La Rioja
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Historias del peloponeso
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Fernando Sáez Aldana | 01-03-2018 | 06:28

La mayor prueba de la inutilidad de la ONU es que saca sus secretarios generales de países de tercera: peruano, egipcio, ghanés, coreano, surcoreano, birmano, portugués… La ONU es como un colegio de primaria mundial donde los que sujetan el planeta por el mango dejan que los niños jueguen a miembros adultos de la comunidad internacional. La ONU creó la filial UNICEF para proteger a la infancia de todo el mundo e instituyó el Día Universal del Niño, pero es incapaz de detener a los desalmados asesinos de niños sirios que ocupan un asiento vitalicio en su Consejo de Seguridad.

Otra bonita iniciativa de esta NONU (Naciones Unidas Para Nada) es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora que se celebrará de hoy en ocho, que dicen en Haro. Estos días mundiales de algo sirven como mucho para que los agentes sociales se superen en parir ocurrencias. Para esta edición, una amalgama de organizaciones expertas en no dar palo al agua han convocado a todas las currantes a parar unas horas. La primera majadería sobre la iniciativa la soltó la ministra García Tejerina animando a las mujeres a una huelga, sí, pero «a la japonesa», que de no ser un mito sería la huelga más estúpida: trabajar más para que se joda la empresa.

La réplica se la dio la portacoz de Podemos Irene Montero: «Las mujeres ya viven en una huelga cotidiana a la japonesa y no tienen una hora del día libre para ellas mismas, para dedicarse a darse una ducha, a leer un libro o ver un programa de televisión». Huelga el comentario. Además de ser un ejemplar de libro de su denostada casta política y uno de esos zoquetes lingüísticos que confunden el género sexual con el gramatical (cambiarse el apellido es fácil, ¿por qué no Montera?), lo peor es que se trata de una política menos que mediocre que su partido nos pondrá de ministra si gobierna.

Miren, esto de la huelga de género es más viejo que el Ebro. Hace la friolera de veinticuatro siglos Aristófanes, harto de la guerra del Peloponeso, escribió Lisístrata, una divertida comedia donde las mujeres atenienses y espartanas se declaran en huelga de sexo hasta que sus hombres dejen de matarse. Al final los aguerridos varones claudican y se presentan en casa con el peloponeso más tieso que la pica. Las mujeres ponen fin a su huelga de piernas cruzadas y los reciben con los brazos igual de abiertos.

Frente a las huelgas japonesa, de celo, de hambre, salvaje o de miembros caídos (superiores), la sexual podría ser una opción en «la lucha de la mujer por su participación, en pie de igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona» (ONU). Pero si algunas no tienen tiempo ni para ducharse difícilmente se tragarán una comedia del siglo IV a.C., siquiera por aprender la técnica.