peor día para añorar paraísos perdidos. A quién se le ocurre.

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AVE de paso
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Fernando Sáez Aldana | 28-09-2017 | 06:15| 0

Hace 25 años no había ni uno y hoy España mantiene 2.500 kilómetros de vías de ferrocarril de alta velocidad, lo que nos convierte la segunda red más extensa del planeta, solo por detrás de China. Pero en términos relativos somos líderes. con 54 kilómetros de AVE por millón de habitantes (nos siguen Francia 31, Bélgica 19 y Japón, con 16), pero con los 1.200 proyectados en los próximos años serán 79, ampliando la distancia con Francia (43), Japón (23), Bélgica (19) o Alemania (18). En China son 8 y en Estados Unidos prácticamente cero. Estos datos contrastan con el escaso uso del AVE en España, muy inferior al de estos países, y es que implantar una gran infraestructura de comunicaciones no implica necesariamente que se vaya a utilizar, y en España tenemos demasiados ejemplos de aeropuertos y autopistas tan costosos como inútiles. Con respecto al AVE, la cifra es de sólo 11.500 pasajeros por kilómetro de vía rápida frente a los 158.121 de Japón, 132.000 de Corea del Sur, 106.000 de Taiwán o 61.400 de Francia. Conclusión: la alta velocidad española no es que no sea rentable: es ruinosa, como consecuencia de una política equivocada que ha originado la red de alta velocidad más extensa del mundo con la demanda más baja de los países que la han implantado.

Pues aquí seguimos reclamando alta velocidad, como si fuera la necesidad prioritaria del personal, o porque si el AVE ya llega a otros pueblos como León, Zamora, Cuenca o Huesca, a ver por qué no al mío, y me refiero sólo a Logroño, porque nadie piense que un tren va que de Bilibio a Castejón en ventipocos minutos pararía en Haro, Alfaro o Calahorra-Arnedo. Además, ¿se han parado a pensar lo que supondrá para el «paisaje del viñedo» la construcción de una línea de alta de velocidad? ¿O se creen que el AVE circularía por la actual línea de ferrocarril, construida hace siglo y medio con un trazado sinuoso para trenes de vapor con una velocidad punta de 60 km/hora? Ya estoy viendo el estrago paisajístico que el nuevo tendido produciría en todo su recorrido, cargándose el espléndido mar de viñedos que es nuestro mejor patrimonio. Si por unos cables de alta tensión la montamos, ¿qué será con una nueva vía férrea que presumiblemente transcurrirá paralela a la anterior destrozarriojas, una autopista encima de pago? Por último, ¿alguien ha evaluado la demanda real de transporte por tren en La Rioja y el incremento que justificaría el enorme impacto económico y medioambiental de una nueva línea de ferrocarril?

Pensemos en todo ello antes de seguir dando la barrila con el «AVE riojano» porque, como advierte el sabio consejo, cuidado con lo que pides porque te lo pueden dar. Y estos políticos son capaces de cualquier cosa por contentar a la parroquia.

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Degustatio, vinum, tumultum
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Fernando Sáez Aldana | 21-09-2017 | 06:24| 0

«… desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quien vender el sufragio—, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo». (Juvenal, Sátiras X, 77–81)

 

Algunas cosas han cambiado poco en los dos mil años transcurridos desde que el poeta latino acuñó la expresión panem et circenses para criticar la concesión asistencialista de alimento y diversión a la plebe para distraer sus miserias. Como, por ejemplo, las fiestas de los pueblos. Wikileo que el origen de los sanmateos se remonta a una antiquísima feria que se celebraba en septiembre, el mes de la «acción de gracias» por las cosechas. La fecha del 21 acabó fijándose por un decreto de Isabel II con criterio tributario, tratándose de un mercado agrícola y ganadero, pues el santoral dedica el día a un recaudador de impuestos, sin vínculo con una ciudad cuyo santo patrono de verdad, el de procesión, es otro.

