La Rioja
img
Violencia de género gramatical
img
Fernando Sáez Aldana | 29-06-2017 | 11:01

Definitivamente la estupidez de género (EG) se ha convertido en la fuente de inspiración favorita de este columnista. Entiendo por tal la enfermiza obsesión por eliminar términos gramaticales masculinos usados durante siglos por la lengua española para abarcar ambos sexos, sin ningún problema, v.g.: «hombre. 1.m. Ser animado racional, varón o mujer» (Diccionario de la Lengua Española). La EG solo es una variante de la vieja estupidez universal pero desarrollada en el seno de cierta presunta izquierda española dando lugar a un lenguaje farragoso y censurado al servicio de una pseudoideología patéticamente sectaria y pretendidamente progresista: el antisexismo.

Sexismo significa «discriminación de las personas por razón de sexo», y discriminar «seleccionar excluyendo» y «dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos (…) de sexo». Así que discriminar a una mujer sería no contratarla o promocionarla por serlo, o pagarle menos que a un varón por el mismo trabajo. Eso es sexismo. Pero no lo es afirmar que «los carteros caminan mucho», «los jueces están politizados» o «los médicos no pudieron salvarlo» incluyendo en estos colectivos a carteras, juezas y médicas.

La primera fase de la EG en su cruzada contra el género gramatical fue el insoportable «que todos los compañeros y compañeras sepan que los miembros y miembras de este partido están con la mayoría de las ciudadanas y ciudadanos de este país». La siguiente persigue directamente suprimir los términos masculinos, sustituyéndolos por equivalentes absurdos. Buen ejemplo es la ridícula «Guía breve para un uso no sexista del lenguaje» publicada por la Sanidad valenciana alegando que «es necesario realizar cambios en el lenguaje», porque ellos lo digan. La guía propone sustituir «ciudadanos» por «ciudadanía», «los médicos» por «personal facultativo», «autores» por «autoría», «hijos» por «descendencia», «niños» por «criaturas, infancia, menores o niñez», «extranjeros» por «personas extranjeras», «los demás» por «el resto de la gente», «estar empadronados» por «tener empadronamiento» y en «nosotros valoramos», «obviar el pronombre» y dejarlo en «valoramos»… suficiente, ¿verdad?

La extensión de estas aberraciones lingüísticas a todo el diccionario exigiría, por ejemplo, la «corrección» de tortuga, jirafa, ballena o araña machos por tortugo, jirafo, balleno y araño. Y ¿qué pasa con «el ser humano»?: ¿«el ser y la sera»?, ¿«la esencia humana»? ¿Y el esencio? Rogaría a las personas (¿y personos?) con responsabilidades de gestión pública y afectadas de necedad (gobernantes ignorantes, para entendernos) que dejaran de agredir a nuestro idioma con su violencia de género gramatical pariendo sandeces propias de la EG, pero del género idiota. O idioto.