La Rioja
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La Casa de los Cuentos
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Fernando Sáez Aldana | 16-02-2017 | 07:14

Ahora que la ruina originaria de la futura Casa del Cuento logroñesa se ha derrumbado quizá sea el momento de replantearse el proyecto. El coqueto chalé construido hace casi un siglo para casa de campo finalizó su vida útil como colegio público infantil, bautizado «Vuelo Madrid-Manila» en recuerdo de la hazaña aeronáutica cuyo prestigio mundial no parece suficiente para salvar de la memoria histérica al general riojano Eduardo González Gallarza, el héroe de la gesta (1926) que fue Ministro del Aire con Franco.

La Casa del Cuento, uno de los proyectos estrella del Ayuntamiento, pretende ser «un contenedor cultural pensado para incentivar la afición a la lectura entre los más pequeños pero que al mismo tiempo impulsará las relaciones intergeneracionales». Pero, tras el desplome de lo que sólo era fachada, desde la cutre zona cero del parque Gallarza surgen nuevas iniciativas: que si para niños, que si para mayores, que si para todos, que si para nada. A mí me gusta la idea de una Casa del Cuento, pero no pensando en el infantil o el literario sino en el que define el diccionario como embuste, chisme o engaño, el tipo de cuento al que aluden expresiones como «menos cuento», «dejarse de cuentos», «es un cuento chino», «echarle mucho cuento», «vivir del cuento» o «tener más cuento que Calleja».

Con esta perspectiva semántica, propondría un Centro de Interpretación del Cuento destinado sobre todo a los jóvenes, más expuestos a que les vengan con cuentos sobre la vida que les aguarda. La exposición, guiada por voluntarios de la ONG Mayores Desengañados, abarcaría áreas temáticas como El cuento de la Realización, con paneles sobre la Educación y la Formación, el Trabajo, la Familia, el Sueño hecho Realidad, la Vivienda en propiedad, el Coche, el Consumismo y demás obstáculos a la auténtica felicidad; El cuento de la Trascendencia, dedicado a las creencias en Dios, la Religión, el Alma, el Espíritu, la Vida Eterna y demás mitos consoladores de la nada; El cuento del Bienestar, o sea de la Vida Sana, el Ejercicio Físico, la Salud, la Prevención, la Regeneración, la Felicidad, el Merecido Descanso, las Pensiones y tal; El cuento de las Libertades, que abordaría el Estado de Derecho –a todo–, la Soberanía, la Independencia, la Nación, la Democracia, la Justicia, la Igualdad, la Derecha y la Izquierda y otras solemnes patrañas. Y como colleja final en la nuca del joven moviladicto, El cuento del Progreso de la especie humana, imparable, pero hacia cotas de estupidez autodestructora que parecían insuperables.

Lo que es impulsar las relaciones intergeneracionales se impulsarían, aunque se me antoja poca Casa para tanto Cuento.

 

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