Con el tiempo, las ferias y fiestas fueron perdiendo su carácter comercial y religioso para convertirse en jornadas lúdico-festivas que paradójicamente las retrotraen al «pan y circo» de un Imperio que también hoy está en manos de un botarate (Juvenal nació cuando Nerón). Por lo que respecta a estas «Fiestas de la Vendimia», sobrenombre franquista (a ver esa memoria histérica) otorgado a las de San Mateo en 1956, la retroacción es tan brutal que nos adelanta hasta los tiempos paganos en que el jefe de la tribu ofrecía el primer fruto de la cosecha a la deidad local de la fecundidad.

Y en una sociedad tan primitiva en el fondo —y en la forma— como ésta, ya sabemos qué se entiende por «lúdico-festivo»: comer, beber y alborotar. Este es el común denominador asequible de las fiestas de todos los pueblos: ruido (mayormente nocturno), panzada y borrachera (mayormente infantojuvenil). El desmadre, vaya. Luego ya, según permita el presupuesto municipal, estarán los fuegos, la verbena, la carroza y, cómo no, la vaca, otro culto totémico resistente al paso de los siglos, en sus modalidades cutre (vaquilla popular) o elitista (la corrida no está al alcance de todos los bolsillos).

Apruebo que la gente crea divertirse como le parezca, pero con dos límites: sin molestar a quien no desee sufrir los horrores de la fiesta y, desde luego, sin cargo a los presupuestos de estos ayuntamientos tan generosos a la hora de «regalar» o subvencionar diversiones a los ciudadanos a los que estrujan a impuestos, tasas y multazos para financiarlas. Sé lo canso que puedo resultar con este tema pero, de nuevo Juvenal, «difficile est saturam non scribere». Para este inevitable aguafiestas, mucho.

 

 

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Contracorriente
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Fernando Sáez Aldana | 14-09-2017 | 05:18| 0

En el autodenominado «progresismo» impera una corriente de pensamiento único social, político y económico definido por cuatro dogmas incuestionables: el democracismo, los «derechos sociales», el igualitarismo y la ideología de género, impuestos por una clase hegemónica cultural de izquierda a una derecha acomplejada que ha renunciado a la defensa de la libertad individual frente al intervencionismo estatal más fuerte de Europa. Pero también hay disidentes que han osado pensar en contrario y publicarlo, he aquí una muestra:

 

Contra las elecciones (Taurus, 2017). El belga David Van Reybrouck desmonta esa falacia tan catalana de que «la democracia es votar». El «síndrome de fatiga democrática» es consecuencia de la santificación del sistema representativo electoral, que ha llegado a su fin dando paso al populismo y los regímenes autoritarios. Para evitarlo propone que la democracia no sea votar cada equis años, sino que el pueblo se implique directamente en el Gobierno mediante la toma de decisiones por ciudadanos elegidos al azar y no por una élite gobernante.

Contra la socialdemocracia, Una defensa de la libertad. (Deusto, 2017). Almudena Negro y Jorge Vilches sostienen que la socialdemocracia ha creado una sociedad infantilizada que no se mueve por la razón sino por emociones con las que los ávidos de poder manejan al electorado. El consenso socialdemócrata es la causa del ascenso de los populismos, el infantilismo político y social, el desprecio al individualismo, el miedo a la libertad, el incremento de la desigualdad, y la idolatría del Estado en busca de la subvención frente al esfuerzo, el emprendimiento y el riesgo.

La tiranía de la igualdad (Deusto, 2017), del chileno Axel Kaiser. «Oímos decir continuamente que la desigualdad es inmoral por definición y que una sociedad igualitaria siempre será mejor que una sociedad desigual. Pero esto tiene trampa. El tan cacareado reclamo por la igualdad (…) en realidad es un reclamo de riqueza. Evidentemente todos quieren ser iguales, pero iguales al que tiene más, nadie quiere ser igual al que tiene menos».

«Cuando nos prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres». (Alicia V. Rubio, 2016). Por atreverse a publicar un libro que contradice la ideología de género, esta profesora fue destituida como jefa de estudios de su instituto y es objeto de acoso e insultos tan paradójicos como «fascista», término que define precisamente la represión del pensamiento discrepante y la quema de los libros que lo expresen.

 

A quienes les entren ganas de ponerlos a parir sólo por el título les pediría que se tomaran la molestia de leerlos. A las bondades de toda lectura sumarán la de abrir la mente a otras opiniones en un saludable ejercicio de tolerancia. Y después podrán seguir dejándose arrastrar por la corriente.

