La Rioja
img
Democraciosis
img
Fernando Sáez Aldana | 23-02-2017 | 05:22

Pretendía un título inédito para mi reflexión pero todas las palabras que se me iban ocurriendo: democratismo, democracismo, democratosis, democracitis o democranoia ya han sido utilizadas. Es mi deformación profesional la que me permite ofrecer hoy el estreno mundial de un neologismo: democraciosis. En Medicina, el sufijo –osis expresa «anomalía, proceso patológico, enfermedad»: artrosis, arterioesclerosis, neurosis, cirrosis. Y la reflexión va de la morbosa deriva que en un país con tan corta experiencia democrática ha tomado el concepto de democracia. Así, democraciosis podría definirse como «proceso degenerativo que afecta a la democracia». Un mal típico de sociedades salidas de largos períodos autocráticos, caracterizado por brotes incontrolados de reacciones pseudodemocráticas autoinmunes que atacan a todo el cuerpo electoral con la patológica tesis de que, como la democracia consiste en votar, votemos cuando y lo que nos dé la real gana.

Huelga explicar qué entendemos en Occidente por democracia. Solo resaltaré que los procesos de toma de decisiones por el colectivo que sea, la nación, cualquier institución o asociación, o una comunidad de vecinos, debe ajustarse a unas reglas de juego que todos deben aceptar. Por tanto, el llamado «derecho a decidir» es nulo si se ejerce al margen de la legalidad, norma suprema de convivencia, y acusar de no democrático al poder que impide votar lo invotable es, menudo bucle, profundamente antidemocrático. En una democracia todas las ideas y aspiraciones son legítimas si se conducen por la senda de las leyes que obligan a todos. Por lo tanto no debería alarmar que ciudadanos de Cataluña, La Rioja o El Bierzo aspirasen a convertir su región en un Estado independiente, por delirante que sea. Pero sí que lo pretendan desobedeciendo leyes y sentencias, sacando a la calle urnas ilegales para que los ciudadanos ejerzan su inexistente derecho a decidir algo tan indecidible como sería no pagar impuestos, por aplastante que fuese la mayoría de votos favorables. Los derechos han de estar sustentados por leyes aprobadas por los representantes de todos los ciudadanos de un estado soberano. Eso es la democracia. Lo otro es democraciosis, grave sociopatía que es preciso combatir con todos los tratamientos disponibles aprobados, aun los más drásticos, sin miedo a los posibles efectos adversos. No se trata el cáncer negociando con las células malignas sino aplicando las terapias más agresivas antes de que sea demasiado tarde. Ya sé que la aburrida opinión de un columnista de provincias no cuenta mucho al respecto. Pero, y lo contento que estoy con mi nueva palabrita, qué.

Los comentarios están cerrados.