La Rioja
img
Autor: Burudixe
Cuando el pescado apesta
img
Fernando Sáez Aldana | 18-05-2017 | 6:12| 0

Dígase claro: el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular, por este orden cronológico, están corrompidos. Los escándalos de corrupción del PSOE en los últimos años del felipismo acabaron con su hegemonía política aunque millones de personas también siguieron y siguen votándolo a pesar de su corrupción, no tan pasada: en el feudo andaluz es institucional. Luego llegaron los populares y demostraron que en este país el que no pilla es porque no puede, y que las mayorías absolutas ayudan bastante. Los escandalosos casos de corrupción del PP, sobre todo en su feudo madrileño, han provocado más indignación que los del PSOE por haberse perpetrado en los duros años de la crisis, cuando la gente lo pasaba peor. La diferencia entre ambos regímenes corrompidos es que al PP no han logrado echarlo del poder y que Rajoy, que debería haberse ido a casa hace mucho tiempo, sigue ahí tan pichi, fumándose un puro, presumiendo por el mundo de sus hazañas macroeconómicas que no mejoran las microeconomías de tanto trabajador mal pagado, tanto joven sin futuro y tanto anciano en la miseria.

Ambos partidos, pero sobre todo el PP, han cometido dos clases de corrupción: la partidista y la personal. La segunda es la más obscena de las dos: sinvergüenzas con nombre y apellidos sin escrúpulos que aprovechan el poder para robar a manos llenas con una jeta que asusta por la impunidad con que debían de sentirse investidos. Pero la primera es aún más grave, porque la financiación delictiva de las sedes o de las actividades de un partido político, sobre todo sus campañas electorales, debería invalidar sus resultados y por tanto ilegitimar el poder que han ostentado y siguen ostentando, como y sobre todo en el putrefacto PP madrileño. Que después de los Bárcenas, Gürtel, Púnica, Lezo y demás ese partido siga gobernando allí es un síntoma de que no solo están en descomposición estos partidos sino esta democracia, y de que muchos pensarán que más vale lo corrompido conocido que lo nuevo por corromper, máxime si asusta.

Como antes en Italia y ahora en Francia, puede que el socialismo español se encamine a la desaparición, con ayuda del suicidio asistido. El popularismo de momento parece que aguanta, apuntalado por su marca naranja para que no se derrumbe, y con la tranquilidad de ser el único país europeo importante sin un partido fuerte que te coma votos por la ultraderecha, al estar inmunizado tras una larga dictadura fascista. Pues sería una pena e incluso un drama que PSOE y PP desaparecieran, pero cuando un pescado huele mal, por mucho que nos guste y nos haya costado una pasta, no lo comemos. Lo tiramos. Bueno, menos en Cataluña. Allí parece que les gusta aunque esté podrido hasta la raspa.

Ver Post >
Solución final
img
Fernando Sáez Aldana | 11-05-2017 | 5:58| 0

Los eufemismos sirven para suavizar palabras que definen una dura realidad, pero algunos son más atroces todavía. Un ejemplo es la «solución final» como los nazis denominaron al exterminio de seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Sarcasmos de la fonética, el término alemán endlösung (solución final) se escribe y suena casi igual que erlösung (redención).

Bueno, pues tras las famosas «segundas elecciones» generales del año pasado, en las que Unidos Podemos Mermar perdió un millón de votos respecto a las celebradas seis meses antes, la entonces secretaria de Análisis Políticos, Carolina Bescansa, aseguró enrabietada que «si solo votaran los menores de 45 años, Iglesias sería presidente desde el año pasado». Puede ser tan cierto como que si sólo votásemos los mayores de 60 estaría tirado en una acera con el perro y la flauta, pero uno de los fallos de la democracia es que pueden votar incluso los más mayores de edad y aunque nunca lo hagan por ti. Al menos esta señora –que ya tiene 46– parece conformarse con retirarnos el voto a los nacidos antes que ella. Pero lean algunos truños verbales que cachorros de la jauría ultraizquierdista han expelido al respecto en las redes fecales:

 

– Hay que eliminar las pensiones a ver si los viejos la van cascando y porfin (sic) el PP deja de robar.

– Ojalá se mueran todos los putos viejos de mierda que votan al PP.

– Qué ganas de que pasen 20 años y se mueran los putos viejos que siguen votando al PP.

– Haber (sic) si recortan todo en sanidad y todos los viejos se mueren ya y el PP se queda sin putos votantes de mierda.

– Putos viejos de mierda y catetos de pueblo votando al pp, siguen hipotecando nuestro futuro, a ver si la palman ya.

– Lo mismo en 20 años podemos echar al PP cuando todos los putos viejos fachas se mueran.

– Viejos votando al brexit, viejos votando al PP… yo veo claro donde está el problema.

