La Rioja
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Homo enmerdans
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Fernando Sáez Aldana | 17-05-2017 | 06:36

El mismo día de la semana pasada este diario se hizo eco de dos denuncias formuladas por lectores sobre el mismo asunto: la suciedad de las vías públicas, tanto rústicas como urbanas. La primera queja aparecía en la sección Cartas al Director bajo el título «Logroño, más sucio», y sobre la porquería esparcida por las aceras de la capital riojana su autor especulaba de este modo: «Desconozco si se trata de una consecuencia de la crisis, si es responsabilidad de la empresa adjudicataria del servicio y si se debe achacar a la negligencia del concejal de turno». La segunda protesta, ilustrada con una elocuente imagen, fue recogida por el Teléfono del lector y se refería a la basura depositada fuera del contenedor instalado en un transitado camino rural, «para solaz de canes y vergüenza del Ayuntamiento responsable de semejante desidia».

No puedo estar más de acuerdo con el diagnóstico de estos denunciantes, porque salta a la vista, pero también más disconforme con las causas de la guarrería esgrimidas por ambos. Va a resultar que la culpa de que las aceras, plazas, parques y caminos rurales estén sembrados de envases, colillas, cáscaras, envoltorios, chicles, cagarrutas, latas, botellas, gargajos, meadas, vomitonas, condones o tampones la tienen los ayuntamientos, las empresas de limpieza, las crisis o el sursum corda, pero nunca los innumerables guarros y guarras que andan enmerdando la ciudad y sus aledaños. Qué quieren, ¿un barrendero detrás de cada marrano maleducado recogiendo lo que vaya arrojando al suelo? Los únicos culpables de utilizar las calles, y no digamos los contenedores como vertederos, son quienes lo ensucian. La solución de esta lacra, por tanto, no es aumentar unos dispositivos de limpieza que siempre serán insuficientes con tanto incívico suelto.

La primera medida debe ser preventiva: educar al futuro cochino desde lechón, y no solo en la escuela sino sobre todo en casa, inculcándole que mantener limpios los espacios públicos es una norma básica de convivencia y respeto a los demás, además de evitar cuantiosos gastos a los contribuyentes. Ahora bien, ante el empuerque consumado sí debería actuar el concejal de turno, pero no el que gestiona la limpieza sino la policía, porque si un agente se encuentra con un vehículo un poco subido a la misma acera donde un perrazo está soltando un zurullo como una butifarra ante la desidia de su amo, adivinen a por quién se tirará. Sólo saben instalan radares móviles ¿Para cuándo el guarradar?

(Es curioso: en este país no hay entorno más respetado, silencioso y acicalado que el cementerio. A español muerto, la limpieza al rabo. Pero al vivo, venga ruido y mucha mierda.)

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