La Rioja
img
Lazos
img
Fernando Sáez Aldana | 30-11-2017 | 08:07

El sábado pasado fue el llamado Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, «un día donde todas las mujeres deberían llevar un lazo morado y demostrar que están contra la violencia de género», leí en alguna parte. Y me pregunto: ¿habrá alguna mujer a favor del maltrato masculino? ¿Es preciso exhibir un lacito en la pechera para demostrar su rechazo? Y si no te lo pones, ¿significa que no condenas esta lacra o que te resbala?

La tendencia epidémica de ostentar lacitos de colores «solidarios» contra o a favor de algo es imparable. El primer awareness ribbon (cinta de conciencia o sensibilización) se creó en 1991 y fue el rojo del SIDA, que también se usa para enfermedades cardiovasculares, hipertensión y hemofilia, por aquello del color de la sangre (y del tomate frito). Después vendrían nuestro lazo azul contra el hijoputismo etarra y la identificación del cáncer de mama con el lacito rosa, convención cromática sexista que no tiene en cuenta a los varones afectados, menos, claro. Aunque hoy muchos tipos de cáncer se curan, en la mentalidad popular esta dura palabra todavía se asocia con pronóstico fatal, así que la solidaridad con los afectados ha generado un arco iris de lacitos: turquesa (cánceres ginecológicos), lavanda (esófago y estómago), marrón (colon, y lucha antitabaco), dorado (tumores infantiles y óseos) …

Como hay más enfermedades que colores, los lazos empezaron a ser polivalentes: gris para la diabetes y las enfermedades cerebrales y mentales, plata para el enfisema, el cáncer pulmonar y la esclerosis múltiple, naranja para la leucemia, el lupus, el melanoma, contra el hambre y por la diversidad cultural, blanco por la osteoporosis, la depresión postparto, la hernia y la paz, verde para el cáncer de riñón, la donación y trasplante de órganos, el glaucoma y el medio ambiente… La palma es para el lacito púrpura como símbolo de varios cánceres: páncreas, tiroides, testículos (curioso, como el de la violencia doméstica) y linfoma de Hodgkin, enferedad de Alzheimer, tolerancia religiosa, abuso de los animales, víctimas del 11-S, enfermedad de Crohn y colitis, fibrosis quística, leimiosarcoma, fibromialgia… La lazomanía ha llegado al extremo de que a los independentistas catalanes en chirona preventiva los apoyan los suyos con uno amarillo, rápidamente acusado de usurpación por la Federación de Espina Bífida e Hidrocefalia.

Yo no necesito lucir ninguno de estos lazos porque siempre llevo puesto uno contra lo malo y a favor de lo bueno de este mundo, inmaterial y no removible, prendido en el anverso de mi conciencia.