La Rioja
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Que no cunda el gesto
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Fernando Sáez Aldana | 15-06-2017 | 04:45

Cuando atraviesen un paso de peatones fíjense bien en el icono iluminado en verde o rojo que le indicará cuando puede o no cruzar la calle: es la silueta perfectamente lisa de una figura antropomorfa asexuada. ¿Qué no? A ver: ¿el monigote marca paquete? No. ¿Espetera? Tampoco, luego no muestra ningún signo inequívoco de identidad sexual, o género, que se dice ahora. Los pantalones dejaron de ser un atuendo exclusivo masculino hace mucho, muchas mujeres llevan el pelo tan corto como la mayoría de los hombres y bastantes de estos más largo que ellas. Por lo tanto, sólo una mente enferma de SOIS (Síndrome Obsesivo de Igualitarismo Sexual) vería la imagen de un varón heterosexual en el muñequito de los semáforos que, con la cabeza rapada y sin evidencia de bultos anatómicamente diferenciadores, lo mismo podría representar a la teniente Ripley que a Pep Guardiola.

Pues bien, el Ayuntamiento de Madrid se ha gastado una pasta en sustituir lentes de semáforos que regulan el paso de peatones y peatonas por otros que, en lugar del tradicional monigote neutro, muestran tres tipos de iconos: paritarios, igualitarios e inclusivos. El semáforo paritario pretende representar a una pareja formada por varón y mujer, el igualitario a una mujer sola y el inclusivo a dos hombres o dos mujeres, con un corazoncito indicativo de lo mucho que las siluetitas se quieren mientras cambian de acera. Pero esta ocurrencia, consumada para conmemorar unas jornadas de exaltación callejera de la homosexualidad, planteaba un inconveniente: si el muñequito asexual es el hombre, ¿cómo representar a la mujer? Pues los expertos en «mostrar la diversidad» han recurrido a dos atributos de la imagen femenina tan desfasados como la falda y la coleta. Así, en uno de los semáforos inclusivos lucen silueta dos presuntas chicas de la manita, que más que lesbianas parecen hermanas o amigas camino del cole, o una mamá y su niña, o, la imaginación es libre, a Pablo Iglesias en kilt apoyando la independencia escocesa de la mano de Nicola Sturgeon.

No caigamos en la trampa de reclamar también semáforos para parejas heterosexuales, ancianos, discapacitados, escolares, millenials o familias no desestructuradas. Contentos si este «gesto» que es más un gasto tan innecesario como sonrojante de la inteligencia, no inaugura una tendencia que, junto a los tradicionales retretes igualitarios acabaría rotulando servicios paritarios (bisexuales) que, eso sí, aumentaría la cola de los señores y reduciría la de señoras. En cuanto a los inclusivos, ignoro cómo se las apañarían ellas de dos en dos pero los tíos lo tenemos chupado porque, además de poder hacerlo de pie y sin bajarnos los pantalones, «picha española nunca mea sola». El cuerpo del macho humano es así de machista. Qué le vamos a hacer.