La Rioja
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No es país para Borbones
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Fernando Sáez Aldana | 02-03-2017 | 06:28

Históricamente, los mejores alzamientos contra la autocracia, las revoluciones de verdad, son las que se cargan violentamente al tirano. Al rey Carlos I de Inglaterra, por ejemplo, su deriva absolutista le costó la cabeza (magnífica su flema cuando al dar un traspié subiendo al patíbulo susurró: «Dicen que tropezar trae mala suerte»). La misma mala suerte que correrían Luis XVI y María Antonieta de Francia, el zar Nicolás II de Rusia y su familia, el emperador Maximiliano I de México y ya en nuestros días, déspotas como Ceaucescu, Sadam o Gadafi. En España nunca nos atrevimos a linchar al o la monarca; nos conformamos con mandar al exilio, uno sí uno no, a esta dinastía bumerán de los Borbones: siempre que los echas acaban volviendo.

Sobre las ejecuciones del Estuardo en 1649 y de los Capeto siglo y medio después, las crónicas coinciden en que tras los regicidios las respectivas chusmas regresaron a sus casas sumidas en una especie de silenciosa depresión colectiva. Al parecer, la exhibición de las cabezas cortadas de sus monarcas chorreando sangre no les proporcionó satisfacción, gusto o regocijo sino sentimiento de culpa parricida. Y todos continuaron tan infelices o miserables como antes de los descabezamientos, corolario aplicable a las post revoluciones rusa, libia o mexicana.

Viene esto a cuento de las ganas que el moderno populacho español, «la gente», le tiene a la hermana lista de Felipe VI; de su frustración por no verla entre rejas al ser absuelta en un proceso, según los entendidos en jurisprudencia, impecable. Juicio al que fue sometida sólo por la acusación particular de un sindicato sinvergüenza cuyo capo sí está en la cárcel por corrupto. Me libraré de defender a la infanta Cristina porque me asiste la misma aptitud que para atacarla: ninguna. Pero en este país de sabidillos sin estudios, de sentenciadores sin juicio, de millones de catedráticos de Derecho Penal, doctores en Medicina y másteres en Loquesea por la Universidad de Google, qué chorra más dará la opinión de los expertos. La chusma siempre está ávida de sangre, si es azul mejor, aunque un tribunal de verdad absuelvan a su reo. Aquí la Justicia – a cuyas resoluciones llaman fallos– sólo es justa si el veredicto gusta. Y no gusta que, tras ser condenada en sumario proceso popular, una Borbón se salve de la guillotina chascarrillo-mediático-retículosocial y abandone el banquillo «de rositas», aunque sea cabizbaja y sin el apoyo entusiasta de incondicionales tan estúpidos que te vitorean aunque estés acusado de defraudar al fisco, o sea de robarles. Para esto tienes que apellidarte Messi, Neymar o Ronaldo. Pero Borbón, mal asunto. A ésta, al menos no habrá, que echarla. Ya está exiliada.

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