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Glosario aeronáutico
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Fernando Sáez Aldana | 07-09-2017 | 05:09| 0

Si ha padecido recientemente un viaje en avión quizá comparta alguna de estas definiciones heterodoxas en torno a la aventura de volar:

AEROPUERTO. Parque temático de aventura plagado de trampas, sustos, vejaciones y peligros que parece diseñado para masocas.

BOCA DEL ESTÓMAGO: espacio anatómico adonde se suben las tripas y hasta las gónadas por los meneos de las turbulencias.

BOTELLA. Aunque rota se convierte en un arma peligrosa y potencialmente mortal, puedes introducirla en la cabina si la compras en las tiendas del aeropuerto tras requisarte en el control de seguridad la que traías de fuera.

BREBAJE INMUNDO. Líquido oscuro servido por café en pleno vuelo para recordarte que ahí se sube a sufrir, sin tregua.

BUSINESSbísnes»). Clase preferente o ejecutiva. Primera, vaya. Las plazas más cómodas y mejor atendidas del avión, ocupadas por pasajeros que no suelen pagarlo de su bolsillo.

CERO. En clase turista, distancia en centímetros entre las rodillas y el respaldo delantero. Si su ocupante lo abate se vuelve negativa por presión positiva.

CHALECOS SALVAVIDAS. Cuando el avión se estrella en secano no salvan ni una. En el mar tampoco, pero facilitan el rescate de los cadáveres flotantes.

CHECK-IN («chéquin»). Proceso mediante el cual un recepcionista registra la llegada de un cliente a un hotel, estación, aeropuerto o puerto. Venga hombre, registro, en español.

EMBARCAR. «Hacer que una persona participe en un asunto o negocio arriesgado, peligroso o poco conveniente» (Vox).

EN SU PUTA VIDA. Próxima vez que un pasajero cabreado promete volver a subirse a un avión.

EQUIPAJE DE MANO. Maletita o mochila que acaba siendo de entrepierna si no chupas cola para embarcar de los primeros porque en los compartimentos no caben todos.

FLUIDOS. Los controles de seguridad permiten el paso de hasta 10 envases de 100 ml en el equipaje de mano. Pero en el Duty-Free (dutifrí) (a ver, ¡«tienda libre de impuestos») puedes comprar diez latas de cerveza tamaño oktoberfest con su jarra y meterlas en el avión sin problema.

IMPOSIBLE. (1) Apoyar el tuyo en el apoyabrazos compartido. (2) Echar una cabezada.

INGLÉS. Idioma que deben dominar para entender los mensajes de cabina aunque los pasajeros sean españoles o el vuelo despegue y/o aterrice en España.

INSTRUCCIONES DE SEGURIDAD. Consejos escenificados para sobrevivir en caso de catástrofe. En toda la historia de la navegación aérea no se ha conocido un solo caso de utilidad.

MALETA. Equipaje cuyo mayor tamaño lo priva del control de su dueño, con lo que las posibilidades de llegar a la vez a su destino disminuyen drásticamente.

NUNCA. (1) Momento en el que comienza el embarque. (2) Id. en el que deja de entrar más gente en el avión.

POLLO o PASTA. El yin y el yang del catering (¡comida preparada!), cuando dan.

PUERTA DE EMBARQUE. Lugar inicialmente asignado para acceder a tu avión que cambia al otro extremo del aeropuerto minutos antes sin previo aviso.

TURISTA. (1).Clase con asientos más estrechos, incómodos y carentes de servicios, ocupados por quienes sí pagan el billete. (2). Pringao.

