La Rioja
img
El triunfo de la mosca
img
Fernando Sáez Aldana | 30-08-2017 | 17:01

La secuela del best-seller «Sapiens» de Yuval Noah Harari, «Homo Deus», no es tan interesante pero aporta una reflexión referida al terrorismo (él vive en un país bajo constante amenaza) que suscribo: siendo «una estrategia de debilidad que adoptan aquellos que carecen de acceso al poder real», y las relativamente pocas víctimas mortales que causan cada año en el mundo comparado con otras causas,

 

«¿Cómo es posible que los terroristas consigan copar los titulares y cambiar la situación política en todo el mundo? Porque provocan que sus enemigos reacciones de manera desproporcionada. El terrorismo es un espectáculo de violencia pavoroso que capta nuestra imaginación y nos hace retroceder al caos medieval. En consecuencia, los estados suelen sentirse obligados a reaccionar con otro espectáculo de seguridad y fuerza formidables, y esta reacción desmesurada genera una amenaza mucho mayor para nuestra seguridad que los propios terroristas. Los terroristas son como una mosca que intenta destruir una cacharrería, pero como es tan débil se introduce en la oreja de un toro y empieza a zumbar hasta que el bicho enloquece de miedo e ira y destruye la cacharrería».

 

El mayor ejemplo hasta la fecha es el derribo de las torres gemelas y ulterior desastre desencadenado por USA en Oriente Medio (de aquellos polvos estos lodos). Pero otros más modestos, como el salvaje atropello de las Ramblas, obtenien también una gran respuesta mediática e institucional. No sólo TVE suspendió su programación para repetir durante horas las mismas imágenes vacías de información; ninguna cadena internacional de noticias tenían otra cosa de qué hablar esa tarde. Esta excesiva respuesta de una sociedad impotente ante estas tragedias la que genera alarma y angustia no sólo en el escenario del crimen sino en toda la ciudad y hasta la nación entera, con la amplificación mediática alimentando el miedo colectivo. Mientras que el rutinario ahogamiento de familias enteras en el estrecho se despacha con un minuto y sin derecho a lacito negro, bandera a media asta, funeral de estado ni minuto de silencio.

Tiene razón Harari, en la historia de la Humanidad nunca hubo menos muertes por guerra, enfermedad y hambre que ahora. En España es más posible morir bañándose con marejada, pedaleando por la carretera, subiendo montañas, casándose con un machista o conduciendo por la N-232 que de un ataque terrorista. Hora es de considerar un paseo por la peatonal como una actividad de riesgo más —pero tan remoto— de ser atropellado o acuchillado por moritos zumbados y tratar de acotarlo (ya buscarán otra cosa, el mal no descansa). Pero no tiene sentido seguir alarmando a la gente después del atentado sobredimensionando sus efectos porque ese es el verdadero triunfo de la mosquita muerta, sacar de sus casillas al morlaco. Miedo no sé si tenemos, pero rabia mucha, que es peor.