La Rioja
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RIPF
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Fernando Sáez Aldana | 30-03-2017 | 05:16

Es su cumpleaños y decide convidar a su familia en un restaurante. Cuando pide la cuenta el camarero le requiere el DNI y lo introduce en un datáfono. No, no es para comprobar su tarjeta de crédito. El chisme está conectado con una base de datos de Hacienda que al instante sentencia el tipo impositivo del IVA que aplicarán a su cuenta según su nivel de renta. Como usted gana equis, pagará el 35%. En otra mesa unos amigotes celebran ruidosamente lo que sea y a la hora de pagar el que menos ingresos declara de todos pide la nota. Como gana la mitad que el padre de la familia contigua, su comilona se grava «solo» con un 15%. Es decir: cada mordisco al chuletón y cada lingotazo de crianza le sale más caro al mayor contribuyente, como premio. Esto no es hacienda ficción. Aparte de que cualquier día puede ser realidad, ya sucede con el Padre de Todos los Impuestos, el de la renta de las personas físicas (IRPF), cuya campaña de terror tributario comienza la próxima semana.

Ya saben qué un impuesto progresivo. Si usted gana 100 paga a Hacienda 10 (es un ejemplo). Si gana 1.000 y le aplican la misma tasa, el 10%, pagará 100, o sea diez veces más, y esto ya es «que pague más quien más tiene», de sobra, ¿no? Pues no. Si gana 1.000 le aplicarán el 20%, si 2.000 el 30% y si 4.000, el 40%. Es decir, le confiscarán el dinero que haya ganado con el sudor de su frente y en función de la formación superior requerida para desarrollar su trabajo o de la alta responsabilidad que conlleve su ejercicio. Y es que el «Estado cleptocrático» expropia más donde más puede, en virtud del sacrosanto principio colectivista de la «justa redistribución de la renta», que «los socialistas de todos los partidos» (Hayek), incluso los conservadores (¿hay algo más tonto que un socialista de derechas?), aplican sin rechistar. Y una mierda. La progresividad del IRPF será cualquier cosa menos justa. La virtuosa «solidaridad», obligatoria hasta la persecución, y por tanto falsa, a la que apela el Estado para justificar el expolio fiscal, es el envoltorio sentimental de una voracidad impositiva coactiva e insaciable que se está cargando las clases medias para financiar un gasto público desbocado y un déficit insoportable. Un año más, comienza la campaña: ya es primavera en la Agencia Tributaria. ¿IRPF? Más bien, RIPF: requiescat in pace, familia. Pero no quejarse, de momento todos pagamos lo mismo por un menú del día. Además, tenemos más AVE, más aeropuertos, más universidades, más gobiernitos y parlamenticos, más gestores despilfarradores o mangantes y más subvenciones que nadie, y todo ello cuesta un pastón público que ya saben de dónde sale: de los bolsillos privados.

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