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Una historia irrepetible
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Fernando Sáez Aldana | 31-08-2017 | 06:00| 0

Tras los atentados lo de Cataluña vuelve a lo de siempre, cada vez más un esperpento que ya aburre a un muerto, pero como no sólo es lo que hay sino que al parecer es casi lo único que hay (la otra matraca del año, Venezuela, parece que amaina), no queda otra que sumarse a la barrila que día tras día, semana tras semana, mes tras mes y ya año tras año sigue nos machaca y preocupa a los españoles. Salvo, se conoce, a los encuestados por la CIS y a los residentes en aquella región, y esta es la primera de dos reflexiones sobre este fastidioso asunto que aún no he leído ni escuchado en ninguna parte. Según los últimos sondeos (fíate de ellos) sólo un 42% de los encuestados están por proclamar ilegalmente una república catalana independiente. Entonces, la amplia mayoría contraria debería estar más que alarmada ante la paranoia que padecen los actuales dirigentes catalanes y sus compinches. Si yo catalán desaprobase esta locura perjudicial para mis intereses lo diría, me movilizaría, protestaría cómo y donde fuese. En cambio, allí nadie dice ni hace nada. Una de dos: o se lo toman en broma o en serio pero se la refanfinfla. O, quizá, se frotan las manos ante la perspectiva de vivir en un Estado de Desacato basado en la desobediencia y no sometido al imperio de la ley en el que, por tanto, cualquiera tenga derecho a decidir lo que le salga como eludir impuestos.

La segunda reflexión se refiere a la impunidad del llamado «desafío soberanista». A ver, si yo le anuncio a alguien mi intención de propinarle una paliza, no digamos de matarlo, el Código Penal le permite acusarme de un delito por el que puedo ser juzgado y condenado. No haría falta que le sacudiera, bastaría con levantarle la voz o el puño en presencia de testigos. El delito de amenazas (definidas como «hechos o expresiones que revelan la intención de causar un mal»), se agrava cuando van dirigidas «a los habitantes de una población (…) y tiene entidad suficiente para atemorizarles». Entonces, a qué esperamos, ¿a que el presidente de la comunidad autónoma de Cataluña se proclame por decreto en un mes presidente de la República Catalana desde la balconada de su palacio? (¿Se imaginan a Ceniceros haciendo lo mismo desde su palacete?). La última vez que lo intentaron (octubre de 1934) el gobierno de la República Española encarceló al catalán y el Tribunal de Garantías Constitucionales condenó a Companys y compañía a treinta años de reclusión mayor e inhabilitación absoluta y suspendió la autonomía catalana. Pero cuando el Frente Popular conquistó el poder los amnistió, restableció la Generalidad y pelillos a la mar. Dicen que la historia repite más que un pepino frotado con ajo crudo, pero en este caso no parece probable: ni el gobierno central parece tener agallas ni la oposición dos dedos de Frente.

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El triunfo de la mosca
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Fernando Sáez Aldana | 30-08-2017 | 17:01| 0

La secuela del best-seller «Sapiens» de Yuval Noah Harari, «Homo Deus», no es tan interesante pero aporta una reflexión referida al terrorismo (él vive en un país bajo constante amenaza) que suscribo: siendo «una estrategia de debilidad que adoptan aquellos que carecen de acceso al poder real», y las relativamente pocas víctimas mortales que causan cada año en el mundo comparado con otras causas,

 

«¿Cómo es posible que los terroristas consigan copar los titulares y cambiar la situación política en todo el mundo? Porque provocan que sus enemigos reacciones de manera desproporcionada. El terrorismo es un espectáculo de violencia pavoroso que capta nuestra imaginación y nos hace retroceder al caos medieval. En consecuencia, los estados suelen sentirse obligados a reaccionar con otro espectáculo de seguridad y fuerza formidables, y esta reacción desmesurada genera una amenaza mucho mayor para nuestra seguridad que los propios terroristas. Los terroristas son como una mosca que intenta destruir una cacharrería, pero como es tan débil se introduce en la oreja de un toro y empieza a zumbar hasta que el bicho enloquece de miedo e ira y destruye la cacharrería».

 

El mayor ejemplo hasta la fecha es el derribo de las torres gemelas y ulterior desastre desencadenado por USA en Oriente Medio (de aquellos polvos estos lodos). Pero otros más modestos, como el salvaje atropello de las Ramblas, obtenien también una gran respuesta mediática e institucional. No sólo TVE suspendió su programación para repetir durante horas las mismas imágenes vacías de información; ninguna cadena internacional de noticias tenían otra cosa de qué hablar esa tarde. Esta excesiva respuesta de una sociedad impotente ante estas tragedias la que genera alarma y angustia no sólo en el escenario del crimen sino en toda la ciudad y hasta la nación entera, con la amplificación mediática alimentando el miedo colectivo. Mientras que el rutinario ahogamiento de familias enteras en el estrecho se despacha con un minuto y sin derecho a lacito negro, bandera a media asta, funeral de estado ni minuto de silencio.

