Gobierno impopular

Es normal que la gente no sepa qué son la válvula mitral, la hipófisis o el escafoides que han llevado dentro toda la vida hasta que su fallo o rotura se la complica. A mí me sucede lo mismo con la deuda, el déficit o la prima de riesgo: siempre han existido, pero su actual descontrol deteriora gravemente la economía del país y, por tanto, el bienestar ciudadano. Así que trato de informarme para entender, y me voy enterando de cosas. Como que el peor problema económico de España no es su deuda soberana, es decir, lo que el Estado pide prestado cuando gasta más que los ingresos previstos en sus presupuestos (“sólo” es un tercio de la alemana), sino la desconfianza de los acreedores (los malignos “mercados”) en la solvencia del endeudado para devolver el préstamo, por su elevado déficit público y su nulo crecimiento económico, lo que ocasiona la huida de los inversores y el aumento de los intereses, en relación al patrón-oro alemán o prima de riesgo, que hemos de pagar a quien compre una deuda tan poco fiable. Y que, al parecer, la única manera de superar esta delicada situación, que puede abocar a España a la suspensión de pagos o a la intervención europea, consiste en reducir el déficit del único modo posible, o sea: a) aumentando los ingresos (= los impuestos) y b) reduciendo los gastos (= “recortes”). Así que ni al gestor público le queda otra que tomar estas medidas, ni a los ciudadanos que soportarlas, por injustas, excesivas o duras que sean o nos parezcan. En este sentido, a pesar de algunos tijeretazos de ciego y discrepando bastante en el cómo, creo que el gobierno está haciendo lo correcto, actuando con responsabilidad, altura de miras y coraje. Y también que, a este paso y aún haciendo lo que debe –aunque sin saber explicárselo a la gente- se va a desgastar rápidamente hasta convertirse en el del Partido Impopular. Frente a él, un impresentable PSOE, cuya pésima gestión en el anterior gobierno tiene mucho que ver con la penosa situación actual, está ejerciendo una oposición desleal, irresponsable y demagógica que sólo persigue la recuperación del poder perdido como sea, cerrando filas con unos sindicatos decimonónicos y cerriles dispuestos a encender la calle siempre que no gobierne la izquierda que los amamanta.
Por tanto, creo que Rajoy y los suyos están tomando con valentía decisiones tan dolorosas como posiblemente inevitables aunque discutibles, mientras que Rubalcaba y compañía sólo buscan desquitarse cuanto antes, sin darles siquiera la oportunidad de intentar arreglar en una legislatura lo que ellos (en 2004 había superávit) destrozaron durante dos. Pero, por desgracia, lo que este país necesita ahora es un gobierno impopular, no populachero. Claro que puedo estar mal informado sobre eta crisis y, en consecuencia, equivocado. Entonces me callo.

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