La Rioja
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Un poco de autocrítica vial
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Fernando Sáez Aldana | 19-10-2017 | 05:17

Leído en la edición digital del diario LA OPINIÓN de Murcia del pasado10 de octubre:

«La A-7, una autovía mortal. Cinco fallecidos y una decena de heridos en un choque múltiple en la A-7 en el que una vez más se vieron implicados varios camiones. El accidente ocurrido ayer es la tercera tragedia en poco más de un año que se registra en la A-7 con varios camiones implicados. La Autovía del Mediterráneo a su paso por la Región de Murcia es la vía con mayor porcentaje de siniestralidad, ya que en los últimos seis años desde 2011 ha registrado una veintena de accidentes graves que han arrojado más de veinte fallecidos, los últimos, los cinco muertos ayer en el choque múltiple a la altura de Sangonera la Seca».

¿Les suena? Sustituyan A-7 por N-232 y podría ser un titular de este periódico, donde leo también que, según la organización Automovilistas Europeos Asociados, el año pasado hubo seis tramos de vías riojanas entre los más peligrosos de España, de los cuales sólo uno está en la N-232 —y no en la Rioja Baja sino en Fonzaleche— tres en la N-111 (carretera de Soria) y dos… en la autopista AP-68.

Estos datos deberían servirnos de reflexión a propósito del polémico lío éste de desviar por la autopista los camiones que atraviesen La Rioja, por cierto y dicho de paso, a costa del contribuyente. Parece claro que obligar o convidar al transporte pesado a circular por carreteras de doble vía significa también el traslado automático de un mayor riesgo de siniestro a las autovías y, peor aún, a autopistas del pago que muchos conductores prefieren apoquinar a cambio de una mayor seguridad.

La Rioja es deficitaria en doble vía y deberían desdoblarse la N-232 y la N-111 a su paso por la provincia. Y es lamentable que en nuestras carreteras de doble sentido, como en todas, se produzcan todos los años accidentes graves. Pero son vías perfectamente señalizadas y acondicionadas, y la mayoría de los accidentes se producen por imprudencias, distracciones y desprecio a las señales y normas de tráfico.

No hay autovías de la muerte ni carreteras asesinas. Retirar una mano del volante o la vista de la calzada durante pocos segundos es suficiente para sacar al vehículo de su carril lanzándolo a una colisión evitable de la que ni la carretera ni el camión que fatalmente venía de frente sean culpables. Errores tan tontos como mirar el navegador o el móvil, poner la radio, buscar algo en la guantera, girar la cabeza hacia la ventanilla o el asiento trasero y otros no tanto, como adelantar en línea continua, conducir con impaciencia o sopor —natural o inducido por el alcohol u otras drogas— no respetar la distancia de seguridad o correr más de la cuenta, se pagan muy caros. Pero que las emociones que suscitan los dramas resultantes, por humanas y comprensibles que sean, no impulsen decisiones equivocadas.