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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Adiós al bisturí

Apreciados lectores, el azar ha querido que mi 65º cumpleaños caiga en jueves, el día de la semana en que DIARIO LA RIOJA me ha publicado con esta 714 columnas durante catorce años. En nuestra sociedad los sesenta y cinco tacos son el hito que señala el ingreso en la llamada tercera edad, pero prefiero contemplarlos como el inicio del último acto de la tragicomedia (más tragi que comedia, por el inevitable final dramático) que me ha tocado representar en el gran teatro del mundo, o mejor aún, de una ópera cuya duración espero que supere la de los interminables Meistersinger wagnerianos.

Así pues, este 20 de septiembre me ha parecido una fecha adecuada para seguir el prudente consejo de Baltasar Gracián de emprender una lúcida retirada a tiempo que, en mi caso, es doble: hoy, amigos, doy por concluida la esquizoide trayectoria pública del traumatólogo que quiso ser escritor (o del escritor que tuvo que ser lo otro), enfundando mi doble bisturí, quirúrgico y literario, símbolo de la mutua infidelidad cabalmente descrita por el maestro Chéjov: «La medicina es mi mujer legítima, y la literatura, mi amante. Cuando una me cansa, paso la noche con la otra». Estoy seguro de que mi bigamia se resolverá a favor de la barragana, porque uno podrá dejar de operar pero no de escribir.

Aprovecho por última vez la privilegiada oportunidad que me brinda este querido periódico de los riojanos para manifestar que, tras cuarenta y dos años de ejercicio profesional, solo lamento no haber sido capaz de ayudar más a los pacientes que me confiaron sus huesos quebrados y sus junturas desgastadas y, como columnista, que agradezco las adhesiones como acepto las detracciones a mis escritos, es decir, a mis ideas, que asumo en su totalidad porque la libertad de opinión es uno de los tesoros más valiosos que nos brinda una auténtica sociedad libre.

Schopenhauer definió la vejez como el precio que hay que pagar por haber vivido. Sólo pido al destino el generoso período de carencia que me permita saldar esa cuenta lo más tarde posible para seguir disfrutando de lo mejor que me ha dado la vida: la familia, los amigos, la naturaleza y la música. En estos momentos de despedida comparto los versos de Rückert con los que Gustav Mahler compuso un maravilloso lied crepuscular que ojalá pudieran escuchar mientras los leen:

He abandonado el mundo en el que malgasté mucho tiempo,

hace tanto que no se habla de mí

que muy bien pueden creer que he muerto

Y muy poco me importa que me crean muerto;

estoy muerto para el bullicioso mundo

y reposo en un lugar tranquilo

Vivo solo en mi cielo, en mi amor, en mi canción.

Adiós…

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

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