Tiene razón Harari, en la historia de la Humanidad nunca hubo menos muertes por guerra, enfermedad y hambre que ahora. En España es más posible morir bañándose con marejada, pedaleando por la carretera, subiendo montañas, casándose con un machista o conduciendo por la N-232 que de un ataque terrorista. Hora es de considerar un paseo por la peatonal como una actividad de riesgo más —pero tan remoto— de ser atropellado o acuchillado por moritos zumbados y tratar de acotarlo (ya buscarán otra cosa, el mal no descansa). Pero no tiene sentido seguir alarmando a la gente después del atentado sobredimensionando sus efectos porque ese es el verdadero triunfo de la mosquita muerta, sacar de sus casillas al morlaco. Miedo no sé si tenemos, pero rabia mucha, que es peor.

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Rioparaíso
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Fernando Sáez Aldana | 17-08-2017 | 05:08| 0

En junio se cumplieron cuarenta y un años de mi licenciatura en Medicina y Cirugía. Aquel verano lo pasé recluido en un cuartel de Sanidad Militar y allá por el Pilar, con veintitrés añitos recién cumplidos, inicié mi vida profesional como médico rural en una aldea perdida del páramo burgalés con nombre de realismo mágico: Rioparaíso. El consultorio ocupaba la habitación desnuda de una casa del pueblo con una mesa de madera y una silla a cada lado por todo equipamiento. Mi primera paciente, cómo olvidarlo, fue una ancianita menuda forrada de luto con nombre de realismo visigótico: Cunegunda se llamaba. Aparte de lo que recordaba de la Facultad, mi arsenal diagnóstico y terapéutico cabía en el maletín: fonendoscopio, linternita, termómetro, talonarios de recetas y vademécum. Si algún medio de la provincia hubiese publicado mi debut bajo el titular «Toma posesión del partido médico de Rioparaíso un pipiolo sin ninguna experiencia» hubiese dicho la verdad, desde luego, pero ¿qué razón había para alarmar a aquellas confiadas gentes, tan contentas de tener médico aunque fuesen los primeros que atendiese? Que dos meses antes me hubiesen encerrado en el calabozo del cuartel por sacudirle borracho al capitán quizá añadiría morbo a la noticia, pero ¿tendría algo que ver con mi cualificación profesional?

La verdad es que los mediquillos recién licenciados que optamos por ejercer en un pueblo apartado y solos ante el peligro mientras salía la convocatoria MIR fuimos muy valientes. Hoy es más fácil ejercer sin experiencia: muchos pacientes se diagnostican solos en internet, le dicen cuando no exigen al médico las pruebas que les debe solicitar, se automedican y llegado el caso marcan el 112 o se derivan a Urgencias. Hasta la señora Cunegunda consultaría al doctor Google sin moverse de la mesa camilla (y sin quitarse el refajo). Sí, un médico inexperto actual es menos peligroso que hace cuarenta años. Y mucho menos que un alcalde, una ministra, un presidente autonómico y no digamos de la nación, que no sepa gestionar ni su economía doméstica. ¿Cuántos años llevaban las señoras Carmena y Colau (o Botella, que da lo mismo) sin presidir el gobierno de una ciudad de millones de habitantes? ¿Cuántos el señor Puigdemont (o Cifuentes, que lo mismo da) el de una comunidad autónoma? Y, si logran «echar a Rajoy» (¡qué finura democrática!), ¿cuántos años llevarían los señores Sánchez o Iglesias sin regir los destinos de una gran nación como España? ¿Alguien les exigirá experiencia para ejercer las más altas responsabilidades? Además, la experiencia es insuficiente si no se acompaña de buenos resultados certificados: he conocido matasanos con trece trienios de antigüedad. Y todos los que nos dedicamos a algo, sin excepción, tuvimos nuestro Rioparaíso. Qué tiempos.

 

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