 

El problema, para estos finos analistas políticos y exquisitos demócratas, es que los «putos viejos de mierda» no sólo tenemos derecho al voto sino que, según ellos, se lo damos todos al Partido Popular. La solución, por tanto, es clara: que nos muramos todos, por si acaso (con 63 para 64 me doy por incluido en esa abyecta categoría de ciudadanos). Para eliminarnos, de momento, proponen medidas de genocidio pasivo como privarnos de pensión y asistencia sanitaria, aunque como estos descerebrados poseídos por el odio y la gerontofobia conquisten el poder son capaces de resucitar las cámaras de gas como solución final al problema de la puta vejez pepevotante mierdosa. Pero no caigamos en el error de entrar al trapo de su provocación. Sólo son una panda de niñatos desagradecidos malhablados. Unos mamarrachos. Parásitos. Nazis. Cascomierdas. Nietoputas.

 

 

Ver Post >
Homo enmerdans
img
Fernando Sáez Aldana | 04-05-2017 | 6:29| 0

El mismo día de la semana pasada este diario se hizo eco de dos denuncias formuladas por lectores sobre el mismo asunto: la suciedad de las vías públicas, tanto rústicas como urbanas. La primera queja aparecía en la sección Cartas al Director bajo el título «Logroño, más sucio», y sobre la porquería esparcida por las aceras de la capital riojana su autor especulaba de este modo: «Desconozco si se trata de una consecuencia de la crisis, si es responsabilidad de la empresa adjudicataria del servicio y si se debe achacar a la negligencia del concejal de turno». La segunda protesta, ilustrada con una elocuente imagen, fue recogida por el Teléfono del lector y se refería a la basura depositada fuera del contenedor instalado en un transitado camino rural, «para solaz de canes y vergüenza del Ayuntamiento responsable de semejante desidia».

No puedo estar más de acuerdo con el diagnóstico de estos denunciantes, porque salta a la vista, pero también más disconforme con las causas de la guarrería esgrimidas por ambos. Va a resultar que la culpa de que las aceras, plazas, parques y caminos rurales estén sembrados de envases, colillas, cáscaras, envoltorios, chicles, cagarrutas, latas, botellas, gargajos, meadas, vomitonas, condones o tampones la tienen los ayuntamientos, las empresas de limpieza, las crisis o el sursum corda, pero nunca los innumerables guarros y guarras que andan enmerdando la ciudad y sus aledaños. Qué quieren, ¿un barrendero detrás de cada marrano maleducado recogiendo lo que vaya arrojando al suelo? Los únicos culpables de utilizar las calles, y no digamos los contenedores como vertederos, son quienes lo ensucian. La solución de esta lacra, por tanto, no es aumentar unos dispositivos de limpieza que siempre serán insuficientes con tanto incívico suelto.

La primera medida debe ser preventiva: educar al futuro cochino desde lechón, y no solo en la escuela sino sobre todo en casa, inculcándole que mantener limpios los espacios públicos es una norma básica de convivencia y respeto a los demás, además de evitar cuantiosos gastos a los contribuyentes. Ahora bien, ante el empuerque consumado sí debería actuar el concejal de turno, pero no el que gestiona la limpieza sino la policía, porque si un agente se encuentra con un vehículo un poco subido a la misma acera donde un perrazo está soltando un zurullo como una butifarra ante la desidia de su amo, adivinen a por quién se tirará. Sólo saben instalan radares móviles ¿Para cuándo el guarradar?

(Es curioso: en este país no hay entorno más respetado, silencioso y acicalado que el cementerio. A español muerto, la limpieza al rabo. Pero al vivo, venga ruido y mucha mierda.)

Ver Post >
Buses
img
Fernando Sáez Aldana | 27-04-2017 | 5:33| 0

Aunque lo parezca no es lo mismo propaganda que publicidad. Los folletos de supermercado que atascan nuestro buzón, las cuñas radiofónicas y los anuncios en el periódico o la tele animando a consumir no son «propaganda» sino publicidad. La propaganda también persigue «vender», pero ideas o creencias, no cosas. Buen ejemplo es la propaganda electoral, con la que los partidos pretenden colocarnos promesas que nunca cumplen a cambio de nuestro voto. Las campañas electorales son tan insoportables como inútiles porque no cambian la intención de voto de la gente, pero al menos duran poco. Dos semanas cada cuatro años se pueden soportar, aunque entre europeas, nacionales, autonómicas y locales son muchas más.

O duraban. La tendencia actual es hacia la campaña electoral permanente. Los partidos –e inevitablemente los medios– ya no se conforman con bombardearnos de manera inmisericorde durante catorce días con cuñas, pasquines, papeletas ensobradas y ese insufrible tono histérico mitinero con el que los candidatos arrancan el aplauso de los suyos. Ahora los vamos a tener todo el año dando la barrila pero con una novedad: el autobús-anuncio como vehículo de propaganda rodante.

