La Rioja
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Homo inmortalis
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Fernando Sáez Aldana | 08-06-2017 | 05:21

Ojeando prensa digital me golpea el intelecto este titular: «Vamos a asistir a la muerte de la muerte antes del 2045». Es la terrible profecía lanzada por José Luis Cordeiro, un ingeniero venezolano profesor de la Singularity University de California, cuya misión es promover el desarrollo de tecnologías con las que «resolver los grandes desafíos de la humanidad». Para esta gente, al parecer, la vida es una enfermedad mortal y envejecer o morir no son un fenómeno natural universal inherente a todos los seres vivos, sino un fallo, un error, un problema que es preciso desafiar y vencer para poder convertirnos en inmortales. Cordeiro va más allá y asegura que no sólo se logrará detener («curar», dice) el envejecimiento sino invertir el proceso, es decir, rejuvenecer, pero no con cremas antiedad o cirugía estética sino como en el curioso caso de Benjamin Button.

 

Aclaremos algo: no es lo mismo no morirse nunca por avanzada edad o enfermedad que la inmortalidad. No dudo que lo primero pueda lograrse algún día gracias a espectaculares avances en genética, medicina y cirugía. Pero que la ciencia consiga evitar cualquier fallo o insuficiencia hoy por hoy letal de un órgano o sistema del cuerpo humano no significa que no se pueda palmar. Si, pongo por caso, usted y su momia deciden celebrar el centenario de su boda con un viajecito del Imserso por donde sea y caen en manos de un hijoputa radicalizado en yihadista (¿o será viceversa?) que les rebana el pescuezo con el alfanje por infieles, créanme, estarán más muertos para siempre que el pacto de Toledo.

 

El cuerpo humano sólo sería imperecedero si lograra eludir toda lesión producida por una violencia externa o traumatismo, con la potencia suficiente para liquidarlo. Pero ello exigiría no salir nunca de casa, y aún así hay gente que se asfixia con el hueso de pollo, se electrocuta en el baño o se desnuca en la escalera. El pánico a morir nos exigiría permanecer acurrucados en el salón, escuchando en la radio o viendo en el móvil, la tele o la tableta todos los puñeteros días a todas las malditas horas y per saecula seculorum que los estibadores amenazan con otra huelga, que buscan en otras partes los restos de Marta del Castillo, y de Lorca, y que quieren sacar los de Franco de Cuelgamuros; que el gobiernito catalán sigue erre que erre con su referéndum ilegal, que Iglesias y Sánchez no son capaces de echar a Rajoy, que continúa sus trabajos la comisión investigadora de la financiación de los partidos, que los Pujol tatarabuelos siguen sueltos, que se retrasa la siguiente fase del soterramiento, que los superhéroes merengues levantan la octogésima quinta, que la oposición exige investigar el chalé de Pedro Sanz… ¡buf!, si eso es la inmortalidad, de verdad, prefiero la muerte.