Tras la repercusión mediática del autobús del pitilín y la pocheta, los estrategas de Podemos han pensado que es mejor idea que el buzoneo del falso folleto de Ikea, ejemplo de propaganda disfrazada de publicidad, que como tantos otros iba a la basura sin hojearlos. De habérseles ocurrido hace dos años hubiesen fletado el Castabús, pero como ya forman parte de la Casta han tenido que inventarse otra conspiración enemiga, la Trama, y por ahí van, tan contentos, denunciándola con su Tramabús.

Como esto cuaje ya veo las ciudades colapsadas por el tráfico de buses propagandísticos visibilizando sus mensajes, como, por ejemplo, los Noesnobús, Patxibús y Susibús evitando coincidir en el mismo barrio. O el Soberabús de los secesionistas catalanes, con uno de los faros un poco torcido, cuyo gasóleo es el que quiera trasvasarle el Cupbús, un peligroso microbús que siembra el caos al no respetar stops, rotondas ni semáforos; el Pepebús, financiado por una constructora a cambio de la concesión de una autopista ruinosa que habrá que rescatar; el Bildubús, un bus turístico secuestrado a punta de pistola de las de verdad y tuneado para la ocasión; el Ciudabús, desorientado por un GPS de los que te acaban metiendo en Bonicaparra, la caravana de Mareabuses (verde, blanca, roja, naranja), el arcoirisado Lgtbibús… Pero sin duda el más peligroso será el Alabús, en realidad un obús lanzado por un yihadista con renta de ciudadanía y tarjeta sanitaria contra una aglomeración de infieles en zona peatonal. Los otros, al menos, no matan. De momento se conforman con autocar las narices.

Ver Post >
Una extraña obsesión
img
Fernando Sáez Aldana | 20-04-2017 | 5:40| 0

Una de las falacias más utilizadas en la tergiversación es la conocida como post hoc ergo propter hoc, que significa: (ha sucedido) después de esto, luego (ha sido) a consecuencia de esto. Ejemplo: tomé un brebaje elaborado con hojas de ciprés y al rato cedió mi jaqueca; ésta, por tanto, se fue por ingerir la pócima. Pero tal presunta relación causa-efecto es absolutamente falsa. No hay evidencia científica de que la hoja de ciprés sea eficaz contra la migraña. Ambas cosas simplemente se sucedieron en el tiempo, y habría que saber si beber semejante porquería no retrasó un final de la cefalea programado para esa tarde. La medicina proporciona innumerables ejemplos de esta falacia: muchas mejorías (y empeoramientos) se atribuyen erróneamente a terapias aplicadas con anterioridad, algunas no tan inocentes como una infusión.

Otro ejemplo: según la DGT, 175 personas perecieron en 2015 en España en accidentes de tráfico por no llevar puesto el cinturón de seguridad. A ver. Esas víctimas A) no llevaban abrochado el cinturón y B) perecieron en accidente. Pero, ¿B es la consecuencia directa de A? Imposible saberlo. Si sufrieron un infarto mortal mientras conducían, se despeñaron por un barranco, cayeron a un pantano o fueron aplastados por un camión es discutible que no llevar puesto el cinturón fuera la causa de la muerte. Es más: de los 1.126 muertos por accidentes de tráfico en 2015, solo el 15% (175) no llevaban puesto el cinturón. Volviendo el argumento como un calcetín, como el 85% sí lo llevaban podría concluirse que es mucho más peligroso abrochárselo que no.

Sofismas estadísticos aparte, aunque no se pueda evaluar con rigurosa exactitud el efecto positivo del «cinturón que salva vidas» en un accidente, es razonable aceptar que tal efecto existe. Pero, ¿justifica la histérica persecución policial desplegada contra quienes cometan el horrendo crimen de circular sin ajustarse el cinturón? La manía persecutoria de la DGT ha llegado al extremo de salir con cámaras especiales y hasta con helicópteros a cazar conductores que olvidan atarse al asiento o deciden no hacerlo porque les agobia. Pues allá ellos. Ejercen la misma libertad individual que quienes deciden seguir fumando aunque el tabaco cause nueve de cada diez cánceres de pulmón. Decenas de miles de personas mueren al año por fumar, soplar o estar gordos, no moverse del sofá y untarrear salsas, frente a, concedamos unas docenas, por no abrocharse el cinturón. ¿Por qué al mismo Estado que actúa como sobreprotector con estos se la sopla que enfermen o la palmen aquellos? ¿Alguien entiende esta extraña –y quizá enfermiza– obsesión institucional por el puñetero cinturón de seguridad? ¿Eh?

Ver Post >